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Borinquen Field de Marta Aponte Alsina, una aventura literaria

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…es un texto fascinante montado sobre complejas estructuras especulares e inesperadas simetrías temáticas que se desarrollan a lo largo de veintitrés capítulos

Marithelma Costa 80 Grados

Borinquen Field, la más reciente novela de Marta Aponte Alsina publicada por la Editora Educación Emergente en 2023, es un texto fascinante montado sobre complejas estructuras especulares e inesperadas simetrías temáticas que se desarrollan a lo largo de veintitrés capítulos. Es la historia de la base de la fuerza aérea estadounidense de Aguadilla llamada primero Borinquen Field y más tarde Ramey, y de los habitantes de la zona que se negaron a ser desplazados por las tres expropiaciones consecutivas que se dieron allí. La novela se desarrolla en tres vértices espaciotemporales: Aguadilla y la zona sur de Puerto Rico (Guayama – Peñuelas), Recife en Brasil y Dakar en Senegal.

Estos tres espacios se hallan habitados por tres escritores. 1. El protagonista y narrador parcial del relato, Fernando Lamas, quien vive entre la capital, Aguadilla y Peñuelas y quiere producir el libro que desentrañe el enigma de su transformación en un hombre atormentado y poseído por un espíritu senegalés que intuye y busca, y por el de un piloto estadounidense que se estrelló cerca de la casa de su tío Andrés.  2. María Clara Zimmerman de Branco, una autora apócrifa que vive en Recife y, a la manera de las cajas chinas, escribe otra novela titulada Borinquen Field (traducida por la hijastra del protagonista) donde habla sobre el comandante de la base de Aguadilla e incluye al mismo joven aviador siniestrado. 3. El cineasta y narrador Ousmane Sembene quien muestra en su film Le Camp de Thiaroye el inicio de la cadena de transmutación de almas que se desencadena cerca de Dakar, cuando los franceses masacran a un pelotón de senegaleses que había luchado junto a ellos en la Segunda Guerra Mundial y exigían que se les remunerara por sus servicios. Tras esperar pacientemente en un campamento, a fin de presionar a los franceses, secuestran al aviador estadounidense, quien vive la matanza en primera persona y la lleva amplificada hasta Aguadilla.

La novela se retrotrae a los años cuarenta: 1941, nacimiento de Fernando Lamas y tres años más tarde, en 1944, la tragedia del aviador. El aguacero imparable de situaciones insólitas y la triple trama concatenada que hay que desentrañar en esta peculiar novela detectivesca, le llegan al lector como las bombas de los B-17, B-29 (lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki) y sobre todo los B-52 que atronaban a los residentes de las parcelas aledañas a la base Ramey o las avionetas averiadas que se estrellaban sin parar en sus parcelas.

Aunque en Borinquen Field se trenzan varias voces narrativas, la principal es la de Fernando Lamas, padre de Laura y Lucrecia, un cartero retirado que vive en Peñuelas, rodeado de gatos, en la casa donde crio a sus dos hijas (pág. 84).  Desde allí narra gran parte de la historia y dirige la investigación que comisiona a un detective de Guayama.

La tripartición de los espacios, a menudo especular, está en consonancia con la idea de la relatividad del tiempo y el espacio propuesta por el autor francés, astrónomo y espiritista, Camille Flammarion descrita en el inicio de la novela (pág. 12).  Siguiendo la estructura del mise en abyme o cajas chinas, en el propio Puerto Rico la historia se ramifica en tres espacios geográficos: 1. La Aguadilla de los cuarenta del tío Andrés, exorcista de espíritus, quien se niega a abandonar la tierra tras las expropiaciones que se inician en 1939. Además de concentrar toda su fuerza en mantener “una continuidad entre su cuerpo y el cuerpo de la tierra que cultivaba” (pág. 57), establece en su casa el centro de comunicaciones interplanetarias con los espíritus, una especie de torre de comunicaciones, donde arranca la historia. Junto a él se halla su hijo Pello quien en el momento de la narración ya tiene noventa años, no se ha movido del lugar donde nació y representa la permanencia, el espíritu custodio de la finca. 2. Guayama, tierra de brujos y de Luis Palés Matos, donde vive Laura, la hijastra del protagonista con su hijo y tiene la oficina su jefe, el detective Ratas Bajandas. 3. Peñuelas, donde reside el protagonista desde tiempo inmemorial, es decir, desde su matrimonio con Lucha, una mujer que lo abandona para acumular, con el pasar de los años, tres maridos.

