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Atilio Borón: Los fascistas y el humor: a propósito de “Cervezas y Putas”

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Por eso, en tiempos tan oscuros como los que vive la Argentina me permito compartir este cuento que con distintas variantes circula por la web

Como toda la derecha los fascistas detestan al humor. La relación con éste siempre fue enojosa, porque los autoritarios veneran la obediencia, el orden, la jerarquía. Los déspotas sienten un odio profundo por el humor y por quienes lo cultivan porque el humor es transgresor y, aunque no sea abiertamente político, siempre de un modo u otro pone en cuestión el orden social. El bibliotecario de la maravillosa novela de Umberto Eco, El nombre de la Rosa, lo explica con inigualable elocuencia. Por eso estaba prohibida la risa en aquel lóbrego monasterio medieval. No exageraría si dijera que hoy el humor es el viejo topo que carcome desde dentro el orden capitalista porque la risotada que desata un buen chiste genera un sentido de pertenencia común que, osaría decir, es la antesala de la conciencia comunista. No es casual que Fidel fuese dueño de un fino sentido del humor, algo que el Che Guevara y Hugo Chávez elevaron a una altura inigualable. Por eso, en tiempos tan oscuros como los que vive la Argentina me permito compartir este cuento que con distintas variantes circula por la web. No sé quien me lo envió ni tampoco quien escribió la versión original, pero estoy seguro que nos hará reír un rato si recordamos las condiciones bajo las cuales se aprobó la Ley Bases en el Senado pocos días atrás. ¡Que lo disfruten! El cuento se llama “Cervezas y Putas” y dice así:

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El tipo se llama Manuel Pérez, español. Es Analista de Inversiones y empresario. En junio de 2008, cuando el Gobierno de Rodríguez Zapatero estudiaba lanzar un proyecto de ayuda a la economía española, Manuel Pérez escribía en su boletín mensual un comentario con mucho humor:

«El Gobierno español está estudiando conceder a cada uno de nosotros una suma de € 600,00. Si gastamos ese dinero en Walt-Mart, ese dinero va para China. Si gastamos en gasolina, va para los árabes. Si compramos un computador, va para la India. Si compramos frutas, irá para México, Honduras o Guatemala. Si compramos un buen automóvil, irá para a Alemania o Japón. Y ningún centavo de ese dinero ayudará a la economía española.

El único medio de mantener ese dinero en España es gastándolo con putas o cerveza, considerando que son los únicos bienes todavía producidos por aquí.  Yo, estoy haciendo mi parte …»

La respuesta de un argentino es igualmente mordaz, y dice así:

«Estimado Pérez: la situación de los españoles es cada vez peor. Lamento informarle que la Cruz Campos, la famosa cerveza fue recientemente comprada por la Heineken.  Por lo tanto, le quedan solamente las Putas, así, con mayúsculas. Ahora, si ellas (las Putas), decidieran mandar su dinero a sus hijos … el mismo vendría directamente hacia los Diputados Nacionales y los Senadores de la UCR  del PRO y LLA de Argentina, donde existe la mayor concentración de hijos de puta del mundo.”

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