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El relato fantástico de la derrota del déficit

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El presidente de la Nación uso la cadena nacional para exponer como «un triunfo histórico» un resultado positivo en las cuentas públicas que no es tal. Un cuadro surrealista

EN PLAN PINOCHO

En cadena nacional el Presidente celebró el superávit fiscal. Pero no dijo que ese supuesto logro se basó en no pagar diversos compromisos del Estado y en un feroz ajuste aplicado a la sociedad en general, con mayor peso en los sectores más vulnerables. La caída del poder adquisitivo, el consumo y la actividad industrial son la otra cara del festejo de Milei

Raúl Dellatorre

Por Raúl Dellatorre

Un resultado contable cuestionable –el supuesto superavit financiero del trimestre logrado en base a dejar impagos diversos compromisos del Estado– y un todavía más fantasioso «triunfo» logrado contra la inflación, que habría posibilitado «una recomposición de los salarios reales que ya ha empezado», fue la escenografía montada por Javier Milei para anunciar, en tono de epopeya, que «el sacrificio heroico» realizado desde que él llegó al gobierno para ir hacia un destino soñado, «ya ha recorrido más de la mitad del camino». El presidente de la Nación utilizó el horario central nocturno de la televisión para brindar un mensaje de quince minutos por cadena nacional, en el que aseguró que la primera etapa del camino hacia el crecimiento había comenzado. En el que probablemente haya sido el único párrafo del discurso en el que expuso una realidad comprobable, señaló cuáles son los sectores económicos que se están expandiendo por «la corrección de precios relativos» que impuso la política de shock aplicada: «minería, petróleo, gas y campo». El modelo basado en la explotación de materias primas es el objetivo buscado por su política de ajuste violento y brutal transferencia de ingresos.

Javier Milei y sus alfiles del equipo económico. Lejos de la realidad, cerca de una epopeya soñada

Milei aludió, en tono apocalíptico –una vez más– a la herencia recibida, con estadísticas forzadas que manifiestan que recibió «un déficit consolidado de más de 15 puntos» entre el Tesoro Nacional y el Banco Central. Y sostiene que haberlo revertido en tan poco tiempo como el que lleva en el gobierno es «una hazaña de proporciones históricas». Pero cuando exhibe las cuentas, anuncia un «superavit fiscal financiero de 275 mil millones de pesos, equivalente a 0,2 puntos del PBI en el primer trimestre», que corresponde sólo a las cuentas del Tesoro.

Se trata, aunque Milei no lo aclare, de lo que contablemente se conoce como «resultado de caja», es decir «el dinero que entró frente a lo que salió», nada más. No se apuntan, en esa cuenta, los «gastos devengados», es decir lo que «debió pagar» pero pateó para adelante. Entre ellos, por ejemplo, los pagos de compensaciones a generadoras eléctricas, que suman en las cuentas de Cammesa (la administradora del mercado mayorista eléctrico) una deuda por más de 1200 millones de dólares en el primer trimestre, que sumada a la deuda con otras empresas del sector de energía (gas, principalmente), elevan la cifra a 2000 millones de dólares. En pesos, significan más de 1,7 billones que, si se computan como «gasto» del período, supera largamente el saldo positivo financiero expuesto por Milei tan orgullosamente.

Además, de haber hecho referencia al Banco Central, le hubiera resultado difìcil eludir que en tres meses la entidad monetaria aumentó su deuda en divisas en más de 10 mil millones de dólares. La balanza de pagos –las cuentas con el sector externo– no están hoy mejor que en noviembre pasado, y además la economía del país está más dependiente y endeble que entonces frente a su principal acreedor, el Fondo Monetario.

Vale señalar que aquella acumulación de deuda con empresas del área energética se corresponde con la decisión del gobierno de, por un lado, otorgarle un fuerte tarifazo a estos sectores pero, por otro, cambiar luego el cronograma de eliminación de subsidios al consumo energético para evitar una mayor disparada en la inflación en los meses de febrero, marzo y abril. Milei no sólo pretende mostrar el 11 por ciento de inflación en marzo como un resultado exitoso (es su cuarto mes consecutivo de hiperaumentos de precios al consumidor), sino que además debió maniobrar con la suba de tarifas para que no le fuera peor.

Lejos de reconocer el problema, anoche Milei se empecinó en sostener que «la inflación se está desplomando», ya que «la causa de todos los males es el déficit fiscal, y dijimos que con nosotros se acababa, y en consecuencia también se acababa la emisión monetaria y la inflación». Y se ufanó de haberlo enfrentado «avanzando con el programa de shock estabilizador más ambicioso de nuestra historia».