En el macro-triángulo espaciotemporal de la narración, de la isla de Puerto Rico la acción se mueve a Recife en Brasil, una ciudad formada por tres islas cuyo casco antiguo, situado entre un río y el mar, se parece a San Juan. Allí hubo una base militar estadounidense donde llegaban los aviones que partían de Borinquen Field antes de cruzar el Atlántico hacia África en su ruta al teatro bélico europeo. Y en Recife, la judía María Clara Zimmerman de Branco publica en portugués y en los cincuenta su novela Boriquen Field sobre lo que sucedía en Aguadilla durante la juventud del protagonista. El tercer espacio es Dakar en Senegal, que aparece hacia el final de la obra, vinculado al cineasta Ousmane Sembene, narrador y director de la película Le Camp de Thiaroye, donde se esconde la clave del enigma.

Desde el principio Fernando Lamas se define como “un hombre perseguido por el espanto” que investiga sobre los “ciudadanos del cielo”. Sobre todo, se ocupa del espíritu de un joven estadounidense cuya avioneta se estrelló entre los platanales y matas de algodón aledaños a la base y en los últimos minutos de agonía le pasó a Cano, un muchacho sensible de la zona, tanto su espíritu como todos los que llevaba dentro, pues “estaba poseído por otros espíritus, cuyos restos mortales no llegaron nunca a los brazos de sus madres, y para no disolverse invadieron el cuerpo del aviador” (pág. 55).

Fernando tiene múltiples apuntes de su investigación en papeles sueltos, roídos por las ratas y contrata a un detective, quien por casualidad se halla de visita en Mayagüez, llamado Ratas Bajandas, para que investigue el caso. Laura, secretaria de Ratas comienza su investigación siguiendo las pistas que le proporciona Fernando. La comisión tiene una razón de peso. Durante años, Cano vivió poseído por los espíritus que el “soldadito estrellado” le legó antes de que lo recogiera la ambulancia y le aplicaran la inyección letal en la base. Cuando su situación se torna insostenible y Andrés intenta exorcizarlo, el Cano le pasa a Fernando, quien estaba de visita en la casa de su tío, los espíritus que lleva dentro, en una mirada que decía: “Prepárate para lo peor” (pág. 54). Al cerrar el capítulo la voz narrativa afirma: “No dejé que Andrés me exorcizara. Grave error” (pág. 58). Ahí se inicia su tormento.

Aunque se trata de un personaje secundario, Ratas Bajandas no está exento de interés. Es un detective cuya labor se limita a redactar informes sobre las “debilidades humanas: el nombre de los moteles donde en adúltero o la adúltera destrozaban las ilusiones ajenas” (pág. 38), y a enviarle al protagonista las facturas de la investigación que delega en su secretaria, pues se considera incapaz de hacerse cargo de la tarea. También es un ciborg.

