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Bellamy Foster: Ecología marxiana y desarrollo humano sostenible

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Entrevista con John Bellamy Foster :: “En Cuba, el énfasis en el desarrollo humano sostenible, particularmente desde 1992, ha sido el secreto de su éxito”

MAHESH MASKEY / JOHN BELLAMY FOSTER La Haine

John Bellamy Foster es director de Monthly Review y profesor emérito de Sociología en la Universidad de Oregón. Mahesh Maskey es redactor jefe de Bampanth (La Izquierda), Nepal. Esta es una versión revisada de una entrevista publicada en Bampanth, octubre de 2023.

Mahesh Maskey: Usted ha sido un académico pionero en destacar y ampliar la perspectiva marxista original sobre cuestiones ecológicas y la crítica al sistema capitalista. Al parecer, los países del Sur Global tienen que hacer una difícil elección entre desarrollo y medio ambiente. ¿Puede explicar de forma sencilla por qué y cómo es posible y alcanzable un desarrollo respetuoso con el medio ambiente en los países económicamente pobres?

John Bellamy Foster: El creciente reconocimiento de que la cuestión ecológica es crucial junto a la económica, y de que ambas están intrínsecamente relacionadas, no hace sino aclarar las condiciones a las que se enfrentan actualmente los países pobres. La verdadera disyuntiva no es entre desarrollo y medio ambiente, sino entre un desarrollo capitalista periférico de subdesarrollo determinado por las condiciones de dominación imperialista o una ruptura revolucionaria con el sistema que implante un modelo socialista de desarrollo humano sostenible. Por lo tanto, una vez que añadimos el factor ecológico, queda más claro que nunca que el mundo está dividido entre naciones superdesarrolladas dentro del núcleo capitalista y países subdesarrollados dentro de la periferia. El consumo de energía per cápita en EEUU es más de sesenta veces superior al de Nepal, mientras que un nivel de equilibrio para el mundo en su conjunto desde el punto de vista ecológico se sitúa en torno a un tercio del nivel actual de EEUU. Lo que esto significa es que EEUU está escandalosamente sobredesarrollado en términos de lo que la Tierra puede soportar, así como en relación con la población mundial en su conjunto, mientras que Nepal ha sido no menos escandalosamente subdesarrollado por el sistema. Detrás de esta realidad desigual y apoyándola están los mecanismos del imperialismo, que determinan en gran medida la posición relativa de las naciones dentro del sistema capitalista mundial.

Lo que esto significa es que tenemos que fusionar la crítica marxista tradicional del desarrollo imperialista con la crítica ecológica que, en muchos sentidos, lleva esto a un nivel más profundo y nos permite articular más plenamente un camino alternativo hacia adelante. La esencia del problema del desarrollo fue articulada por Paul A. Baran en La economía política del crecimiento a finales de la década de 1950. Tiene que ver con si un país puede obtener el control y movilizar su excedente económico real, potencial y planificado para su propio desarrollo interno de forma racional, lo que significa enfrentarse tanto a las dimensiones de clase internas de la sociedad como a las fuerzas imperialistas externas. Éstas, por supuesto, no están separadas en el capitalismo periférico, ya que siempre hay una clase compradora alineada con el desarrollo imperialista, en oposición a las necesidades internas del país. La lucha de clases está, pues, ligada a la lucha antiimperialista. En los países posrevolucionarios que han logrado superar en cierta medida los elementos compradores parasitarios de su propia sociedad y han podido desvincularse hasta cierto punto de la economía mundial, surgen nuevas posibilidades en la generación y utilización del excedente económico, lo que permite un desarrollo más autónomo que ya no está directamente determinado por el imperialismo y las fuerzas del mercado capitalista.

Bajo el capitalismo, el desarrollo económico se define como el aumento del Producto Interior Bruto (PIB) y por la acumulación de capital, es decir, en términos del valor de cambio generado en la sociedad, independientemente de los fines sociales. Sin embargo, la desvinculación, que siempre es relativa, permite una forma de desarrollo que parte de los valores de uso, dando prioridad a la satisfacción de las necesidades básicas de la población y estableciendo así las bases de un verdadero desarrollo humano. Así pues, nos encontramos con que las economías de orientación socialista del Sur Global, aunque en la mayoría de los casos siguen siendo pobres, son capaces de mejorar enormemente las condiciones de la población en ámbitos como la sostenibilidad y la soberanía alimentarias, el acceso al agua potable, la disponibilidad de electricidad, la educación, el cuidado infantil, la atención sanitaria, los derechos de la mujer, la esperanza de vida, la vivienda, la mitigación de la pobreza, etcétera. En las áreas de desarrollo humano, según los cálculos de las Naciones Unidas, los países pobres del Sur Global de orientación socialista a menudo se acercan sorprendentemente, o incluso superan en algunos aspectos, a las naciones ricas del Norte Global, como EEUU, lo que deja sin sentido las medidas de desarrollo que se centran simplemente en el PIB.

