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El ejército israelí tiene carta blanca para masacrar a los palestinos y deja sin sentido un alto el fuego

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Israel desoye el mandato de Naciones Unidas y la propuesta de tregua de EEUU y amplía sus ataques en Gaza, dirigidos a causar el mayor daño a los civiles, según la ONU

Palestinos llevan el cuerpo de una persona al hospital Al-Aqsa Martyrs, tras los ataques israelíes, a 8 de junio de 2024.

JUAN ANTONIO SANZ

El ensañamiento del ejército israelí con la población civil de Gaza no es casual ni producto de tácticas militares no calculadas. No. El primer informe de Naciones Unidas sobre la guerra lanzada por Israel contra ese territorio palestino en octubre de 2023 subraya que los soldados israelíes tienen «carta blanca» para atacar a la población palestina con una estrategia destinada «causar el mayor daño».

Este informe, elaborado por orden de la ONU por la Comisión Internacional e Independiente de Investigación para Palestina, explica la brutalidad de las masacres protagonizadas por el ejército de Israel, que se han saldado ya con más de 37.000 palestinos muertos y casi 85.000 heridos, y ciudades enteras convertidas en escombros.

Causar el mayor daño posible 

La razón es muy simple. Según el informe, Israel puso en marcha ya desde ese 7 de octubre «una estrategia consistente en causar el máximo daño» con ataques dirigidos de forma intencionada contra la población palestina de Gaza en respuesta al ataque lanzado por comandos de la organización islamista Hamás y que dejó 1.200 muertos en Israel en esa infausta jornada.

El informe acusa también a Hamás de crímenes de guerra y contra la humanidad

El informe no quita responsabilidad a Hamás, al que acusa también de crímenes de guerra y contra la humanidad por esa matanza del 7 de octubre y por los casi 250 cautivos que se llevó a la Franja. Pero la ONU responsabiliza a Israel, un supuesto estado democrático, de cometer los mismos delitos de «asesinatos y homicidios intencionados» y de multiplicarlos, al ensañarse con los más de dos millones de habitantes de Gaza y utilizar, además de las bombas y las armas más destructivas, el hambre como instrumento de represión y exterminio.

Según esa comisión, presidida por la sudafricana Navi Pillay, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al frente de un Gobierno extremista, integrado por ultraderechistas y religiosos ultraortodoxos, «dio carta blanca a sus fuerzas de seguridad para atacar objetivos civiles de forma amplia e indiscriminada en Gaza».

Un ejemplo de las barbaridades denunciadas por este demoledor documento se vivió la semana pasada en el campo de refugiados de Nuseirat. El jueves un bombardeo israelí ya causó al menos 40 muertos civiles. Pero solo era el prólogo del infierno que iba a desatar el ejército ocupante.

El sábado, en la operación destinada a liberar a cuatro de los cautivos judíos que estaban allí secuestrados, las fuerzas armadas israelíes acabaron en Nuseirat con la vida de 274 personas en una de las mayores matanzas causadas por el ejército invasor desde el principio de esta guerra.

EEUU ya no sabe qué hacer ante la cerrazón israelí

Esta masacre llevó a EEUU, principal aliado de Israel, a acelerar su propuesta de una tregua de seis semanas y a presentar un proyecto de resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU que fue finalmente aprobado este lunes y que demandaba la puesta en marcha de ese alto el fuego.

Israel, como con todas las otras resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Palestina, de nuevo hizo oídos sordos a la presión internacional e intensificó los ataques en Gaza. EEUU, para evitar el bochorno y su ineficacia a la hora de doblegar la voluntad destructora de Israel, echó las culpas a Hamás por no hacer lo suficiente para aceptar la tregua.

Hamás accedió al alto el fuego con condiciones, pero Israel hizo oídos sordos

La dirección política del grupo islamista en realidad sí accedió a los términos de la propuesta, pero insistió en perfilar algunos puntos y clarificar la duración real del alto el fuego, así como detalles sobre la retirada de las fuerzas armadas israelíes.

El proyecto de tregua, presentado por el propio presidente Joe Biden, aboga por un alto el fuego en tres fases, durante seis semanas. Contempla esa retirada de las fuerzas armadas israelíes de las zonas de Gaza con mayor densidad de población. También demanda la liberación de las mujeres, niños y ancianos que restan entre el centenar de rehenes aún en manos de Hamás, que serán intercambiados por prisioneros palestinos actualmente en cárceles israelíes.

Por último, se contempla el retorno de los desplazados palestinos a sus hogares en Gaza y el aumento de la ayuda humanitaria y de bienes básicos a la Franja.

Victoria final a cualquier coste

Estados Unidos insistió en que Israel había dado el visto bueno al documento, lo que no era del todo cierto. Tel Aviv ha dado muestras de aquiescencia a todas las propuestas de tregua que se han ido presentando, pero en el último momento las ha desbaratado.

