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Argentina: ¿dónde se esconde Sarah Connor?

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Urge que no nos dejemos cegar por la impresión que generan las inconsistencias, las incongruencias, los absurdos y los sinsentidos a los que nos tiene acostumbrados el presidente de Argentina, Javier Milei

La locura es relativa,

 depende de quién tiene a quién encerrado en qué jaula

 (Madeleine Roux)

Por Mariela Rígano De la edición número 20 de marzo de 2024 de la revista marxista mensual Nueva Pensamiento Crítico.

Urge que no nos dejemos cegar por la impresión que generan las inconsistencias, las incongruencias, los absurdos y los sinsentidos a los que nos tiene acostumbrados el presidente de Argentina, Javier Milei.

Las declaraciones, las actitudes y los cientos de tweets por hora del actual presidente han llevado a que se le dediquen cientos de minutos en los medios a reflexionar sobre su salud mental. No es mi intención aquí abonar ese terreno, ya que -independientemente de lo enloquecedor que puede ser un entorno cruel y deshumanizante – Milei exhibe todos los aditamentos que caracterizan los discursos (y por ende los voceros de esos discursos) más propios del neoliberalismo conservador, capitalista y patriarcal.

Su discurso se asienta sobre la imagen de la guerra que debe llevar adelante contra la casta y que justifica, desde esa premisa, arremeter contra todo lo que construye una sociedad democrática y el tejido social, vulnerabilizando aún más a los que menos tienen. Mientras, desde un discurso por demás contradictorio, se los convence de que es el precio a pagar para estar mejor.

No debemos pecar de inocentes, recordemos que la guerra –incluso como metáfora- es el pilar sobre el que se asienta la construcción de la modernidad, dado que es la base política del colonialismo y del imperialismo y el arma principal que emplea para la construcción de la violencia estructural.

La guerra contra la casta y la superación de la crisis justifican, en el discurso presidencial, que se tomen las medidas económicas que se están llevando adelante en Argentina y que implicarán la pérdida de vidas entre las clases más pobres y racializadas. La terminología de la guerra satura su discurso y esto no es inocente. En su cuenta de Twitter decía:

No vinimos acá a seguir jugando el mismo juego empobrecedor de los políticos de siempre. No vinimos acá a hacer pactos espurios en contra de los intereses de los argentinos. Y no vamos a ser cómplices del juego de los mismos parásitos de siempre que viven a costa de los argentinos (…) No vinimos a continuar con la rueda del juego de la política de siempre. Vinimos a romperla.

Los titulares de los diarios reflejan esto mismo:

Javier Milei en modo Terminator: el Presidente viralizó un meme que anticipó la guerra con los gobernadores (Titular de Ámbito Financiero del 8 de febrero de 2024)

Destacamos que el meme al que refiere el diario es una imagen de Milei “en la piel de Terminator, el personaje interpretado por Arnold Schwarzenegger, con un mensaje contra la oposición: Casta la vista baby.”

De la misma manera, unos días antes y en referencia a los dichos de la ministra Patricia Bullrich, el diario La Nación titulaba:

Patricia Bullrich advirtió que no dejará de actuar “por miedo a un muerto” (4/2/2024)

En todas las crisis el Estado neoliberal y los capitalistas han encontrado oportunidades para fortalecerse. De hecho, la última pandemia es una muestra inestimable de esto mismo.

En la última entrega les comentaba los ataques sistemáticos de Milei al feminismo y señalaba que esto revelaba con claridad el plan sistemático que sigue el presidente y la brillantez con que advierte que el feminismo es precisamente el sector político desde el cual pueden venir los cuestionamientos y la resistencia más exitosa al modelo y al programa de gobierno que propone. Asimismo, comentábamos la crueldad con la cual el liberalismo y el neoliberalismo ha perseguido, en diferentes momentos históricos, a las mujeres militantes y políticas en Argentina, aunque esto no es exclusivo de nuestro país, claramente. En esta oportunidad quiero centrarme en lo que está ocurriendo hoy en nuestro país con las voces de mujeres en el plano de la política.

