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Jorge Rodríguez Beruff [nuestro entrevistado]

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Jorge Rodríguez Beruff (Cuba, 1947-) ha sido docente e investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. De dicha entidad, de la que Rodríguez Beruff es catedrático retirado, fue Decano de la Facultad de Estudios Generales entre el 2003 y el 2011

WILKINS ROMÁN SAMOT El Post Antillano

Jorge Rodríguez Beruff (Cuba, 1947-) ha sido docente e investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. De dicha entidad, de la que Rodríguez Beruff es catedrático retirado, fue Decano de la Facultad de Estudios Generales entre el 2003 y el 2011. Jorge es egresado Magna Cum Laude de Ciencias Políticas (B.A., 1968) de la Universidad de Puerto Rico. Estudió su Doctorado en Filosofía en Ciencias Políticas en la Universidad de York en Inglaterra (1971-1979), recibiendo una Mención Especial por el Comité de Altos Estudios. Algunas de sus principales investigaciones son: Strategy as Politics, Puerto Rico on the eve of the Second World War (2007), Las memorias de Leahy: los relatos del Almirante William D. Leahy sobre su gobernación de Puerto Rico (1939-1940) (2002), y Política militar y dominación, Puerto Rico en el contexto latinoamericano (1988). Es desde 2016 Miembro de Número de la Academia Puertorriqueña de la Historia y, a su vez, miembro distinguido de la Junta de Directores de la Fundación Luis Muñoz Marín.Rodríguez Beruff ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

1.1 Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – Hace ya algún tiempo publicó Las caras del poder: ensayos sobre estrategia, política caribeña y educación superior (2017). ¿De qué trató o tratas en Las caras del poder? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

1.2 Jorge Rodríguez Beruff (JRB, en adelante) – Ese libro me lo propuso Elizardo Martínez, dueño de la editorial Callejón, en una reunión que sostuvimos en el restaurante Mallorca frente a la barandilla en San Juan. Habíamos concluido el proyecto de publicación con Callejón de los dos tomos de Puerto Rico en la Segunda Guerra Mundial, que edité con José L. Bolívar, y Elizardo me dijo que quería publicar libros de ensayos de algunos investigadores. Me pareció buena idea. Además, para esa época el amigo y autor Rubén Nazario Velasco me dijo que dejara de estarle publicando textos a otra gente y que publicara algo que fuera escrito solamente por mí.

Decidí montar un libro que reflejara mi trayectoria de investigación, los diversos temas que había trabajado y combinara textos inéditos con ensayos ya publicados, pero poco conocidos en Puerto Rico ya que habían aparecido en varios países de América Latina. Al seleccionar los textos me pareció que el tema del poder en diversas expresiones –político, militar, cultural, académico- atravesaba todos mis escritos por lo que decidí ponerle como título Las caras del poder. Además, el poder tenía caras de personas de carne y hueso que son mencionadas en los ensayos.

Ese libro me dio particular satisfacción porque mi hija Rosaura Rodríguez Muñoz hizo el muy sugerente dibujo de la portada donde aparece la Torre de la Universidad, Luis Muñoz Marín y Rafael Leónidas Trujillo. Fue nuestra primera colaboración. Luego volvimos a colaborar en otro proyecto de publicación de un ensayo mío narrado en dibujos de Rosaura. Las Caras del poder salió publicado en el 2017. Algún tiempo después murió Elizardo Martínez, un amigo querido que hizo grandes aportaciones al mundo editorial e intelectual puertorriqueño. He sentido mucho su muerte.

2.1 WRS – ¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Las caras del poder y vuestro trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal o no de/ con la historiografía o no dentro de Puerto Rico o fuera?

