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JOSÉ LUIS MÉNDEZ:  SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA Y MARXISMO

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Fue Decano de la Facultad de Ciencias Sociales del Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. De 1999 a 2001 disfrutó de la Cátedra de Honor Eugenio María de Hostos. Asimismo, fue uno de los miembros fundadores de la Cátedra de la Unesco para la Paz en la Facultad de Educación.

Carlos Rojas Osorio Este artículo es tomado de la edición de Verano 2024 de la revista Nueva Pensamiento Crítico.

Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos las polvorientas encinas…!A dónde el camino irá!

                                  Antonio Machado[1]

José Luis Méndez, intelectual puertorriqueño, sociólogo de la literatura y estudioso del marxismo, nació en Santurce el 24 de agosto de 1941 y falleció recientemente, abril 29 de 2024. Estudió en la Universidad de Puerto Rico donde obtuvo un bachillerato en Ciencias Políticas (1962). En 1969 obtuvo un diploma de L´École de Hautes Études y en 1971 un doctorado en Sociología de la Universidad de París, donde trabajó con Lucien Goldmann. Fue catedrático de la Universidad de Puerto Rico en el Recinto de Río Piedras. Fue director de la revista “Undécima tesis”. En 1973 publicó Sociología marxista de la literatura”, y en1978 Fundamentos sociológicos del marxismo.  Fue Decano de la Facultad de Ciencias Sociales del Recinto de Río Piedras, Universidad de Puerto Rico. De 1999 a 2001 disfrutó de la Cátedra de Honor Eugenio María de Hostos. Asimismo, fue uno de los miembros fundadores de la Cátedra de la Unesco para la Paz en la Facultad de Educación.

Como colombiano que soy me siento profundamente agradecido por la atención que José Luis Méndez prestó a Colombia, su literatura, y especialmente a la obra de nuestro premio nobel Gabriel García Márquez. En su memoria y a modo de homenaje voy a referirme a la obra que le dedica al escritor colombiano y también me referiré brevemente a su obra fundamental Fundamentos sociológico del marxismo.

Para leer a Gabriel García Márquez: una interpretación sociológica, es una de las mejores exégesis de la obra del nobel colombiano. Aunque José Luis Méndez pasa revista a la totalidad de la obra del escritor, sin embargo, por razones de brevedad voy a referirme solo a su lectura de Cien años de soledad.

José Luis Méndez estudia la obra literaria de García Márquez siguiendo una metodología inspirada en el socio-análisis genético de Lucien Goldman. La obra del novelista se desarrolla en etapas que pueden seguirse a lo largo de sus escritos. “En cada uno de esos periodos, la creación literaria de García Márquez, sufre transformaciones estéticas muy importantes, en las que  su obra asimila las tensiones históricas y sociales de un periodo de grandes expectativas y esperanzas revolucionarias para toda América Latina”. [2]

Cien años de soledad es la historia de Macondo, pero es también la historia de la familia Buendía; siete generaciones forman su trayectoria histórica en esta ficción. Es la historia del origen, ascensión y decadencia tanto de Macondo como de los Buendía.  Pero no se trata de una historia progresista. “En este proceso se invierte la visión hegeliana del progreso de la razón en la historia, la cual siempre se articula en un nivel superior, aunque no asciende verticalmente. En el drama de Macondo y los Buendía ocurre precisamente lo contrario. La historia se mueve también en espiral, pero su movimiento es descendente. Macondo y los Buendía culminan su ciclo de vida con la muerte”. (1980: 114)

