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Carlos Fos, apoyo incondicional a quienes forjan valor

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Podría terminar con lo anterior, pero añado que Carlos Fos fue un colaborador asiduo y entusiasta de la Nueva Pensamiento Crítico; amigo personal de mi esposo Ángel M. Agosto y mío

Por Anamín Santiago

Me resistí y me resisto a agradecerle algo a la pandemia. No sólo por las terribles muertes que nos trajo, sino porque dejó sin trabajo y recursos a las actrices, actores, técnicos, al gremio teatral. Con todo lo que sabemos del manejo turbio que los dueños de farmacéuticas y planes médicos hacen de nuestros cuerpos, no puedo agradecer nada. Pero que no se vuelva soberbia mi posición social; es en este periodo que se construyeron lazos teatrales con Argentina, la Argentina de los artistas de la escena. La pieza clave ha sido el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT).

            En abril de 2020 pude inscribirme en el Curso de Teatro Político a distancia del CELCIT, en vivo por la plataforma zoom. Lo ofrecía Carlos Fos. Asistía al curso en vivo Alejandra Barba, una compañera de lucha, hoy mi amiga. Intensa experiencia, esclarecedora, pero sobre todo motivadora. Carlos podía hablar dos horas sin parar y hasta reaccionaba a nuestros comentarios escritos en la plataforma. Parecía capaz de sonreír y lo lograba. Esa es una cualidad positiva. No era bancario, es que tenía una fuerte urgencia por aclarar la gesta de los trabajadores anarquistas que forjaron país a través del teatro. Él conocía el caso argentino y yo podía vincularlo con el caso de Puerto Rico. Aunque haya menos documentos, las concomitancias permiten rellenar los huecos en la información.

            Recuerdo escucharle decir que afortunadamente pudo hacer cinco mil entrevistas a forjadores del teatro anarquista, temprano en los 80. Este material ha servido para los muchos libros subsiguientes que ha publicado y que liberó en las redes para que puedan ser leídos.

            Dominaba todos los temas. Era otra cualidad no permitirse no saber algo de Latinoamérica y del Caribe. Conoció a todas las personas claves del teatro del siglo 20, tanto en América como en Europa. Todo lo pasaba por el filtro de su madre y su padre, que le llenaron de experiencias de corte sindicalista internacional. Cabe recordar, que su padre escenógrafo, fue su primer vínculo con el sindicalismo y la lucha internacionalista. Por eso había viajado a otros países. Nos contó de Alemania y su paso hacia el lado comunista. También estuvo en la década del 80 en Puerto Rico. Vino como historiador a la UPR, invitado por el Departamento de Historia. Conocía de Victoria Espinosa. Cuando la reconoció, sellé mi amistad con él. Era un verdadero investigador teatral.

            Con las herramientas de la historia, la antropología y el teatro podía ofrecer todos los cursos teórico-investigativos. En algún momento logró que hiciera las pases con el legado de Boal, robado por el sector liberal rico. Me aclaró lo molesto que estaba Boal con ese asunto, que el maestro siguió hasta el final su prefiguración de un mundo sin cúmulo de riquezas ni diálogos estancados con el reformismo. También tomé con él el seminario de Crítica Teatral, organizado por el festival de teatro de Bahía Blanca, de la mano de la colega teatrera Mariela Rígano. Insistió y nos despertó a que la crítica teatral haya su razón de ser en que es parte del espectáculo y no contra este; que es un acto creativo.

Mariela Rígano, investigadora del anarquismo teatral femenino, es parte de la historia del colectivo Mujeres de pelo suelto, con quienes hicimos lazos desde el Comando Teatral Alfonso Beal. Las otras colegas son Adriana Di Tillio y Mónica García. Carlos las apoyaba mucho. Sus encuentros teatrales semanales durante la pandemia, en los que participaban teatristas más allá de Argentina, y que se reformularon cada temporada, contaban con el apoyo incondicional de Fos. Eran una maravilla por su pertinencia social y aportaciones teatrales. Pero así también los grupos de estatuas, los centros culturales de teatro popular, las bibliotecas populares, a todos fortalecía con sus charlas. Sus estudiantes podíamos asistir. Es que yo seguí tomando con él otros cursos y seminarios, como el de Teatro de Vanguardia, otras charlas de teatro anarquista y los organizados para Puerto Rico.

Sí, acá fue invitado por el Colegio de Actores de Puerto Rico y ofreció su conferencia sobre el teatro anarquista y otra sobre Tadeuz Kantor. Ambos encuentros estuvieron repletos de nuestro gremio. Pero también se ofreció a charlar con los estudiantes de la UPR Humacao. Para el Congreso de Teatro Obrero ofreció su charla de teatro anarquista; para los cursos de escenografía su charla sobre el objeto y el espacio en la concepción libertaria; para el curso de producción teatral, la construcción de público por los actores, dramaturgos y titiriteros del movimiento ácrata. Una maravilla. El estudiantado quedaba boquiabierto. Al verlo, supe de forma profunda y contundente lo que significó para ellos y ellas que viniera alguien tan importante a ocuparse de su enseñanza. En las subsiguientes discusiones, se referían a él así “Como decía Carlos…” con una cercanía que me sobrecogía. Había llegado a sus corazones superando toda barrera lingüística.

Podría terminar con lo anterior, pero añado que Carlos Fos fue un colaborador asiduo y entusiasta de la Nueva Pensamiento Crítico; amigo personal de mi esposo Ángel M. Agosto y mío. Podía llamársele por whatsapp a cualquier hora y contestaba. El momento se volvía muy alegre, cercano, forjador del cotidiano. De incalculable valor sus aportaciones a la revista. Sin yo saber que cambiaría al otro plano, al final le pedí una carta de recomendación y me la hizo. En mi próxima etapa, estará su legado, no sólo como mentor investigativo, sino como compañero.

Anamín Santiago

10 de julio de 2024

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