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Alejandro Carpio [nuesto entrevistado]

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Alejandro Carpio (San Juan, Puerto Rico, 1980) es actor, dramaturgo y narrador. También es hispanista y docente-investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey. Realizó estudios de Bachillerato en Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

DANIEL NINA El Post Antillano

Alejandro Carpio (San Juan, Puerto Rico, 1980) es actor, dramaturgo y narrador. También es hispanista y docente-investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey. Realizó estudios de Bachillerato en Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En dicha entidad universitaria completó su doctorado en Estudios Hispánicos. Su novela El papel de la lija (2012) fue reconocida con el Premio Latinoamericano de Novela Alba Narrativa 2011, otorgado en la XX Feria Internacional del Libro de Cuba. Por años, ha formado parte del grupo Teatro Breve y ha sido crítico literario de El Nuevo Día. Carpio ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

1.1 Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Hace algún tiempo publicó su novela El papel de la lija (2012). ¿De qué trató o tratas en El papel de la lija? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

1.2 Alejandro Carpio (AC, en adelante) – Es una novela policial caricaturesca. Siempre me ha gustado el género detectivesco, sobre todo Chandler y Hammet (los clásicos de la variante hard boiled) y el cine de los 40 y 50. Ahí exageré los clichés del estilo para hacerme reír a mí mismo y terminé ganándome un premio castro-chavista. La novela trata de un policía bien gordo que persigue la pista de una serie de asesinatos que giran alrededor de un objeto mágico: el libro de arena que soñó Borges. Me imagino que en un punto al lector le queda claro que estoy copiándome de The Maltese Falcon.

2.1 WRS – ¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a El papel de la lija y vuestro trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

2.2 AC – Pues llevo años tratando de terminar la segunda parte, pero solo porque se la quiero dedicar a mi hermana (la primera se la dediqué a mi hermano). Por lo demás, no veo que tenga demasiado sentido. En la segunda, el policía gordo pasa a ser personaje secundario, mientras que el protagonista es un policía muy flaco, que era secundario en la primera. Tengo un amigo novelista que sacó cuentas y concluyó que estoy siguiendo de cerca a Osvaldo Soriano, otro argentino. En la novela que terminé y en la que no terminaré me vivo la puertorriqueñidad también con alusiones a la obra de escritores que admiro, como Luis Rafael Sánchez, aunque no sean tantas. Si algún día llego a ser ensayista, seré más puertorriqueño en ese género que en la prosa narrativa.

3.1 WRS –Si compara vuestro crecimiento y madurez como persona, escritor, actor, docente e investigador con su época actual de escritor en Puerto Rico, ¿qué diferencias observas en vuestro trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo has madurado?

3.2 AC – Diría que no he madurado como persona, pero sí como escritor porque ahora pienso más las cosas y escribo menos. Como investigador reconozco que ahora me intrigan temas más interesantes que antes.

4.1 WRS –Alejandro, ¿cómo visualizas vuestro trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado vuestro trabajo creativo-investigativo a su quehacer literario?

4.2 AC – He escrito teatro (principalmente, piezas cortas de comedia); quizás en ese género puedo visualizarme mejor como parte de una generación de escritores. Hace poco llegué a la conclusión de que la búsqueda principal de los comediantes de mi generación requiere retratar la voz cotidiana (la nuestra) de manera realista. No solo el “habla” (los manierismos, el acento, los giros idiomáticos, el léxico anglicado y creativo, etc.), sino la voz en un sentido más místico y tribal. Eso a mí me convence en ocasiones, pero no creo que sea una estrategia demasiado ganadora. Al uno estar pendiente a su propia voz de manera obsesiva, cae fácilmente en las garras del narcisismo; es difícil oír al otro cuando uno está demasiado pendiente de su propia voz; termina uno diciendo estupideces.

5.1 WRS – Ha logrado mantener una línea de creación e investigación literaria. ¿Cómo concibes la recepción a vuestro trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

5.2 AC – Tengo entendido que por un espacio de año y medio fui famoso en algunos barrios de La Habana; eso, por mi novela. En San Juan ha sido más cuesta arriba, pero gracias a mi labor en los teatros de Santurce, fui muy acreditado por un periodo de tiempo similar. La recepción crítica, eso sí, ha sido ambivalente: por un lado, amor y odio; por otro, desidia. Intento, por ello, tocar varias bases: a mi trabajo como artista lo complemento con mi trabajo como académico. Por años descuidé ese otro menester, pero ahora estoy retomando las labores con mucho gozo.

6.1 WRS – Sé que vos es de San Juan, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor de literatura, sea esta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente vos?

6.2 AC – José Luis González es un caso infrecuente; nacido en República Dominicana de padres dominicanos, vivió casi toda su vida en México y, a pesar de todo, pudo convertirse en el mejor pensador puertorriqueño de su generación y otras más. Mi caso es distinto. Por subterfugios de la genética, puedo mentir diciendo que soy mitad argentino, pero a mis amigos nacionalistas puertorriqueños les digo (por joder) que me identifico como un escritor estadounidense que escribe en español. Pero vuelvo a José Luis González: quizás por su vocación internacionalista pudo entender la naturaleza de las identidades nacionales de esta isla o quizás la responsabilidad estriba en su perspicacia y su buen ojo. Entiendo que todo el mundo debería leer a José Luis González; le escribí a Chomsky en junio (creo) preguntándole si conocía “El país de cuatro pisos” y me dijo que no, cosa que me extrañó, pero al final así de marginales somos los boricuas. Chomsky está ya muy viejito: debí recomendarle a González mucho antes. A mis estudiantes les leo el ensayo principal del libro todos los años en el salón para que no ignoren su pensamiento. Es muy admirable su obra.