García Márquez se propone desmitificar la forma como se narra la historia de América Latina; o mejor, se trata de destruir la exégesis mítica de nuestra historia. El caudillismo, el desarrollismo, el ocultamiento de las estructuras feudales del poder político y económico constituye el objeto de su desmitificación. Para llevar a cabo esta desmitificación se vale de la dialéctica de lo real y de lo imaginario. “Forma parte del movimiento de búsqueda y de renovación literaria, mediante el cual los creadores más importantes de América Latina en la década del sesenta tratan de poner el arte y la literatura a la altura de los cambios estructurales y las transformaciones políticas ocurridas en la región”. (Méndez, 2000: 115) J. L. Méndez nos recuerda que es importante integrar el estudio de las formas literarias y su correspondencia con los cambios socio-históricos. Cada estructura formal tiene un origen social. La obra es testimonio de cómo la literatura latinoamericana se inserta problemáticamente en la modernidad. Por su forma literaria la obra retoma sintéticamente estructuras modernas y premodernas en un extraordinario salto cualitativo.  “Por medio de este recurso García Márquez inicia un juego mágico con lo posible, lo cual tiene un claro propósito desmitificador. Uno de los objetivos más importantes de esa desmitificación es la manera oficial que la clase dominante ha convertido en realidad. Para atacar esa versión engañosa de la historia, García Márquez ataca todas las certitudes y las deja flotando en la ficción”. (125) El Quijote de Cervantes es un ser anacrónico que va en contra del progreso moderno, asimismo ocurre con el caudillo de esta novela macondiana. El Quijote como el caudillo Buendía encarna valores que ya no están vigentes y que están en el punto decadente de su desaparición. El autor se libera al escribir la historia de Macondo. Por fin se evaporan los viejos afectos que lo ataban al abuelo y a la familia y da luz verde a las aspiraciones modernizantes.  “Macondo y los Buendía necesitan nacer de cuerpo entero. Pero ya no serán sólo un reflejo literario del recuerdo de Aracata y de los Márquez, sino un universo autónomo que se ha ido expandiendo hasta abarcar progresivamente el sentido global de la historia latinoamericana”. (113)

   La literatura es un medio para amplificar la conciencia social y política por medio de hipérboles que ensanchan  “las posibilidades artísticas de lo real. La magia de sus relatos es un auxiliar estético de la realidad, un recurso artístico y literario para subrayar los procesos torcidos de la historia; el cual pone en evidencia los elementos fantásticos que forman parte de la propia cotidianidad y nos permite ver el carácter esencialmente dialéctico de las relaciones entre la verdad y la imaginación”. (149) 

Seymour Menton presenta el siguiente concepto del realismo mágico.

“El realismo mágico es la visión de la realidad diaria de un modo objetivo, estático y ultrapreciso, a veces estereoscópico, con la introducción poco enfática de algún elemento inesperado o improbable que crea un efecto raro o extraño que deja desconcertado, aturdido o asombrado al observador o al lector en la butaca”. [3]

            Menton se esfuerza en diferenciar puntualmente el realismo mágico tanto de lo real maravilloso como de la literatura fantástica. El realismo mágico, tanto en el arte como en literatura, busca lo inesperado, lo extraño, lo extraordinario, lo improbable. Mentón, como también José Luis Méndez, insisten en la idea de que el realismo mágico no es sobrenaturalista, mientras que tanto lo real maravilloso como la literatura fantástica sí lo son. Lo real maravilloso describe la realidad desde una lectura mítica, pero donde el mito está presente vivamente en la cotidianidad de las personas o comunidades que creen en él. Como lectura mítica de la realidad, el realismo de lo maravilloso no tiene problema con el sobrenaturalismo. El realismo mágico se atiene a lo improbable, pero no imposible; en cambio, la literatura fantástica no tiene problema con lo imposible, definido éste como violación de las leyes de la naturaleza. Vale la pena retomar las palabras de Menton.

“Cuando los sucesos o los personajes violan las leyes físicas del universo, como en Aura de Carlos Fuentes, la obra debería calificarse de fantástica. Cuando esos elementos fantásticos tienen una base folclórica asociada con el mundo subdesarrollado con predominio de la cultura indígena o africana, entonces es más apropiado utilizar el término inventado por Carpentier: lo real maravilloso. En cambio, el realismo mágico, en cualquier país del mundo, destaca los elementos improbables, inesperados, asombrosos pero reales del mundo real”. (Ibid., 30)

    Laprimerapartede Cien años de soledad recurre a la estructura mítica del tiempo, es un tiempo genesíaco cuasi-bíblico.  La segunda parte se estructura de acuerdo con el tiempo histórico; pero la tercera parte recurre al tiempo cíclico, y como ha mostrado Mircea Eliade, éste es el tiempo mítico. La última parte hace uso de un tiempo recurrente, es decir, que los sucesos vuelven a repetirse[4].

