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Diálogo de la izquierda radical IV Elecciones de 2024

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Las elecciones de 2024 en la colonia de Puerto Rico se presentan en un contexto lleno de esperanzas, frustraciones, desengaños; incremento descontrolado de la violencia machista contra las mujeres y la comunidad LGBTQ+; aumento del tráfico de drogas, el crimen y el suicidio; gobernanza podrida de corrupción; mayor dependencia de fondos federales; menos

DEBATE

Diálogo de la izquierda radical IV Elecciones de 2024 

 

Por Federico Cintrón Fiallo

Las elecciones de 2024 en la colonia de Puerto Rico se presentan en un contexto lleno de esperanzas, frustraciones, desengaños; incremento descontrolado de la violencia machista contra las mujeres y la comunidad LGBTQ+; aumento del tráfico de drogas, el crimen y el suicidio; gobernanza podrida de corrupción; mayor dependencia de fondos federales; menos capacidad colonial para lidiar con políticas económicas, sociales, ambientales y educativas nacionales; implantación de políticas neoliberales anti obreras conta la sindicalización, el ambiente, la protección de nuestros recursos naturales, el sistema de educación pública, la Universidad de Puerto Rico, los sistemas de pensiones y la venta de activos del pueblo como la energía eléctrica; ausencia de políticas de desarrollo/crecimiento económico; mayor control imperial mediante la ley Promesa y su Junta de control; profunda americanización cultural; crecimiento del odio fundamentalista al OTRO (comunidad LGBTQ+, migrantes, mujeres, afrodescendientes); alarmante emigración de puertorriqueños/as productivos; gentrificación de nuestra población por inversionistas extranjeros y un alarmante sentido de incertidumbre que genera temor e inquietud colectiva. Y no pare de contar, la lista, que caracteriza el estado alarmante económico, político, social y psicológico de Puerto Rico, es extensa.

Lo sintetizado en el párrafo anterior sirve de base para las diferentes posiciones y partidos políticos que se presentarán a las elecciones del 2024. Momento del ciclo electoral colonial en el que cada cuatro años la izquierda se hace la misma pregunta, ¿qué hacer? Y aclaro, la pregunta no tiene nada que ver con el ¿Qué hacer? de Lenin, escrito bajo las circunstancias del zarismo, la primera guerra mundial y las luchas internas de la izquierda rusa. Libro al cual se recurre constantemente para justificar posicio-nes sobre bases tácticas que nada tienen que ver con nuestra realidad.

El cuadro descrito anteriormente ha traído a la consideración pública varias ideas: el bipartidismo es causa de nuestros problemas, la política es una mierda, todos los partidos son corruptos, existe una clase política que es el eje del mal, la política todo lo corrompe, y otras más que distraen la atención de la lucha antisistema, desmoviliza al pueblo trabajador y dificulta la organización política.

El panorama electoral desde 2012 ha ido cambiando. Las elecciones de 2008 fueron las últimas en las que la participación partidista y la distribución del legislativo fue acaparada entre el PNP y PPD, sin otras fuerzas políticas significativas, más allá de la participación tradicional del PIP. Pero así mismo fue la primera en que con el Partido de Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) se inicia la tendencia a tratar de romper el dominio electoral de los partidos tradicionales, PNP-PPD-PIP. En estas elecciones también comienza a manifestarse el descontento generalizado con esos partidos y el proceso electoral. La participación de un nuevo partido no contribuyó a motivar a los electores.

Los resultados mostraron una baja de un 81.70% en las del 2004 a 78.99% en el 2008, todavía insignificante.

La participación continuó bajando en 2012 a 78%, aunque se sigue ampliando el número de partidos que asisten al proceso. A él se integran el PPR, el Movimiento Unión Soberanista (MUS) y el Partido del Pueblo Trabajador (PPT). Es en el 2016 donde se manifiesta el gran descontento a nivel crítico, 55.46% de participación. Al mismo tiempo es cuando florecen las candidaturas independientes: Vargas Vidot, Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre, y como partido vuelve el PPT.