No hizo la más mínima referencia el Presidente de la Nación en su discurso a que dicha política tuvo por resultado, además, el hundimiento de la economía en una recesión que, por la velocidad con la que se concretó, es la más salvaje de nuestra historia. Ni siquiera una catástrofe internacional como la pandemia de 2020 tuvieron el impacto de derrumbe económico que está provocando el ajuste de Milei. Y mucho menos, una distribución tan desigual de los costos, ya que por la magnitud de la inflaciòn a partir de diciembre, fueron los sectores populares los más directamente afectados en la demolición de su capacidad de compra.

En tal sentido, Milei volvió a calificar a la inflación como «un robo», pero no se hizo cargo de que el aumento del 54 por ciento de los precios mayoristas en diciembre fueron la respuesta a la brutal devaluación que dispuso a 48 horas de haber asumido como presidente. Tampoco calificó a esa megadevaluación como un robo, pese a que su impacto directo es la pérdida de valor de los ingresos de los sectores consumidores en la economía local, en favor de los ingresos de los sectores exportadores o con rentas financieras en divisas. Justamente, esa medida fue el inicio y pieza clave del shock supuestamente estabilizador de Milei.

El presidente de la Nación insiste en cargar sobre «los políticos», una categoría de la cual se excluye, la responsabilidad de arrastrar recurrentemente al país a la crisis por «su obsesión en aumentar el gasto». Pero su discurso de anoche expuso otra «obsesión», quizás con mayor impacto en las crisis argentinas desde 1955 para acá. Y es la de los sectores políticos alineados en las posiciones más favorables al capital extranjero –políticas capitalistas ortodoxas o de derecha– que reiteran las promesas de que los sacrificios del presente son solamente transitorios y que desembocarán en un período de expansión y prosperidad. En la historia argentina de los últimos setenta años, el fracaso de esas falsas promesas brinda muchos más ejemplos que los que se le puedan atribuir a las políticas denominadas «populistas».

Sin embargo, Milei insistió en su discurso con el argumento de que «el costo del ajuste sólo lo pagan aquéllos que fueron beneficiados del modelo empobrecedor». Pero no entran en su cálculo de afectados la caída sufrida por la capacidad de compra de los salarios en más de un 20 por ciento entre noviembre de 2023 (previo a su llegada al gobierno) y febrero de este año, o el aumento de ocho puntos porcentuales en la pobreza en pocas semanas, el 30 por ciento de caída de actividad en la industria pyme, el 28 por ciento de baja en las ventas minoristas, los diez mil empleos perdidos en forma directa en la construcción entre diciembre y marzo, o los ocho mil de la industria metalúrgica en el mismo período, por tomar sólo algunas cifras representativas.

Al referirse a los recortes de partidas presupuestarias, el presidente de la Nación volvió a hacer uso ayer de un lenguaje maniqueo (interpretación dualista, «malo o bueno», sin admitir valoraciones intermedias). Apunta que redujo en un 87 por ciento la obra pública, un sector que caracteriza como «vinculado al festival de corrupción». Y promete que «en nuestro modelo, estas obras pasarán a ser financiadas por el sector privado, así tendremos las obras que los argentinos necesitamos». Sin explicar cómo hará para que las mismas empresas que animaban el festival de la corrupción, no sean ahora las que elijan las obras y luego endeuden al Estado a través de la financiación que ellos obtengan. 

No está de más recordar el rotundo fracaso del esquema de «iniciativa privada para la obra pública» en el gobierno de Mauricio Macri, así como el abandono de este mecanismo en varios países europeos (España, Italia y Gran Bretaña, entre ellos) después de varios escándalos de sobreprecios que facilitaba esta transferencia de responsabilidad de las políticas públicas al sector privado.

A Luis Caputo, ministro de economìa, y a Santiago Bausili, titular del Banco Central, Milei los elogió como «patriotas» y mentores del «milagro» económico. Parados a su lado como escuderos del Rey, recibieron un fuerte respaldo justo cuando empiezan a ser blanco de ataques de los propios aliados del Presidente por la falta de resultados. Pero la película que ayer presentó Milei no reconoce fracasos, y mucho menos de sus fieles laderos.

Celebra un ajuste feroz que impacta sobre el pueblo

El Gobierno baila en el Titanic

Se cortaron partidas destinadas a jubilados, docentes, estudiantes, empleados públicos, personas con enfermedades graves de salud, científicos y obreros.

Javier Lewkowicz

Por Javier Lewkowicz

23 de abril de 2024 – 00:01

El ministro de Economía, Luis Caputo, quiere que se sostenga el entusiasmo en el sector financiero. (Fuente: NA)
El ministro de Economía, Luis Caputo, quiere que se sostenga el entusiasmo en el sector financiero.. Imagen: NA

Por detrás del resultado fiscal superavitariodel primer trimestre que el Gobierno celebra hay un ajuste de enorme proporciones que afecta a la sociedad argentina en general y en particular a jubilados, docentes, estudiantes, empleados públicos, personas que sufren enfermedades graves de salud, científicos y obreros.

