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Acampadas por Palestina: el comienzo de un nuevo ciclo de movilización estudiantil

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El comunicado de la CRUE, lejos de aplacar la movilización, les ha insuflado ánimo

Movilización en la Universidad de Zaragoza por la libertad del pueblo palestino y contra el genocidio del Estado de Israel

VICENTE BARRACHINA LASHERAS

“Estamos haciendo historia”. Esta era una de las frases que más se repitieron en la asamblea del lunes 29 de abril, cuando las estudiantes y profesoras de la Universitat de València decidieron dar un paso adelante y convertirse en la primera universidad del sur de Europa en acampar en solidaridad con el pueblo palestino. La estrategia estaba clara: acampar y aguantar todo lo posible para que el movimiento de solidaridad internacionalista proliferase por todas las universidades del Estado.

Una semana después, la semilla de solidaridad internacionalista se ha extendido por toda Europa y, en el Estado, el movimiento ya ha llegado a las universidades de Euskadi, Catalunya, Madrid o Aragón. Un movimiento heterogéneo y todavía en ciernes, pero que tiene clara su hoja de ruta: el fin de la colaboración de las instituciones occidentales con el genocidio israelí sobre el pueblo palestino, junto al fin de la represión de las activistas que han sido judicial y mediáticamente criminalizadas por su activismo internacionalista.

Bien es cierto que el contexto en el Estado español es algo distinto al de otros países. La sociedad española es una de las más concienciadas del mundo occidental con la causa palestina y la presión de la sociedad civil y de sus socios han hecho que Pedro Sánchez se haya desmarcado de las posiciones de la Unión Europea y del bloque de la OTAN. Ahora bien, España continúa manteniendo relaciones y comerciando con armas con el Estado de Israel, continúa sin recuperar la jurisdicción universal y sin sumarse a la querella de Suráfrica en la Corte Internacional de Justicia contra Israel y continúa reprimiendo a través de normas como la Ley Mordaza o la Ley de Extranjería a las activistas propalestinas. Por no hablar de las últimas declaraciones del Ministro de Exteriores, José Manuel Albares, señalando a un Estado genocida como lo es Israel como “un Estado amigo”.

A ello se suma que, en el caso concreto de las universidades, muchas de ellas mantienen convenios de colaboración y contratos con instituciones y empresas israelíes como AXA, HP o Banco Santander y que, en un contexto de desmovilización estudiantil, no están dudando en reprimir los actos de solidaridad con Palestina. La CRUE (Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas) se ha movido con celeridad y ha emitido (este 9 de mayo) un comunicado en el que se comprometen a revisar las relaciones con universidades que no hayan expresado un firme compromiso con la paz y a aumentar la cooperación con el sistema universitario palestino.

Unas declaraciones que llegan tras ocho meses de intensificación de la masacre en Palestina en la que han sido asesinadas unas 40.000 personas, que siguen manteniendo una equidistancia inadmisible entre colonizados y colonos y que tienen muy poco de medidas eficaces en la actualidad y mucho de futuribles. Por mucho que los rectores y rectoras pretendan desinflar las movilizaciones mediante este tipo de estrategias, las estudiantes obreras han dejado claro que no se van a conformar con declaraciones para la galería y que no piensan parar hasta que se cumplan sus demandas.

Porque estas movilizaciones no se agotan únicamente en la impotencia ante la barbarie sionista, sino que se está vehiculando toda una impotencia contra el sistema capitalista en su conjunto. Todos aquellos empresarios y políticos que están patrocinando el genocidio, que están expulsándonos de nuestras casas y barrios y que están abocándonos a un mundo inhabitable, son los grandes señalados por la juventud proletaria como responsables del estado de cosas actual.

La conjunción de estos factores que se combinan en las movilizaciones puede dar lugar a un nuevo ciclo de protesta estudiantil. La solidaridad internacionalista con el pueblo palestino puede y ya está empezando a funcionar como un catalizador de las reivindicaciones del estudiantado obrero que no estaba sabiendo articular en la praxis sus demandas, hasta ahora. Como ocurrió con las movilizaciones contra la entrada en la OTAN, contra la globalización (e instituciones como el FMI) o contra la invasión de Iraq, las movilizaciones internacionalistas son capaces de condensar el descontento popular para dar pie a ciclos políticos transformadores.

Ante este panorama, la Juventud Comunista debe jugar un doble rol. Por un lado, el de trabajar por el buen funcionamiento de estos espacios, para que la diversidad de organizaciones y sensibilidades en las asambleas y acampadas no sean un impedimento para que estas puedan tener una práctica política socialista, impidiendo en todo momento los intentos de otros actores por hegemonizar o boicotear las asambleas. Y, por otro lado, el de señalar los fundamentos sobre los que se asienta el sionismo, que no son otros que la dominación colonial de Occidente y el papel de las instituciones occidentales en el mantenimiento del sistema colonial y capitalista actual.

No podemos hablar de Israel sin hablar de los intereses geopolíticos de las potencias coloniales, como Estados Unidos o la Unión Europea, en la zona. Ni el colonialismo acabó con la proclamada independencia de algunos territorios, ni estamos en una fase poscolonial. Nos encontramos de lleno en la fase superior del capitalismo, el imperialismo, en la que las potencias coloniales siguen ejerciendo su dominación sobre los pueblos colonizados mediante relaciones económicas, políticas, culturales y militares.

En palabras de Lenin, el imperialismo es pura “reacción política” y los acontecimientos actuales no son más que una expresión más de ello. Las semillas plantadas por el estudiantado obrero ya han comenzado a germinar de manera que este carácter reaccionario del imperialismo sea una evidencia para cada vez más capas del proletariado. De nosotras depende que, por fin, dejemos de hablar de un reflujo en el movimiento estudiantil para comenzar a hablar de un nuevo ciclo de movilización que cuestione las raíces profundas del sistema capitalista.

(*) Secretario de Movimiento Estudiantil de la UJCE

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