Según Laura vive a diario con repugnancia, el hombre dedica sus almuerzos a comer chicharrón de pollo o lechón con arroz con habichuelas y mofongo con mayoketchup, platos grasientos que van seguidos de ronquidos y pedos. Se trata de un ciborg muy mediocre cuya particularidad radica en que podía soñar que bajaba por una calle de San Juan y en vez de la bahía, terminaba en Mayagüez, con edificios que recordaban el San Telmo de Buenos Aires. Debido a su incultura, desprecia estos sueños que, además de evidenciar que “la geografía que separa a las ciudades es irreal”, son producto “del chip que le instalaron entre ceja y ceja en el dispensario de un campamento americano en Afganistán [y] correspondía a una prótesis sobrante de un capitán descabezado. Era un chip de lujo, y en su cabeza se conectan los sueños de las ciudades del mundo, que se dejan visitar desde el aire, como las recorrería un avión espía o a ras de tierra, como un tanque de guerra gigantesco, bajando por calles empinadas o subiendo por escaleras caprichosas” (pág. 37).  En fin, el personaje, ajeno a las tragedias de Ramey, refleja la cara contemporánea de la guerra. Cuando le pide a su secretaria que se encargue del caso, se percata de que “Guayama y Mayagüez son palabras parecidas a un guante que pudiera usarse invertido o al derecho” (pág. 38), con lo que aparece el primero de los tres anagramas de la novela (o reordenamiento de las letras de una palabra, o palabras, que genera términos diferentes).

Este personaje anómalo, producto de las guerras de hoy (que se oponen, como dos guantes, a las de antaño), abre las puertas al juego con los palíndromos. Estos son una variedad de los anagramas, palabras que, como los números capicúa, se leen igual de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, por ejemplo 101.

Las siguientes apariciones de la triple figura retórica se dan más adelante, combinadas con un guiño intertextual, cuando Laura recibe de su padre una nueva clave para su investigación. Se trata de la frase “¿De dónde ahora la palabra Kalahari?” (pág. 79) que recuerda el anagramático nombre Kale Harry (también Harry Kale), comandante del Borinquen Field según la autora brasileña, y a la vez espeja el verso “¿Por qué ahora la palabra Kalahari?” del poeta Luis Palés Matos. Al final de ese complejo párrafo, el lector se topa con un lúdico palíndromo, “Las palabras Botsuana, Kalahari, Dakar, Senegal dan resultados […] Nada Adán”.

En el ámbito de los personajes, podría escribir sobre Laura, la investigadora entusiasta o su hermana, la especialista en geología; en el estilístico, apuntar las metáforas sorprendentes donde la voz del espíritu tenía “un acento parecido al roce de la seda sobre el cristal” (pág. 33), o los domingos de sesión espiritista “más que tardes parecían enredaderas de voces” (pág. 49); y en el plano del imaginario de la novela, ahondar sobre la epidemia de espíritus que se desencadena en la base durante la guerra (págs. 50-53). Pero prefiero detenerme aquí. En estas páginas solo he intentado proporcionar una guía inicial, un aliciente para que los lectores se acerquen a la aventura de la espléndida Borinquen Field de Marta Aponte Alsina.

Nota final. En Nueva York existe a una plataforma que ofrece boletos de teatro baratos si uno escribe reseñas de las obras que ha visto. Tienen un sistema muy sencillo. Como estamos en la época navideña y considero que Borinquen Field de Marta Aponte Alsina constituye un magnífico regalo, reproduzco mi recomendación tipo Show-Score.

Lea o regale Borinquen Field si le interesa:

  • la función y desarrollo de las bases estadounidenses en Puerto Rico
  • cómo se transportaban las tropas desde los Estados Unidos a Europa durante la Segunda Guerra Mundial (el Atlántico Norte estaba controlado por los alemanes)
  • el colonialismo francés en África
  • las novelas donde hay que desentrañar varios enigmas
  • la necromancia y la comunicación con los espíritus

No la lea ni la regale si:

  • no cree ni en la luz eléctrica aunque trabaje en Luma (el chiste está en el libro)
  • prefiere las narraciones lineales y sencillas
  • está archiseguro de que las bases fueron maná del cielo
  • piensa que, al ser expropiados de sus parcelas, todos los puertorriqueños tomaron la ruta de la emigración y no quedó nadie en la Isla para defender su tierra

La novela que lleva el ISBN-13: 979-8-3507-1821-8 puede conseguirse en las librerías de la zona metro (Laberinto, Casa Norberto y Librería Norberto González), en El Candil de Ponce, en La Casita de Aguadilla y en la tienda virtual de la editorial: www.editoraemergente.com.

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