            Que lo extraordinario, lo asombroso, lo improbable esté presente en la realidad cotidiana, es una idea que expresa García Márquez: “Creo que, si uno sabe mirar, las cosas de la vida diaria pueden volverse extraordinarias. La realidad diaria es mágica pero la gente ha perdido su ingenuidad y ya no le hace caso. Encuentro correlaciones increíbles en todas partes”.[5] Ahora bien, podemos hallar en Carpentier expresiones casi idénticas a la que acabamos de citar. Por tanto, se puede decir, que ese asombro ante correlaciones inesperadas, extrañas, aparece tanto en Carpentier como en García Márquez.

            Se puede objetar también que hay situaciones descritas en las obras del realismo mágico de las cuales podría decirse que violan leyes de la naturaleza, lo cual lo acercaría a la literatura fantástica.  Un hilo de sangre que corre subiendo por sí mismo una escalera, no sólo es improbable, sino también imposible. Recordemos que ´imposible´ en la categorización de Menton significa que viola las leyes de la naturaleza. En este ejemplo violaría una ley muy fundamental como es la ley de la gravedad. Y lo mismo podría decirse de la situación en que se relata que Remedios la bella asciende al cielo “levantada por sutiles capas de luz”. 

            Es bueno tener en cuenta que las leyes de la naturaleza constituyen regularidades; pero también es preciso agregar que no todo en la naturaleza o en la sociedad acontece de acuerdo con regularidades. Existe lo casual, lo azaroso, lo puramente contingente, etcétera. Por lo tanto, la concepción científica del mundo en cuanto basada en leyes naturales deja abierta la posibilidad a lo casual, a lo contingente, a lo azaroso e incluso a lo extraño. Eso sí, excluye lo milagroso en cuanto se entienda que ello ocurre violando las leyes naturales.  De acuerdo con J. L. Méndez más que un sobrenaturalismo lo que hay en el realismo mágico es un afán desmitificador y secularizador sin restarle derechos a la imaginación. “Por eso en cada texto de García Márquez en que aparecen elementos fantásticos o sobrenaturales, hay también un trasfondo de realidad en que lo imaginario refiere a lo verdadero. Pero no en pugna para ver cuál de los dos establece su hegemonía sobre el texto literario, sino en función complementaria, como si fueran dos caras de una misma moneda, integradas dialécticamente como parte de una misma realidad”. (Méndez 2000: 138)

            Menton afirma, sin embargo, que el término ´magia´ en el realismo mágico no implica esta significación, sino un uso más ágil y moderno. La magia es el arte de prestidigitación de los magos de circo. En este caso se engaña con apariencias, pero se sabe lo que es real. Es por ello que, en uno de los textos citados, Menton afirma que lo mágico realista es improbable pero real, es algo que ocurre en el mundo real. Y es por eso por lo que asevera que el sobrenaturalismo no tiene cabida en el realismo mágico. J. L. Méndez trae una significativa expresión del propio García Márquez en la que él mismo ve al escritor como un prestidigitador. Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la de prestidigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura”. [6]  

Alexis Márquez nos trae otra diferencia entre realismo maravilloso y realismo mágico. En palabras de José Luis Méndez: “En el realismo mágico, la magia está en el artista. En lo real maravilloso, la maravilla está en la realidad. En otras palabras, el realismo mágico supone una intervención diferente del artista de la que corresponde a lo real maravilloso. En la primera es el artista quien transforma la realidad. En la segunda, el autor se limita a transmitir cómo los personajes perciben lo real”.  (Méndez 2000: 26, nota 6) Esta afirmación coincide con la idea que acabamos de enunciar de Menton según la cual la magia en el realismo mágico es un acto prestidigitador, una acción del mago. Es el escritor quien ve correspondencias extrañas, extraordinarias entre cosas muy diferentes. Méndez también destaca el no sobrenaturalismo del autor.

Las obras posteriores a Cien años de soledad continúanobviamente con el realismo mágico, pero se han observado algunas sutiles diferenciaciones que es bueno registrar. Así, Ángel Rama nos dice que en El Otoño del patriarca hay un ‘realismo alucinante’. Y J. L. Méndez nos dice: “En efecto, la poesía en El otoño del patriarca no tiene una función meramente auxiliadora, es un factor estructurante, un elemento organizador. Por eso desplaza a la magia en su función hegemónica de la organización literaria y se impone como ‘realismo poético’ sobre toda la narración”. (2000: 153) García Márquez continúa en esta novela del dictador su afán experimental, la elaboración de nuevas formas de expresión, y alcanza aquí niveles superiores de creación precisamente por su expresividad poética. Méndez agrega que, de hecho, esta es la novela más experimental del autor y también su obra más barroca. El tema del dictador tiene amplio desarrollo en la literatura latinoamericana. García Márquez hace en esta obra una alegoría de la historia de Nuestra América.

