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Argentina: La CGT, entre el apoyo a Sergio Massa y el repudio generalizado a Javier Milei

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El triunviro de la CGT apuntó contra Javier Milei y sus declaraciones que devinieron en una corrida cambiaria y una suba desmedida del dólar blue. Calificó al candidato ultraderechista como un «irresponsable» y reiteró el apoyo de la CGT a Massa: «Va a ser el próximo Presidente».

Página 12

El triunviro de la Central General de los Trabajadores (CGT), Héctor Daer, afirmó este jueves que «el pueblo argentino tiene claro» quiénes «destruyeron» el país, por lo que se siente «confiado» que el candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, será el próximo mandatario.

En diálogo con AM750, Daer habló luego del acto que encabezó este jueves el ministro de Economía y candidato a Presidente, en un nuevo gesto de apoyo de la central sindical al tigrense, que presentó el plan de salud en la Facultad de Medicina de la UBA, en medio del ataque de Javier Milei a todo lo estatal y la amenaza privatizadora. 

«Dejó un mensaje sobre un proyecto de salud que contempla a todos, un proyecto universal, que siga siendo colectivo, no el del sálvese quien pueda que proponen algunos de la oposición», defendió el sindicalista.

De igual manera, apuntó a Milei y sus declaraciones que devinieron en una corrida cambiaria y una suba desmedida del dólar blue y aseguró que «es un irresponsable que lo convierte en responsable de todo lo que está pasando en relación a la zozobra económica».

«Nosotros lo vamos a salir a debatir y esclarecer continuamente, pero tampoco vamos a permitir que la especulación gane su partido en nuestra argentina porque todo eso lo pagan los sectores vulnerables«, remarcó.

Por último, y en la misma línea, el secretario general de la CGT sostuvo que los economistas de la oposición «vienen con una escuela que ya gobernó y destruyó la Argentina».

«El pueblo argentino lo tiene claro y por eso estamos confiados y sabemos que Sergio Massa va a ser el presidente», cerró.

Claudio Lozano: «Javier Milei recupera los contenidos del golpe militar del 76» 

El exdirector del Banco Nación señaló que las declaraciones del candidato de extrema derecha «no hay que ubicarlas en el terreno de la irresponsabilidad» ya que responden a «una estrategia política anclada en intereses concretos».

El economista y exdirector del Banco Nación, Claudio Lozano afirmó hoy que «ve con preocupación la fragilidad en la que quedó la política del Gobierno nacional» y que, «ciertamente explica la corrida que viene desde hace varias semanas».

En este sentido, culpó a Javier Milei de «pretender construir condiciones de colapso hiperinflacionario».

Según Lozano, a las declaraciones del candidato de extrema derecha «no hay que ubicarlas en el terreno de la irresponsabilidad». «Hay una decisión política que expresa La Libertad Avanza y que, para ponerla en su lugar, se trata de una expresión política que recupera en sus definiciones el intento más profundo del golpe militar del 76, que era eliminar de cuajo el régimen de funcionamiento de la economía y de la sociedad argentina, para que nunca más existan posibilidades de una perspectiva de desarrollo». señaló.

«Por eso confluyen los planteos de los actores que reivindican el genocidio y, por otro lado, la puesta en marcha de estrategias económicas como la dolarización«, agregó al respecto.

«Milei recupera los contenidos del gople militar del 76»

El exdirector del Banco Nación explicó que la estrategia de Javier Milei «va más allá del impacto inicial de destrucción de los ingresos», sino que también quiere «amputarle, quitar las herramientas que cualquier Estado tiene para discutir su lugar en el mundo».

«Todos esos instrumentos desaparecen de la mano de la dolarización, intentando generar una economía abierta a la capacidad de voracidad del capital extranjero sobre los monumentales recursos que Argentina dispone. En ese lugar hay que ubicar lo de Milei y eso no se discute judicial, sino políticamente», desarrolló.

De esta manera, insistió en que, en el candidato de LLA, «hay una decisión de decir lo que está diciendo» ya que «tiene una estrategia política anclada en intereses concretos que, además, la mayoría de ellos ni siquiera están dentro del país».

«Milei tiene un anclaje que va más allá del poder económico local, que tiene que ver con grupos petroleros que financian la ultraderecha norteamericana; con otros actores que tienen más que ver con el capital financiero internacional que con los grupos nacionales que lo inflaron de manera estúpida, pensando que radicalizaba las discusiones en favor de sus posiciones y que hoy lo miran con preocupación», dijo.

«Hay que entender que lo que tenemos adelante es una estrategia política que recupera los contenidos principales del golpe militar del 76. Si no se entiende eso, y se opera en consecuencia, las cosas caminan mal. Es un error entenderlo en términos de irresponsabilidad. Hay una decisión de operar en ese sentido», concluyó.

Javier Milei: Aviso de incendio

Por Luciano Sanguinetti

Un gobierno progresista fracasado. Una deuda leonina impagable impuesta por potencias extranjeras al gobierno conservador precedente. Los sectores concentrados de la economía apoyando a un líder histriónico anticomunista. Una inflación imparable. La crisis de las mediaciones culturales producida por una transformación en las tecnologías de comunicación. La omnipresente guerra geopolítica de dos potencias mundiales. No estoy hablando de Argentina, es la Alemania previa a la asunción de Adolf Hitler como primer ministro en 1933.

