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Israel ya tiene el plan de asalto a Rafah y de evacuación forzosa de los palestinos de Gaza

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El ejército israelí presenta a Netanyahu su estrategia para asaltar la ciudad de Rafah y el Gobierno palestino dimite en pleno ante el «genocidio» desatado en Gaza

Un grupo de palestinos tras un ataque israelí en Rafah

Público

JUAN ANTONIO SANZ

El tiempo se acaba para los negociadores cataríes, egipcios y estadounidenses que buscan contrarreloj una tregua en la guerra de Gaza. El primer ministro Benjamín Netanyahu ya tiene sobre la mesa los planes del Ejército para atacar la ciudad gazatí de Rafah, en el sur de la Franja, lo que podría suponer el golpe de gracia definitivo para las milicias palestinas de Hamás, pero también una catástrofe humanitaria sin precedentes. La estrategia contempla también la evacuación forzosa de la población de Gaza, una de las razones que alegó el Gobierno palestino de Cisjordania para dimitir este lunes en pleno.

Las festividades musulmanas del Ramadán se extenderán desde el
10 de marzo y durante casi un mes. Tel Aviv quiere tener enfilado para entonces el asalto a la última ciudad de Gaza que permanece en pie. Netanyahu, no obstante, ha reconocido este domingo que el alto el fuego de un mes y medio que se está negociando podría retrasar «en cierta medida» la ofensiva contra Rafah. Una vez iniciado el asalto, la guerra desencadenada el 7 de octubre habrá entrado en su recta final, según ha señalado el líder israelí. «La victoria total estará solo a unas semanas una vez que entremos en Rafah«, explicó Netanyahu en una entrevista con el canal de televisión estadounidense CBS.

Dimisión del Gobierno palestino de la ANP

El anuncio sobre los planes militares en torno a Rafah coincidió este
lunes con la dimisión del Gobierno de la Autoridad Nacional
Palestina (ANP)
, el máximo poder palestino en Cisjordania, que en
2007 fue desplazado de Gaza por Hamás, organización vencedora en
las elecciones del año anterior en la Franja.

Asediados por la división interna y la creciente popularidad de
Hamás
 frente a Fatah (la facción que controla la ANP) a
consecuencia de la guerra, el primer ministro Mohamed Shtayeh y su
Gabinete presentaron su renuncia al presidente palestino, Mahmud
Abás
. Esa falta de unidad entre los palestinos en Gaza y Cisjordania
está facilitando la presión militar por Israel y su desmantelamiento
de las endebles estructuras de poder palestinas.

«Tenemos una necesidad urgente de un consenso interpalestino, con
base nacional, amplia participación, unidad de filas y con la extensión de la autoridad de la ANP en toda la tierra de Palestina», aseveró
Shtayed. Sin embargo, una cohesión entre Fatah y Hamás parece improbable, más allá del apoyo que está recibiendo el movimiento islamista tanto en Gaza como en Cisjordania al resistir al avance israelí. Si se llegara a un acuerdo de paz en Gaza, parece dudoso que Netanyahu y los extremistas judíos permitieran que la organización que han jurado destruir perviva de alguna forma en un Gobierno palestino. Al contrario, siempre será el argumento que utilizará Tel Aviv para mantener el control y la violencia militar sobre los territorios palestinos.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante la sesión de votación para la destitución del diputado, Ofer Cassif, en Jerusalén, el 19 de febrero de 2024.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante una sesión en el parlamento de Israel.  EFE

La salida de Shtayeh tiene un importante significado político, pues apunta al intento de Abbas de preservar el liderazgo de la ANP en los territorios palestinos. La guerra ha reanimado la apuesta de muchos países, incluido Estados Unidos, principal aliado de Israel, por la fórmula de los dos estados, es decir, por la creación de un Estado Palestino que viva en paz junto al Estado de Israel. Israel ha hecho todo lo posible para minar el poder de Abbas y la Autoridad Nacional Palestina en Gaza y Cisjordania, pero puede que llegue el momento en que Tel Aviv no tenga otro remedio que tener un interlocutor palestino (debido a la presión internacional) y siempre será mejor hablar con Fatah que con Hamás.

Un auténtico genocidio de palestinos

Shtayed, que ha estado al frente del Gobierno palestino
desde 2019, quiso lanzar con su dimisión un mensaje al mundo sobre
lo que está ocurriendo en Gaza. Según ha explicado, su renuncia es,
precisamente, una respuesta al ataque israelí, «feroz y sin
precedentes
«, contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza, un
ataque devenido en «genocidio», según la opinión del político.

El dirigente denunció también la escalada de violencia desatada en el
otro territorio palestino, Cisjordania, por los colonos judíos
asentados allí ilegalmente, que son apoyados por el ejército israelí.
Shtayeh condenó el «terrorismo de los colonos y las repetidas
invasiones de campos y aldeas (palestinas)
 en Jerusalén (este) y
Cisjordania», la hambruna y «los intentos de desplazamiento forzado«
en Gaza.

La semana pasada Israel comunicó su intención de mantener un
control militar sobre Gaza una vez esté consumada la derrota de
Hamás
. El plan de los militares, presentado este lunes, confirma que
evacuarán a la población palestina «de las zonas de combate en la Franja de Gaza«, es decir, prácticamente la totalidad del
territorio palestino.

