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Elecciones presidenciales en Estados Unidos: Mitos y realidades de los pronósticos

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Las elecciones presidenciales en Estados Unidos suscitan interés en todo el mundo por el impacto que sus resultados pueden tener a diversos niveles. Si bien están programadas para ocurrir un día cada cuatro años, en la práctica se trata de procesos que inician con meses o años de antelación, por lo que generan un volumen considerable de contenido encaminado a anticipar el ganador.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos suscitan interés en todo el mundo por el impacto que sus resultados pueden tener a diversos niveles. Si bien están programadas para ocurrir un día cada cuatro años, en la práctica se trata de procesos que inician con meses o años de antelación, por lo que generan un volumen considerable de contenido encaminado a anticipar el ganador.

Hay investigadores que plantean que en términos reales la clase política estadounidense está en un proceso electoral constante, si se tienen en cuenta las llamadas elecciones de medio término y que frecuentemente en varios estados se acude a las urnas para elegir candidatos a cargos que quedan vacantes por diversas razones.

Tanto para quienes siguen el ciclo electoral por un interés informativo esporádico como para quienes lo hacen por motivos profesionales, resulta difícil diferenciar la información útil de toda aquella que distorsiona los hechos con un enfoque sensacionalista, o simplemente con propósitos de venta.

Sin embargo, es necesario discriminar qué datos realmente tributan al análisis. En Cuba, con la experiencia acumulada durante varias décadas de observación de este proceso, es posible proponer una metodología a partir de aquellas variables que, a nuestro juicio, permiten una aproximación a un posible resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Para ello se tienen en cuenta tanto los aciertos, como los desaciertos que han ocurrido en ejercicios anteriores.

Se debe tener en cuenta que se trata de un proceso con un alto componente de incertidumbre, que puede ser definido en muy pocos estados de la Unión y por muy escasos votos, en el que eventos inesperados (en el caso que nos ocupa la salud de ambos candidatos) e, incluso, locales, pueden tener un impacto en el resultado final. No obstante, la información que se sugiere priorizar puede aportar datos de mayor calidad a las valoraciones.

No es posible aseverar en este momento, con argumentos sólidos, quién ganará las elecciones de noviembre del 2024 en Estados Unidos. No obstante, esta metodología permitirá esclarecer qué candidato tiene mayores opciones de victoria, a partir de la información disponible en el momento del análisis. También señala aquellos datos que habrá que priorizar en su seguimiento a lo largo del camino que queda por recorrer.

Un ejercicio de esta naturaleza es complejo y perfectible, pero también necesario. La presente propuesta no desconoce que existen otros métodos para aproximarse a las elecciones presidenciales en Estados Unidos, ni considera irrelevantes aspectos que fueron omitidos en el artículo. No obstante, su utilidad práctica fue verificada en el desempeño profesional de los autores, quienes aspiramos a que su publicación aporte al debate dentro y fuera de Cuba sobre un tema que afecta a todos.

Este ejercicio no sustituye para nada la tarea mayor que significa imaginar escenarios que se puedan construir, a partir de la elección de uno u otro candidato, y que lleven a cada cancillería en el mundo a replantearse sus principales prioridades respecto a Estados Unidos en uno u otro caso.

En primer lugar, es importante recordar que las elecciones presidenciales en Estados Unidos tienen lugar en todo el país el mismo día, pero no pueden analizarse como un proceso nacional, ya que el criterio para la victoria no es el voto de todos los ciudadanos estadounidenses (voto popular). Los estados tienen asignadas cantidades distintas de votos electorales, dentro de un llamado Colegio Electoral, los cuales suman 538 a nivel nacional y son los que realmente definen el ganador. El primer candidato en obtener 270 de esos votos, tras algunos pasos usualmente protocolares, es juramentado en enero como nuevo presidente de Estados Unidos.

Por tanto, no es necesario dar seguimiento a lo que ocurre en cada estado de la Unión, sino enfocarse en aquellos que deben resultar más reñidos, que en la fraseología del tema llaman estados pendulares, porque oscilan en su preferencia local respecto a uno u otro partido federal por estrecho margen.

