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Biden, Trump y la danza de los millones

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Nada más que el dinero determina quién llega o no a la Casa Blanca

Foto: JORGE

Autor: Elson Concepción Pérez | internet@granma.cu

Joe Biden, por el Partido Demócrata, y Donald Trump, por el Republicano, aspirantes a conquistar nuevamente la Presidencia de Estados Unidos en las elecciones de noviembre, cumplen en la actualidad una «apretada» agenda. La recolecta de dinero es la tarea principal.

El fuego cruzado de ofensas y acusaciones ya no sorprende; así son las elecciones y esa la fórmula «democrática» empleada en Estados Unidos. Desde el inicio el dinero determina quién llega o no a la Casa Blanca.

La «danza de los millones» es parte del espectáculo; lo demás son matices: incluso los improperios de Trump contra su contrincante, autor el republicano de amenazas insólitas como esa de que, «si no alcanzo la presidencia, se derramará la sangre por las calles de Estados Unidos».

Inevitablemente, sus anuncios retrotraen a cuando perdió las elecciones frente a Biden, en 2021, y no aceptó el resultado, y provocó lo que parecía imposible: lanzar una turba de republicanos fundamentalistas contra el Capitolio de Washington, meca del Congreso. Allí no solo se mostraron el odio y el terror del sector más extremo del gobierno saliente, sino que se desnudó una frágil democracia al borde de un precipicio sistémico.

La verdad no permite ocultar un sistema electoral cogido con alfileres, evidente en las últimas escenificaciones.

Por ejemplo, el pasado jueves, Biden y los demócratas, en un ejercicio de campaña electoral, organizaron un evento de recaudación de fondos en la ciudad de Nueva York, en el cual también participaron los expresidentes Barack Obama y Bill Clinton. Se recogieron 25 millones de dólares.

En la actividad todo estaba previsto: una foto con los tres (Biden, Obama y Clinton) costaba 100 000 dólares; 250 000 dólares por participar en una recepción, y 500 000 dólares permitían asistir a una reunión aún más exclusiva.

Eso, según la nomenclatura electoral estadounidense, constituyen «donaciones» para que el aspirante a Presidente tenga más posibilidades de ser elegido… no por el pueblo, sino por el dinero.

Por supuesto, nada se dice sobre quiénes son los que pueden hacer esas donaciones, pero es fácil de inferir. ¿Democracia popular?

En el caso del republicano Donald Trump, cuestionado, pero no sancionado por la justicia de su país por el asalto al Capitolio ni por otros desmanes que han sido denunciados, optó por no aceptar contribuciones de los que apostaron, inicialmente, por la candidata republicana Nikki Haley, quien renunció tras reiteradas pérdidas de votos de campaña.

Trump así lo hizo saber, con su típico desdén y repugnante bravuconería. El 24 de enero, en una publicación de Truth Social (su propia red), el magnate escribió: «Cualquiera que haga una contribución a birdbrain (cerebro de pájaro, apodo que usaba para referirse a Nikki Haley), a partir de este momento será excluido permanentemente».

Biden aprovechó el desatino del republicano y dejó en claro que estaba más que feliz de dar la bienvenida a cualquier exdonante de Nikki Haley que quisiera unirse a él en la batalla para derrotar a Donald Trump. «Hay un lugar para ellos en mi campaña», aseguró Biden.

El pasado viernes, Trump publicó un video que incluye una imagen de su adversario, atado de pies y manos en una camioneta.

En una descripción de 20 segundos –reseñó RT– se puede apreciar una camioneta con la inscripción «Trump 2024», y en la puerta trasera la imagen del actual inquilino de la Casa Blanca.

Así andan las «enseñanzas» electorales y democráticas en el vecino del Norte.

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