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Israel cruza todas las líneas rojas en su escalada de venganza y pone en jaque la paz en Oriente Medio

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El ataque a la ONG World Central Kitchen en Gaza y el bombardeo de la Embajada iraní en Siria apuntan a Israel como la mayor amenaza para la paz en Oriente Medio

El vehículo de la ONG World Central Kitchen destrozado tras el ataque de Israel.

JUAN ANTONIO SANZ

Israel ha perdido ya toda contención en su carrera de destrucción y desprecio del derecho humanitario y la seguridad internacionales. A la reciente masacre del hospital Al Shifa, en el norte de Gaza, añade ahora el asesinato de siete trabajadores humanitarios en la Franja, cuatro de ellos extranjeros, y el mortífero ataque contra el consulado iraníen Damasco, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para la frágil estabilidad de Oriente Medio.

Todo ello enmarcado en el aniquilamiento de casi 33.000 personas, la mayor parte mujeres y niños, en seis meses de venganza contra los palestinos de Gaza por la acción terrorista cometida por las milicias de Hamás el pasado 7 de octubre en territorio israelí, que dejó 1.200 muertos.

En este medio año han perecido por el fuego israelí casi 200 empleados palestinos de ONG y de la propia ONU, además de un centenar de periodistas también palestinos que cubrían la guerra. Sin embargo, el asesinato de los siete trabajadores de la ONG World Central Kitchen (WCK) marca un hito en la vesania de Israel y lanza un claro mensaje. El Gobierno de Benjamin Netanyahu no quiere en Gaza testigos de los crímenes de guerra israelíes y apuesta por una escalada en la tensión en Oriente Medio para que Estados Unidos intervenga, le deje erradicar cualquier esperanza de crear un Estado palestino e imponga una «pax judía» en la región.

El ataque a WCK fue en una zona donde habían terminado los combates

En un comunicado, la ONG WCK, fundada por el chef estadounidense de origen español José Andrés, indicó que su equipo se estaba desplazando a bordo de dos vehículos blindados por una zona de Gaza donde no había ninguna operación militar en curso. Llevaban todos los distintivos, como el logo de la organización, para ser identificados como un vehículo civil con ayuda humanitaria, y WCK había informado de sus movimientos a las autoridades israelíes.

Pese a todo, un dron israelí disparó hasta tres veces contra el convoy y acertó a uno de los vehículos. En el ataque murieron siete personas, tres de ellos palestinos y los otros cuatro nacionales de Australia, Gran Bretaña, Polonia y un cuarto con doble nacionalidad de Canadá y Estados Unidos. La Media Luna Roja pudo recuperar los cuerpos de los cooperantes palestinos muertos y de sus cuatro compañeros, los primeros extranjeros asesinados en Gaza desde que comenzó la guerra.

El propio Netanyahu reconoció que el ejército israelí había realizado «un ataque no intencionado» contra una ONG, sin citar el nombre, y que se estaba investigando el incidente.

Sin embargo, el peso de la realidad apunta a que este ataque no es un incidente aislado, como subrayó el coordinador humanitario de la ONU para los territorios palestinos, Jamie McGoldrick. «Con fecha 20 de marzo, al menos al menos 196 trabajadores humanitarios habían muerto en los territorios palestinos ocupados desde octubre de 2023», destacó McGoldrick.

El ataque tuvo también como consecuencia que la flotilla con 400 toneladas de ayuda humanitaria que zarpó el sábado del puerto chipriota de Larnaca con destino a Gaza diera la vuelta con solo una cuarta parte de su cargamento desembarcado. Esta flotilla era la segunda que trataba de utilizar el corredor humanitario inaugurado en marzo por el barco español Open Arms. El transporte de alimentos por este corredor marítimo, organizado por la WCK con el apoyo de Chipre, la Unión Europea y la Autoridad Nacional Palestina, tenía el beneplácito israelí.

La asistencia de WCK alimenta a la ciudad sitiada de Rafah

Uno de los lugares donde opera WCK es Rafah, en la frontera con Egipto. En esta ciudad del sur de Gaza se hacinan un millón y medio de personas, la mayor parte desplazados de otras zonas de la Franja por la invasión israelí. 

Rafah puede ser en cualquier momento otro de esos escenarios de genocidio para erradicar a la población palestina denunciados por la ONU. Esa ciudad del sur de Gaza está en el punto de mira de Netanyahu, que ya ha prometido que sus tropas entrarán a sangre y fuego para eliminar a las brigadas de Hamás que, según el ejército israelí, allí se han parapetado. 

Aunque Estados Unidos, el principal aliado de Israel, ha pedido a Netanyahu que presente un plan para evacuar a la población de Rafah antes de atacar esta ciudad y causar una nueva matanza de civiles palestinos, al tiempo ha despachado multimillonarios envíos de misiles y cazas de combate que el ejército israelí tiene previsto utilizar en esta última etapa de su ofensiva sobre Gaza. 

La Casa Blanca ya ha dejado claro que, pese a las atrocidades cometidas por Israel en Gaza, está fuera de todo debate la limitación de la ayuda militar a Tel Aviv. Netanyahu se ve así con carta blanca para volatilizar del mapa la Gaza palestina y convertirla en un extremo del gran Israel reclamado por sus socios de Gobierno ultranacionalistas.