2.2 JRB – Comencé a trabajar como investigador en la década de los setenta en la firma de consultoría Technical Services of Puerto Rico donde colaboré con el politólogo Robert Anderson quien había sido decano de la Facultad de Ciencias Sociales. Esa empresa recibió unos fondos para llevar a cabo una investigación interdisciplinaria sobre la violencia en Puerto Rico cuyos resultados se le sometieron al gobierno de Rafael Hernández Colón en un informe multi volumen titulado Etiología de la violencia en Puerto Rico. El informe se puede consultar en la biblioteca de la Facultad de Derecho. Fue una muy interesante experiencia.

Mi trabajo de investigación desde que regresé a Puerto Rico en 1979, luego de terminar mi doctorado en la Universidad de York, Inglaterra, giró en torno de dos temas principales: la política caribeña y la geopolítica y el poder militar. La investigación doctoral fue sobre la ideología de los militares peruanos y se publicó en 1983 en Lima el segundo volumen de mi tesis bajo el título Los militares y el poder: un ensayo sobre la doctrina militar en el Perú, 1948-1968. Para esta tesis tuve que leer mucho sobre política militar latinoamericana. También estuve un año en Lima (1971-1972) investigando en archivos. Elegí el tema, en parte, para tener conocer un país de América del Sur.

Volví a Lima a presentar el libro que tuvo muy buena recepción y se incluyó en la lista del periódico El Comercio de los mejores libros del año. Además, fue promovido por el diario La Crónica dirigido por el poeta Mirko Lauer quien también dirigía la editorial Mosca Azul que lo publicó. El sociólogo Aníbal Quijano, amigo de Mirko, fue quien gestionó su publicación.

Esta experiencia de investigación sobre los militares peruanos me sirvió de base para interesarme en analizar el tema militar en Puerto Rico y el Caribe, en parte motivado por algunos colegas. Creo que mi actividad investigativa sobre estos temas abrió brecha a otros investigadores, incluyendo muchos investigadores jóvenes, que quisieron trabajarlos de forma rigurosa más allá de la mera denuncia.

Cuando regresé a Puerto Rico en 1979 el asunto de las actividades de la marina de guerra en Vieques tenía mucha fuerza, como antes lo había tenido Culebra. También colaboré con una comisión del Colegio de Abogados para investigar la vigencia del Tratado de Tlatelolco y la desnuclearización de la isla. En una primera fase mi actividad investigativa se dio desde el Proyecto Caribeño de Justicia y Paz que publicó algunos de mis trabajos. También fui parte de CEREP. Por un tiempo estuve a cargo de las publicaciones. De este período es el libro Política militar y dominación de 1988. En este período colaboré con el historiador Humberto García Muñiz quien escribió ampliamente sobre asuntos militares en el Caribe, especialmente el angloparlante.

Además del tema estratégico, mi interés en la política y la historia caribeña ha sido una constante en mi carrera académica. Ofrecí el curso de Historia del Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe durante una década. Próximamente saldrá publicado un libro de mi autoría sobre cultura e historia caribeña.

Eventualmente, mi interés se centró en el impacto de las guerras en la historia de Puerto Rico, particularmente la Segunda Guerra Mundial. De este trabajo de investigación salieron varios libros: Las memorias de Leahy, la edición de Stricken Land de Rexford G. Tugwell al español bajo el título de La isla azotada, Strategy as politics: Puerto Rico on the Eve of the Second World War y los dos tomos de ensayos que edité con José L. Bolívar Fresneda titulados Puerto Rico en la Segunda Guerra Mundial. Esos dos tomos evidencian cuánto había progresado en Puerto Rico el análisis sobre temas militares y el impacto de las guerras ya que contienen 35 ensayos de diversos investigadores. Hoy esos volúmenes se encuentran agotados, aunque espero se reediten. De estos libros el que más disfruté “ensamblar” fue Las memorias de Leahy por la relación de colaboración que desarrollé con el artista, escritor y diseñador Néstor Barreto, cuyo trabajo creativo contribuyó al éxito que tuvo el libro.

