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El precio de la libertad

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La dictadura de la multinacional. Le podemos llamar de diversos modos. También del capital. Del mundo civilizado. Si Luis Buñuel resucitara y echase un vistazo al mundo en que vivimos hoy, tendría material para miles y miles de películas. No tendría vida suficiente para escribir tantos guiones.

Una zona bombardeada por Israel en el sur de la Franja de Gaza, el martes 7 de noviembre de 2023. Foto: Mohammed Dahman/ AP.

Por: Ana Hurtado Cubadebate

Sin ánimo de ser apocalíptica, el panorama occidental se va a pique. Llevamos más de un mes asistiendo a un genocidio televisado en directo por diversos medios de comunicación y el mundo se proyecta al revés: la agencia de actuación de Susan Sarandon la despide en Estados Unidos por manifestarse a favor del pueblo palestino y a alguna otra actriz más norteamericana le retiran el contrato.

Los países con decencia no se casan de denunciar la pasividad y la doble moral de la comunidad internacional frente a la masacre en la franja de Gaza y en los territorios ocupados de Palestina.  Pero el planeta sigue consumiendo, creyéndose liberado por tener la opción de entrar a un supermercado y optar a siete marcas diferentes de leche y pensando que eso es libertad.

Los nuevos esclavos son las masas de consumidores. Los que no cuestionan porque no se mueven y no pueden escuchar el ruido de las cadenas y los grilletes que les condenan a una vida de producción y consumo a un sistema que los explota hasta su último aliento. Donde la mayoría son de abajo, no de arriba. Donde los de arriba se ríen y los de abajo padecen. Pero a eso le llaman libertad.

Y creen las masas alienadas que los que no son libres son aquellos que eligen sin imposición su destino a pesar de por ello tener que cumplir sanciones y castigos, como es el caso de Cuba. Y el exterminio, como está ocurriendo con Palestina.

Siguen ilusos pensando que sus democracias liberales construidas y teatralizadas son las válidas. Ni siquiera se plantean por qué no tienen participación en ellas. Viven dominados y teledirigidos.

Porque ser libre tiene un precio. Y se paga alto.

Por eso ahora crean matrices de opinión para criminalizar a un pueblo que solo lucha por su identidad, por sus vidas, por su territorio, por recuperar todo lo que le vienen arrebatando.

Decía Rosa Luxemburgo: “Cuando la Revolución baje de nuestras cabezas a nuestros puños”. A veces, en ciertos momentos históricos, y siempre es bueno acudir a ellos, no ha quedado más remedio que hacer uso de esta frase sublime.

En la Revolución Francesa no se pusieron a dialogar con el rey. Le cortaron la cabeza. Luego vino el famoso lema Libertad, Igualdad, Fraternidad.  Que no es más que tratar a las personas de forma justa, haciendo énfasis entre gobernantes y pueblo.

¿Pero tratan los estados modernos así a sus ciudadanos (o súbditos)?

Yo afirmo que no.

¿Es legítimo que la resistencia del Pueblo Palestino se haya alzado contra un régimen sionista que lleva años, décadas oprimiendo y matando a su pueblo?

Yo opino que sí. Porque llega un momento en que las ideas, las fuerzas, la firmeza ante la injusticia, se tienen que materializar.

¿Pretende la humanidad que un pueblo al que torturan y bloquean día tras día (esto no comenzó el 7 de octubre de 2023) se quede quieto y no luche por sobrevivir?

Uno cuando se está ahogando en mitad del mar frente a un oleaje y en mitad de una tormenta, mueve los brazos, los pies, hace lo posible por salir a flote, por respirar, por no hundirse en la mitad del océano. Es el derecho a la vida que nadie puede arrebatarnos. Es el derecho a la defensa legítima que tiene Palestina frente a cada ataque que viene sufriendo desde hace 75 años por parte de sus colonos.

Hace unos días el Estado de Israel asesinó a dos periodistas en el sur del Líbano.

Cada día matan a niños. A mujeres, a civiles.

Jamás nadie que ame la vida puede condenar el derecho de un pueblo a defenderse. Quién no lo entienda es porque no ha visto la muerte de cerca todavía.

Qué bien reflejaba Mahmud Darwish en parte de un poema escrito en árabe tanto sentimiento que desborda:

Nosotros les decimos:

Canten por la tierra que permanece.

Rebélense.

Enseñen nuestra sombría historia a los hijos,

a fin de que nuestra sangre permanezca sobre la bandera de los criminales,

como señal de la catástrofe.

 Nosotros les pedimos:

Protejan a los débiles de las balas,

para que los que vivan sean salvos

y los que nacerán en el futuro.

 Todavía babea la fuente del crimen.

Obstrúyanla.

Y permanezcan vigilantes,

listos para el combate.

Los revolucionarios desde luego que pasaremos a la historia como aquella gente que estuvo del lado y de la mano del Pueblo Palestino; listos y firmes para el combate. Haciendo la suya nuestra causa. No es la causa de un lugar, es la causa del hombre y de la mujer libre.

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