En El amor en los tiempos del cólera se construye un argumento imaginario, pero con muchos elementos tomados de la realidad. Hay una tensión cuasi contradictoria entre el tiempo y el amor; una intensa dialéctica entre la vida y la muerte. “Una reflexión novelada sobre el problema del tiempo y el poder revitalizador del amor”. (190) El tiempo y el espacio para el amor queda amplificado y la vida recibe en el amor un sentido fundamental. “Eso precisamente es El amor en los tiempos del cólera, la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvieron los personajes de Cien años de soledad, pero que el autor les concede a los protagonistas de su nueva novela. […] Por eso los personajes que encarnan esa utopía finalizan en un barco con la bandera del cólera, que es en ese contexto el símbolo del amor, el cual navega de un lado al otro del río porque no encuentra un puerto seguro donde desembarcar”. (202)

José Luis Méndez hace explícitos los valores que el arte narrativo de García Márquez deja traslucir. Quizá su mejor expresión la dejó en el discurso de recepción del premio Nobel. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Es precisamente lo que veíamos que el novelista presenta en El amor en los tiempos del cólera. “A través de esta novela el autor quiere dejar establecida su fe en la humanidad y en la historia y su esperanza en que, a pesar de todos los peligros que nos acechan, todavía no es demasiado tarde para evitar el fin del hombre y alcanzar la justicia y la felicidad”.  (Méndez 2000: 202) Finalmente: “La vida para este laureado novelista colombiano es la razón de ser del arte y la política, la meta de las luchas sociales y de la actividad humana, el fin de todo lo que mueve a una persona a actuar, a amar y a escribir”. (196)

Tanto el realismo mágico como el realismo maravilloso se enfocan en una realidad insólita, extraordinaria; pero el realismo de Carpentier relata lo maravilloso presente en la vida cotidiana de nuestros pueblos imbuidos de mitos; en cambio, en el realismo de García Márquez se narra lo mágico que el novelista descubre como correspondencias insospechadas, no visibles a simple vista, pero apreciables por una aguda mirada.  Pero más allá de estas estrategias narrativas, no son tan distantes los valores decisivos con los cuales el cubano y el colombiano se comprometen. Los une una confianza en el ser humano y en la historia que pueden construir y transformar. Una vida inspirada en el amor y en nuevas oportunidades que la historia pueda ofrecer, diría García Márquez.  Sería lo contrario de la historia cerrada de unas generaciones como las que él narra, las cuales no tendrán “una segunda oportunidad sobre la tierra”.  Lo diferente, la alteridad, ese pensamiento otro que Carpentier narra en la omnipresencia de los mitos, es, sin embargo, rostro y máscara de un mundo humano, diferente y sin embargo el mismo. Lo otro es también lo semejante. La mismidad ha de reconocerse en la alteridad. Nada humano me es extraño.   Unos y otros nos confrontamos con el oficio de ser ´hombres´, seres humanos, y de hacer nuestra historia. Somos Ulises peregrinos en el tiempo; arcaicos o modernos peregrinamos en el reino de este mundo y en él hacemos la historia, avanzamos y retornamos como el tiempo, como el día y la noche, como los avances y los retrocesos. 

Fundamentos sociológicos del marxismo. Es la principal obra teórica de José Luis Méndez. En ella se mantiene fiel a su tema que es la base sociológica del marxismo. De ahí que resalte la contribución de Marx y Engels al concepto de “clases sociales”, su contribución a la sociología del conocimiento, es decir el condicionamiento social del pensamiento humano, la no neutralidad valorativa, en contra de la tesis defendida por Weber, y una importante observación: la necesidad de aplicar la teoría marxista al marxismo mismo. Méndez constata que el marxismo ha tardado en enseñarse en la Universidad, pero que hace falta su estudio porque las muchas tergiversaciones con que se suele difundir el pensamiento de Marx y Engels.  Por las vueltas que da la historia hoy cabe observar nuevamente esa ausencia del marxismo en la Universidad. El pensamiento marxista no es sólo teoría, Méndez enfatiza que su base es principalmente la praxis. Se trata de “transformar el mundo” y no meramente de interpretarlo. Necesidades prácticas fueron las que motivaron el surgimiento del marxismo. Era necesario superar el materialismo mecanicista francés y el idealismo alemán, y darle una base teórica para la lucha al proletariado surgido de la revolución industrial.

