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España: el drama de la vivienda, una de las grandes sombras del Gobierno vasco de PNV y PSE

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La turistificación, el elevado precio de los alquileres y la llegada de fondos buitre generan un problema de graves consecuencias en el País Vasco, donde distintas organizaciones reclaman que se aborde este asunto de forma seria

Vivienda en Euskadi

DANILO ALBIN@DANIALRI

Si usted vive en el País Vasco, su sueldo es de 1.600 euros y el alquiler se lleva 1.000, posiblemente su nivel de indignación habrá subido de forma notoria desde la primera hasta la última palabra que acaba de leer. Pero puede que eso no sea todo. Tal vez eso suceda mientras su barrio, el de toda la vida, se ha convertido en un parque temático para turistas con dinero. 

«Antes ahí había una panadería. Ahora hay una tienda que vende patitos de goma», afirma Jon Basterra, militante de Saretxe, el sindicato de vivienda que funciona en el barrio donostiarra de Gros. Ahí donde ya no venden panes sino recuerdos para turistas resulta difícil, incluso hasta heroico, alquilar una vivienda.

El «encanto» elitista de Gros es sinónimo de expulsión para quienes ya no pueden pagar un piso ni tampoco tienen fondos suficientes para  vivir en un barrio pensado, ideado y entregado a aquellos que tienen dinero suficiente. La lógica es la del mercado y se resume en una frase: vivirás aquí dependiendo de tu cuenta bancaria.

Luego están los turistas. Son muchos, llegan ya durante todo el año y tienen hoteles y pisos de particulares esperándoles con los brazos abiertos. Basterra identifica en este caso a los fondos buitre que lucran con la vivienda, pero también a ese fenómeno conocido como «clase rentista» que alquila casas o habitaciones a visitantes.

El sindicato de vivienda de Gros acaba de comprobarlo mediante un trabajo de campo que ha tenido resultados demoledores. «Hemos  buscado las viviendas más baratas que se alquilaban en el barrio, y eran propiedad de particulares», relata.

Los resultados fueron contundentes. «La vivienda más barata estaba a 1.000 euros y disponía de una sola habitación. La segunda más barata 1.100 euros, también una habitación, y luego otra por 1.100 euros con dos habitaciones… pero en 35 metros cuadrados», relató.

La cosa no mejora en el casco viejo de Gasteiz, donde funciona el sindicato de vivienda Auzoan Bizi (Vivir en el barrio). Cosa difícil, por cierto. «Están dejando derruir edificios enteros para especular con el suelo», afirma Maider Fernández de Agirre, militante de esta organización.

La realidad de la capital de la Comunidad Autónoma Vasca es sumamente descriptiva. «La totalidad de los edificios en estado precario son adquiridos, renovados y comercializados a precios muy elevados por inmobiliarias y constructoras», apunta Fernández de Agirre.

El circuito no acaba ahí. «Estas nuevas viviendas son adquiridas por personas con ingresos económicos elevados y llevan a la periferia a los vecinos de renta baja», subraya la integrante de Auzoan Bizi.

En el ayuntamiento de Gasteiz gobierna el PSE con el apoyo del PNV. En el de Donostia, el PNV con el apoyo del PSE. Más arriba, en el Gobierno Vasco, ambos partidos llevan juntos las riendas del país. También en materia de vivienda, un área que en el reparto de responsabilidades cayó en manos del PSE. El consejero de vivienda es Iñaki Arriola, quien ya ha anunciado que se jubilará después de las elecciones de este domingo. 

«En Gros hay 500 viviendas vacías; en Donostia hay 5.000. Lo que no es tolerable que la primera solución que plantean los neoliberales y la socialdemocracia sea la creación de nuevas viviendas por encima de la limitación a los propietarios de especular con ellas», critica Basterra.En Euskadi se destina alrededor del 60% del sueldo para acceder a una vivienda

«Aquí hay un problema estructural. La vivienda como tal es otro bien con el que se intenta obtener beneficio», afirma por su parte Lorenzo Nagar, militante del Sindicato de Vivienda del Casco Viejo de Bilbao (AZET, por sus siglas en euskera).

En la Comunidad Autónoma Vasca se destina alrededor del 60% del sueldo medio para acceder a una vivienda, lo que para muchas familias implica hacer malabares con la economía doméstica. «Entre los jóvenes el sueldo medio no llega ni siquiera a cubrir el importe para garantizarse una vivienda», afirma Nagar.

Pobreza y hacinamiento

En un informe titulado «Aquí no hay quien viva», Unicef señalaba en 2023 que un 4% de los hogares en Euskadi «presenta problemas de salubridad en la vivienda y un 1,2% están ubicados en entornos degradados«. «No contar con ventilación o agua potable, vivir en zonas con menos servicios o contaminación incide en el crecimiento, higiene y desarrollo de la infancia» señalaba el documento.

Asimismo, un 5,8% de hogares con niños, niñas y adolescentes en el País Vasco presenta situaciones de «hacinamiento/sobreocupación, un dato por encima de la media española (4,8%)».

«Este dato se refiere a hogares donde a cada miembro individual dispone de menos de 15 metros cuadrados por persona, algo que incide sobre el bienestar y la calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes afectando a su privacidad, espacio personal, rendimiento escolar y salud mental», explica el informe de Unicef.

Además, «un 7,7% de los hogares en Euskadi «cree que tiene que rehabilitar su vivienda y, de este porcentaje, un 63,2% considera
que la necesidad es elevada
«. La mitad de estos hogares, apuntaba Unicef, «están en riesgo de pobreza».

«Las obligan a pagar el doble»

En el Casco Viejo de Gasteiz saben de qué trata todo esto. «Según varias
fuentes, se trata de una de las ciudades del estado Español con más dificultades para el acceso a la vivienda. Para nuestras compañeras migradas en situación administrativa irregular es prácticamente imposible», señala la integrante de Auzoan Bizi.

En muchas ocasiones, relata Fernández de Agirre, la única opción para esas familias no es otra que «vivir en una habitación, sin contrato ni padrón, obligándolas así a pagar el doble para poder conseguir un contrato y un padrón en un lugar en el que no residen, para poder acceder así a los derechos básicos». 

En Bilbao, Lorenzo Nagar mira hacia su alrededor y se pregunta cómo acabará esto. «Los barrios del centro están sufriendo un proceso de turistificación muy fuerte. Cada vez más viviendas turísticas y hoteles y menos casas para las vecinas y vecinos. Nos echan de nuestros barrios y así también de nuestras vidas», apuntó.

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