También trabajé más recientemente sobre la Primera Guerra Mundial, coordinando con Silvia Álvarez Curbelo la participación puertorriqueña en un volumen titulado La Primera Guerra Mundial en las Antillas,editado por el investigador francés Xavier Calmettes. Este es un libro muy interesante que desgraciadamente ha circulado poco en Puerto Rico. Contiene cuatro ensayos sobre Puerto Rico.

Después de publicar Las caras del poder mi trabajo ha estado más enfocado en la historia intelectual y los temas universitarios. No se trata de un interés nuevo ya que, por mi carrera universitaria y práctica docente, he trabajado sobre temas relacionados con el movimiento de los Estudios Generales y los debates sobre la universidad, sobre lo que tengo varias publicaciones. Con Francisco Rodríguez Suárez, entonces decano de Arquitectura, edite dos volúmenes sobre la coyuntura universitaria titulados Alma Mater y Aula Magna.

Mi discurso de ingreso en la Academia Puertorriqueña de la Historia trató sobre las redes intelectuales de la reforma universitaria puertorriqueña. Este me sirvió como una hoja de ruta para una abarcadora investigación que acabo de publicar en 2023 bajo el titulo Jaime Benítez y la internacionalización de la Universidad de Puerto Rico, las redes intelectuales de la reforma universitaria, que es mi último libro publicado. Le estoy haciendo algunas correcciones para una segunda edición.

Ahora estoy trabajando con el colega Raúl Mayo Santana, quien publicó un libro importante sobre la Escuela de Medicina Tropical, que tiene como punto de partida la visita en 1939 a la Universidad de Puerto Rico de una comisión académica de alto nivel presidida por el geógrafo estadounidense Isaiah Bowman y su informe proponiendo convertirla en una Universidad Panamericana.

3.1 WRS – Si compara vuestro crecimiento y madurez como persona, docente-investigador (historiador) y escritor con su época actual en Puerto Rico o fuera, ¿qué diferencias observas en vuestro trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo has madurado?

3.2 JRB – En la Universidad de Puerto Rico en la época en que estudié no se le prestaba mucha atención a cultivar el interés y las destrezas de investigación de los estudiantes. De vez en cuando te pedían un informe escrito o una pequeña búsqueda bibliográfica. Proliferaban los horribles exámenes de alternativas múltiples que no retaban el intelecto sino, a veces, la capacidad de adivinar la respuesta correcta. Al fin y al cabo, tenías 33% o 25% de probabilidades para acertar. Su lógica era permitirle a los profesores evadir la lectura de numerosas respuestas escritas ya que a menudo se corregían usando una “clave” (y a veces eran corregidos por una máquina).

De manera que me costó trabajo adaptarme a las exigencias de los estudios graduados con sus papers y trabajo independiente en bibliotecas. Pero fue entonces cuando aprendí a investigar y le cogí el gusto. Escribir un buen paper evitaba que te dijeran “that´s a lot of rubbish” (los ingleses no se andaban con eufemismos). En la fase doctoral tuve de tutor un gran investigador indio de intereses muy diversos: T. V. Sathyamurthy. También tuve la experiencia a la que me referí anteriormente en Technical Services donde hice encuestas y análisis cuantitativo.

La investigación para mí ha sido una actividad constante en mi carrera académica junto con la enseñanza y la administración universitaria. Por supuesto que uno va aprendiendo y, al menos en mi caso, redefiniendo la temática de investigación. Entre otras cosas he aprendido que la investigación toma tiempo y requiere paciencia. Mis proyectos me tomaron varios años, en algunos casos décadas. En segundo lugar, que se debe ser lo más organizado posible en el proceso de investigación para no perder tiempo en la fase de escritura. Y tercero que es muy importante cuidar la narración, escribir bien, un relato interesante, para que la gente te lea, para que tu público trascienda el reducido núcleo de especialistas.