Un enfoque ecológico centrado en el desarrollo humano sostenible no es más que una ampliación del énfasis tradicional, orientado a las personas, de la planificación socialista para incorporar el nivel material más fundamental del entorno en el que residimos. Esto puede verse más fácilmente quizás en relación con Cuba, donde el énfasis en el desarrollo humano sostenible, particularmente desde 1992, ha sido el secreto de su éxito. De hecho, en los países pobres no existe ninguna contradicción fundamental entre centrarse en las necesidades humanas y en el medio ambiente.

¿Cómo valora el impacto que sus argumentos han tenido en el debate académico y en la acción popular? ¿Qué esperanzas tiene de que, en un futuro próximo, las grandes economías capitalistas se vean obligadas a cambiar de rumbo y redefinir el desarrollo en términos de supervivencia ecológica e igualdad?

Mi trabajo y el de muchos otros en la tradición marxista ecológica se ha dirigido a desarrollar una crítica clásica, entendida en términos histórico-materialistas, en la que las ideas se consideran en relación con las condiciones materiales en las que surgen, y la teoría se dirige a la práctica revolucionaria. El carácter sistemático de este enfoque crítico, desarrollado a partir del propio marxismo clásico, ha hecho que no pueda ser ignorado sin más, y ha hecho importantes incursiones en el mundo académico. Sin embargo, inevitablemente se topa con barreras ideológicas, que a menudo emanan irónicamente no sólo de la derecha, sino también de aquellos sectores de la izquierda académica que habitan en lo que Georg Lukács llamó el “Gran Hotel Abismo”, donde se plantean cuestiones radicales, a menudo con gran estilo, pero de maneras que están desconectadas del cambio emancipador e incluso son hostiles a él. Por supuesto, estoy hablando aquí principalmente de la academia occidental con la que estoy más familiarizado; las cosas son bastante diferentes intelectual y prácticamente en muchas partes del Sur Global.

Así, mientras que el marxismo ecológico sigue ganando terreno en la academia, es en las organizaciones y movimientos socialistas y ecologistas de todo el mundo -por ejemplo, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil- y en los países donde ha cobrado vida real en términos de relación entre teoría y práctica, como en China, Venezuela y Cuba, donde se observa el florecimiento de este tipo de análisis.

Tengo pocas esperanzas de que los principales estados capitalistas, tal y como están constituidos actualmente, cambien hacia cuestiones de igualdad ecológica y supervivencia basándose simplemente en este tipo de crítica. Es cierto que, como decía Karl Marx, las ideas pueden convertirse en una fuerza material cuando arraigan entre las masas. Sin embargo, este arraigo depende a su vez de la evolución de las condiciones materiales. Hoy en día, las condiciones materiales están cambiando en todas partes, más rápida e irremediablemente en el ámbito medioambiental. Esto creará nuevos movimientos y divisiones y escisiones dentro de las clases que acabarán estando cada vez más condicionadas por factores ecológicos, no simplemente económicos. Cualquier cambio real en la dirección de la igualdad y la supervivencia vendrá principalmente de la base de la sociedad y encarnará una lógica anticapitalista, aunque surja de un contexto capitalista. Es necesario que el cambio a escala revolucionaria se produzca en el núcleo del sistema mundial capitalista, ya que es ahí donde se ha originado toda la crisis planetaria y donde existen más fácilmente los medios para abordarla. Sin embargo, la reordenación radical del mundo comenzará claramente en el Sur Global, donde la amenaza medioambiental y económica es mayor, y en los movimientos antisistémicos mundiales.

A menudo se comenta que los pensadores marxistas son bastante buenos a la hora de ofrecer críticas al sistema capitalista contemporáneo y bastante vagos a la hora de proporcionar alternativas concretas y operativas al mismo. ¿Qué opina de esta observación en el contexto del cambio climático y la inminente crisis ecológica?

