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El declive electoral del «glorioso» Congreso Nacional Africano

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En las elecciones del 29 de mayo, el antiguo partido de Nelson Mandela ha sufrido un derrumbe electoral. Fuerza hegemónica tras la caída del apartheid, el CNA impulsa ahora un «gobierno de unidad nacional» para conseguir la reelección de Cyril Ramaphosa y permanecer en el poder

Gunnett Kaaf

Sudáfrica se encuentra sumida en una profunda crisis política y social. La estrepitosa pérdida de votos del Congreso Nacional Africano (CNA) en las elecciones generales celebradas el pasado 29 de mayo, en las que el antiguo partido de Nelson Mandela obtuvo solo 40% de los votos y perdió 17 puntos respecto de 2019- reflejó el fuerte rechazo de los votantes a la fuerza política que ha dominado el país tras la caída del apartheid y la convocatoria a las primeras elecciones multirraciales en 1994. 

Durante sus períodos de gobierno, el CNA impulsó un modelo de desarrollo económico de corte neoliberal que provocó altos niveles de desempleo, pobreza masiva, una enorme desigualdad de ingresos y riqueza, subdesarrollo rural y urbano y escasa prestación de servicios públicos básicos por parte del Estado. A ello se sumó una corrupción estatal generalizada que provocó una pérdida de confianza en las instituciones públicas. Pero aun así, mantenía fuertes mayorías electorales, lo que ha cambiado ahora. Para las elecciones de 2024, se esperaba que el CNA cayera por debajo de 50%. Esa es una de las grandes dinámicas de estos comicios, ya que implica la ruptura del dominio de 30 años del CNA en la política electoral, desde la caída oficial del apartheid en 1994.

La mayoría de las encuestas situaban al CNA en 45%, pero en caída. Sin embargo, la expectativa general era que el CNA podría obtener entre 45% y el 50%, número que le permitiría formar un gobierno de coalición forjando alianzas con partidos pequeños. Pero eso finalmente no sucedió y el sistema político sudafricano ha ingresado en un camino incierto.

Otra gran sorpresa de estas elecciones fue el espectacular resultado del partido uMkhonto weSizwe [La Lanza de la Nación] (MK), liderado por el ex-presidente Jacob Zuma, solo seis meses después de su formación. El MK obtuvo 14,58% de los votos a escala nacional y el 45% en la provincia de Kwazulu-Natal, la segunda en importanciia, donde vive el 20% de la población sudafricana. El auge del MK se produjo a expensas del CNA, ya que los dos partidos comparten la misma base electoral. El MK es, en rigor, una escisión del CNA. Su líder, Jacob Zuma, que presidió Sudáfrica entre 2009 y 2018 y el propio CNA, y aún goza de una gran popularidad entre muchos miembros y simpatizantes de su vieja fuerza política, a pesar de sus posiciones conservadoras y sus escándalos de corrupción.

El dominio sin desafíos del CNA

Las primeras elecciones democráticas, celebradas en abril de 1994, constituyeron una victoria de la lucha de liberación nacional sobre el régimen del apartheid. Liderado por Nelson Mandela, el CNA triunfó en los comicios con un aplastante 62% de los votos y asumió el mandato de conducir al pueblo a la «tierra prometida» de una Sudáfrica verdaderamente liberada, con «una vida mejor para todos». El CNA fue percibido y se autoadjudicó el papel partido exclusivo en la lucha por la liberación nacional de la mayoría negra, ya que otras organizaciones que combatieron el apartheid quedaron fuertemente debilitadas y nunca lograron reponerse.

Desde la década de 1980 hasta principios de la de 1990, el CNA consiguió insertarse y aliarse con los principales movimientos de masas del bloque histórico antiapartheid, organizados en torno al Frente Democrático Unido, que incluía a decenas de movimientos de resistencia y de la sociedad civil (los movimientos juvenil, estudiantil, cívico, sindical, de mujeres, eclesiástico, deportivo, etc.). Durante 15 o 20 años, el CNA gozó de un gran apoyo, derivado de la legitimidad obtenida de la lucha antiapartheid. Esto dificultaba cualquier tipo de oposición externa al partido.

Los movimientos de masas aliados al CNA eran autónomos y a menudo desafiaban a la dirección del partido. Por ejemplo, el Congreso de Sindicatos Sudafricanos desafió con firmeza a la estrategia macroeconómica conocida como GEAR (Crecimiento, Empleo y Redistribución), que consolidó la reestructuración neoliberal desde 1994. 