Hace un tiempo, en 2022 leí una frase dicha por Yvette Roudy[1], ministra socialista, sobre la política en Francia que me conmovió profundamente porque, en ese momento, lo asocié a ciertos reclamos que se venían haciendo desde las bases y que parecían no impactar en las decisiones políticas que se tomaban desde el gobierno de Alberto Fernández. En ese momento, la voz de Cristina Kirchner parecía estar muy soslayada dentro del gobierno y se imponía una forma de hacer política muy tradicional y patriarcal. De hecho, parte de la construcción política que llevó a Milei al poder tuvo que ver precisamente con haber sabido interpretar el descontento hacia esa forma de política partidaria tradicional y que muy inteligentemente tradujo bajo el lexema “CASTA”.

La frase en cuestión, y que hoy se ha transformado en espantosa realidad en Argentina, hacía referencia a la comparación de los partidos políticos en Francia con los clubes ingleses del siglo XIX: masculinos, elitistas y cerrados.  Hoy las voces que, a pesar de que aún no logran articular un movimiento de resistencia a la avanzada neoliberal que encabeza Milei, intentan responder y cuestionar sus políticas tanto desde las provincias, como desde las intendencias o desde las organizaciones sociales y sindicales son abrumadoramente masculinas. De hecho, los parlamentos de cierre en la Cámara de Diputados de la Nación, a propósito del tratamiento de la llamada Ley Ómnibus, por parte de los titulares de bloque de cada bancada tuvo un estilo discursivo tan masculinizado y patriarcal, reivindicando el estilo del machito canchero y violento que provoca, humilla e insulta al contrincante, que provocó mucho rechazo y la sensación de haber retrocedido a las épocas del malevaje compadrito de comienzos del siglo pasado. En medio de todo eso, Cristina Kirchner ha emitido una carta en la que analiza las medidas tomadas por el gobierno que, como siempre, se caracteriza por su lucidez pero que le ha valido que el Ministro de Economía actual, Caputo, artífice del endeudamiento millonario que Argentina contrajera en épocas de la presidencia de Mauricio Macri, la mandara a callar, haciendo gala del machirulaje que caracteriza a esta gestión.

Señora, nunca es tarde para aprender un concepto económico muy básico y que lamentablemente usted siempre ignoró: Deuda sólo se toma cuando hay déficit fiscal. Todo el déficit fiscal de los últimos 16 años lo generó usted en sus 12 años de gobierno. 8 como presidente y 4 como vice presidente.

@mauriciomacri logró reducir ese déficit durante su mandato y

@JMilei directamente lo eliminó en un mes. Es decir, toda la deuda que se generó en los últimos 16 años fue consecuencia de sus políticas económicas. La invito a tener un poco de dignidad y permanecer callada mientras los argentinos de bien hacen el enorme esfuerzo de soportar y superar el desastre económico de sus últimos 4 años de gobierno, sin duda el peor de la historia argentina.

Adviértase el tratamiento que Caputo elige para abrir su posteo, Señora, el tratamiento social por excelencia para dispensarle a las mujeres cuando se quiere desconocer su rango académico o político, cuestión que completa instándola a permanecer callada, mandato por demás patriarcal sobre la mujer sobre todo viniendo de un varón blanco y lo cierra con la referencia a los argentinos de bien, entre los cuales claramente no la incluye.

Que la voz de la expresidenta y vicepresidenta sea prácticamente la única voz femenina que se haga escuchar en el plano de lo político, habla con claridad del lugar que ocupamos las mujeres en la política tradicional en Argentina[2].

Desde esa conciencia conviene preguntarse, entonces, qué mujeres tienen cabida hoy en nuestra política nacional. Emergen entonces, más allá de Cristina, los nombres de las figuras femeninas principales que rodean a Javier Milei: Karina Milei, Patricia Bullrich, Victoria Villarruel y Sandra Pettovello.

