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Comentario sobre El Gran Circo Eukraniano de Myrna Casas, versión y dirección de Rosabel Otón. Teatro Julia de Burgos, UPRRP, Teatro Rodante Universitario

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En este montaje se revela otra fibra del perfil artístico de Rosabel Otón como directora teatral. Mientras los anteriores son una especie de baile donde el espacio queda maravillosamente doblegado a su mano, a su conocimiento del histrionismo latinoamericano/caribeño, a esa alta teatralidad tan contestataria, en este privilegió el decir dramático del elenco y el facsimil de la vida.

Anamín Santiago está con Maria Roman y 15 personas más.

27 min  · 

Comentario sobre El Gran Circo Eukraniano de Myrna Casas, versión y dirección de Rosabel Otón. Teatro Julia de Burgos, UPRRP, Teatro Rodante Universitario.

En este montaje se revela otra fibra del perfil artístico de Rosabel Otón como directora teatral. Mientras los anteriores son una especie de baile donde el espacio queda maravillosamente doblegado a su mano, a su conocimiento del histrionismo latinoamericano/caribeño, a esa alta teatralidad tan contestataria, en este privilegió el decir dramático del elenco y el facsimil de la vida. Precisamente en una obra sobre un circo, el ritmo y el uso extra cotidiano del cuerpo no son protagonistas de la plástica. ¿Por qué? Acaso el montaje está atravesado por el deseo de resaltar con sumo respeto a la dramaturga y su manera de montar sus obras.

El drama de los personajes, incluyendo a Alina, la del público, interrumpe la presentación del espectáculo circense, como pide la pieza. Y es que este absurdo social de Myrna Casas desgarra las divisiones que naturalmente poseen las obras que tratan sobre lo que sucede tras bastidores. Esto es así porque la trama es esa, no se oculta nada, el espectáculo circense es la vida de esos artistas. Cargada de situaciones meta teatrales, es decir cuando el teatro reflexiona sobre sí mismo, la historia de Myrna Casas presenta varios momentos emblemáticos al respecto: la dificultad de un artista que no es aceptado en la trouppé (sólo lo toleran), el debate que tuvimos en nuestra historia teatral nacional de finales de siglo veinte, en cuanto a si el circo es teatro o no, la irreal división entre público y espectáculo (de lo mejor de Casas, traer como lo hace, el hecho de que el público es parte del teatro siempre, afuera o adentro, siempre es activa su participación porque sin público no hay teatro.) y que el teatro tiene que recoger el presente en su ánimo de eternidad. (En esto último, Rosabel Otón es una experta. Sus obras siempre critican las injusticias de turno.)

Es así como el Teatro Rodante Universitario de la UPRRP propone de esta obra un drama con la parlatura como motor escénico; la voz arrastra los cuerpos a movimientos cotidianos salpicados de acrobacias, canto, baile. Las historias personales de los personajes que buscan crear al público la confusión de si son verídicas o parte del espectáculo fueron construidas con realismo clásico (identificación directa con el espacio, subtexto, emotividad). Un momento llamativo lo es el cierre del tercer número, el de Alejandra Sital, con una actriz de mucho talento llamada Sara, captamos la locura de perder un hijo a través de la sutil fibra que presentó la actriz.

Esa tesitura la tiene también el segmento de los autos. Un realismo social montado de la forma en que Casas lo dirigía. Si bien sillas y aros se convierten en carros, las actuaciones se trabajaron con la intimidad de una pelea matrimonial dentro de un automóvil. La llegada del joven (que recuerda al niño de Godot) que resulta o se da a entender que es hijo de la domadora/presentadora fue actuada de forma muy sublime por los tres actores.

En otros momentos, Rosabel Otón, deja correr su experta mano sobre la estética extra cotidiana y presenta una magnífica alta teatralidad que el elenco acoge muy bien. Es así como la famosa secuencia de los turnos (cada actor construyó tres esperpentos distintos), el dúo de acróbatas (un yin y yan graciosísimo), el monólogo de Cósima (seguro que fue un homenaje a Ester Mari hasta en el sombrero de su trabajo en La guagua aérea), el dúo de Alejandra y Cósima cuando son presentadas (Otro homenaje a Ester Mari junto a la también adorada Elsa Román) y la canción final constituyen una carta de presentación que les eleva a nivel de festival de teatro.

La escenografía de Israel Franco Muller crea paredes y piso, la gran entrada a la arena del circo que todos imaginamos, acorde con el espacio escogido, el Teatro Julia de Burgos, y capacidad para viajar. Las telas se colocan según el teatro de turno. Franco escoge un color rojo y crema salpicados de forma percibida, a tono con la obra y el montaje, que juegan con lo cotidiano y lo extra cotidiano. Sutilmente manifiesta la meta teatralidad de la obra al dejarnos ver el «spattering» sobre la pintura base. Excelente. El vestuario traza la línea convencional de los personajes de los circos. Los colores brillantes, formas, telas, todos acoplados para resaltar y apoyar los cuerpos reales. Muy bien.

El trabajo de regiduría y técnico en general fue muy acertado. Hay mucho corazón y conciencia del tesoro que les tocó presentar y perpetuar, a nuestra Myrna Casas.

ES IMPORTANTE:ir hoy a las 8pm o mañana a las 4pm. Cada donativo aporta al viaje a Ecuador.

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