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El avivamiento según Jesús

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Se pusieron a orar algunas personas, de rodillas ellas, brazos extendidos al cielo, clamando por una salvación personal para sus almas y reclamando bendición sobre sus vidas y un «mover» del Espíritu Santo que impulse a un amor transformador.

Gerardo Carlos C. Oberman (Tomado de la página Facebook de Ricardo Santos)

Y allí Jesús mirando, desde los bordes, como cuando miró de lejos aquella escena del fariseo y el cobrador de impuestos (Lucas 18:9-14), asombrado, tratando de entender.

De pronto cruzó el salón y se subió al estrado cual si fuera un monte y mirando fijo a los ojos a cada persona reunida, las invitó a vivir un verdadero avivamiento evangélico.

– «Vayan allí donde se venden las armas que matan a tantos y tantas estudiantes. Exijan que se prohiba su venta. Presionen a sus gobernantes todo lo que sea necesario.

Vayan y abracen a sus hermanas y hermanos negros, perseguidos por una cultura blanca supremacistas, muchas veces alimentada desde estos mismos púlpitos.

Vayan y acuérdense de las millares de personas en situación de calle en sus ciudades y lleven alimento, agua fresca, abrigo. Abrácense con quienes sufren.

Vayan y protesten por las sanciones inhumans de su gobierno a otras naciones, condenando a una vida indigna a millones de prójimos y prójimas.

Vayan a las cárceles y reclamen el fin de las penas de muerte.

Vayan a los hospitales, donde un sistema perverso obliga a pagar más y más para poder sanar de cualquier dolencia. Reclamen por una salud gratuita y universal.

Vayan a las barriadas pobres, donde jóvenes como ustedes no pueden acceder a las universidades por sus costos prohibitivos. Abran escuelas populares, tuérzanle el brazo al sistema.

Vayan y únanse a quienes abrazan árboles en los bosques que son talados sin escrúpulos. Oren allí junto a las secuoyas gigantes que claman desde sus ramas por compasión y cuidado.

Vayan a sus bases militares e impidan que salgan los aviones y los drones que siembran muerte allí donde el dios mercado quiere imponer sus reglas imperiales.

Vayan y vivan un evangelio orante, sanador, liberador, restaurador y transformador, ese evangelio que aviva el corazón para impulsarlo al servicio de la vida plena.

Porque yo nunca he predicado otro avivamiento que ese.»

Luego bajó del púlpito, caminó lento entre las filas y se perdió en la noche de Wilmore.

Solo unas pocas personas lo siguieron.

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