Históricamente el marxismo surge de modo contemporáneo con la sociología. Comte, Spencer, Stuart Mill se mueven en la ideología positivista y predican la armonía social. Marx y Engels se fijan en el conflicto social y perciben la sociedad como una totalidad dinámica. El positivismo pretende la neutralidad valorativa; el marxismo enfoca el conocimiento como una actividad en que se da la unidad dialéctica entre teoría y práctica y cuyo fin es la transformación social.

Para J.L. Méndez el marxismo es una visión de mundo. “El factor clave de la visión marxista del mundo es la incorporación de la subjetividad del proletariado como elemento organizador de un nuevo esquema intelectual regido por las categorías de totalidad, praxis, contradicción y reificación”. (1978: 31) Los primeros escritos de Marx son periodísticos y aparecen en la Gaceta renana. Donde ya defiende a los pobres y desposeídos. En la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel sostiene que la cabeza de la emancipación es la filosofía y su corazón el proletariado. En la época contemporánea la clase revolucionaria es el proletariado y sólo esta clase puede enfrentarse a la burguesía. En El capital Marx muestra la gran contradicción entre el trabajo y el capital, el trabajador crea la riqueza y sin embargo cada día se empobrece, y el capitalista se hace rico explotando al trabajador. La concepción marxista del mundo es práctica, revolucionaria, necesariamente crítica y desmitificadora. Marx y Engels presentan el socialismo no como una utopía, sino con base científica, el conocimiento de la realidad es absolutamente necesario para una praxis revolucionaria. Marx le reconoce contribuciones importantes al socialismo utópico, pero considera que no le dan protagonismo al proletariado. Marx destaca tres hechos que son la base del capitalismo: la concentración del capital y los medios de producción en pocas manos, la organización social del trabajo y la implantación del mercado mundial.

J. L. Méndez es enfático en afirmar que el marxismo no necesariamente es una metodología universal que pueda ser válida siempre y en todas partes; no pretende ser una metodología suprahistórica. Asimismo, con Ernest Mandel, afirma que la tendencia a la baja en los salarios sólo es válida para la sociedad capitalista. Más que un tratado de economía, lo que Marx hace es una crítica de la economía política. Asimismo, el marxismo debe entenderse cono una guía para la investigación según la configuración concreta de cada formación social.  Al estudiar el capitalismo Marx hace una abstracción histórica y sólo después puede referirse a formaciones sociales pre-capitalistas. Una sociedad determinada puede ser lo suficientemente compleja en su estructura como para comprender en ella diversas relaciones de producción. La idea de estudiar la base económica de una sociedad para su mejor comprensión no implica un determinismo económico en el cual todos los demás fenómenos sólo fuesen un reflejo de la base económica.  “Marx tampoco reconoce leyes absolutas ni certidumbre alguna sobre la destrucción del capitalismo, aunque trasciende la inmediatez empirista señalando algunas consecuencias posibles de las contradicciones de ese sistema en el futuro”. (87-88) El marxismo no puede entenderse como un dogma.

La tesis central de la teoría marxista respecto a la historia consiste en afirmar que hasta ahora la historia ha tenido como motor fundamental la lucha de clases. En la época de los fundadores del marxismo el enfrentamiento principal se daba entre la burguesía capitalista y el proletariado industrial.  Fue la burguesía capitalista la que echó por tierra el régimen feudal cuya ideología era fundamente religiosa, la cual poco a poco va destruyéndose, y “todo lo sólido se desvanece”. Idea que retoma Zygmunt Baumann para hablar de la actual sociedad líquida. La separación entre el trabajo intelectual y el trabajo manual constituye la primera división del trabajo. 

