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Argentina: PONER PALABRAS AL HORROR CUANDO LOS DISCURSOS DE ODIO AGITAN EL SILENCIO

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El 24 de marzo se celebra en Argentina el día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Siempre esta fecha ha tenido tintes particulares. Siempre nos ha recordado todo lo que aún falta por hacer para poder completar la historia de nuestro pasado reciente y, al mismo tiempo, nos ha permitido celebrar todo lo que hemos logrado y avanzado en materia de Derechos Humanos en nuestro país

Por Mariela Rígano. Publicado en la edición de abril de 2024 de la revista mensual marxista Nueva Pensamiento Crítico.

El 24 de marzo se celebra en Argentina el día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Siempre esta fecha ha tenido tintes particulares. Siempre nos ha recordado todo lo que aún falta por hacer para poder completar la historia de nuestro pasado reciente y, al mismo tiempo, nos ha permitido celebrar todo lo que hemos logrado y avanzado en materia de Derechos Humanos en nuestro país.

Sin embargo, este año –que nuestro país atraviesa un momento institucional y democráticamente muy delicado- la fecha cobra particular relevancia. De hecho, se espera que la tradicional marcha del 24, esta vez, alcance dimensiones acordes a la urgencia y preocupación que nos atraviesa. Nunca antes como hoy la democracia había corrido tanto riesgo, nunca antes como hoy la derecha había cobrado tanta fuerza en su carácter negacionista y violento, nunca antes como hoy hemos sentido que nuestras conquistas, nuestra memoria y nuestra cultura corren un riesgo serio.

Hoy como nunca antes se hace presente que la batalla es cultural y, con mucho dolor, debemos asumir que en Argentina el poder concentrado tiene muchos recursos para imponerse culturalmente, repitiendo hasta el cansancio sus consignas sin parecer que se repite, sino que esconde sus ecos en las que en apariencia se presentan como voces diferentes diciendo lo mismo, dado que todos los medios de comunicación y de producción cultural están en su poder. Por esto urge unirnos para dar combate y no perder la guerra.

La derecha no es ni nunca ha sido ingenua y, aunque muchas voces y analistas en Argentina cuestionan la salud mental del presidente Milei, me animo a discrepar con todas esas voces, dado que los golpes que da Milei son tan certeros que cuesta creer no respondan a un plan inteligente y prolijamente trazado. Nos abruma en su crueldad y por eso lo imaginamos irracional. Aunque si lo analizamos con frialdad y sin el dolor y la emocionalidad que sus provocaciones causan, vemos con qué inteligencia ataca todo aquello que representa la pluralidad de voces, la inclusión, la diversidad de pensamiento, el pensamiento crítico, la expresión y la protección de la participación multicultural.  De esa forma, embiste todos los organismos que son ejemplo y orgullo de la cultura (el Instituto Nacional del Teatro, el INCAA, el cine Gaumont), la ciencia, la educación (desfinanciamiento de las Universidades, del CONICET, amenaza de cierre a universidades recientemente creadas y desconocimiento de sus autoridades), y los medios de comunicación federales (cierre de la agencia de noticias TELAM). Todo esto sumado a las permanentes medidas económicas con las cuales vapulea no sólo a nuestra soberanía sino a la población a la que intenta desmoralizar y hambrear en todo momento. Milei no es loco, sabe bien que el arte permite nombrar el horror que él intenta ocultar, sabe bien que la potencia del arte puede abrir nuevos cauces de pensamiento a partir de la sinestesia que logra con sus creaciones. También sabe que la educación, si es liberadora puede trasformar el mundo, y por eso mismo busca negar los horrores de nuestra última dictadura cívico – militar y negar el número de desaparecidos o confundir sobre su dignidad y destruye el arte y la cultura que es el foco de resistencia más efectivo que su pretendida verdad tendría que afrontar.

Muchos de nuestros desaparecidos y desaparecidas eran estudiantes que militaban en centros de estudiantes por mejores condiciones y mayores posibilidades de estudio para todas las personas. El boleto estudiantil es casi una metáfora de esa lucha. Muchos de nuestros desaparecidos y desaparecidas eran estudiantes de carreras artísticas y humanísticas, docentes, economistas que advertían contra los riesgos del capitalismo y el liberalismo, psicólogos que se plantaban contra el modelo que promovía la exclusión y el manicomio. Fue un plan sistemático para borrar toda doctrina, toda posibilidad de pensamiento crítico, toda expresión que planteara que otro mundo es posible y que lo que nos hace fuertes es lo colectivo.

Sin embargo, todos y todas aquellos y aquellas que creemos que el pensamiento sensible y crítico puede transformar la realidad seguimos intentando dar batalla en esta guerra que aún no se ha perdido.

Este 24 de marzo se avecina sin que, hasta el momento, haya prevista convocatoria oficial alguna desde el Gobierno para actos o actividades. Esta provocación no asombra, dado que el oficialismo discute la historia oficial y apuesta a reivindicar también a los muertos por las agrupaciones armadas de la época, un fuerte discurso de aval de la «teoría de los dos demonios».

Sin embargo, la respuesta de las distintas agrupaciones será con marcha y arte. Nos encontramos en un momento histórico en que debemos extremar la creatividad para proteger la memoria para potenciar la rebeldía contra las injusticias en un tiempo en que amenaza los lazos sociales con celebrantes actitudes de crueldad e individualismo aberrante.

Muchos son los autores y pensadores que se preguntan sobre las posibilidades de contar o narrar el horror, sobre la posibilidad de poner palabras al dolor y la crueldad. Necesitamos crear lenguajes que puedan expresar todo aquello donde la imaginación parece obturarse, donde el horror sistematizado a impuesto como norma el silencio. Debemos hacerlo porque donde se obtura la posibilidad de la palabra florece la violencia, se instala el odio y se naturaliza la crueldad deshumanizante. El arte permite rescatar los testimonios y desprenderlo de la órbita probatoria para devolverle a esa palabra su carácter subjetivo y vivencial desde un lugar que nos permita mirar y escuchar el horror, subjetivándolo, trayéndolo al territorio de lo cotidiano y lo humanizado.

En un próximo encuentro nos referiremos a algunas de las expresiones artísticas que jalonarán este 24 de marzo.

Hoy más que nunca gritamos fuerte:

30.000 compañeros detenidos y desaparecidos presentes, ahora y siempre.

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