El dato que festejan Javier Milei y Luis Caputo no se debe al impacto positivo de una expansión económica ni tampoco a un ajuste inteligente de los gastos. Básicamente, el Gobierno permitió que se licúen o directamente dejó de pagar una buena porción de sus obligaciones, algunas de ellas de enorme impacto social.

Motosierra y licuadora

El último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) explica que a pesar de la caída de los ingresos del Tesoro en el primer trimestre en relación al mismo período del año pasado en términos reales, la merma de los gastos permitió que las cuentas dieran en positivo. Si no se toma en cuenta el pago de intereses de la deuda –que es lo único que creció–, la caída en términos reales del gasto primario del Estado es del 35,7 por ciento.

Así, al finalizar el primer trimestre de 2024, la Administración Nacional obtuvo un resultado financiero positivo de 0,7 billones de pesos, en contraste con un déficit de 1,4 billones de pesos obtenido en igual período de 2023. Se trata del cuarto mayor valor de la serie que comienza en 2010.

La clave para explicar ese resultado es que el Gobierno está aplicando un ajuste feroz sobre la población. La mayor parte se explica por la caída real de las transferencias a jubilados y pensionados, la baja de los subsidios a las tarifas y el derrumbe casi a cero de la obra pública. A continuación, algunas de las grandes partidas afectadas:

*Jubilaciones: la inflación le ganó por goleada a la fórmula de movilidad, con una merma de poder adquisitivo del 42 por ciento en el primer trimestre. Los bonos compensaron sólo en una parte menor esta retracción, con lo cual la caída fue del 31,4 por ciento.

*Obra pública: el informe de la OPC destaca que los gastos de capital reflejaron una retracción del 83,3 por ciento en términos reales, a partir del masivo recorte de transferencias de capital para las empresas públicas, a provincias y municipios y también en la inversión real directa.

*Subsidios: a pesar del fuerte tarifazo, que redujo la necesidad de subsidios, todavía persisten fuertes deudas del Estado con Cammesa, Enarsa y las empresas del Plan Gas.

*Salarios: la partida de gasto corriente en personal del Estado muestra una caída del 16,8 por ciento interanual.

*Programas sociales: ajuste en las partidas para el Potenciar Trabajo (-50 por ciento real), Becas Progresar (-45,7 por ciento), programa Acompañar (-80 por ciento), Políticas Alimentarias (-81 por ciento).

Más en detalle, de acuerdo al CEPA, «se detectaron fuertes ajustes en la Superintendencia de Servicios de Salud, ANMAT, hospitales nacionales e incluso en el Instituto Nacional del Cáncer y la Agencia Nacional de Discapacidad. En materia de salud existen programas críticos que están virtualmente paralizados por falta de fondos. Son los casos de ‘Acceso a Medicamentos, Insumos y Tecnología Médica, Respuesta al VIH’, ‘Infecciones de Transmisión Sexual, Hepatitis Virales, Tuberculosis y Lepra’ y ‘Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles e Inmunoprevenibles».

Sobresale la parálisis de los proyectos viales en todo el país y el ajuste en el equipamiento en el sector educativo en el marco del Conectar Igualdad, en el Fondo Nacional de Incentivo Docente y en partidas de Gestión Educativa. En materia científica, se dieron fuertes caídas en la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología y otros organismos del sector como la CONAE, CONICET y CONEAU.

Se destacan los recortes de partidas para el funcionamiento de la Anses, el INAES y la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, así como también en la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, el SENASA, INTA e INTI.

En cambio, detalla el CEPA, se verificó un gran peso de los servicios de deuda pública dentro de la estructura de gastos, de tal forma que dicha función representó el 18,5 por ciento del total de gastos. De hecho, los Servicios de Deuda Pública es la única función presupuestaria que crece en términos reales respecto al mismo período de 2023.

Crisis

El combo de motosierra y licuación fue suficiente para absorber la caída de los ingresos fiscales como motivo de la crisis económica. La recaudación tributaria cayó en términos reales un 9,6 por ciento en el primer trimestre.

Hacia el interior de los ingresos fiscales, se observa un derrumbe de los tributos asociados al mercado interno. La recaudación del impuesto a las Ganancias cayó 38,8 por ciento interanual, mientras que el IVA se redujo un 1 por ciento; Débitos y Créditos, un 10,8 por ciento y Seguridad Social, 23,3 por ciento. En cambio, el Impuesto PAIS creció un 304,1 por ciento en base a la devaluación y a la ampliación de la base imponible que aplicó esta gestión, junto al avance del 109,9 por ciento en los derechos de exportación.

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