Todas estas mujeres, con mayor o menor protagonismo, representan la violencia brutal y cruel y las políticas de la muerte que aparecen adornadas con las filigranas de la modernidad, el mercado floreciente y el progreso. Claro exponente de esto es la ministra de seguridad, Patricia Bullrich, dispuesta a criminalizar la protesta, desarrollar un protocolo antipiquete que veda la posibilidad de reclamo y coarta la participación de las mujeres en las marchas y reclamos dado que prohíbe la participación de niñeces en las mismas, emplea las fuerzas de represión con balas de goma y gases lacrimógenos sobre las corporalidades de mujeres, adultos mayores, incluso los periodistas y trabajadores de los medios que cubren la protesta, como recursos necesarios para garantizar la libre circulación de los que el gobierno nombra como “argentinos de bien”, estableciendo un clara distinción entre quienes merecen cuidados, derechos, infancias libres de violencia y quienes no. Esta distinción que es implica una concepción racista de la sociedad resulta absolutamente necesaria para imponer un estado que pretende militarizar la seguridad y la política de protección. Y también representa esta concepción de la violencia femenina la ministra de Capital Humano (considero que no podrían haber elegido un nombre más degradante y deshumanizante para este ministerio) que desde su asunción no ha girado un solo peso a los comedores barriales, hambreando a la comunidad, vulnerabilizando aún más a quienes ya estaban por debajo de la línea de pobreza. Bajo la instalación de la sospecha de uso discrecional, irregularidades en la compra de alimentos y medicamentos y la supuesta necesidad de realizar auditorías desde enero que este ministerio no ejecuta partidas de alimentos ni medicamentos. 

El neoliberalismo conservador premia con el acceso al poder a aquellas mujeres que sean capaces de renunciar a la defensa de sus propios intereses como minoría o a los intereses de otras minorías. Particularmente me resulta muy preocupante que esta participación femenina en los dispositivos de dominación no reciba desde nuestros feminismos una respuesta política fuerte y que comience a naturalizarse el uso de la violencia como herramienta de disciplinamiento sin que genere respuesta alguna. Mientras se agrede nuevamente a la expresidenta con descalificaciones que ofenden a todas las mujeres (el ministro de economía la manda callar como veíamos, el ministro del interior Guillermo Francos quien dijo “tiene el tupé de hablar…” y el productor agropecuario y miembro de la Cámara de Diputados José Luis Espert la llamó, dos veces, Bruta), el presidente ejerce violencia institucional sobre todo el que opine en contrario pero particularmente haciendo foco y ensañándose con dos mujeres: Lali Espósito – artista popular y Feminista- y Cristina Kirchner, mujer militante y ex mandataria política.

La violencia no es producto de un personaje desequilibrado, dado que todo el sistema y el arco político a su alrededor avala y sostiene estas prácticas. Las violencias son, y el feminismo decolonial la ha resaltado desde siempre, el terreno mismo de disputa contra el capitalismo patriarcal, dado que la violencia- en sus múltiples expresiones – es el elemento estructurante del capitalismo y el patriarcado.

Dramáticamente la violencia en Argentina viene creciendo y no sólo se ha naturalizado, al punto que se la recibe y se la multiplica sin que reaccionemos, sino que además socialmente se la festeja.

Al referirse a su conflicto con Lali Espósito, el presidente lo ha dicho con claridad, «el problema no es una actriz» sino lo que él define como «una arquitectura cultural diseñada para sostener un modelo que beneficia a los políticos».

Claramente – como decíamos en nuestra entrega anterior- no es contra ella o ellas en particular, es contra todas y los efectos disciplinantes ya se están haciendo sentir en la ausencia de voces femeninas que denuncien con claridad la sistematicidad de este ataque. No podemos separar la situación de las mujeres de este contexto de naturalización de las violencias porque estas perpetúan una división que resulta en beneficio del capitalismo y del patriarcado, ocultando las estructuras que fabrican la violencia tras lo que podría entenderse como la falta de límites de un hombre violento.