El 2020 continúa a la baja con una participación de 55.02% y un gobernador que gana con apenas 35.4%. Aparecen por primera vez dos partidos fuera de la trilogía tradicional con algún impacto significativo: Movimiento Victoria Ciudadana (VC), con Alexandra Lúgaro repitiendo, Proyecto Dignidad (PD), y el PIP, con Juan Dalmau, mejorando significativamente sus resultados. También comienza a desaparecer el discurso ideológico de la izquierda, ya no hay un representante del pueblo trabajador ni de la independencia, pero sí de la derecha fundamentalista (PD). Sin embargo, no contribuyen a incrementar el entusiasmo en la participación general. Solo logran una redistribución entre ellos de la baja participación, restándole votos a los dos principales.

Para el 2024, hasta ahora, tendremos participando al PNP, el PPD, a VC, el PIP y el PD. Parece que entre los cinco tendrán que dividirse una participación que, si sigue a la baja, y en la actualidad no parece haber crecido el entusiasmo, plantea para el PNP y el PPD, quienes principalmente la sufren, el reto de mantener su dominio ante VC y el PIP. El reto para los partidos emergentes es desplazar a uno de los incumbentes, VC y el PIP al PPD y PD allegarse matrícula del PNP.

El PNP y el PPD son conscientes del peligro que significan estos otros partidos y ya han apuntado sus cañones contra ellos. El PNP trata de asimilar a PD o por lo menos atraer un número significativo de sus seguidores. Ambos representan lo más conservador y tienen enfoques comunes sobre diferentes problemáticas sociales. Debido a la ley electoral no podrían unificarse o constituir un frente, pero si pueden luchar por socavarse sus matrículas. El PD luchará por evitarlo y quedar inscrito. El PNP por conquistarles suficientes seguidores para aumentar su diferencia contra el PPD o el que logre colocarse como segunda fuerza.

El PPD lo tiene más difícil. Sus contrincantes son VC y el PIP. El PIP, hasta las elecciones de 2016 no significaba peligro para el PPD. Este partido aparecía como el centro que no se definía claramente por un estatus político, que constituía con el ELA lo mejor de dos mundos, que su único objetivo era administrar la colonia. Ya en el 2020 la cosa cambia. Dos partidos, incluyendo al PIP, se presentan como un centro cuyo objetivo y preocupación es la gobernanza y dejan a un lado el estatus político.

El PIP, que se identificaba y mantenía como parte de su discurso constante la independencia de Puerto Rico la saca de su programa. Antes el discurso independentista le ayudaba a aglutinar fuerzas dentro de la izquierda y ante los otros partidos, electorales o no, que tenían la independencia como centro de su práctica política. Pero ya ese no es el caso. En la actualidad no hay fuerzas independentistas que amenacen su matrícula. Ya da por hecho que ellos tienen el “certificado” de independentistas, que es la única casa que les queda a los independentistas que además favorecen la participación electoral. Además, tampoco hay ningún partido que se identifique como izquierda, como representante de los trabajadores, que promueva una lucha antiimperialista, antisistema. Ahora el objetivo es el centro, los llamados estadolibristas autonomistas, los llamados soberanistas, los sectores menos derechistas y proamericanos del PPD.

El PIP, sin embargo, tiene otro reto, VC. Este partido surge con el mismo objetivo del PIP, desbancar al PPD y convertirse en la opción para administrar la colonia. En su discurso tampoco aparece la lucha por el estatus político y, además, se presenta como un partido conciliador, capaz de dialogar entre clases sociales y con el imperio, y no promotor de confrontación. Las consignas programáticas de ambos se enmarcan en las luchas sociales y de reforma del sistema. Ninguno presenta un programa antisistema. Montados en las percepciones populares de que el mal está en la política, el bipartidismo, la “clase” política y la corrupción de los partidos que han gobernado. Se presentan con el discurso de que ellos representan todo lo contrario; que ellos son la alternativa para un buen gobierno de gente honesta; que sustituir al PPD por ellos es romper el bipartidismo con un nuevo bipartidismo que no es bipartita, ¿me entendieron? Porque yo ya me perdí en ese juego de palabras donde al cambiar los nombres de los componentes del bipartidismo desaparece el bipartidismo y se constituye el… qué…

