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BRICS: practicando la esperanza

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La tarea más urgente de Rusia y de los países aún no colonizados por las corporaciones occidentales no es construir el comunismo, sino sobrevivir y salvar su soberanía económica y tecnológica

RT

Antes de entrar al tema, tendré que confesar que me costó mucho enamorarme de la idea de los BRICS. No porque sea poco enamoradizo o porque los proyectos económicos nunca hayan sido parte de mis pasiones, sino más bien, por los prejuicios.

Criticando el capitalismo como un sistema global, totalmente responsable de la actual crisis armada a punto de explotar, siento mucha desconfianza por todas aquellas recetas de soluciones prácticas, que dejen de lado el cuestionamiento de la raíz del problema. He creído que la idea de un «mundo multipolar» es un proyecto bueno y necesario a corto plazo, pero si en este mundo no cambia el sistema de valores, siempre habrá riesgos de que en algún momento unos polos dominantes sean reemplazados por otros, dentro de esta lógica civilizatoria de la competencia de todos contra todos. O sea, la idea de los BRICS me parecía bien, pero no más que eso.

Una potencia asiática formaliza su deseo de unirse a los BRICS

Una potencia asiática formaliza su deseo de unirse a los BRICS

Hasta que me tocó en los últimos días, por mi trabajo periodístico, recorrer estos mundos totalmente desconocidos para mí hasta ahora, como el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el encuentro de ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros de los BRICS y los BRICS+ en Nizhni Nóvgorod y algunas otras reuniones de menor renombre mediático. Lo que vi, escuché y pensé estando cerca del proyecto, cambió bastante mi visión sobre este tema. Me parece importante explicarlo, sobre todo ahora, cuando muchas personas en Rusia, inteligentes, honestas y sensibles, han escrito en los últimos días sobre el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, que, para la Rusia real de hoy, con las realidades económicas de la mayoría de sus ciudadanos y en las condiciones de la guerra actual contra el monstruo planetario, es un desfile de glamour y lujo desafiante de unos pocos elegidos, lo cual resulta ofensivo e inapropiado. Entiendo y comparto sus emociones, pero discrepo absolutamente de su pensamiento.

La tarea más urgente de Rusia y de los países aún no colonizados por las corporaciones occidentales no es construir el comunismo, sino sobrevivir y salvar su soberanía económica y tecnológica.

Para ello es necesario, superando gustos y preferencias estéticas e ideológicas, crear una amplia plataforma de cooperación entre todos aquellos que, por una u otra razón, no quieren ver a sus países como apéndices de las corporaciones transnacionales. Y a este proceso deben sumarse todos los empresarios y gobiernos, aunque no tengamos nada en común con ellos en cuanto a las ideas. Ahora es para salvar nuestras economías, contra las que se está librando una guerra de aniquilación. A todos estos encuentros y foros, auspiciados por Rusia, asistieron africanos y latinoamericanos, que no necesitan discursos, sino apoyo concreto para crear una base industrial y energética ante la posibilidad de su futura independencia real. Sabemos, que, sin estas bases, cualquier soberanía y cualquier democracia suele ser pura demagogia. El Foro trabajó realmente para cumplir esta tarea.

Rusia: eje multipolar

Rusia: eje multipolar

Los empresarios y los políticos occidentales, que también suelen estar presentes, aunque de forma menos visible, están viendo un mensaje inequívoco: Rusia no es un país en el que aún no hayan puesto asfalto ni dominado el uso de los retretes, como se lo cuenta al mundo la propaganda antirrusa. Incluso, es un país abierto para cooperar sin chantajes, condiciones previas ni prejuicios políticos.

Además, en los proyectos del BRICS están involucradas muchas mentes brillantes y creativas, personas que, con sus diferentes puntos de vista propios, ideas, creencias y, lo más importante, con sus manos, cerebros y riesgos están creando proyectos que ya en este momento son necesarios y útiles para la gente.

Si podemos construir nuestra percepción del mundo sin envidias, ni resentimientos sociales, veremos que el mundo es siempre mucho más rico y complejo que nuestros esquemas, y que en un momento de crisis este es necesario y se tienen que buscar aliados y compañeros de viaje allí donde antes por nuestro dogmatismo o prejuicio ni habíamos volteado a mirar. Esto no es manipulación en la lucha por el poder, es una necesidad honesta en la guerra por la supervivencia. Y en esta guerra cada vez es más necesaria esta lucha interior contra nuestros propios prejuicios, y también el control sobre nuestras emociones, que tantas veces nos atan y nos desarman.

Obviamente los BRICS no son ningún lujo, sino una necesidad práctica de rearmar las relaciones económicas entre todos los que no cabemos en ese mundo colonial y supremacista de los de siempre.

Mientras que ese «primer mundo» constantemente nos ha hablado de la diversidad y del respeto a las diferencias, y es todo mentira, nosotros con el proyecto BRICS los practicamos con cosas concretas. Lo estamos haciendo porque la principal lección de nuestra historia es que en las bonitas palabras de Occidente no hay confianza y que detrás de todas sus «preocupaciones» por todas nuestras libertades y democracias existió siempre solo un único interés: el de dominarnos.

En el vecindario mundial tenemos que establecer otras relaciones, entre las que, con toda la variedad de intereses y prioridades, se respeten y cumplan los acuerdos.

Cuando uno va a la tienda del vecino a comprar, no le importa su religión, credo político u orientación sexual, le basta con el respeto y la honestidad del otro, sobre todo si le asegura buen precio y calidad. Se construye algo tan simple como un espacio útil y cómodo donde nadie se pondrá a moralizar, exigir del otro lo que el otro no es, ni imponerle a nadie su único criterio. Estoy convencido de que es un ejercicio de una enorme importancia y va mucho más allá de lo económico.

Me impresionó que, en los eventos relacionados con los BRICS, en general, haya pocos discursos, pocos bombos y platillos, pero mucho trabajo real, donde desde nuestras grandes diferencias debemos inventar, acordar y consensuar varios asuntos prácticos que nos permitirán un desarrollo cada vez más independiente de los centros del poder mundial.

De hecho, tengo la impresión que uno de los problemas de los BRICS es precisamente el de su éxito.

La organización crece a una gran velocidad, no prevista por nadie en el momento de su creación, ya que, por ejemplo, para el Sur Global, es prácticamente la única estructura mundial que asegura a sus economías la posibilidad de un desarrollo independiente. A diferencia de algunos otros bloques económicos y políticos, el BRICS no pelea con nadie y no aplica sanciones contra nadie, su tarea es totalmente constructiva y no hay interés ni necesidad de distraerse del proceso de creación.

Y de las soberanías nacionales, de sus integrantes grandes y pequeños, aseguradas por el proyecto económico del BRICS, ya estarán surgiendo las nuevas ideas políticas, filosóficas y culturales para asegurarnos un futuro donde la cooperación entre los pueblos reemplace su prehistórica competencia.

Oleg Yasinsky

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