La mayoría de los estados tiene un patrón de votación histórica, que los define a favor del candidato demócrata o republicano con mucho tiempo de antelación. En el primer grupo se encuentran 19 estados y el Distrito de Columbia, los cuales suman 226 votos electorales virtualmente asegurados para los demócratas. En el otro extremo aparecen 26 estados que, de conjunto, aportarían 235 puntos al colegio electoral en favor de los republicanos[1].

El listado de estos pendulares puede variar en función del experto que se consulte, pero existe un relativo consenso en torno a que deben incluirse entre los estados a brindarle mayor seguimiento a  Arizona (11 votos electorales, ganada por 10 457 votos en 2020), Georgia (16 votos electorales, ganada por 11 779 votos), Wisconsin (10 votos electorales, diferencia de 20 682 votos[2]), Pennsylvania (19), Nevada (6) y Michigan (15). La mayor parte de la información de interés sería entonces aquella generada desde y sobre estos estados.

Si se apuesta por un criterio más extensivo, que ofrezca mayor seguridad al pronóstico, pueden incorporarse otros estados como: Carolina del Norte (16), New Hampshire (4) y Florida (30).

Una vez identificados los estados donde es posible que se defina la elección, debe procederse a realizar una caracterización de estos. Los indicadores a registrar deben incluir:

  1. Cantidad de votos electorales: Indica el impacto del estado en el colegio electoral. La cifra puede variar cada diez años, como resultado del Censo nacional que se realiza con esa periodicidad. Todos los estados, con la excepción de Maine y Nebraska, otorgan todos sus votos electorales al ganador del voto popular en el estado.
  2. Características demográficas: Debe incluir distribución racial, etaria, de género, por lugar de origen, por tipo de comunidad –rural, urbana o suburbana-, por nivel de escolaridad e ingresos. Este ha sido un tema que en estados de consistente tradición republicana como Colorado o Arizona, ha cambiado los resultados a favor de los demócratas.
  3. Historial en elecciones: Incluye ganadores en elecciones presidenciales o por otros cargos relevantes. Permite identificar tendencias o cambios recientes a favor de un partido.
  4. Afiliados a partidos políticos: Aunque no es obligatoria una correspondencia entre el partido político al que pertenezca una persona y el partido del candidato a quien apoye, es un indicador de con qué partido se identifican más los ciudadanos de un estado. También es posible votar sin pertenecer a un partido, como independiente, por lo que mantener una afiliación activa es un acto intencionado que refleja la afinidad del individuo con la agenda de ese partido. Cada vez más hay estados donde la balanza se inclina por la definición de los llamados independientes.
  5. Condados relevantes: Se trata de condados donde puede definirse el ganador del estado.
  6. Apoyos y patrocinios: El apoyo público de figuras importantes del estado a uno de los principales candidatos puede influir en la opinión de los votantes, en función de la relevancia de estas personas y su involucramiento en la campaña. Principales organizaciones e individuos que apoyan a unos y otros y su nivel de financiamiento
  7. Otras particularidades del estado: De existir, deben incluirse temas que puedan influir de forma distintiva en los resultados de la elección en el estado.
  8. Temas a votación: Cada estado decide localmente temas que se incluirán en la boleta el día de los comicios, los cuales pueden movilizar a muchos votantes, mucho más allá de las plataformas de los candidatos.
  9. Límites legales: Cada legislatura estadual aprueba legislación que facilita o limita el derecho al voto a ciertos tipos de individuos, o dificulta el ejercicio a partir de horarios, lugares de votación, documentación a presentar y otros.
  10. Percepción sobre el estado de la economía a nivel global y local.
  11. Datos de interés de las primarias: Registrar particularidades que puedan incidir en las elecciones, como los índices de participación en comparación con otros años o si hubo demoras en obtener los resultados.

El pronóstico electoral se ha convertido en otro producto que se vende a muy buen precio en el mercado político estadounidense, por lo que existe una diversidad de encuestas[3], metodologías y servicios encuestadores y en torno a sus resultados se genera un sinnúmero de contenidos, especialmente en los meses previos a las elecciones. Algunos de estos productos no se utilizan ni siquiera para confirmar intenciones de votos, sino para movilizar recursos financieros, en aquellos destinos que se consideran “en peligro”. Entonces habrá que discriminar las fuentes según el caso.