Este tipo de ataques retóricos suelen basarse en la negación absoluta, cuando no en el engaño deliberado. Esto es especialmente cierto en el caso del cambio climático y de la emergencia ecológica planetaria en general. Las “alternativas concretas y operativas” necesarias para mitigar la catástrofe climática son bien conocidas, empezando por mantener los combustibles fósiles bajo tierra mientras se desarrollan formas alternativas de producción, consumo y uso de la energía. Hay cientos, incluso miles, de medidas eficaces que podrían adoptarse de inmediato para mitigar el cambio climático y garantizar la supervivencia e incluso la prosperidad de las comunidades humanas. Fred Magdoff y yo enumeramos muchas de esas alternativas prácticas hace más de una década en nuestro libro Lo que todo ecologista debe saber sobre el capitalismo. El problema es que todas las “alternativas concretas y operativas” al actual rumbo suicida están efectivamente bloqueadas por el capitalismo por exactamente las mismas razones por las que generó el cambio climático en primer lugar: es decir, la continua promoción de la acumulación ilimitada como fuerza motriz de la sociedad bajo el principio de Après moi, le déluge. En consecuencia, aunque sabemos exactamente lo que hay que hacer, un planteamiento basado en reformas es insuficiente. La respuesta al cambio climático y a la emergencia planetaria en general requiere un cambio a escala revolucionaria que amenace el sistema de poder existente.

En este sentido, es crucial fijarse en la ciencia. Si se examina el último informe de evaluación (IE6) del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, en particular el «Resumen para Responsables de Políticas» del Grupo de Trabajo III de los científicos, que aborda la mitigación, antes de que fuera censurado por los gobiernos (el «Resumen para Responsables de Políticas» de los científicos no censurado puede consultarse en la página web de Monthly Review), se afirma una y otra vez que lo que se necesita es una transformación económica, social y ecológica a gran escala. Hay que poner en marcha un cambio a escala revolucionaria, no sólo para mitigar el cambio climático, sino también para evitar la muerte masiva de la humanidad. Esto está respaldado por innumerables estudios científicos.

Todos los niños de hoy pueden proponer “alternativas concretas y operativas” que serían eficaces para ayudar a resolver el problema del cambio climático y que están al alcance de la sociedad, si el actual sistema imperial de acumulación de capital, basado en las clases, no bloqueara el cambio en todos los puntos. El hecho es que las medidas ahora necesarias para la supervivencia humana a la escala requerida -todas las cuales están al alcance humano con una reordenación radical de las prioridades sociales- necesitan ir en contra de la lógica de la acumulación de capital, y por lo tanto son tachadas de “impracticables” por el sistema. Además, debemos recordar que el cambio climático es sólo una parte de la emergencia planetaria a la que se enfrenta actualmente el capitalismo, que incluye también el traspaso de los límites planetarios en lo que respecta a la extinción de especies, la acidificación de los océanos, las rupturas de los ciclos del nitrógeno y el fósforo, la pérdida de la cubierta forestal, la desaparición del agua dulce, la contaminación química, etc., todo ello debido a la actual hegemonía político-económica.

La situación es tan grave que es necesario tomar medidas urgentes para proteger a las comunidades humanas de todo el mundo, puesto que el catastrófico, aunque todavía no irreversible, cambio climático ya está sobre nosotros, amenazando a las personas de todo el mundo. Pero el sistema sigue generando desigualdad y concentración de poder y recursos en la cúspide, junto con la expropiación desenfrenada de la naturaleza, relegando al gran grueso de la humanidad a su presunto destino, determinado por la economía imperialista mundial.

Nepal es uno de los países montañosos donde las vulnerabilidades debidas al cambio climático son desproporcionadamente altas y el impacto sobre los grupos marginados especialmente duro. ¿Qué estrategias recomendaría a países como Nepal que siguieran de forma realista tanto en su agenda nacional como internacional?

Por lo que respecta a Nepal, sólo puedo responder en términos muy generales y basándome en principios generales. Nepal es uno de los países con mayor riesgo de catástrofes a nivel mundial. Los problemas medioambientales actuales son el calor récord, el deshielo de los glaciares (a menudo denominados “torres de agua”), la mayor imprevisibilidad de los monzones, que traen tanto lluvias torrenciales como sequías, inundaciones, deforestación, erosión del suelo, incendios forestales a gran escala, contaminación del aire y del agua, pérdida de biodiversidad (Nepal es uno de los principales focos de biodiversidad), disminución de la productividad agrícola y falta de saneamiento y de agua potable para millones de personas. La pobreza absoluta en amplias zonas del país y la marginación de la masa de la población interactúan con los fenómenos meteorológicos extremos asociados al cambio climático.

La clave en estas difíciles circunstancias es poder introducir un sistema de control y planificación económica estatal (sin excluir los mercados) que permita establecer prioridades de ecodesarrollo. Esto requeriría también el control estatal de las finanzas. Los proyectos que más benefician a la población porque están dirigidos a las necesidades básicas y a la seguridad, como el agua potable, el saneamiento, la alimentación adecuada, la vivienda, la mitigación de la pobreza, la atención sanitaria, la protección del medio ambiente, la educación y otras necesidades, tendrían que tener prioridad sobre los proyectos de prestigio orientados al beneficio y basados en el mercado que benefician principalmente a unos pocos. Habría que cultivar un mayor grado de soberanía alimentaria y autosuficiencia nacional, en el sentido de libertad frente al control económico externo.

