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El día después de la derrota

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En un proceso primarista cuyo punto más sobresaliente fue la orgía de sangre entre los bandos de Pedro Pierluisi y Jenniffer González, lo que queda de interesante es ver quién queda de pie y quién pasa, en el sentido político, al poblado panteón de los que casi fueron, pero no llegaron, escribe Benjamín Torres Gotay

Dados los enormes problemas de Puerto Rico, perder puede ser lo que llaman en inglés “a blessing in disguise”, escribe Benjamín Torres Gotay. (Archivo)


Benjamín Torres Gotay BENJAMÍN TORRES GOTAY

El candidato que pierde una elección de alto nivel –como la que se celebra este domingo en las primarias por la gobernación de los partidos Nuevo Progresista (PNP) y Popular Democrático (PPD)– amanece, el día después de la derrota, como el que fue testigo de un bombazo: angustiado, mareado, confundido y con ideas de lo que pudo haber sido, que actúan como un molestoso pitido en el oído.

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Para el que gana, la vida sigue. Toca, en el caso de una primaria, reagrupar fuerzas y encaminarse a la elección general; si gana la elección general, viene lo bueno, que es gobernar. Para el que pierde, la cosa no es muy distinta de lo que significa una muerte súbita. David Bernier, quien perdió la elección de 2016 a la cabeza del PPD, me contó una vez, con gran candidez, cómo es ese temible día después.

“El que pierde queda muy solo. Es una soledad dura, pero uno tiene que esperarla. La mezcla de sentimientos, la angustia, la preocupación por lo que vendrá en el futuro son naturales, sobre todo cuando uno tiene responsabilidades con una familia que tiene que echar hacia adelante. Pero uno tiene que tratar de que ese período dure lo menos posible, porque hay que levantarse, hay que echar pa’lante. Lo viví y lo experimenté. Fueron días muy difíciles, muy angustiosos, pero también me hicieron un mejor ser humano”, me dijo Bernier, quien nunca regresó a la política, en una entrevista en septiembre de 2019.

Pedro Pierluisi, quien perdió una primaria con Ricardo Rosselló Nevares en 2016, le tomó cerca de un mes “botar el golpe”,me dijo, en una entrevista en octubre de 2019. “Eso me dolió. Fue la única vez que no prevalecí en una contienda”, admitió Pierluisi, quien también dijo que “uno nunca está preparado para una derrota” y que, cuando le tocó, se fue unas semanas de Puerto Rico “para alejarme del entorno, descansar y pensar”.

Jenniffer González, quien obtuvo su primer escaño legislativo a los 25 años, la edad mínima para ser legisladora, y fue presidenta de la Cámara de Representantes a los 32, solo ha hecho política en su vida de adulta.
Jenniffer González, quien obtuvo su primer escaño legislativo a los 25 años, la edad mínima para ser legisladora, y fue presidenta de la Cámara de Representantes a los 32, solo ha hecho política en su vida de adulta. (Carlos Giusti/Staff)

De los cuatro que piden ahora la oportunidad de representar a su partido en la elección general de noviembre, a dos les tocará, el lunes temprano, o tal vez unos días después, si por lo cerrado no se conoce el resultado de inmediato, continuar viviendo con la sensación de que, como a Jesús en la cruz, alguien le metió en la boca una esponja empapada en hiel y vinagre.

Se puede suponer que, para los del PNP, el golpe será más duro, por varias razones. Pierluisi y su rival, Jenniffer González, llevan décadas en la política. Él fue secretario de Justicia durante el primer cuatrienio de Pedro Rosselló a principios de los 90 y, después, comisionado residente del 2009 al 2017. Es abogado, pero durante los últimos años solo lo ha ejercido cuando queda fuera de la política.

González, quien obtuvo su primer escaño legislativo a los 25 años, la edad mínima para ser legisladora, y fue presidenta de la Cámara de Representantes a los 32, solo ha hecho política en su vida de adulta, salvo un corto período como empleada clerical de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

Perder, para ella, sería la primera vez, en más de 20 años, que no ocuparía un puesto electivo. No hay que ser un sabio para entender que perder, considerando sobre todo que entró a esta carrera con un aire de invencibilidad que ya no tiene, sería algo que debe dejarla algo atolondrada.