Después de los primeros cinco años de gobierno, el CNA consiguió cooptar a un número considerable del personal dirigente de los movimientos de masas para ocupar puestos en el gobierno y las empresas estatales, mediante planes de discriminación positiva y de la política conocida como «empoderamiento político negro». Los movimientos cívicos y sociales, nucleados en la Organización Cívica Nacional Sudafricana (SANCO), dejaron de ser independientes y se unieron a la alianza liderada por el CNA junto al Partido Comunista y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos. Una vez que la dirección de los movimientos de masas fue cooptada por el CNA y perdió su autonomía, estos acabaron cayendo en el redil del partido gobernante, lo que condujo a la disolución del bloque histórico antiapartheid a principios de la década de 2000.

A medida que la crisis neoliberal, que combinó escasos resultados en términos de desarrollo con la corrupción generalizada dentro del Estado, iba alcanzando su madurez, la legitimidad del CNA empezó a erosionarse seriamente. A inicios de la década de 2000, la transformación del CNA de un movimiento de liberación nacional de izquierda en un partido neoliberal centrista en los hechos, ya era claramente visible. 

Desde 2009, cuando Jacob Zuma asumió la presidencia, el declive electoral del CNA comenzó a mostrarse irreversible, aunque Zuma mantenía un apoyo significativo en algunos sectores. El partido pasó del 69,69% de los votos en 2004 a 65,90% en 2009. Y de 62,10% en 2014 a 57,50% en 2019.  Una caída lenta pero sostenida, hasta 2024, cuando esa caída fue de 17 puntos porcentuales, lo que ha puesto en cuestión las propias imágenes autocomplacientes del CNA como «glorioso movimiento» de liberación nacional.

Una renovación cosmética

Desde que Jacob Zuma abandonó anticipadamente la presidencia a comienzos de 2018, envuelto en diversos casos de corrupción, el partido anunció que desarrollaría un proceso de renovación. Ese proceso, que consistiría en un la lucha contra la corrupción y un nuevo modelo económico –que incluiría la reestructuración Banco Central, la reforma agraria y la redistribución de la riqueza y los ingresos en beneficio de la mayoría negra pobre- no se concretó jamás.

Ante la renuencia del partido a desarrollar una renovación real, su descrédito no dejó de aumentar. Sin Zuma como chivo expiatorio, la corrupción resultó cada vez más injustificable y los hechos comenzaron a sucederse sin pausa. Fue así como el ministro de Deportes y Cultura fue detenido el 5 de junio pasado, apenas una semana después de las últimas elecciones, acusado de recibir sobornos por valor de 1,6 millones de rands (89.000 dólares) por parte de un empresario que recibió contratos del gobierno por valor de 400 millones de rands (22 millones de dólares). Para colmo de males, el actual presidente, Cyril Ramaphosa, cuyo ascenso a las altas esferas se basó en una campaña anticorrupción, ha enfrentado serias sospechas de haber incurrido en ilícitos, luego de que se descubriera que había ocultado un robo de más de medio millón de dólares en su granja Phala Phala. La fuente real de ese dinero sigue sin explicarse.

En noviembre de 2022, el CNA utilizó su mayoría en el Parlamento para bloquear la investigación sobre el origen del dinero robado en la granja del presidente. La investigación, realizada por un grupo independiente conformado por dos jueces jubilados y un abogado de alto rango, se detuvo, luego de que la mayoría parlamentaria del CNA rechazara el informe confeccionado por los expertos. Ahora, el partido Luchadores por la Libertad Económica, asociada a la izquierda política, ha llevado el caso al Tribunal Constitucional. Si este órgano de justicia dictamina que el Parlamento actuó incorrectamente en el asunto de Phala Phala y promueve un nuevo tratamiento parlamentario para llevar a cabo una investigación seria, el gobierno de unidad nacional podría desestabilizarse. A esto se suma otro hecho de extrema gravedad: la detención de la presidenta del Parlamento, y miembro prominente del CNA, Nosiviwe Mapisa-Nqakula, investigada por un escándalo de corrupción, en virtud del cual habría recibido sobornos por un total de 25.000 dólares.