Dada la vulnerabilidad de Nepal a las catástrofes naturales, habría que aprender de Cuba (aunque es una isla) y Kerala (India), que han establecido programas estatales eficaces para proteger a su población de las catástrofes naturales. En este caso, no se trata tanto de los tipos concretos de catástrofes naturales a los que hay que hacer frente como de la institución de medios organizados de movilización rápida de recursos y poblaciones al servicio del interés común en caso de emergencia. Debe prestarse especial atención a las necesidades de las poblaciones marginadas. De hecho, en la base de la sociedad, sobre todo en las zonas rurales (pero sin limitarse a ellas), la atención debe centrarse en la promoción de la organización comunal/colectiva y el intercambio comunal de valores de uso, con el apoyo del Estado, como algo vital para todo el proyecto revolucionario.

Hay que recordar que el mero desarrollo económico, medido por el PIB, carece esencialmente de sentido si la población carece de las condiciones de supervivencia. Aquí, la planificación estatal es crucial, no en la forma de una economía dirigida, sino requiriendo una planificación central, aunque enraizada en la participación popular de masas, la organización comunal y el desarrollo de cuadros políticos. Una estrategia de este tipo tiene que basarse en las clases populares, es decir, los trabajadores y los campesinos, dando así voz a una perspectiva antiimperialista y con conciencia de clase que es necesariamente socialista o comunista.

A escala mundial, el enfoque capitalista dominante ante la emergencia ecológica planetaria es la financiarización de la naturaleza, es decir, la noción de que la respuesta al problema ecológico es la mercantilización no sólo de los recursos naturales en el sentido tradicional, sino la mercantilización de todo el “capital natural” o servicios ecosistémicos (vistos en términos de valor de cambio). Dadas las condiciones extremas a las que se enfrenta Nepal, con crecientes riesgos medioambientales derivados del cambio climático unidos a la pobreza, es natural buscar ayuda financiera externa. Sin embargo, es crucial que la planificación económica, ecológica y social interna y la promoción de las necesidades básicas de la población en su conjunto tengan prioridad. Permitir que las finanzas mundiales tomen el control en nombre de la promoción de lo que el Banco Mundial, junto con un acuerdo de financiación de 100 millones de dólares con Nepal para 2022, denomina engañosamente “desarrollo verde, resistente al clima e integrador” y “uso productivo sostenible del capital natural” en un clima de “reforma” económica, conlleva el peligro de que Nepal pierda el control soberano de su vía de desarrollo. Es significativo que el nivel general de deuda de Nepal se haya más que duplicado solo en 2018-19, pasando de 7.000 a 15.000 millones de dólares (o 2 billones de rupias nepalesas). Esto podría llevarlo muy rápidamente al precipicio de la deuda, como en el reciente caso de Sri Lanka. En tales circunstancias, puede imponerse lo que Naomi Klein denominó “capitalismo del desastre”, o neoliberalismo extremo y terapia de choque, en la que los intereses extranjeros llevan la voz cantante.

Obviamente, mucho depende del tipo de financiación exterior de que se trate y de cómo se integre en el conjunto de la economía. Por ejemplo, la mayoría de los préstamos externos ofrecidos a los países pobres conllevan el riesgo de caer en una trampa de la deuda, así como de ser orientados hacia el tipo de proyectos que sirven predominantemente a los intereses extranjeros, y no a los nacionales. La financiarización del “capital natural” que promueven actualmente las principales organizaciones económicas internacionales capitalistas y muchos grupos empresariales es engañosa en el caso de un país pobre con recursos naturales cruciales, ya que su objetivo es eliminar el control soberano. A pesar de toda la palabrería sobre la promoción de la resiliencia y el uso sostenible del “capital natural” del país, a menudo es en realidad una forma de vender el futuro en nombre de la “sostenibilidad”. Todo depende, pues, de la fuerza de la gobernanza interna y de una planificación orientada a lo que es más esencial para el conjunto de la población y que incorpore la organización comunal, la participación popular y la movilización de masas. En lo que respecta al capital extranjero, hay que protegerse doblemente contra la corrupción. En la medida de lo posible, Nepal debería tratar de inspirarse en los logros positivos en materia de autosuficiencia de otros Estados socialistas o de orientación socialista.

En los últimos años, el marxista japonés Kohei Saito ha defendido enérgicamente la idea del “comunismo de decrecimiento”, pero no ofrece posibles vías que conduzcan a este objetivo. ¿Cuál es su crítica a la propuesta de Saito y qué podría significar para los países del Sur Global?