El propio Netanyahu ha reiterado que no habrá tregua alguna en Gaza hasta que Hamás haya sido aniquilado y deje de ser una amenaza «vital» para Israel. Por eso, el primer ministro apuesta por llevar hasta el final la operación militar y así conseguir los objetivos de la campaña, que pasan por la «victoria total» en Gaza.Netanyahu apuesta por llevar hasta el final la operación militar y conseguir así la «victoria total»

La discrepancia sobre el alcance de esta estrategia así como el destino de Gaza, llevó a la salida del Gobierno de Benny Gantz, líder moderado israelí y de otros dos ministros. Gantz se ha convertido en el emblema de quienes en Israel, sin renunciar a la derrota de Hamás, sí contemplan la posibilidad de la convivencia con los palestinos en dos estados separados.

Netanyahu y sus acólitos extremistas en el Gobierno rechazan ese Estado árabe y muchos de ellos consideran que esa «victoria total» pasa por la aniquilación de los palestinos y la anexión de Gaza, paso al que se opone incluso EEUU, donde esta guerra está pasándole a Joe Biden un alto coste que podría reflejarse en los comicios presidenciales de noviembre.

Para los más radicales israelíes, la victoria total debe conseguirse a cualquier precio y esto es lo que denuncia la ONU con este informe tan duro. El documento añade que la estrategia de Israel en Gaza responde a la «doctrina Dahiya» de respuesta desproporcionada e indiscriminada.

Dahiya es un barrio de Beirut que fue arrasado en 2006 por los aviones israelíes, en un ataque contra la milicia proiraní Hizbulá que allí se parapetaba, aniquilando tanto a la guerrilla como a los habitantes civiles de esa parte de la capital libanesa.

Tras los últimos ataques de Hizbulá este semana y tal como están las cosas en el sur del Líbano, quizá podría repetirse lo ocurrido en Dahiya no solo en Gaza sino en ese país vecino en los próximos tiempos.

Según el informe de la ONU, muchos de los objetivos destruidos en Gaza eran civiles y no había ninguna duda al respecto. Barrios enteros en Ciudad de Gaza, Jan Yunis o Rafah, fueron destruidos así, sin reparos. Bajo sus ruinas podría haber otros 10.000 muertos.

El hambre como arma

En las 200 páginas del informe se recogen testimonios de ejecuciones sumarísimas, torturas, asesinatos sin sentido de civiles y el desplazamiento forzado de sus hogares, siempre bajo la premisa de lo que el propio ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, ha calificado como una lucha «contra animales. La ONU habla directamente de «exterminio».

También se acusa a Israel de utilizar «el hambre como arma«. Este miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS) denunció la muerte de al menos 32 niños palestinos por desnutrición, 28 de ellos menores de cinco años. Además, «más de 8.000 niños con menos de cinco años han sido diagnosticados con malnutrición aguda, 1.600 de ellos con carácter grave», explicó el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.Coordinadora de la ONU: «Gaza es el lugar más peligroso del mundo para entregar ayuda humanitaria»

La necesidad de alcanzar una tregua es imperativa en estos momentos, no ya solo para garantizar la supervivencia del centenar de cautivos israelíes que siguen secuestrados por Hamás. Es necesario el alto el fuego para garantizar la llegada de suministros de ayuda humanitaria a los cientos de miles de gazatíes que no disponen siquiera de agua potable y menos aún de medicinas en los poquísimos hospitales que aún funcionan en la Franja.

Gaza es «el lugar más peligroso del mundo para la entrega de ayuda humanitaria», afirmó Sigrid Kaag, coordinadora de la ONU para la Ayuda Humanitaria y la Reconstrucción de la Franja. Según Kaag, la destrucción en la Franja es «tan dramática» que describir este territorio como «un infierno en la tierra es acertado».

Blinken calla ante Israel

Este miércoles, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se reunió con el emir de Catar, Mohamed bin Abdelrahman, uno de los mediadores en las negociaciones por una tregua, junto a los representantes de los propios Estados Unidos y Egipto.

Blinken, se mostró crítico con las «numerosas» objeciones de Hamás, al proyecto de tregua estadounidense, y pidió «un alto el fuego inmediato, asegurar la liberación de todos los rehenes, abordar las necesidades humanitarias y poner fin a la guerra en Gaza».

Pero el problema, bien lo sabe Blinken, no está tanto en Hamás como en Israel, dispuesto a utilizar una y otra vez la crisis humanitaria desatada en Gaza por su invasión. EEUU podrá reconvenir las veces que sea necesario a Netanyahu por las masacres en Gaza, pero de poco sirve si el Pentágono sigue suministrando a Israel las mismas armas con las que se están cometiendo esas masacres.

Tampoco sirve de nada que Washington defienda a Israel ante las cortes internacionales de justicia que han acusado a este país de genocidio o que han pedido la busca y captura de Netanyahu y de Gallant por crímenes de guerra y contra la humanidad.

El argumento israelí, aceptado sin reparos por los republicanos de Estados Unidos y por muchos partidos de la derecha y ultraderecha en Europa, es que los civiles palestinos simplemente estaban en el lugar y el momento equivocados. Justo cuando los aviones o los cañones e Israel lanzaban sus bombas contra los terroristas de Hamás.

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