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El negocio de la estadidad:¿auge o bancarrota?

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Estos dirigentes estadistas de nuevo cuño, criaturas maduras del movimiento neoliberal colonial, viven un verdadero delirio. Piensan que la maquinaria de imprimir dinero de nuestro “bondadoso” imperio no tendrá fin. No parecen tener conciencia de la formidable deuda pública de Estados Unidos, acercándose ya a los $35 trillones. Nadie sabe con certeza cuándo vendrá el quiebre de esa maquinaria de endeudamiento.

La pregunta inevitable es: ¿por qué si la barca apolillada del gobierno flota sobre las olas de miles de millones de dólares de fondos federales, no encuentra un amplio apoyo de la población?

Por felix-cordova-iturregui

Los dirigentes principales del Partido Nuevo Progresista (PNP) elaboran continuamente una retórica sobre el avance hacia la estadidad. No parece importar si la realidad, en algún sentido u otro, choca con dicha propaganda. Hay un hecho innegable: el PNP necesita esa retórica para su sobrevivencia electoral. Parece haber un consenso en el país sobre la sólida organización electoral del PNP. Sus figuras más notables equiparan la efectiva maquinaria del partido con el imaginario avance hacia la estadidad. Sin embargo, en el interior del PNP no se percibe ninguna reflexión seria sobre la complejísima crisis que agobia al país. Tampoco se deja ver en el PNP intento alguno por estudiar su crisis política interna. Todo se reduce a la pertinencia o no pertinencia de la actual primaria. En lugar de enfrentar la primaria a la gobernación como un síntoma, los partidarios del gobernador la ven como algo innecesario e imprudente.

Aunque sea a grandes rasgos, las próximas primarias y las elecciones de noviembre deben ser analizadas atendiendo los cambios económicos de los últimos años. El gobernador continuamente afirma que la crisis ha sido superada y con su gobierno la economía ha entrado nuevamente en un proceso de crecimiento. Apoyándose en el nuevo dinamismo económico se ha propuesto ser el primer gobernador en revalidar desde las elecciones de noviembre del 2000. El dato es sobresaliente: desde el 2000 ningún gobernador ha logrado la re-elección. La novedad de la situación es que Pierluisi, como gobernador electo, enfrentará un reto en primarias por primera vez en la historia. Con otra novedad adicional: quien lo reta es una mujer.

El 8 de mayo de 2024, Gustavo Vélez publicó en El Nuevo Día un artículo titulado “¿A dónde va el dinero del consumidor puertorriqueño?” En los primeros párrafos hace una observación importante: “Por primera vez, los gastos de consumo han excedido la producción agregada de la economía medida por el Producto Bruto, $81,550 millones en el 2023. Todas las cifras están en términos nominales, por lo que la inflación es un factor importante para considerar”. Aunque no fue en 2023 cuando sucedió por primera vez que el ingreso personal superó el Producto Bruto, lo que señala Gustavo Vélez, defensor incuestionable del neoliberalismo, es significativo. Desde 2020 ha venido manifestándose el fenómeno aludido. Las cifras son muy reveladoras. En la última década, entre 2013-2023, ha habido un aumento de alrededor de treinta mil millones de dólares en el ingreso personal de los consumidores en Puerto Rico. En el 2015, las transferencias federales a individuos fueron de $16,863.1 millones. Esta cifra aumento a $33,432.9 millones en 2023. Como puede verse, las transferencias casi se duplicaron. El fenómeno reconocido por Gustavo Vélez se debe principalmente a la transferencia masiva de fondos federales a Puerto Rico como resultado de los desastres naturales-sociales a partir del Huracán María hasta la pandemia comenzada en 2020.