Así las cosas, es razonable, tiene mucho sentido las conversaciones entre VC y PIP para llegar a acuerdos electorales. Si no llegan a acuerdos se estarían neutralizando entre sí. Es poco probable que cualquiera de los dos prevalezca sobre el PPD a la vez que tiene como contendiente al otro. El reto es superar las limitaciones que el PNP y el PPD, que ya lo venían venir, han impuesto a través de la ley electoral, contra las alianzas y los frentes electorales. Si no encuentran una fórmula para superar esas limitaciones difícilmente logren desbancar al PPD del segundo lugar y tengan que abocarse a tratar de mantener sus franquicias. Recordemos que la franquicia se mantiene por el voto a gobernador y el voto mixto no cuenta. Las opciones de alianzas parecen ser la legislatura y las alcaldías. Pero en ambos partidos tienen muy buenos abogados y tal vez encuentren cómo superar estas limitaciones, incluso tal vez en la corte federal.

El planteamiento de ambos partidos por esa alianza, más los cambios tácticos sobre la unidad y el nuevo discurso del PIP por la administración colonial, también responde a que se presenta como algo realmente posible el desbancar, por lo menos, al PPD y convertirse en la otra pata el bipartidismo.

No cabe dudas del precario estado político y social que encontraremos en las elecciones de 2024. Aunque también es cierto, como contrapeso colonial, que en lo económico tenemos un crecimiento artificial resultado de los fondos federales. Fondos federales, pandemia, terremoto y huracanes, que ayudan al discurso pitiyanqui del PNP y al estatus colonial, pero no necesariamente al PPD, que no ha encontrado cómo ser oposición al PNP.

Todo lo anterior apunta a que sí existe la posibilidad de que en estas o las próximas elecciones VC y el PIP, en alianza o unificados, desbanquen al PPD. Es decir, que los objetivos electorales que prevalecen en ellos se logren, si no intervienen otras variables que alteren el curso colonial. Más aún, que estén compitiendo por lograr ser los administradores de la colonia, en un bipartidismo con el PNP. Ambos partidos siguen los pasos de Muñoz: el estatus no está en issue, dentro del sistema colonial capitalista tenemos que resolver primero nuestra crítica condición económica y social, y después lidiar con el estatus. Lo cual tampoco se diferencia mucho de los planteamientos del PNP y de los “analistas” políticos que han vendido la idea de que tanto para que los EEUU nos acepte como estado o para convertirnos en república, tenemos que lograr un mayor desarrollo económico antes. Aunque, en realidad, ninguno trabaja para ello y, al contrario, fortalecen la dependencia y las ataduras coloniales.

Para los que entendemos la necesidad de acabar con el colonialismo y el sistema capitalista patriarcal, para los que buscamos otro Puerto Rico posible sin relaciones de producción explotadoras, misoginia, homofobia, xenofobia, racismo y destrucción del ambiente, la participación electoral, con el mismo discurso hegemónico del imperialismo que privilegia la democracia representativa, los mecanismos legales del sistema y la administración de la colonia, no es la alternativa táctica más importante. Y aclaro, no estoy abogando porque no se utilice la legalidad vigente cuando ofrezca alternativas viables. Ni tampoco estoy abogando por la lucha armada en estos momentos. Parto de la experiencia que hemos tenido con el PIP y el PSP. Hasta ahora, y no tenemos por qué pensar que será diferente, la participación electoral se ha tragado el trabajo ideológico de base, la organización política del pueblo en las comunidades y los sindicatos. Para mí, la lucha ideológica en la organización del pueblo por luchas reivindicativas inmediatas es más importante. Los círculos de estudio y el trabajo cultural por lograr transformar la mentalidad dominante son más importantes. La participación electoral ha llevado a la izquierda al abandono de la lucha ideológica antisistema. Dar cara en piquetes y marchas es importante, ayuda a darse a conocer para conseguir votos, pero no constituye educación popular ni aglutinar orgánicamente esas luchas.

