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Del mito al timo

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Pero como ha demostrado la ley PROMESA – también otras acciones ejecutivas y judiciales –, cuyo fundamento constitucional es la cláusula territorial de la constitución de Estados Unidos, el orden colonial permanece incólume

Por francisco-a-catala-oliveras

Todos conocen el cuento de las sirenas que con sus encantadores cantos empujan a los navegantes hacia el naufragio. Detrás de la ficción del mito se agazapa la terrible realidad del timo.

En Puerto Rico han abundado, y abundan, los mitos legitimadores del orden colonial y de los artilugios económicos que le acompañan. Nadie debe olvidar las promesas de la criatura política denominada “estado libre asociado”. Pero como ha demostrado la ley PROMESA – también otras acciones ejecutivas y judiciales –, cuyo fundamento constitucional es la cláusula territorial de la constitución de Estados Unidos, el orden colonial permanece incólume. El “estado libre asociado” se ha revelado como lo que siempre ha sido: un timo político.

En el marco de tal ordenamiento colonial se llevó a cabo la industrialización del país bajo la llamada Operación Manos a la Obra. Esta se resume en atracción de inversión directa externa a base de exenciones contributivas. Y hubo industrialización. Pero se tradujo en el establecimiento de enclaves ajenos sin mayores vínculos o eslabonamientos con el resto de la economía. A diferencia de varios países asiáticos no se articuló una movilización ni una formación efectiva de recursos locales. Tampoco estuvo presente una política coherente de transferencia de conocimientos y tecnología ni una estrategia para diversificar las fuentes de inversión y, concurrentemente, los mercados externos. Operación Manos a la Obra sacó más manos del país de las que puso a trabajar y colapsó en un artificio para eludir el pago de contribuciones y derramar el excedente – repatriar ganancias, dividendos e intereses – generado o declarado en Puerto Rico hacia el exterior. Del mito se pasó al timo…

No puede haber desarrollo sostenible sin movilización de recursos nacionales. Esto no significa que no se pueda hacer buen uso de la inversión proveniente del exterior. No obstante, como ya ha demostrado la experiencia de muchos países y como ya se ha apuntado, se trata de hilar fino con una verdadera política de desarrollo. Desafortunadamente, el engañoso canto de las sirenas no cesa.

Uno de los últimos mitos es el de las “alianzas público-privadas”, siendo las más notorias Luma y Genera. El mito dice que con estas alianzas se une el capital privado al público para prestar el servicio. Se presume que se comparten riesgos y que la competencia en el mercado sirve de acicate a la eficiencia. Pero la realidad del timo dice otra cosa. Ni Luma ni Genera han realizado inversión alguna ni han asumido riesgos. La carnada que les atrae son los fondos públicos, particularmente fondos federales. En realidad, no son verdaderas alianzas, sino meros concesionarios de activos públicos que se quieren aprovechar de una buena oportunidad para hacer sus buenas (o malas) ganancias y luego hacer sus maletas y marcharse.

A estas alturas se deberían reconocer los cantos de las sirenas. Pero los mitos pesan, engañan, cautivan…Se ha naufragado – subordinación política, disfunción económica, insuficiencia fiscal, retiros en entredicho, bancarrota pública, corrupción – y, sin embargo, no son pocos los que insisten en continuar embelesados con los engaños. Hay que liberarse de mitos y timos; hay que silenciar el canto de las sirenas.

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