Siempre he admirado a la historiadora Barbara Tuchman por su atención al arte de escribir, como en The Guns of August. Ella cultivó la buena escritura en obras sustentadas en investigaciones rigurosas en fuentes documentales. Otro ejemplo de investigador-narrador es John Womack con su extraordiaria obra Zapata and the Mexican Revolution. El cubano Rafael Rojas y el español Juan Pablo Fusi también están en ese grupo.

4.1 WRS – Jorge, ¿cómo visualizas vuestro trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico o fuera? ¿Cómo ha integrado vuestro trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor?

4.2 JRB – Yo formo parte de una generación de académicos que estudió en los años sesenta y setenta y luego fuimos a Estados Unidos, México y Europa para hacer estudios graduados. El Centro de Estudios sobre la Realidad Puertorriqueña (CEREP) fue expresión de esa generación, aunque no abarca a todos los investigadores que hicieron aportaciones importantes. Para mencionar algunos nombres: Gervasio García, Ángel Quintero Rivera, Arcadio Díaz Quiñones, Silvia Álvarez Curbelo, Humberto García Muñiz, Guillermo Baralt, Andrés Ramos Mattei, Fernando Picó, Marcia Rivera, Rubén Dávila, Samuel Silva Gotay, y otros, desarrollaron una gran actividad de investigación y publicación en lo que se llamó “la nueva historia”. Renovaron el debate y la producción intelectual con enfoques que ponían énfasis en la historia social y económica o exploraban nuevos temas. También estuvieron vinculados literatos y artistas plásticos. Las librerías de Río Piedras, las editoriales como Huracán y Callejón y ciertas revistas fueron parte de esta eclosión. Nuevas corrientes intelectuales de Estados Unidos, Europa y América Latina irrigaron la comunidad intelectual puertorriqueña creando una gran efervescencia y orientando el interés hacia nuevas temáticas. El colega sociólogo cubano Haroldo Dilla en una ocasión me recalcó con admiración la vitalidad y calidad de la producción intelectual puertorriqueña.

También otros factores contribuyeron a producir este fenómeno como la maduración del proyecto universitario en Puerto Rico y el surgimiento de nuevos movimientos sociales a nivel mundial en la coyuntura de la Guerra de Vietnam. Esta generación surgió con vocación internacional, principalmente buscamos nexos con el Caribe y América Latina. De hecho, el propio CEREP tuvo como modelo instituciones análogas que habían surgido en América Latina.

En mi caso particular, desarrollé vinculaciones con el Caribe a través del Proyecto Caribeño de Justicia y Paz, y la Caribbean Studies Association (CSA). Fui miembro del ejecutivo de la International Peace Research Association (IPRA). En la República Dominicana me relacioné con FLACSO y con la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y en Cuba con el Centro de Estudios de América (CEA) (hasta su crisis a mediados de los noventa).

Los investigadores sobre temas militares formábamos una red latinoamericana que abarcaba a casi todos los países. Algunos estaban también en IPRA. Conservo valiosas amistades de cuando estaba más activo en esos temas. También tenía contactos en Barcelona con el Centro de Estudios Internacionales CIDOP, como con el investigador Rafael Grasa. Ahora, que he estado trabajando mayormente sobre temas de historia intelectual y universitaria, me he vinculado con colegas en México, Perú y España, mayormente de Barcelona donde he estado en la Universidad de Barcelona discutiendo mi libro más reciente.

Los intelectuales siempre estamos, o debemos estar, vinculados a diversos movimientos de investigación y a redes de investigadores. Esos nexos enriquecen nuestro trabajo y proveen conductos para su difusión.

