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“Israel” debería desaparecer*

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…un ministro de la ocupación israelí afirmó recientemente que su gobierno barajaba esa posibilidad para Gaza, territorio al que las fuerzas de ocupación han lanzado más de 25,000 toneladas de explosivos en un mes: el equivalente a dos bombas nucleares…


Guillermo Morejón Flores
¡No se escandalice nadie! Que aquí no voy a proponer que se arroje una bomba nuclear sobre Tel Aviv aunque, de hecho, un ministro de la ocupación israelí afirmó recientemente que su gobierno barajaba esa posibilidad para Gaza, territorio al que las fuerzas de ocupación han lanzado más de 25,000 toneladas de explosivos en un mes: el equivalente a dos bombas nucleares, según el Observatorio Euro-Mediterráneo de Derechos Humanos. Tampoco pediré que los asentamientos sionistas sean reducidos a “islas desiertas”, ni me referiré a los colonos como “animales humanos”: amenazas y palabras, por cierto, dirigidas contra los palestinos de Gaza por Benjamín Netanyahu y Yoav Galant, primer ministro y
ministro de defensa de la ocupación, respectivamente.


Salvo la admisión implícita de posesión de armas nucleares –cosa que “Israel” niega oficialmente–, nada de aquello fue un lapsus, ni fue un arrebato revanchista contra los palestinos y su resistencia por hacer pedazos el mito de la invencibilidad militar israelí. La filosofía detrás de aquellas expresiones –y créame el lector que si busca las encontrará peores– es la norma entre la oficialidad de la ocupación israelí, y aun entre sectores importantes de la sociedad que representan. No podría ser de otra manera: la deshumanización de un pueblo es prerrequisito indispensable para su colonización y desposesión. En el camino, el propio colonizador se deshumaniza, y es lo que le permite a los israelíes justificar, de manera burda o con cinismo calculado y preciosismos leguleyos, el asesinato de más de 11,000 personas.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense no solo rehúsa exigirle a “Israel” lo mínimo –un alto al fuego– sino que lo arma en su genocidio y le custodia el perímetro. Y la expansión violenta de una población a costa de otra no nos plantea un dilema moral complejo. No lo es. Ahora, esas realidades generan una suerte de disonancia cognitiva entre sectores progresistas en Puerto Rico que aspiran a algún tipo de relación con Estados Unidos, sea “en paz y amistad”, sea como socio menor, manifestándose en forma de falsas equivalencias y silencios lamentables.


Volvamos a nuestro tema. “Israel”, como proyecto político colonial y racista cuya existencia se fundamenta en la expansión continua a costa de los palestinos y de países vecinos, no es reformable y debería desaparecer. Mucho más. La ocupación israelí no puede justificar su genocidio reclamando el “derecho a defenderse”: ese mantra recitado ad nauseam por Occidente y sus repetidoras. Pero “Israel” no reconoce la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, y el asesinato de más de 100 trabajadores de la ONU en Gaza es solo una expresión más de su desdén por cualquier noción de rendición de cuentas ante la humanidad.


Que se entienda. No desaparecieron ni fueron aniquilados los colonos blancos de Sudáfrica cuando el fin del apartheid les obligó –¡pobres!– a gobernar junto a la mayoría negra, ni los de Rodesia cuando se fundó Zimbabue y perdieron –¡ay!– algunos privilegios malhabidos. Tampoco desaparecieron los alemanes cuando cayó a sangre y fuego el Tercer Reich. Le toca a los colonos sionistas decidir en cuál de esos espejos quisieran reconocerse, ahora que se les plantea la pregunta.

*Nota del autor: Esta columna fue publicada inicialmente el 17 de noviembre de 2023 en la página de internet El Post Antillano. Sin embargo, su título fue cambiado de manera arbitraria y sin previa consulta, además de añadírsele erratas al cuerpo del texto. En una muestra de poca seriedad y profesionalismo, el encargado de dicha página, Daniel Nina, se negó a mi petición de retirar el artículo, y tampoco se ocupó de corregir las erratas introducidas en el mismo por él o su equipo.

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