Milei, como excelente representante del neoliberalismo, no quiere destruir al Estado como pregona a los cuatro vientos. Esa es otra de sus contradicciones discursivas. Como todo neoliberal lo que busca es someter al estado para transformarlo en una herramienta poderosa para el moldeamiento de subjetividades, de tipos de vínculos y de representaciones sociales de algunos sectores. Es decir, la imposición de un relato que a través de la cultura, la educación y la formas de sociabilidad le permita llevar adelante un programa de sometimiento al pueblo que no es más que la versión argentina del colonialismo y el imperialismo neoliberal.

El Estado está sembrando la desconfianza como forma de relacionamiento. Lo hace a través de los funcionarios a quienes manda a negociar con opositores políticos, con los gobernadores, con los sindicatos y luego desmiente o desconoce los acuerdos alcanzados. Lo hace también al elaborar listas negras en las que acusa de traidores a todos aquellos que votaron en disparidad la ley ómnibus e incluso a aquellos que intentaron volverla viable. Lo hace a través de la Ministra de Capital Humano al justificar la falta de envío de alimentos a los comedores por supuestas irregularidades sobre las cuales no ofrece pruebas, como decíamos más arriba. Instala la delación como mecanismo de control a partir del accionar de la Ministra de Seguridad, que habilita una línea telefónica para denunciar supuestos aprietes para asistir a las marchas. Desprovee de insumos, partidas presupuestarias a los hospitales, medicación para tratamientos oncológicos a enfermos de cáncer y, al mismo tiempo instala -a través de medios oficiosos- versiones de que por la provincia de Salta  ingresan personas bolivianas a recibir tratamiento contra el cáncer de forma gratuita porque en sus países de origen no lo reciben, transformándose así en el Estado proteccionista que garantizará el hambre y la falta de insumos para todos bajo la consigna de cuidar los recursos de aquellas corporalidades e identidades racializadas que “supuestamente” vienen a robarles a los “argentinos de bien”:

Nos han traído pacientes autoderivados de Bolivia con patologías con cáncer porque en su país no les iba a hacer el tratamiento porque no tenían los medios para hacerlo; les decían que vayan a la Argentina porque ahí es gratis. Con la vacuna del dengue, me informaron que se están cruzando de Bolivia para vacunarse con el sacrificio de los salteños. Eso no lo vamos a permitir y yo lo voy a cuidar a rajatabla”, dijo. (ministro de salud salteño para el Diario La Nación, 18 de febrero de 2024)

Javier Milei no es un improvisado, podrá ser un outsider de la política, pero el plan de gobierno que está ejecutando, junto a su gabinete, lo muestra como un alumno ejemplar del capitalismo patriarcal y del neoliberalismo que, sin lugar a dudas,  no es sólo un plan económico sino un programa certero de explotación y opresión que resulta seductor incluso para aquellos mismos a los que explota y que fueron quienes lo colocaron en el poder y aún reclaman paciencia para el mandatario, confiando en que logrará castigar los abusos de la “casta”.

Cabe preguntarnos entonces, desde los feminismos, cómo oponer una resistencia colectiva y popular, cómo instalar la utopía para pensar un futuro distinto, cómo pensar el futuro cuando el presente es de hambre.


[1] Estos dichos de la ministra francesa aparecen en el libro Una teoría feminista de la violencia, de François Vergès, AKAL, Argentina, 2022. La autora cita a la ministra para cuestionar su actitud cuando responsabilizó a los inmigrantes por el atraso que sufre Francia. Sin embargo, la frase me impactó porque me hizo “ver” lo que estaba pasando en la política argentina.

[2] Obviamente existen otras figuras femeninas en la política argentina en oposición a Javier Milei pero ninguna con el peso simbólico para expresar y liderar la oposición y, además, no lograr expresarse de forma tal que sus voces sean tenidas en paridad con los referentes varones en este momento.

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