ONG y hospitales, los terribles enemigos del ejército israelí en Gaza

El ataque al convoy de WCK se produjo cuando apenas se había apagado el eco del asedio y asalto israelí al hospital de Al Shifa, en el norte de Gaza. Este lunes, finalmente, las tropas que habían tomado el hospital se retiraron, dejando más de 400 civiles asesinados. 

El ejército de Israel indicó que había acabado con 200 milicianos de Hamás en los combates sostenidos en el centro médico y sus inmediaciones. No refirió, en cambio, qué había pasado con los 3.000 refugiados gazatíes que se encontraban en el centro médico cuando comenzó el asalto. 

Según el jefe de la Oficina de Medios de la Franja de Gaza, Ismail al Thawabta, la destrucción de Al Shifa, el mayor hospital de Gaza y ahora convertido en un montón de ruinas, ha sido un «crimen contra la humanidad». Las tropas de Israel «arrasaron los patios, enterraron decenas de cuerpos de mártires entre los escombros y convirtieron el lugar en un cementerio», indicó.

Primero los palestinos. Después los iraníes.

Las acciones de Israel para minar la seguridad de Oriente Medio no se han limitado en los últimos días a los territorios palestinos. El bombardeo israelí este lunes de la zona consular de la Embajada iraní en Damasco ha disparado la tensión, no solo entre Teherán y Tel Aviv, sino también con Washington, al que el régimen de los ayatolás acusa de ser el último responsable del ataque. 

Las instalaciones diplomáticas, incluida la residencia del embajador, fueron destruidas por las bombas israelíes, que acabaron con la vida de seis sirios y siete iraníes. Los iraníes muertos eran miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica, una rama del ejército de Irán encargada de la defensa a ultranza del régimen de Teherán, con una notable actividad en Siria, el Líbano e Irak, y contra cuyos mandos han atentado en el pasado tanto Israel como Estados Unidos. 

Entre los asesinados estaba el comandante de la Fuerza Quds iraní en Siria y el Líbano, Mohammad Reza Zahedi. La división Quds de la Guardia Revolucionaria tiene a cargo misiones de inteligencia, guerra híbrida y operaciones especiales en el extranjero y responde directamente ante el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenéi

Zahedi había comandado las fuerzas terrestres y aéreas de la Guardia Revolucionaria Islámica y es el objetivo iraní de más alto rango asesinado por Israel o Estados Unidos desde que en 2020 un misil estadounidense acabara con la vida del general Qassem Soleimani en Bagdad. 

La crisis que esos días vivió Oriente Medio llevó al borde de una confrontación directa a Irán y sus enemigos israelíes y estadounidenses. Entonces no había, sin embargo, la actual tensión derivada del genocidio en Gaza, que ha puesto frente a frente de nuevo a Israel y a Irán, aliado de Hamás. 

Desde que comenzó la invasión israelí de ese territorio palestino, el ejército de Tel Aviv ha golpeado numerosos objetivos en Siria, algunos de ellos iraníes. Éste es, sin embargo, el ataque más importante que sufre Irán en territorio de sus aliados sirios, a los que, por cierto, también defiende Rusia desde la década pasada. 

Aunque Irán no ha respondido directamente a las agresiones israelíes, sus aliados del llamado Eje de Resistencia, compuesto por milicias islamistas iraquíes, libanesas, iraníes, yemeníes y de otros países de Oriente Medio, sí han atacado intereses e instalaciones militares estadounidenses en la región.

La trampa de Netanyahu a Irán

Tras el ataque al complejo diplomático, el propio Jamenéi prometió un castigo ejemplar contra el «régimen sionista». El mayor grupo islamista proiraní en el Líbano y miembro principal de ese Eje de Resistencia, Hezbolá, aseguró que habrá «castigo y venganza» contra quienes ordenaron el bombardeo. 

Con esta agresión, Israel ha puesto a Oriente Medio al borde de la confrontación regional, quizá con esa intención de obtener una respuesta militar iraní e involucrar así directamente a Estados Unidos. Las presiones sobre Netanyahu han puesto en el filo de la navaja su Gobierno y su propio futuro, pues podría ser incluso procesado, con demandas de su dimisión en las calles israelíes al tiempo que aumenta su aislamiento internacional. 

Esta provocación a Irán podría esconder una huida hacia delante de Netanyahu destinada, en último extremo, a sostenerle en el poder aún a costa de una nueva guerra de consecuencias impredecibles. En estos momentos Teherán podría estar planteándose una respuesta contundente para no perder de nuevo su credibilidad en Oriente Medio.

Si cae en la provocación de Netanyahu, Irán dará la razón al ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, quien, al conocerse el ataque, quitó importancia a la eventual respuesta iraní y subrayó que, al fin y al cabo, Israel está librando ya «una guerra en múltiples frentes». Una declaración chulesca que, en todo caso, evidencia dónde se encuentra el mayor factor de riesgo para la paz en Oriente Medio.

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