Saito es un destacado pensador ecosocialista, cuyo libro Karl Marx’s Ecosocialism [La naturaleza contra el capital. El ecosocialismo de Karl Marx en la edición española] de 2016 contribuyó sustancialmente a nuestra comprensión de la teoría clásica de Marx de la brecha metabólica. En ese libro, también rechazó enérgicamente la noción de que la obra de Marx se caracterizaba por el “prometeanismo” o el productivismo extremo. La mayor parte de esto coincidía con los argumentos que Paul Burkett y yo habíamos desarrollado antes en su libro Marx and Nature (1999) y en mi artículo “Marx’s Theory of Metabolic Rift” (1999) y el libro Marx’s Ecology La ecología de Marx.

Sin embargo, las obras más recientes de Saito, incluidos su bestseller japonés de 2020 El capital en la era del Antropoceno y su libro de 2022 Marx in the Anthropocene, se apartan radicalmente de su interpretación anterior en Karl Marx’s Ecosocialism. En estos nuevos escritos, Saito afirma haber descubierto una ruptura epistemológica en el pensamiento de Marx a partir de 1868, tras la publicación del primer volumen de El Capital en 1867. Se dice que en sus últimos años Marx abandonó el prometeísmo que Saito, invirtiendo su propio análisis anterior, dice que estaba presente en el pensamiento de Marx hasta ese momento, con el resultado de que se supone que Marx abandonó en gran medida la idea del desarrollo de las fuerzas productivas y optó en su lugar por el “comunismo del decrecimiento”.

Todo el argumento de Saito de que Marx era un defensor del comunismo de decrecimiento en su última década y media se basa principalmente en sólo dos de las obras de Marx: su Crítica del Programa de Gotha de 1875 y su carta a Vera Zasulich de 1881 (incluidos los borradores de la carta). La idea de que estos conocidos manuscritos apuntan a la posibilidad de un futuro más sostenible no es, por supuesto, nueva. Los ecosocialistas han sostenido durante mucho tiempo que la Crítica del Programa de Gotha y las cartas/borradores de carta a Zasulich reflejaban lo que Burkett, en el título de su artículo de octubre de 2005 en Monthly Review, llamó “La visión de Marx sobre el desarrollo humano sostenible”.

El movimiento distintivo de Saito, sin embargo, fue sugerir que la Crítica del Programa de Gotha y las cartas/borradores a Zasulich apuntaban a un comunismo de decrecimiento real, y no simplemente a la maduración de una concepción del desarrollo humano sostenible que caracterizaba el pensamiento de Marx de forma más general. Sin embargo, como no se ha podido encontrar ninguna prueba concreta de que Marx abogara realmente por lo que podría llamarse razonablemente decrecimiento, Saito ha recurrido a argumentar que un repentino alejamiento de un prometeismo (y eurocentrismo) anterior, que ahora afirmaba que podía encontrarse en todas las obras principales de Marx hasta la publicación de El Capital en 1867, representaba en sí mismo una ruptura epistemológica que marcaba el desarrollo de un nuevo comunismo del decrecimiento. Irónicamente, esto significaba que Saito se veía ahora obligado a repudiar el principal resultado de su propio Karl Marx’s Ecosocialism de sólo unos años antes, en el que había concluido que la caracterización de Marx como pensador prometeico era una proyección totalmente falsa “impuesta sobre el pensamiento de Marx” por críticos equivocados. Es significativo que, aunque Saito ha dado marcha atrás y ahora sostiene que Marx tenía una orientación prometeica hasta la redacción de El Capital, es incapaz de encontrar ningún pasaje en El Capital, o en cualquier otro lugar, que lo corrobore.

Aparte de todas sus otras debilidades, la atribución de Saito de una perspectiva de decrecimiento real a Marx en el siglo XIX es profundamente ahistórica. Marx escribía en plena Revolución Industrial. Entre el comienzo de la Revolución Industrial en el siglo XVIII y el primer Día de la Tierra en 1970, el potencial productivo industrial mundial aumentó unas 1.730 veces. De ahí que hoy vivamos en lo que se ha dado en llamar, con razón, una economía totalmente mundializada, en la que las naciones ricas, capitalistas e imperialistas que constituyen el núcleo de la economía mundial tienen huellas ecológicas per cápita que superan con creces lo que el Sistema Tierra puede soportar, y en la que todo el planeta como hogar seguro para la humanidad está ahora amenazado. Como resultado, el decrecimiento se ha convertido en una necesidad en los sectores más ricos de la economía mundial en el siglo XXI, junto con un cambio hacia las emisiones netas de carbono cero, para que la humanidad sobreviva. Ni que decir tiene que esto dista mucho de las condiciones a las que se enfrentó Marx en su día.