Desde la perspectiva de la unidad, hay que distinguir entre unidad en la acción, frentes políticos y fusión en partido único. En primeros dos casos implica que los acuerdos parten de que son representaciones diferentes y que ninguno de los participantes deja a un lado su discurso ideológico. Se reconocen como diferentes, representantes de intereses y objetivos a largo plazo diferentes, pero que tienen un enemigo, un reclamo común. Unirse por ese reclamo no significará que se dejará de impulsar las posiciones propias. Por lo contrario. Cada cuál continuará promoviendo su visión de la sociedad y su lucha táctica y estratégica, incluyendo en la que se concierta un acuerdo. La lucha social y política en Puerto Rico está llena de ejemplos de unidad en la acción que han logrado victorias parciales, de reformas, de logros que adelantan protección al ambiente, derechos civiles e incluso cambios, por lo menos en lo formal, de discursos homófobos, misóginos, xenófobos y raciales. Se liberó a los presos nacionalistas, se detuvo la explotación minera, la construcción de los dos tubos de gas, se sacó la marina de Vieques, se han protegido playas y se hizo renunciar a un gobernador; incluso de operativos de las organizaciones clandestinas. Sin ser los únicos ejemplos y sin entrar en la calidad de los logros, y reconociendo que son luchas que no se han agotado y continúan, todas han sido el resultado de luchas unitarias en la acción y de movilizaciones de calle. Pero ninguno de los partidos y grupos políticos participantes abandonó sus posiciones ideológicas, aunque asumieron consignas puntuales para aunar esfuerzos.

Un frente implica que varios partidos o grupos políticos, sin dejar su carácter, sin abandonar su proselitismo, se ponen de acuerdo para un fin a corto o mediano plazo. Conciertan, pero no se fusionan ni abandonan su carácter ideológico. Este fue el caso de Unidad Popular, coalición de seis partidos que llevó a Salvador Allende a la presidencia. Además, es el caso de varios frentes que posteriormente se han constituido en América Latina y han ganado elecciones: Frente Amplio de Uruguay; la coalición Polo Democrático de Venezuela que apoyó a Hugo Chávez para la presidencia en 1998; la coalición Alianza País en Ecuador; Pacto Histórico que llevó a la presidencia y vicepresidencia a Gustavo Petro y Francia Márquez respectivamente. Otro caso parecido, sin constituir un frente en sí, es el gobierno de coalición en España entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos (UP). Ambos constituyen gobierno, pero cada uno sigue con su propia línea política e incluso manifiestan diferencias en medidas gubernamentales.

Un caso diferente, que actualmente no está en consideración en Puerto Rico ni es el caso de VC y el PIP, según se vislumbra a este momento, es la unificación en un partido único. Los partidos únicos, nos dice la historia, han constituido un freno para la lucha ideológica, la transformación de la conciencia del pueblo y la constitución de una democracia participativa crítica. Me reservo los ejemplos, todos de izquierda, para mantenerme en el tema de este trabajo y no provocar otro análisis que tomaría muchas páginas y que trataré en un ensayo aparte.

Estos partidos emergentes, sin embargo, a diferencia de los frentes mencionados han abandonado su carácter ideológico. El PIP saca la independencia de su discurso. Y VC se nutre de varias tendencias, incluyendo al Partido del Pueblo Trabajador (PPT), que rescatan el discurso muñocista y asumen el del PPD de la indefinición. Ya no son independentistas ni representantes de los trabajadores. Todos esos planteamientos ideológicos anticoloniales y anticapitalistas, se desechan por un discurso de gobernanza, de administración de la colonia.