El desempleo, las bajas tasas de crecimiento, los escasos niveles de inversión, la desigualdad, la pobreza, la deficiente prestación de servicios públicos como la sanidad, la educación y la vivienda, y el deterioro de las infraestructuras públicas han empeorado desde que Ramaphosa asumió el poder. Aunque prometió una transformación económica radical centrada en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población negra, que vive en su gran mayoría en la pobreza, no hubo ningún programa en ese sentido. Tanto la declamada política anticorrupción como el prometido programa económico transformador, los dos pilares de la renovación del CNA, brillan por su ausencia.

La crisis y el auge de fuerzas de derecha 

La escasa participación electoral es uno de los síntomas de apatía política de la población. Tradicionalmente, esta solía rondar el 70% -el pico fue de un 89% en 1999-, pero en 2019 cayó a 66% y en las últimas elecciones a 58%. Tras el CNA, aparece Alianza Democrática, un partido liberal, con casi 22%.

En ese marco ha crecido, de manera paradójica, el partido del ex-presidente Zuma, que ha logrado el apoyo de numerosos votantes del CNA. El MK tiende a ser más fuerte en KwaZulu-Natal y en Gauteng y Mpumalanga, dos provincias con un tamaño significativo en las que predomina la etnia zulú. Esta situación se explica por la fuerte pregnancia de la identidad, la simbología y el nacionalismo zulú en el discurso de Zuma. Sin embargo, el factor decisivo del espectacular rendimiento electoral de MK es la popularidad del propio Zuma entre una parte de la base electoral del CNA. Por eso, la caída del CNA del 54% a un mínimo del 16,99% en KwaZulu-Natal solo puede atribuirse al espectacular ascenso del MK, que obtuvo un 45% en esa misma provincia. 

A pesar de que el MK se presenta como un partido de izquierda, en su manifiesto declara abiertamente su apoyo a ideas conservadoras. Entre ellas se destaca la de otorgarle más poder constitucional a los líderes tradicionales (ampliamente reconocidos por no rendir cuentas) e incluso subordinar a los líderes políticos a dichos liderazgos étnicos. Al mismo tiempo, el MK afirma que abolirá los controles y los equilibrios que conlleva el actual orden constitucional y que lo sustituirá por un orden sin controles de supremacía parlamentaria en el que «la mayoría» gobernará sin restricciones. También ha propiciado la reinstalación del servicio militar obligatorio de la época del apartheid para «inculcarle disciplina» a los jóvenes.

Otro partido en alza, la Alianza Patriótica, obtuvo 9 escaños en la Asamblea Nacional. La AP está dirigido por dos ex-convictos que movilizan a las comunidades mestizas (que representan un 8,2% de la población) con una ideología comunitarista racializada que se combina con un crudo fermento de xenofobia que pide abiertamente la expulsión de todos los extranjeros, independientemente de su estatus legal.

Hacia el gobierno de «unidad nacional»

Ahora que el CNA ha obtenido tan solo 40% de los votos, su capacidad para formar gobierno está en dudas. Con 45% podría haber formado gobierno rápidamente, contando con el apoyo de partidos pequeños, pero los resultados obtenidos obligan a esta fuerza política a entablar negociaciones con otros grandes partidos. Las tres organizaciones más importantes del país, además del CNA, son la Alianza Democrática –de corte liberal–, Luchadores por la Libertad Económica –proveniente del CNA y asociado a la izquierda anticapitalista y al nacionalismo radical negro– y el MK de Jacob Zuma. El hecho de que las ideologías de estos partidos sean tan diferentes entre sí lleva más dramatismo a las negociaciones de cara a la posible formación de un gobierno coalicional.

Alianza Democrática, uno de los partidos con los que el CNA debe establecer conversaciones, es un partido que promueve la austeridad fiscal y monetaria y una amplia política de privatizaciones y rechaza políticas como la discriminación positiva. La base social de la Alianza Democrática, liderada por John Steenhuisen, es mayoritariamente blanca, un sector que solo representa un 7,3% de la población pero que, treinta años después de la caída oficial del apartheid, sigue siendo el grupo racial más privilegiado y poderoso económica y socialmente, debido a la falta de aplicación de medidas de transformación social destinadas a corregir los desequilibrios del pasado.

La opción de una coalición con este partido ya ha sido rechazada por las bases y el ala izquierda del CNA, así como por el Partido Comunista y el Congreso de Sindicatos Sudafricanos. Sin embargo, esta es la opción preferida por el establishment del CNA, y ya fue anunciado el acuerdo de formación de un gobierno de unidad nacional con Alianza Democrática y partidos pequeños.

Traducción: Mariano Schuster y Pablo Stefanoni.

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