En el número especial de julio-agosto de 2023 de Monthly Review, titulado “Decrecimiento planificado: Ecosocialismo y desarrollo humano sostenible”, tratamos de hacer operativo el decrecimiento en términos socialistas con respecto al núcleo rico de la economía mundial. Esto significaba hacer hincapié en el tipo de planificación económica, ecológica y social que es necesaria si se quiere hacer realidad la reconciliación esencial del metabolismo social humano y el metabolismo universal de la naturaleza. La clave para ello es el abandono del PIB como principal indicador de progreso y el énfasis en la satisfacción de las necesidades esenciales sobre la base de los principios socialistas de igualdad sustantiva y sostenibilidad ecológica. Esto, argumentan los diversos autores del número especial, sólo puede lograrse mediante la transformación a escala revolucionaria y la trascendencia de la actual hegemonía político-económica.

El principio del decrecimiento no es universal en términos históricos, sino que se refiere al contexto del siglo XXI y, en particular, a las economías superdesarrolladas del sistema. Un enfoque ecológico socialista integral en el presente siglo, como ya se ha dicho, tiene que dar cuenta de las condiciones muy diferentes que dividen al Norte Global y al Sur Global como resultado del sistema imperialista mundial. En este sentido, el decrecimiento planificado necesario en los sectores ricos de la economía mundial en nuestro tiempo debe considerarse subsidiario del principio primordial de Marx del desarrollo humano sostenible. En las regiones más pobres del Sur Global, el problema sigue siendo no el del sobredesarrollo, sino el del subdesarrollo, aunque la solución deba adoptar hoy la forma del ecodesarrollo. La virtud del análisis de Saito sobre el comunismo del decrecimiento es que nos plantea directamente estas cuestiones.

Los recientes planes de desarrollo chinos abogan por la búsqueda de una “civilización ecológica”, aunque las características más destacadas de dicha civilización siguen estando mucho menos claras. ¿Qué entiende usted por civilización ecológica y qué utilidad podría tener este concepto para otros países en desarrollo?

La noción de civilización ecológica, tal y como se ha desarrollado en China en particular, adquiere su significado del hecho de que encarna una concepción histórico-materialista de la transición del capitalismo al socialismo. Aquí, el desarrollo humano sostenible se convierte en el objeto del socialismo maduro, en línea con el análisis ecológico clásico de Marx y Federico Engels. Tal visión es totalmente antitética al capitalismo como modo de producción.

La propia noción de civilización ecológica se remonta a la última década de la Unión Soviética, en la que filósofos y científicos avanzaron el concepto, enraizado en la crítica ecológica clásica de Marx. Los estudiosos chinos lo adoptaron rápidamente y se convirtió en un elemento central de la visión del socialismo con características chinas. Los teóricos chinos aprovecharon la afinidad de la ecología marxiana, con sus raíces en el antiguo materialismo griego, con el naturalismo orgánico arraigado en el antiguo taoísmo y confucianismo.

La concepción de la civilización ecológica en China tiene su mayor desarrollo en la actualidad en el análisis de Xi Jinping, quien ha estipulado que es el elemento definitorio de la evolución de una sociedad socialista madura e implica un movimiento que “fomentaría un modo de vida sencillo, moderado, verde y con bajas emisiones de carbono que se opondría a la extravagancia y el consumo excesivo”, lo que representa el paso a una sociedad socialista sostenible. Se considera que la civilización ecológica se corresponde con una “China bella”, es decir, que incorpora valores estéticos. Xi hace referencia a la advertencia de Engels sobre la inminente “venganza” de la naturaleza si no se encuentra una forma de promover la reconciliación entre la humanidad y la naturaleza. Esto ha ido acompañado de medidas concretas en casi todos los ámbitos de la planificación china para poner en marcha una civilización ecológica en estos términos.

Aunque evidentemente hay muchas contradicciones sobre el terreno y no sabemos si se alcanzará el objetivo de una civilización ecológica en el socialismo maduro, no cabe duda de que el Partido Comunista Chino está haciendo actualmente enormes esfuerzos para lograr exactamente eso. Representa un enfoque revolucionario de la ecología, que supera con creces las nociones occidentales de un Nuevo Pacto Verde, que son principalmente propuestas sobre el papel. La concepción china de una civilización ecológica y sus intentos de instaurarla constituyen, pues, una de las principales esperanzas de desarrollo ecológico sostenible en el mundo actual.

El término ecosocialismo también ha atraído mucha atención estos días. ¿Cree que los movimientos socialistas mundiales, especialmente en el Sur Global, pueden unirse en torno a este concepto?