  1. Tipos de encuestas: Se privilegiarán aquellas sobre el estado, las realizadas en el estado (encuestadoras locales) y las encuestas de boleta genérica. No se tomarán en cuenta las encuestas nacionales pues, como ya se mencionó, las elecciones presidenciales no son un proceso nacional, sino que se dirimen al interior de cada estado. Plataformas como RealClear, 538 y el Centro de Elecciones de Decision Desk y The Hill permiten acceder a información organizada a través de filtros, con atención al grado de sesgo de las encuestas.
  2. Tipos de muestras: Se preferirán aquellas realizadas a votantes probables (likely voters) y, en menor medida, votantes registrados. Estos tienen más posibilidades de participar en las elecciones que aquellos que no hacen efectivo su voto, o quienes no cumplen los requisitos para efectuarlo al momento de la elección. Por ejemplo, una encuesta sobre el apoyo a un candidato presidencial, cuya muestra sean inmigrantes recién llegados (no son ciudadanos, ni están registrados), no es relevante en un contexto de elecciones porque estas personas no están aptas para votar.
  3. Promedio y evolución de encuestas: De forma aislada, los resultados de las encuestas son más limitados que si se consideran de conjunto y se tienen en cuenta las tendencias en el tiempo.
  4. Clasificación de encuestas: Este es un apartado subjetivo pero que contribuye a entender la utilidad de una encuesta y las lecturas que de ella puedan derivarse[4].
  5. Margen de error: Deben observarse con cuidado aquellas encuestas en las que la diferencia entre los candidatos sea inferior al margen de error de la encuesta.

Los incisos (a) y (b) tributan fundamentalmente a trabajos de análisis que hagan referencia a encuestas particulares ya que, de utilizarse otras, pueden distorsionar las conclusiones a las que se arribe. Los indicadores de (c) y (d) dan una visión más general porque permiten apreciar tendencias que pasarían inadvertidas si nos limitamos a evaluar encuestas aisladas.

En el caso del punto e) debe recordarse que uno de los factores que llevó a mayor imprecisión en los ejercicios del 2016 se debió a que muchos encuestados rechazaban responder las preguntas del encuestador y no eran contabilizados, o que simplemente mintieron por temor a la presión popular.

No existen opiniones ni fuentes infalibles sobre procesos tan complejos como el que nos ocupa, pero sí hay expertos que estudian con profundidad, constancia y seriedad las elecciones en Estados Unidos. Por este motivo, sus análisis son valiosos y contribuyen a cualificar un trabajo inicial que pueda ser sólo estadístico.

La frecuencia con la que un candidato visite un estado y participe en eventos de campaña indica la importancia que le confiere a ese estado para la victoria. Por ejemplo, el hecho de que la campaña demócrata esperara a la segunda mitad de 2020 para visitar Florida, apuntaba a la escasa relevancia que le confería el equipo de Biden al estado dentro de su estrategia de victoria y los resultados confirmaron el error.

Debe registrarse en cada estado si se implementará el voto por correo, o el llamado voto temprano, si se facilitará, si será masivo o con condiciones, la fecha en que deben recibirse las boletas y si es realmente viable. El grado en que esta práctica se desarrolle puede favorecer a un candidato particular –en el contexto actual, al demócrata- e impactar en la velocidad del conteo de votos el día de la elección. El manejo público temprano, o la filtración de algunos datos, podría influir en los resultados de aquellos que votan últimos, por las diferencias de husos horarios.

Por otro lado, los montos que recaude cada campaña, cómo los distribuye y de cuánto disponga en las semanas próximas a la elección, pueden resultar cruciales en un proceso que está marcado, en su esencia, por el uso de las finanzas, más que por sus cantidades totales.

  1. Recaudaciones y dinero en mano de las campañas: Se refiere a las cifras recaudadas en favor de cada candidato a nivel nacional.
  2. Contribuciones individuales en el estado: Denota el apoyo a los candidatos, ya que implica un involucramiento activo.
  3. Fondos para anuncios: Fondos que las campañas y los PACs[5] destinan a anuncios de televisión, digitales o de radio. Contribuyen a entender la importancia que otorgan al estado para la obtener la victoria y abordan temas que consideran relevantes para los votantes del estado.