El golpe sería muy duro para ambos por esas razones, pero principalmente por estas otras: primero, los dos que, en el panorama de electorado atomizado que hay en Puerto Rico desde 2020, el PNP siempre tiene buenas posibilidades de ganar una elección general y, segundo, los dos llegan al domingo sintiendo que pueden ganar.

No es lo mismo que cuando las encuestas te dicen temprano que no hay oportunidad; duele, por supuesto, saberse derrotado, sobre todo si nunca se compitió de verdad. Pero la ausencia de sorpresa amortigua el golpe del día después.

Jesús Manuel Ortiz y Juan Zaragoza se disputan la candidatura a la gobernación por el PPD.
Jesús Manuel Ortiz y Juan Zaragoza se disputan la candidatura a la gobernación por el PPD. (David Villafañe Ramos)

El caso del PPD es un poco distinto. Juan Zaragoza, quien tiene 64 años, no entró en la política hasta 2020. Antes, fue un exitoso empresario de contabilidad, un campo al cual pudiera volver, si quisiera, si no prevalece en la primaria. Su rival, Jesús Manuel Ortiz, de 47 años, fue periodista hasta que, en el cuatrienio de Aníbal Acevedo Vilá (2005 a 2009), fue reclutado como oficial de prensa por el entonces secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), Alejandro García Padilla, a cuyo lado estuvo durante el resto de la carrera política de este, que incluyó cuatro años en La Fortaleza. Tras el retiro de García Padilla, Ortiz fue electo representante en 2016 y 2020. Apuntó, pero falló, a la presidencia de la Cámara de Representantes, en 2021.

Ambos saben que la victoria del PPD está lejos de ser probable en 2024 y, por eso y porque ninguno de los dos lleva tanto tiempo en la política, la derrota tal vez no sea demasiado traumática. Igual, las encuestas conocidas consistentemente han augurado la victoria de Ortiz. Para Zaragoza, entonces, no sería una sorpresa perder la primaria. Si da el palo, el atolondrado sería Ortiz.

Dados los enormes problemas de Puerto Rico, perder puede ser lo que llaman en inglés “a blessing in disguise”.

Al ser derrotados ambos por Rosselló Nevares en 2016, Bernier ni Pierluisi tuvieron que lidiar con Donald Trump, con la quiebra, el huracán María, los terremotos ni la pandemia de COVID-19Luis Fortuño, a quien García Padilla derrotó en 2012, se libró de manejar el desplome definitivo de las finanzas públicas, de lo cual él fue uno de sus últimos instigadores, a partir de 2015.

En un proceso primarista cuyo punto más sobresaliente fue la orgía de sangre entre los bandos de Pierluisi y González y en la que, aparte de algunas de las propuestas de Zaragoza no hubo mucha sustancia, pues, los otros tres proponen o continuidad o algunos recortitos por las esquinas, lo que queda de interesante para la jornada de la votación es ver quién queda de pie y quién pasa, en el sentido político, al poblado panteón de los que casi fueron, pero no llegaron.

En un pueblo de muertos políticos con resonancias del Comala poblado de espíritus del más allá de Juan Rulfo en “Pedro Páramo”, los esperan Victoria Muñoz Mendoza, Héctor Luis Acevedo, Carlos Pesquera, David Bernier, Wanda Vázquez, Eduardo Bhatia, “Charlie” Delgado, Carmen Yulín Cruz y otros de más atrás, tal vez con algunas palabras en la línea de “no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague”.

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ACERCA DEL AUTOR

BENJAMÍN TORRES GOTAYbenjamin.torres@gfrmedia.com

Benjamín Torres Gotay es periodista y escritor. Nacido en noviembre de 1968 en Santa Isabel, Puerto Rico, ha ejercido el periodismo desde 1992. Posee un Bachillerato en Periodismo de la Universidad…Leer más

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