Conocemos la historia. En 1919, las fuerzas progresistas del partido socialdemócrata alemán y la izquierda socialista formaron gobierno impulsando una serie de reformas que se plasmaron en una Constitución de vanguardia. Ese período de entreguerras se conoce como la República de Weimar. El acuerdo de Versalles le impuso a Alemania concesiones que condicionaron su economía dando lugar a una inflación imparable. Hitler, después del putsch de 1923, irrumpió en la escena política concitando importantes apoyos de la elite conservadora y los grandes grupos económicos, como los Krupp, que le temían al ascenso del comunismo. En el campo de la cultura, todo este periodo fue escenario de profundas modificaciones en el consumo artístico, producto del avance de las entonces nuevas tecnologías de la comunicación como el cine y la radio. En ese marco, dos potencias mundiales en ascenso (Estados Unidos y la Unión Soviética) marcaron todo este periodo hasta llegar a su máxima expresión en la Guerra Fría.

Desde entonces no han parado de escribirse libros que buscan la respuesta a una sola pregunta. ¿Por qué sucedió? Los frankfurtianos como Theodor Adorno o Max Horkheimer explican el proceso como consecuencia de la caída de la autoridad paterna producto del desempleo y la inflación después del crack del 29 y la búsqueda en un líder autoritario que compensara aquella seguridad perdida; el historiador Jeffrey Herf, en Tecnología, cultura y política en la República de Weimar y el Tercer Reich, interpretó, en la amalgama entre antiiluminismo nacionalista y fascinación tecnológica, la constitución de una cultura guerrera y expansionista; para otros la causa fue el manejo omnipotente de los medios de comunicación, en especial la radio, de Joseph Goebbels, quien hizo un uso político de la cultura de masas emergente. No es difícil pensar que las causas eran múltiples y que todo funcionó como un reloj en beneficio del infausto monstruo que llevó a Alemania al horror y a Europa a una de las guerras más cruentas de su historia.

Pero hay una diferencia con la Argentina, Milei no es fascista. Los neoreaccionarios son liberales, son anarcocapitalistas, aceleracionistas de derecha como Nick Land, el ideólogo de este movimiento que hoy vive su retiro en Japón (el verdadero pensador detrás de Steve Bannon), autor de una serie de ensayos, como La Ilustración oscura, que fulguraron en la primera década del siglo XXI. Son los creadores de la singularidad tecnológica. Su argumento es que hoy los consensos del Estado de Bienestar, es decir, lo que Marx llamaría la superestructura ideológica, atrasan el desarrollo de las fuerzas productivas. Y por eso, en esa lucha de clases, el mundo está ante una nueva crisis civilizatoria. ¿En dónde podemos verlo? En las diferencias abismales que las tecnologías están generando en el mundo del trabajo, no solo en cuanto a salarios (en especial el teletrabajo que se paga en dólares) sino también en las rutinas productivas: homeoffice, trabajo cognitivo, gestión deslocalizada. En la descomposición del Tercer Mundo en el que hay islotes de riqueza nunca jamás vista (Dubai, por ejemplo). En el fútbol, como espectáculo global, que mueve millones de dólares de una punta a la otra del planeta sorteando barreras de todo tipo.

En esta encrucijada, los sectores neoreaccionarios quieren aprovechar la crisis para dar otro zarpazo. Y es obvio como se mueven en las sombras (¿Macri?). Porque finamente contra este capitalismo financiero global desterritorializado lo único que lo puede enfrentar son naciones organizadas democráticamente con altos consensos en su interior articuladas con otras naciones del mismo tipo, que defiendan a sus poblaciones, que busquen la igualdad y el interés común de un planeta en riesgo de un cataclismo. Recientemente, el intelectual y exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera lo expresó con claridad en la conferencia que brindó en el Teatro Argentino de la Plata: el auge de los extremismos de derecha es la respuesta combinada de los sectores conservadores a la incertidumbre económica y de los sectores populares a la defraudación de los gobiernos progresistas.

Entonces, cabe la pregunta, ¿qué vamos a hacer para evitar que todo termine como puede terminar? La película de Quentin Tarantino Bastardos sin gloria plantea esta hipótesis, desafiándonos con la idea de que la historia no está escrita para siempre. ¿Podrían haber pasado otra cosa? El filósofo Walter Benjamin, contemporáneo de aquella república alemana idealizada, en un texto titulado Aviso de incendio, inesperadamente actual, dijo que pensar que el capitalismo concluiría inexorablemente en una revolución como la que imaginaba Marx era por lo pronto dudoso. En ese caso, aconsejó, sería mejor apagar la mecha antes de que todo estalle. ¿Podemos hacerlo o estamos atrapados en el juego de los prisioneros en el que movidos por el egoísmo terminan perjudicándose? Los que vivimos el 2001 podemos imaginarlo. Pero la maximización de las ganancias parciales de los protagonistas no siempre funciona. Resulta una paradoja, pero pareciera que la única alternativa es ceder. ¿Cómo lograrlo cuando parece que la consigna es yo o el caos? Si el inconsciente colectivo existe, la expresión de campaña de Patricia Bullrich ya es una confesión de parte: todo o nada. Del lado de la motosierra promueven la desaparición de la casta. Apagar el fuego con nafta no parece lo más prudente. La inteligencia de las fuerzas populares reside en este caso en reconocer los errores cometidos, rearticular un amplio campo popular democrático y tomar medidas redistributivas claras con horizonte de futuro. No es fácil, pero no hay otro camino.

* Luciano Sanguinetti es docente-investigador de la Universidad Nacional de La Plata.

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