Este aviso hace temer que se cumplan las propuestas de los
ministros más ultraderechistas del Gobierno de Netanyahu, que en
los últimos meses vienen abogando por la erradicación de la
población palestina de Gaza y su asentamiento forzoso en otros
países. Este mes de febrero se denunció, en este sentido, la
construcción en la península de Sinaí (Egipto), aledaña a la frontera
de Rafah, de un enorme campo de retención que podría albergar
hasta cien mil personas.

Un grupo de palestinos cerca de una casa derruida por un ataque israelí, en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza. REUTERS/Ibraheem Abu Mustafa
Un grupo de palestinos cerca de una casa derruida por un ataque israelí, en Rafah, en el sur de la Franja de Gaza.  Ibraheem Abu Mustafa / REUTERS

En la zona de Rafah puede haber hasta 1,4 millones de palestinos, la
inmensa mayoría desplazados desde el norte y centro de Gaza tras el
comienzo de los bombardeos y la invasión israelí de la Franja, cuya
población total se acerca a los 2,3 millones de personas. El pasado 7 de octubre, milicianos de Hamás atacaron varias zonas de Israel y asesinaron a 1.200 personas, tomando además 240 rehenes. Esta acción desató una ofensiva israelí sin precedentes contra Gaza, donde los bombardeos y ataques del Ejército judío han causado cerca de 30.000 muertos y 70.000 heridos desde entonces. 

En la única tregua que ha habido en este conflicto (una semana en
noviembre
), fueron liberados más de un centenar de los
rehenes
. Actualmente quedaría otro centenar y pueden haber muerto
cerca de 30, cuyos cuerpos también reclama Israel.

Seis semanas de tregua

La tregua que se está negociando en estos momentos, con diferentes
fases celebradas en El Cairo, Doha o París, busca suspender la
guerra durante al menos seis semanas, con el objetivo de proceder al
intercambio de rehenes por prisioneros palestinos encerrados
en las cárceles israelíes e introducir más ayuda humanitaria,
precisamente por el paso de Rafah, entre Gaza y Egipto.

Este fin de semana se reunieron en París los responsables de inteligencia de Israel, Egipto y Estados Unidos, además de los
representantes diplomáticos de Catar, que exponen los postulados de
Hamás. Los asistentes a estas negociaciones trazaron un nuevo
borrador de acuerdo para establecer una tregua de seis semanas. El
alto el fuego contemplaría la liberación inicial de 40 rehenes a
cambio de la excarcelación de entre 200 y 300 prisioneros
palestinos.

Hamás tiene que dar  su visto bueno, pero sobre todo es
importante que muestre su total aquiescencia Netanyahu, que ya
boicoteó las últimas negociaciones del alto el fuego
 y dio preferencia
a la opción militar. El secretario general de la ONU, Antonio
Guterres
, se pronunció este lunes sobre las negociaciones para conseguir ese alto el fuego. Naciones Unidas aboga por un alto el fuego humanitario y una liberación incondicional e inmediata de los rehenes. «Lo que está sobre la mesa a día de hoy es una negociación que apunta a la liberación progresiva de los rehenes y alguna interrupción de los combates», lamentó Guterres.

Este tipo de tregua deja abierta la continuación de la campaña bélica de Israel, con Rafah como objetivo final, tal y como defiende Netanyahu. Para Hamás, supone un respiro para reorganizar las fuerzas que le quedan en Gaza y preparar una eventual huida de su alto mando, en caso de que se confirme el asalto a Rafah. Los combates siguen en toda la Franja y parece poco probable que esas milicias puedan reabrir con fuerza los frentes de Jan Yunis y Ciudad de Gaza.

Israel, acusado de desoír a la Corte Internacional de Justicia

Las acusaciones de genocidio lanzadas contra Israel por parte del
primer ministro palestino Shtayed coincidieron con la denuncia que varias organizaciones de derechos humanos hicieron este lunes sobre el incumplimiento por parte del Gobierno de Netanyahu de las
disposiciones que le había impuesto a Israel la Corte Internacional
de Justicia
 (ICJ).

Human Rights Watch (HRW) y Amnistía internacional (AI) indicaron
que Israel no había cumplido ni una sola de esas medidas vinculantes
impuestas por la CIJ para evitar un genocidio en Gaza. «El Gobierno israelí simplemente ha ignorado el fallo del tribunal» e incluso «ha intensificado su represión bloqueando aún más la ayuda» humanitaria para Gaza, explicó el director para Israel y Palestina de HRW, Omar Shakir.

La directora regional para Oriente Medio y Norte de África de AI,
Heba Morayef, fue igual de tajante: «Israel no sólo ha creado una de
las peores crisis humanitarias del mundo, sino que también está
mostrando una cruel indiferencia hacia el destino de la población de
Gaza al crear condiciones que la colocan, según la CIJ, en un riesgo
inminente de genocidio
«.  En el caso presentado por Sudáfrica ante la CIJ, el Gobierno del país africano indicó que la denegación deliberada israelí de ayuda humanitaria a los palestinos podría constituir uno de los actos prohibidos por la Convención sobre Genocidio

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