Gustavo Petro
Antonio Gramsci

No me cabe duda que en el seno de ambos partidos hay compañeros independentistas y socialistas, que se identifican con las luchas obreras, las feministas, por los derechos de la comunidad LGBTQ+, la protección del ambiente, por el patrimonio nacional, contra la privatización, el racismo, la crisis climática, la xenofobia y el reconocimiento del valor de nuestra afrodescendencia. Les reconozco su compromiso y aportación de muchos años vinculados a esas luchas. Pero se me hace difícil imaginar que, con la política de disfrazar posiciones y objetivos, logren impulsar políticas y medidas antisistema superando la resistencia imperialista y sin un apoyo de pueblo que los eligió basados en un discurso colonial. Incluso, es difícil pensar que esas alianzas se sostengan cuando surjan las disyuntivas económicas y jurídicas que enfrente intereses de clase y de los sectores que son sujetos claves de una transformación social anticolonial y anticapitalista. Se puede esperar que ocurra como en el PPD inicial, simplemente se someta ideológicamente la izquierda o abandone la alianza, como ocurrió con el PIP y posteriormente con el MPI.

No logro entender cómo es posible transformar la conciencia del pueblo cuando la política se sustenta en el estado conservador dominante que se quiere cambiar; cuando se toman como correctas y adecuadas las consignas que han desmovilizado al pueblo trabajador con el fin de ganar unas elecciones; cuando se asume el discurso de los políticos del coloniaje y la dependencia de que el pueblo desprecia la independencia y valora su relación con los EEUU.

Se asumen los objetivos de la política colonial: ganar las elecciones. Los discursos se acomodan a ese fin; se echan de lado aquellas cosas que pueden no ser atractivas para el electorado y se asumen las que conforman la visión de mundo mayoritaria, la hegemónica en palabras de Gramsci. Entonces, no hay objetivo de transformación ideológica, se asume que independencia es mala palabra para ganar elecciones y lo importante no es cambiar la visión sobre ella. Ahora de lo que se trata es de saber administrar los fondos federales y parar la corrupción. Se trata de mejorar las leyes y conquistar la conciencia de los patronos y los políticos para que actúen con justica y moralidad. ¿Volvemos al socialismo utópico? ¿No luchamos por el poder? ¿Nos acomodamos a la hegemonía, no hacemos una lucha contrahegemónica?

Las preguntas que quedan en el tintero son: ¿No se está afirmando el argumento de los colonialistas de que la independencia debe ser descartada como opción cuando somos los mismos independentistas quienes la descartamos? ¿No estamos asumiendo los discursos de la guerra fría cuando dejamos de abogar por el socialismo y nos enfocamos en obtener logros reformistas? Si los independentistas y socialistas no educamos sobre esas políticas, ¿a quién le dejamos esa tarea? Igual como educamos tratando de transformar las ideologías sexistas, misóginas y racistas, ¿no deberíamos hacerlo con las coloniales y capitalistas, predicando por la independencia y el socialismo?

Un comentario sobre «Diálogo de la izquierda radical IV Elecciones de 2024»

  1. Otro laaaaargo artículo de teoría política. De prácticas, nada. Ah, bueno, vamos a marchas, cantamos consignas contra la Junta o el gobernador que sea y escuchamos todavía «Monón», «Preciosa» o «Génesis»(y hasta lloramos al gritar «Alabanza, alabanza, para ellos y para su patria…»). Y después, nos vamos a hacer compra a Sam’s o Walmart. Y soñamos con ir a Disney…
    ¿Educación política? ¿Acercamientos a quien NO es independentista? ¿Un escrito sencillo que le describa el país que queremos y qué pasara con lo que hay (Seguro Social, Guardia Nacional, cupones, etc.). No, eso es muy complicado.

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