El término ecosocialismo ha surgido de distintas formas en las últimas décadas, a partir de proyectos muy diferentes. Algunos pensadores veían el ecosocialismo como una crítica implícita al socialismo de tipo soviético realmente existente, caracterizado en los medios de comunicación dominantes como mucho más destructivo ecológicamente que el capitalismo, algo que ahora sabemos que era incorrecto (sobre esto, véase especialmente el notable libro de Salvatore Engel-Di Mauro sobre Estados socialistas y medio ambiente). Otros vieron en el ecosocialismo una forma de recuperar y ampliar los temas ecológicos dentro del socialismo y de construir un movimiento que uniera las preocupaciones tradicionales de la clase obrera con el necesario cambio medioambiental. En China, la noción de “marxismo ecológico” ha prevalecido sobre la de “ecosocialismo” como tal, reflejando un enfoque más abiertamente revolucionario y explícitamente marxista. Sin embargo, todos los análisis ecosocialistas han estado influidos por Marx y, con la recuperación de la crítica ecológica de Marx en la teoría de la brecha metabólica, esta influencia se ha hecho más pronunciada, en lugar de menos, y el análisis se ha extendido a los movimientos socialistas y ecologistas de todo el mundo.

En mi opinión, sería un error considerar que el ecosocialismo desplaza al socialismo. Más bien, el ecosocialismo representa un conjunto particular de preocupaciones, énfasis, vías de investigación y desarrollo de movimientos dentro del ámbito más amplio del socialismo. Está vinculado a cuestiones de reproducción social, particularmente enfatizadas en las luchas feministas. Se trata, por tanto, de redescubrir toda la amplitud de la lucha por el socialismo y la libertad humana. En última instancia, se considerará que la lucha por el socialismo, entendida ahora de forma más amplia en consonancia con la perspectiva clásica de Marx y Engels, abarca necesariamente tanto la igualdad sustantiva como la sostenibilidad ecológica. Para que la humanidad sobreviva y prospere en la época del Antropoceno, será necesario el desarrollo de un proletariado medioambiental que se comprometa simultáneamente con los ámbitos de la producción/reproducción social y el medio ambiente, reuniendo a las poblaciones explotadas y marginadas dentro de cada ámbito. Esto estará impulsado por una preocupación común por el futuro de lo que Marx llamó “la cadena de generaciones humanas”.

En los momentos álgidos de la revolución nepalí, la Monthly Review Foundation, a petición de Harry Magdoff, envió toda la colección de sus libros al colectivo de la izquierda nepalí, que se materializó en la Harry Magdoff Memorial Library. ¿Puede decir unas palabras sobre él en su memoria para los lectores nepalíes?

Harry Magdoff (1913-2006) fue uno de los grandes economistas, teóricos marxistas y críticos del imperialismo del siglo XX. Para un relato más completo de su vida, véase el artículo “Optimism of the Heart” que escribí para el número de octubre de 2006 de Monthly Review. Nació el 21 de agosto de 1913 en el Bronx de Nueva York, hijo de inmigrantes ruso-judíos. Se hizo marxista muy pronto y, mientras estudiaba en el City College a principios de los años 30, se convirtió en editor de la National Student Review. En 1936 se licenció en Economía en la Escuela de Comercio de la Universidad de Nueva York y fue contratado por la Works Progress Administration (WPA) en el marco del New Deal del Presidente Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión. Durante su estancia en la WPA, desarrolló el método de medición de la productividad que aún utiliza el Departamento de Trabajo de EEUU. Durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó en la Junta Consultiva de Defensa Nacional, donde se encargó de la División de Necesidades Civiles y estuvo estrechamente relacionado con la División de Necesidades Militares. Pronto ocupó un puesto en la Junta de Producción de Guerra, donde desempeñó un papel destacado en la planificación económica en tiempos de guerra. En 1944, cuando la guerra tocaba a su fin, se convirtió en el economista jefe a cargo de la División de Análisis de la Actividad Económica Actual del Departamento de Comercio, responsable de la publicación del Survey of Current Business, la principal publicación económica del gobierno estadounidense. En 1946, aceptó el puesto de asistente especial de Henry Wallace, entonces Secretario de Comercio y antiguo Vicepresidente de EEUU.

En la caza de brujas del “miedo rojo” del periodo McCarthy, que surgió con la llegada de la Guerra Fría, Magdoff entró en la lista negra. Durante un tiempo se dedicó a los seguros y luego se convirtió en copropietario de una empresa, Russell and Russell, que publicaba libros académicos descatalogados, muchos de ellos radicales, como Black Reconstruction in America, de W. E. B. Du Bois. La empresa fue adquirida por Atheneum Books, lo que le proporcionó cierta independencia económica. Durante un tiempo enseñó en la New School for Social Research. Llevaba mucho tiempo asociado a Monthly Review y, tras la muerte en 1968 del periodista socialista Leo Huberman, cofundador de la revista con el economista marxista Paul M. Sweezy, Magdoff se unió a Sweezy como coeditor de MR, cargo que ocupó hasta su muerte en 2006.

