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Con el cambio de poder en los países occidentales el régimen de Zelensky será abandonado a su suerte

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Dado que Ucrania se ha convertido en una neocolonia y que el régimen de Zelensky depende por completo de las élites globalistas occidentales, un cambio de poder en Occidente supondrá también el fin del régimen de Zelensky.

Por Maxim Goldarb | 27/02/2024 | Europa Rebelión

Lo que sigue es un resumen de los acontecimiento mundiales que la televisión ucraniana (permítanme recordarles que desde hace casi dos años hay un único canal de noticias, totalmente controlado por la oficina del presidente) intenta ignorar.

Alemania se ha visto recientemente atenazada por las protestas de los agricultores y las huelgas ferroviarias, los tractores están en las calles de Berlín y de las principales ciudades del país. Scholz y su Gobierno acusan amenazadoramente a los manifestantes (su apoyo en el país supera el 70%) de neonazismo y se preparan para desplegar a la policía y las tropas contra ellos (lo que demuestra el miedo supremo de los gobernantes). La sociedad está cada vez más dividida y la clara mayoría no está del lado de la «coalición del semáforo» de Scholz.

Agricultores y ganaderos de Polonia, Países Bajos, Rumanía, Escocia, España, Italia y Francia se han unido a sus colegas alemanes y sacado los tractores a las calles de las ciudades, carreteras y autopistas. En Francia las manifestaciones han sido acordes a la tradición gala: batallas con la policía, destrucción o deterioro de instituciones públicas con estiércol, etc. Y recientemente los agricultores polacos bloquearon por completo la frontera con Ucrania.

Todos ellos plantean idénticas demandas: interrumpir las inversiones de dinero europeo en otros países, incluyendo Ucrania, reducción de impuestos, rebaja de los precios de la energía, orientar las políticas públicas hacia intereses nacionales, reanudación de los lazos económicos con Rusia y dimisión de uno u otro de los gobernantes actuales.

Miremos un poco más lejos, a los Estados Unidos. En Texas, residentes y autoridades han entrado en abierta confrontación con el gobierno federal de Washington, hasta tal punto que el gobernador del estado, Abbot, criticó a Biden en directo en televisión y le sugirió que se mantuviera al margen y no interfiriera con el Estado para lidiar con el enorme problema que tenían con los inmigrantes, un problema creado por el propio Biden.

La Guardia Nacional del Estado, que no depende del gobierno federal sino del estatal, apartó a las agencias federales de la frontera con México y empezó a organizar ella misma la seguridad fronteriza. Tanto la Guardia Nacional como los guardias fronterizos ignoraron la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de derribar las vallas fronterizas y, es más, empezaron a reforzarlas e instalar otras nuevas. Por si fuera poco, 25 estados de EE.UU. apoyaron oficialmente la postura de Texas, ¡y 10 de ellos enviaron sus unidades de la Guardia Nacional para ayudar a Texas!

La mayoría de la población estadounidense está insatisfecha con Biden y su Administración y, por tanto, Trump cada vez gana más adeptos gracias a sus lemas “¡Estados Unidos para los estadounidenses!” (no para Ucrania, por ejemplo) y “¡Hagamos Estados Unidos grande de nuevo!”.

El propio Trump es a día de hoy el líder indiscutido en la carrera presidencial dentro del partido republicano; todos sus principales oponentes ya se han retirado de la elección y anunciado su respaldo y lealtad hacia Trump.

El Parlamento estadounidense no consigue alcanzar un consenso respecto a la asignación de ayuda a Ucrania que la administración Biden demanda. Aunque los medios de comunicación ucranianos escriben tonterías sobre “poderosas señales” de los líderes del Congreso sobre la ayuda monetaria, la realidad desmiente dichas informaciones: hace poco el presidente del Congreso [Mike] Johnson declaró que, en las presentes circunstancias, la propuesta de ley sobre ayuda a Ucrania ha nacido “muerta”.

Estos son los acontecimientos de enero y principios de febrero. Es evidente que hasta llegar a este punto fueron precedidos por otros, pero todos comparten algo en común: el mundo occidental, la mayoría de la gente, no los popes, está muy deseoso de cambiar a sus élites y la evolución actual de los acontecimientos. Esto es lo que desean tanto los europeos como los estadounidenses.

El sentimiento de oposición de las masas ofrece posibilidades reales de éxito a la izquierda en varios países europeos, mientras que en otros, así como en Estados Unidos, los populistas de derechas se aprovecharán del descontento de la población. Pero, en cualquier caso, el deseo de los habitantes de los países occidentales tendrá a priori un efecto sinérgico en un futuro próximo: las élites actuales y sus gestores en muchos países occidentales serán sustituidos, eso es evidente.

Uno debe ser muy poco inteligente o estar muy distraído para no darse cuenta de que la actitud de Occidente hacia Ucrania y sus problemas también va a transformarse muy pronto de forma espectacular: Ucrania será abandonada a su suerte.

Dado que Ucrania se ha convertido en una neocolonia y que el régimen de Zelensky depende por completo de las élites globalistas occidentales, un cambio de poder en Occidente supondrá también el fin del régimen de Zelensky.

Siendo así, ¿cómo se puede explicar la negativa de las autoridades ucranianas a iniciar conversaciones de paz que permitan salvar vidas ucranianas? Unas vidas que necesita el propio país. ¿Por estupidez? Yo no creo que el presidente y sus socios más cercanos sean estúpidos: son tipos con talento, astutos y creativos (no opinaré sobre si son buena o mala gente)

Ellos deberían comprender perfectamente la situación, especialmente porque tienen mucha mejor información que usted o que yo. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Yo creo que la respuesta es obvia: su poder, su influencia y todos los beneficios asociados con ello desaparecerán en cuanto acabe la guerra.

Maxim Goldarb es presidente de la Unión de Fuerzas de Izquierda-Por un Nuevo Socialismo.

El presente artículo puede reproducirse libremente a condición de que se respete su integridad y se nombre a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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