5.1 WRS – Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la historiografía en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibes la recepción a vuestro trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

5.2 JRB – En parte la he contestado en la pregunta anterior. Recientemente estuve en Madrid y Barcelona presentando un libro. Lo hice en la Universidad Complutense, el CSIC, la Fundación Ortega Marañón (FOM) y la Universidad de Barcelona, Facultad de Educación. Anteriormente había estado en Trujillo y Madrid en un evento de la Real Academia de la Historia (RAH) y otras instituciones donde presenté la investigación en proceso. Encontré mucho interés de varios colegas que trabajan temas afines. Para octubre me invitaron a participar en una mesa sobre redes intelectuales en un congreso que se llevará a cabo en Madrid. También tengo pendiente una visita al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Hoy en día la difusión de nuestros escritos se hace por vía digital en páginas como Academia.edu y tengo muchos lectores de España, Estados Unidos, el Caribe y América Latina. El problema de la publicación en papel es que los mercados están segmentados y la difusión es más difícil y limitada. El problema de siempre. Pero aparte de mi propia obra, la producción de los colegas de mi generación es conocida y leída fuera de Puerto Rico.

6.1 WRS – Sé que vos es de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea este puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente vos?

6.2 JRB – Soy puertorriqueño de la variedad cubana. Muy recientemente el amigo escritor Manuel Martínez Maldonado me designó “historiador cubano-puertorriqueño”. Es otra descripción con la que me siento cómodo. En Cuba ya no me queda familia, aunque sí algunos amigos. Llegué a Puerto Rico en mi temprana adolescencia, estudié en el Colegio San Ignacio y la Universidad de Puerto Rico, donde hice mi carrera, aunque también trabajé en otras instituciones como el Centro de Estudios Avanzados y la Universidad Carlos Albizu.

Mi madre era de Santiago de Cuba y mi padre gallego-cubano, así que tengo familia en Galicia. Dos de mis hijos están en Estados Unidos y varios sobrinos en Miami. Uno de mis hijos nació en Marburgo, Alemania. El esposo de mi hija Rosaura es puertorriqueño de la variedad dominicana. Tengo nietos puertorriqueños, estadounidenses y salvadoreños.

La cuestión de mi identidad es compleja, pero soy parte de la academia puertorriqueña y la mayor parte de mi vida y carrera universitaria ha sido en Puerto Rico, por lo que digo que soy puertorriqueño de la variedad cubana. Para José Luis González que mencionas la cuestión de la identidad debe haber sido también compleja, no solo por su larga estadía mexicana sino también porque, tengo entendido, que su madre era dominicana. Yo me siento muy vinculado al país y orgulloso de todas las otras identidades que me enriquecen.

Mi familia es de emigrantes, al menos desde mi padre y el apellido Beruff de mi madre no es cubanísimo, sino de emigrantes recientes (siglo 19). Antes de emigrar mi padre a Cuba a los trece años, había emigrado su tío a Santiago de Cuba. La familia de mi padre emigró a Cuba, Chile, Argentina y Brasil, entre otros lugares, desde una pequeña aldea en Pontevedra. Luego se reencontraban en la aldea que siempre añoraban (la morriña). Y hasta una joven criada desde pequeña en Buenos Aires “regresó” a la aldea (donde nunca vivió) para casarse con un galleguito. Las identidades a veces son opciones.

7.1 WRS – ¿Cómo integra vuestra identidad étnica y de género, y su ideología política con o en vuestro trabajo creativo-investigativo y su formación en educación en o fuera de Puerto Rico?

7.2 JRB – Creo que en la investigación hay que tener la sensibilidad para reconocer a todos los actores. En lo que he estado investigando recientemente me he encontrado que una mujer como Muna Lee fue muy importante por sus propios méritos en la Universidad de Puerto Rico y no se le ha reconocido. De hecho, en alguna medida se le ha borrado. Por otro lado, mi visión del Caribe es el de una región formada por una pluralidad de etnias y pueblos que han ido creando, desde la diversidad, nuevas expresiones culturales. Recientemente el historiador José Lee Borges ha reivindicado la aportación de los chinos en Puerto Rico, como lo ha hecho también Mu Kien Sang en la República Dominicana.