Magdoff es conocido por sus análisis económicos del imperialismo, entre ellos The Age of Imperialism: The Economics of U.S. Imperialism (1969), que fue una de las grandes obras que destronaron el mito de una política económica internacional estadounidense benigna en la época de la guerra de Vietnam, e Imperialism: From the Colonial Age to the Present (1978). Sus aportaciones destacaron dentro de la literatura sobre el imperialismo por su carácter concreto, histórico y empírico, en lugar de basarse -como ocurre con demasiada frecuencia- en meras abstracciones. Escribió el artículo sobre la historia del imperialismo, titulado “La expansión europea desde 1763”, para la decimoquinta edición (1974) de la Enciclopedia Británica, aunque las últimas partes de su artículo sobre el imperialismo estadounidense, incluida la guerra de Vietnam, fueron eliminadas y sustituidas en un acto de censura en las ediciones posteriores de la enciclopedia.

Además de sus escritos sobre el imperialismo, Magdoff fue un importante analista crítico del capitalismo monopolista avanzado, desarrollando, junto con Sweezy, una perspectiva teórica sobre el estancamiento económico y la financiarización de la economía estadounidense que iba a ser de enorme importancia para la comprensión de las actuales tendencias de crisis económica. Gran parte de esta evaluación radical, basada en la extraordinaria facilidad de Magdoff con las estadísticas económicas estadounidenses, adoptó una forma empírica muy detallada, dando lugar a una profunda crítica empírico-histórica-teórica que desveló la trampa del estancamiento-financiación que constituye actualmente la principal contradicción de las economías capitalistas maduras. Estos artículos, publicados en su mayoría en Monthly Review, dieron lugar a una serie de libros pioneros, todos ellos escritos por Magdoff y Sweezy: The Dynamics of U.S. Capitalism (1972), The End of Prosperity (1977), The Deepening Crisis of U.S. Capitalism (1981), Stagnation and the Financial Explosion (1987) y The Irreversible Crisis (1988).Fueron estos trabajos los que sentarían las bases de la teoría marxiana contemporánea de la financiarización.

Magdoff fue un firme partidario de la Revolución China y realizó viajes a China, donde ofreció asesoramiento sobre planificación económica durante el periodo de Mao Zedong. En esa época, Monthly Review Press publicó varias obras importantes sobre la Revolución China, entre ellas Fanshen, de William Hinton. Magdoff siguió de cerca la evolución de China y escribió sobre su importancia y perspectivas hasta el final de su vida.

La Revolución nepalesa también fue muy importante para Magdoff, así como para otros miembros de MR. En otoño de 2002, Harry, a punto de cumplir 90 años, tuvo que abandonar su apartamento de Nueva York para vivir en Vermont con su hijo Fred Magdoff, también uno de los principales colaboradores de MR. Se planteó entonces la cuestión de qué hacer con su biblioteca personal. Algunos de los miembros de la gran familia de MR de la época, como Mary Des Chene, Stephen Mikesell (cuñado de William K. Tabb, colaborador y asociado de MR desde hacía mucho tiempo) y John Mage, cada uno de los cuales tenía una profunda conexión personal con Nepal, sugirieron enviar sus libros para ayudar a la izquierda nepalesa. Magdoff aceptó con entusiasmo. Los libros fueron empaquetados y enviados a Katmandú. Temiendo que los libros fueran confiscados por la Aduana Real de Nepal si veían libros marxistas y comunistas encima, los de MR que empaquetaron su biblioteca para el envío se esforzaron por asegurarse de que las capas superiores de libros estuvieran todas en hebreo y yiddish, diseñadas para confundir a las autoridades. En cualquier caso, los libros llegaron a su destino. En MR nos complace tener hoy, dos décadas después, tan gratas noticias del estado actual de la Harry Magdoff Memorial Library.

Si los estudiosos nepaleses decidieran retomar hoy el estudio de la obra de Magdoff, les recomendaría que empezaran por sus artículos: “The Two Faces of Third World Debt” [Las dos cara de la deuda del Tercer Mundo] (coescrito con Sweezy) en el número de enero de 1984 de MR, y “Approaching Socialism” [Hacia el socialismo] en el de julio-agosto de 2005 (coescrito con Fred Magdoff). Como se verá fácilmente en estos artículos, así como en el conjunto de su obra, Harry Magdoff siempre buscó un camino socialista, igualitario y ecológico para la humanidad, incluso en las condiciones más difíciles impuestas por el capitalismo y el imperialismo. En MR, seguimos inspirándonos en él en todo lo que hacemos.

Monthly Review / Espai Marx


Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/bellamy-foster-ecologia-marxiana-y

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