En cada ciclo electoral se registran aquellos que pueden considerarse como “otros temas”. Los indicadores de esta variable serán distintos en función del ciclo electoral al que se le dé seguimiento, ya que responden al contexto particular en que cada uno tiene lugar. Por ejemplo, en las elecciones de 2020 debía contemplarse el impacto de la pandemia por COVID-19; sin embargo, no es un medidor para los presentes comicios. Para el presente ejercicio podría considerase a manera de ejemplo.

  • Estado de salud de los candidatos: En las presentes elecciones se perfilan como los posibles candidatos de los partidos demócrata y republicano al actual mandatario Joe Biden y el expresidente Donald Trump, de 81 y 77 años respectivamente. Ambos han sido señalados por muestras públicas de posible deterioro cognitivo y dudas sobre las posibilidades reales de que puedan concluir un segundo mandato. Por el momento, las percepciones sobre el estado de salud están resultando más negativas en el caso de Biden, quien tiene más edad y tiene mayor exposición pública en su condición de presidente.
  • Candidato a la vicepresidencia: Este indicador se vincula directamente con el anterior en la presente elección, por la posibilidad de que se trate de dos candidatos longevos y el riesgo de que su opción a la vicepresidencia deba asumir el control del Ejecutivo en un momento dado. En otro sentido, también es posible que esta persona complemente el apoyo de importantes sectores del electorado, o compense temas que constituyen debilidades del candidato a la presidencia.
  • Principales temas de interés: De modo general, es posible listar un grupo de asuntos que resultan relevantes para importantes sectores del electorado. En el caso de las elecciones de 2024, podrían citarse como ejemplos: la percepción sobre el estado de la economía (casi permanente), la migración, los cargos legales presentados contra Trump, el resultado probable de alguno de los juicios y el involucramiento de Estados Unidos en conflictos bélicos.

Hay otros dos sucesos que tienen un registro local, que puede ser definitivo en los llamados pendulares. Uno de ellos es la actuación en los llamados debates electorales que se produzcan y el otro es el impacto que tengan las convenciones nacionales de ambos partidos para definir las plataformas que, nominalmente, contiene las prioridades que defenderá cada equipo en caso de resultar electo.

Aunque parezca inverosímil, está demostrado que en los auditorios estadounidenses tiene más impacto la imagen que proyecta cada candidato en el debate, que las ideas que expone. En esa imagen se incluye desde la calidad del traje que viste ese día, hasta el lenguaje corporal y la cantidad de veces que sonríe.

Así, la información encontrada en cada caso debe ser procesada para lograr conclusiones. Estas últimas nos deben permitir asignar un posible ganador en los estados clave y, junto al resto de los estados virtualmente “asegurados”, obtendremos mapas electorales tentativos. Dicho proceso requerirá ajustes permanentes en la medida en que se aproximen las elecciones y, aunque no todos los estados queden asignados, es suficiente con que un candidato logre 270 votos electorales.

Una vez concluidas las elecciones, se debe revisar la metodología para comprobar a qué datos se le debió conferir mayor importancia. Ajustes de este tipo nos permitirán aprender de los errores y lograr mejores pronósticos en nuevos ciclos electorales.


[1] Al respecto, proponemos consultar el artículo “Elecciones presidenciales 2024: la lucha en los Estados clave”, del investigador Carlos Ciaño Zanetti, disponible en: https://www.cipi.cu/elecciones-presidenciales-2024-la-lucha-en-los-estados-clave/

[2] Arizona, Georgia y Wisconsin tuvieron los márgenes más estrechos de victoria durante las elecciones del 2020.

[3] Por ejemplo, están las encuestas nacionales, las encuestas de boletas genéricas –preguntan a qué partido apoyarían independientemente del candidato-, de aprobación de gestión y entre candidatos por estado.

[4] Al respecto recomendamos el artículo “What are the best pollsters in America?”, disponible en: https://abcnews.go.com/538/best-pollsters-america/story?id=105563951

[5] Comités de Acción Política: grupos que recaudan y destinan fondos para campañas electorales.

(Tomado del Centro de Investigaciones de Política Internacional)

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