Además, se trata de una región que no se puede definir únicamente en términos geográficos estrechos, ya que ha sido encrucijada de procesos mundiales y que está presente también a través de sus diásporas. La recién fallecida historiadora Jennifer Wolf lo expresó recientemente en un libro que lleva el título Isla Atlántica Puerto Rico.

Las definiciones etnicistas excluyentes, que dibujan un Caribe unidimensional, no nos permiten captar la riqueza histórica y cultural de nuestra región.

Por otro lado, las convicciones políticas siempre matizan la producción intelectual que nunca es aséptica. Es un debate viejo. Lo importante es entender que nuestro trabajo responde, o debe responder, principalmente a la lógica del conocimiento que es distinta que la del poder.

8.1 WRS – ¿Cómo se integra vuestro trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

8.2 JRB – Contestar esta pregunta me llevaría a una larga reflexión biográfica que no puedo hacer aquí. Mi experiencia es la de un intelectual universitario, un académico, un profesor. He tenido la satisfacción de tener muy buenos estudiantes que ahora están en plena producción. Ese ha sido principalmente el sentido de mi vida profesional y mi ocupación. Para mi generación, el rechazo a la guerra y el militarismo en el contexto de la guerra de Vietnam, de las dictaduras militares en América Latina y de otras de sus manifestaciones más cercanas fue una experiencia relevante. A ello le atribuyo mi interés por investigar temas militares y las guerras. Pero es muy difícil para un académico entender sus propias motivaciones o intereses. Se trata de lo que Pierre Bourdieu llamaba el “principio de la no conciencia”. A veces los intereses de investigación pueden ser muy distantes de las experiencias de vida.

9.1 WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a vuestro trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

9.2 JRB – Afortunadamente, nunca he tenido dificultad para publicar mis textos. Muchos de mis libros se han agotado o están en nuevas ediciones. Ha habido muchos cambios desde que publiqué mi primer libro en 1983. El público dispuesto a comprar obras publicadas en papel y el mundo de las librerías se ha contraído en Puerto Rico. También las universidades públicas y privadas se han debilitado. Hay nuevas generaciones con nuevos intereses y distintas relaciones con las tecnologías de publicación.

No rechazo publicar en Internet, pero soy de los dinosaurios que no siente que ha publicado si no lo ve en tinta sobre papel. También prefiero leer impresos en papel, aunque hoy en día mucha de la investigación es en fuentes digitales. No he aceptado la opinión de algunos colegas que piensan que solo se consumen los textos que no pasen de las 300 páginas. Tampoco que el criterio de calidad sea el éxito en el mercado o la cantidad de libros vendidos.

Como escribo porque me gusta no lo hago para tener best sellers, aunque siempre hay que pensar en el público para el que se escribe. En esta etapa de mi vida tampoco lo hago para ascender. De hecho, no quiero “ascender” a ningún lado. Como mis enfoques y temáticas han ido cambiando, también los que me leen. Siempre es un placer encontrarse con alguien que se leyó o está leyendo algo que publicaste.

10.1 WRS – ¿Qué otros proyectos creativos tenéisrecientes y pendientes?

10.2 JRB – En este momento trabajo en un libro con Raúl Mayo Santana sobre la Comisión Bowman de 1939 a lo que he hecho referencia anteriormente. Eso me ha llevado a darle una mirada a los académicos estadounidenses en Puerto Rico desde 1898 y a la relevancia que tuvo el panamericanismo como ideología. Estamos comenzando el trabajo y acordamos ir con calma. También quisiera traducir al español mi libro Strategy as Politics, Puerto Rico on the Eve of the Second World War para que se lea más ampliamente en Puerto Rico y ver reeditados los dos volúmenes de la Segunda Guerra Mundial y Las memorias de Leahy como me han prometido. Creo que con eso tengo bastante. Mi afiliación institucional principal actualmente es como miembro de número de la Academia Puertorriqueña de la Historia y miembro de la Junta de Directores de la Fundación Luis Muñoz Marín, a través de ellas trato de seguir aportando.

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