No cabe duda de que a partir del 2020 el gobierno de Pedro Pierluisi ha sido favorecido por el marcado influjo de los fondos federales. Para los proponentes neoliberales en Puerto Rico, apoyados actualmente en el hermoseado concepto de “libertad económica”, parece no existir ningún escándalo en proponer como dogma inflexible la superioridad del sector privado frente a la incapacidad del sector público y al mismo tiempo celebrar la llegada masiva de fondos públicos del gobierno federal. Tampoco parecen inmutarse los estadistas de nuevo cuño cuando reconocen que la llamada vitalidad de la economía se debe a fondos federales, muchos de los cuales no son recurrentes. Mientras el hacha va y viene, estos novoestadistas, que constituyen una reducida claque, viven en un festival de contratos, inmersos en un ambiente de alarmante corrupción local y federal. Un partido político que ha sido el proponente más vigoroso del neoliberalismo, arrastrando en íntima compañía al Partido Popular Democrático (PPD), con su propuesta de introducir las categorías mercantiles en el sector público, no ha podido evitar que el objetivo principal del mercado en nuestra sociedad, el motivo de la ganancia, se haya introducido en el interior de todos sus poros. El afán de enriquecimiento a corto plazo y sin mucho esfuerzo, impulsado desmedidamente desde el gobierno de Luis Fortuño, ha causado estragos en el interior del PNP.

Estos dirigentes estadistas de nuevo cuño, criaturas maduras del movimiento neoliberal colonial, viven un verdadero delirio. Piensan que la maquinaria de imprimir dinero de nuestro “bondadoso” imperio no tendrá fin. No parecen tener conciencia de la formidable deuda pública de Estados Unidos, acercándose ya a los $35 trillones. Nadie sabe con certeza cuándo vendrá el quiebre de esa maquinaria de endeudamiento. Mientras tanto la claque de comerciantes de la estadidad baila alegre al son de su negocio. Y consecuencia de ese negocio es la actual primaria del PNP para la gobernación. La batalla es inevitable y nunca ha sido tan cruda y violenta. Sufre del aguijoneo del aluvión de fondos federales y su atmósfera pegajosa de corrupción. Nada podrá controlar las fuerzas que ahí se despliegan porque responden a un poderoso impulso irracional.

La pregunta inevitable es: ¿por qué si la barca apolillada del gobierno flota sobre las olas de miles de millones de dólares de fondos federales, no encuentra un amplio apoyo de la población? En el contexto de la creciente dependencia de Puerto Rico, con la lógica de los actuales mercaderes de la estadidad, el gobierno debería estar flotando con seguridad hacia una victoria. ¿Qué explica la caída electoral de los 1, 025,965 votos que obtuvo Fortuño en 2008 hasta los 427,016 que recibió Pierluisi en 2020? Los casi 600,000 votos perdidos no pueden explicarse con la reducción poblacional desde 2008. Responden a una crisis política vinculada a la crisis económica del país, ambas atadas al neoliberalismo o la llamada libertad económica. Entre 2017-2020 en la economía y sociedad de Puerto Rico se han dado flexiones o cambios significativos que tienen que ver con la polarización de la riqueza, su pésima distribución, con la dinámica poblacional, con más muertes que nacimientos, y con una agudización de la dependencia de fondos federales. ¿Cómo reaccionarán los electores este año ante el aluvión de fondos federales?

En un contexto de empobrecimiento de grandes sectores del país, los políticos empresarios que mercadean la estadidad han tenido su danza de los millones. Pero han perdido su engranaje con la población maltratada. Además, los fondos federales de reconstrucción del país no llegan con efectividad a los necesitados porque entre ellos y los fondos asignados se interpone la rapacidad de un ejército de contratistas estadounidenses y locales. Una profunda contradicción camina por el interior del movimiento llamado estadista: mientras una claque se ha enriquecido bajo la sombra neoliberal, vendiendo la riqueza del país, lo han hundido en la dependencia y han obstaculizado notablemente el camino hacia la estadidad. El individualismo de mercado ha rendido dividendos para esa claque, pero ha convertido lo que quedaba de un ideal, en un vulgar negocio. La llamada libertad económica ha profundizado la condición colonial.

Del PPD no hay mucho que decir. Abandonó su programa histórico, vendió su alma, y corre como un fantasma al lado del PNP. El bipartidismo es hoy una misma criatura con dos caras. El miedo los corroe y recurren a medidas vergonzosas para descalificar contrincantes. Retóricos de la empresa privada, viven sin avergonzarse de fondos públicos federales. ¿Serán esos fondos una balsa para el naufragio bipartidista o seguirá su rumbo la caída, con la muerte que anticipa?

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