7.1 WRS – ¿Cómo integra vuestra identidad étnica y de género y su ideología política con o en vuestro trabajo creativo y su formación de origen puertorriqueño?

7.2 AC – En mi obra artística, intento integrarlas lo menos posible. Como soy lo que en Estados Unidos llaman un “cisgender heterosexual, able-bodied white male”, me puedo dar el lujo de ignorar todas esas intersecciones de mi banalidad identitaria sin que nadie me lo recrimine. Llevo esa misma actitud a temas nacionales: entiendo que el nacionalismo es un “slippery slope” (aquí me hago eco de González) que conduce a paisajes internos que desearía evitar. Creo que eso resume mucho de mi ideología política. De otra parte, reconozco que vivimos en un momento histórico fascinado por las políticas de identidad; las más peligrosas de todas, claro, son las políticas de identidad blancas, en aumento alrededor del mundo, para nuestra desgracia, y una moda boba (mucho más tonta que su contracara pop) de defender la masculinidad hombruna varonil, como si realmente alguien estuviera amenazándola. Yo soy muy crítico con todo tipo de política de identidad, pero eso de que los hombres estamos siendo asediados por un ejército de feministas amazónicas que quieren emascularnos tiene que ser la imbecilidad más categórica en la que puede caer la imaginación de un idiota. Realmente no entiendo cómo alguien puede ser tan majadero; lo mismo con la conjetura de que “quieren desaparecer a los blancos”, mucho más imperdonable que cualquier dislate surgido de la boca de algún (alguna/algune) joven universitario (universitaria/universitarie) en búsqueda del sentido de la vida. En la utopía que tramo, una comunidad de adultos podrá departir amenamente sin alusiones no-consensuadas a sus genitales ni a su color de piel; muy en especial hombres blancos heterosexuales, que somos los que —por imperativo histórico— menos podemos quejarnos, menos podemos tocarnos el violín y menos podemos hacernos las víctimas de un carajo. En síntesis: si algo hay de mí en mis creaciones, fue por error y pido disculpas.

8.1 WRS – ¿Cómo se integra vuestro trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su formación y desarrollo profesional? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

8.2 AC – De estudiante la pasaba mejor.

9.1 WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a vuestro trabajo creativo-investigativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

9.2 AC – Con la excepción de un círculo pequeño de amistades, a mí nadie me lee. Sí noté que el público que me seguía cuando era comediante dejó de hacerme caso cuando me puse a hablar en serio. Puedo notar un cambio similar en mis estudiantes (otro tipo de “público”), quienes cada vez se aburren más, pero me miran con un cariño condescendiente.

10.1 WRS – ¿Qué otros proyectos creativos-investigativos tienes recientes y pendientes?

10.2 AC – Ahora mismo estoy investigando sobre Sicología Evolutiva y su aplicación al estudio de la cultura. Resulta que hay varias disciplinas que se plantean que es posible entender cómo se lleva a cabo la simbiosis entre lo biológico y lo cultural (nature vs nurture) en la forma en que opera nuestra cognición. El tema es vastísimo y pretendo limitarme a su aplicación a los estudios literarios, si es que existe alguna. Por ejemplo, los dramas de honor de Calderón de la Barca se han leído usualmente como una recreación o respuesta a un código social (que Calderón o retrata o se inventa), aunque venga estilizado en la comedia áurea; esto es, que la idiosincrasia particular de los uxoricidas calderonianos depende de constructos sociales. Por el momento, sospecho que puede probarse que ese elemento constructivista es innecesario. El paradigma científico de la Sicología Evolutiva recibe mucho rechazo de gente que no lo entiende, aunque habría que tener presente que se trata de un acercamiento al comportamiento humano que podría muy bien tener absolutamente nada que ver con Calderón de la Barca, Shakespeare, Dostoievski y el largo etcétera. También estoy investigando un tema de cultura contemporánea: el surgimiento de lo que me parece —por citar a Bad Bunny— una “nueva religión” (o ciertamente un sistema ideológico que se comporta como religión), el llamado “wokeismo”, que se desprende la cosificación de la teoría posmoderna francesa, entre otros factores. Esta discusión es interesante, pero presenta el problema de que está muy politizada en Estados Unidos, donde la extrema derecha le ha declarado una suerte de yihad (o cruzada, si se prefiere) a la religión woke, con el cretino de Ron DeSantis a la delantera. Mi curiosidad principal es la forma en que este sistema ideológico puede explicarse como una religión: ando poniéndome al día con Durkheim, Geertz y otros, además de sicólogos evolutivos y biólogos darwinianos que tratan el tema de la religión desde una óptica más “científica” (Wilson, Atran, Dawkins, etc.). Además, trabajo en una investigación de cine y literatura boricua de los últimos 10 años para la que recibí una beca Mellon este año. Me gustaría darle continuidad a la óptica de José Luis González (un análisis de clase de la cultura literaria de su país), pero no me queda claro cómo hacerlo porque el actual momento histórico, este “piso” en el sentido gonzalino, se me escurre.

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