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El Drácula de García Márquez

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El escritor vuelve de la ultratumba transmigrado en Ana Magdalena Bach, escribe Benigno Trigo

Recientemente se presentó la novela póstuma del escritor colombiano Gabriel García Marquez, titulada En agosto nos vemos (Archivo / AP /Miguel Tovar)

BENIGNO TRIGO

Hace algunas semanas se publicó la novela póstuma de Gabriel García Márquez: En agosto nos vemos.

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OPINIÓN

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Por Sergio Ramírez

La característica más notable de la novela es su punto de vista. A diferencia de todo lo demás que escribió García Márquez, este es un texto escrito solamente desde el punto de vista de una mujer. El escritor vuelve de la ultratumba transmigrado en Ana Magdalena Bach.

Cuando la conocemos, el personaje está leyendo la famosa novela gótica de Bram Stoker, Drácula. Dice que la impresiona el episodio cuando el conde sobrevive el naufragio del Demeter, y se transforma en un perro.

La característica más notable de la novela es su punto de vista. A diferencia de todo lo demás que escribió García Márquez, este es un texto escrito solamente desde el punto de vista de una mujer, escribe Benigno Trigo (Mario Guzman)

Como el Drácula de Stoker, Ana Magdalena se vuelve una bestia. Después de serle infiel a su esposo, y tratando de ocultarle el adulterio, Ana Magdalena se compara a un animal cuando le dice: “No me baño desde ayer, huelo a perro.”

La novela me recordó lo que Mami decía sobre García Márquez. De todos los novelistas del “Boom,” Mami destacaba la diferencia de Úrsula, la matriarca de la familia de Cien años de soledad. Según ella, aquel personaje era admirable por ser tan diferente de las representaciones estereotípicas de la mujer de los demás novelistas del “Boom” (con la otra notable excepción de Julio Cortázar).

El comentario se encuentra en “El coloquio de las perras,” un ensayo donde mi madre, Rosario Ferré, personificaba a Fina, una perra sata puertorriqueña, que le pasa la cuenta a los novelistas del “Boom” (y del patio) por su machismo empedernido.

En ese curioso ensayo, Fina le dice a Franca (una perra Airdale de mejor pedigree que ella) que los escritores latinoamericanos no se deben preguntar sobre la verosimilitud de los perros que hablan, algo que hacen desde Cervantes. Fina insiste que la pregunta debe de ser otra. “Si es posible para un perro latinoamericano ladrar como una perra y viceversa.”

Mami siempre se resistió a ser identificada con un feminismo estereotípico que se reducía a meramente invertir los papeles sociales, y a ocupar la posición de poder que el hombre tiene en nuestras sociedades patriarcales. Para ella el feminismo era profundamente humanista, en el sentido que trataba de producir una voz extraña, sin género, que integraba ambos sexos, como el Orlando de Virginia Woolf.

Esto requería un experimento literario que, según ella, pocos escritores latinoamericanos habían arriesgado, pero que tenía su modelo en personajes como Luis y Bernardo en Las Olas, como Silas Marner en la novela homónima, o como Heathcliff en Cumbres borrascosas.

Según ella, el escritor latinoamericano primero tenía que entrar en la subjetividad femenina, para después lograr esa mezcla de características únicas y particulares. Aunque ella también reconocía que era imposible alcanzar ese ideal.

Recientemente, la escritora chilena Alejandra Costamagna repetía que, “El ‘boom’ latinoamericano fue totalmente machista.” No obstante, creo que a Mami le hubiera gustado la novela póstuma de García Márquez. No porque sea verosímil. Sino porque es prueba de que, para sobrevivir su naufragio, los escritores tienen que transformarse, igual que Drácula.

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LITERATURAGABRIEL GARCÍA MÁRQUEZROSARIO FERRÉMACHISMO

ACERCA DEL AUTOR

BENIGNO TRIGO

Profesor del Departamento de Español y Portugués de Vanderbilt University

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