Karl Manheim reconoció que el marxismo constituye una sociología del conocimiento. “Los valores estructuran la conciencia del investigador e introducen en ella un elemento subjetivo, que no está reñido con la realidad”, sino que es el resultado de una praxis social. (185) El partido comunista constituye la vanguardia del movimiento obrero. Lenin hace importantes contribuciones reafirmando la necesidad del partido revolucionario.

En cuanto al tema de las nacionalidades, J. L. Méndez expone y critica la posición de Rosa Luxemburgo quien subestima la importancia política y sociológica de las nacionalidades. Para ella la continua acumulación del capital y el imperialismo son la ruta que conduce al fin del capitalismo. Su visión de la acumulación del capital influye en la manera en que enfoca el problema de las nacionalidades. Además, tenía mucha confianza en la espontaneidad de las masas.

 Sobre el imperialismo en Puerto Rico. “Al tomar posesión de Puerto Rico, los Estados Unidos se propusieron abiertamente destruir la cultura puertorriqueña, sustituir el idioma español por el inglés, y eliminar toda identificación de nuestro pueblo como una identidad propia”. [7] Esa agresión cultural se basaba en un desconocimiento total de la cultura puertorriqueña. Pensaban que el español era un mero “patois”, y no un español como el de Madrid o Barcelona. Con esta actitud los Estados Unidos lo que hicieron fue obstruir la “formación histórica de nuestra nacionalidad, trastocó la base productiva de nuestra economía isleña y alteró radicalmente la estructura social del país”. (2001: 59) La invasión fue sorpresiva para Puerto Rico pues ya se manifestaba una cultura nacional y una cierta autonomía administrativa que se había aprobada en el último año de la dominación española. Autonomía que Estados Unidos desconoció por completo y más bien asimilaron a Puerto Rico al régimen político y administrativo norteamericano. Por eso impusieron como idioma el inglés, su mitología nacional incluyendo sus héroes. Su política facilitaba la explotación económica y el predominio del mercado estadounidense. A la conquista militar siguió la invasión del capital estadounidense invirtiendo sobre todo en la industria azucarera y tabacalera. La industria azucarera quedó bajo la dominación de solo tres grandes compañías. Con lo cual se arruinó la economía de grandes y pequeños hacendados. La clase trabajadora se benefició de la modernización técnica, de la generalización del trabajo libre y de las nuevas libertades democráticas.

Pero ya en la década del treinta la nueva economía (azucarera y tabacalera) hizo imposible su coexistencia con la sociedad colonial. Sólo con tres décadas de la nueva economía ésta entró en crisis. También entró en crisis la imposición del idioma inglés y la educación asimilista, incluso la universitaria. “Al principio de la dominación norteamericana en Puerto Rico, la función de la Universidad fue un mero apéndice del proceso de americanización de nuestro pueblo”. (61) También en la década del treinta se va desarrollando un sentimiento nacionalista como rechazo al asimilismo estadounidense. Los puertorriqueños no participaban en nada en la administración pública. En ese contexto surge el Partido Nacionalista y el liderazgo de Pedro Albizu Campos.  Albizu desafiaba de modo abierto el imperialismo y todo su aparato colonial. La reorganización de la economía fue realizada por el Partido Popular Democrático bajo la dirección de Luis Muñoz Marín, el cual llevó a cabo también el nuevo orden estatal. El populismo de este partido se presenta como una reacomodación colonial. La universidad también se organizó, ya no era tan americanista, pero dirigió formas sutiles para combatir el nacionalismo, labor llevada a cabo por el rector Jaime Benítez. Implantó una visión estrictamente occidentalista de la educación. En la década del setenta entra en escena un partido anexionista, El Partido Nuevo Progresista. En la retórica da la impresión de defender el idioma español y la cultura, pero es solo retórica porque tiene que convencer al electorado local, pero sin distanciarse de los poderes políticos estadounidenses. Es decir, mantiene un doble lenguaje, uno para el pueblo puertorriqueño y otro para los poderes estadounidenses. 

La sociología fue el saber humanístico que practicó a lo largo de toda su vida y obra José Luis Méndez. Y este saber sociológico lo hizo valer para todos sus estudios y no sólo para la exposición de la teoría sociológica, sino también para el estudio de la literatura puertorriqueña, al estudio de la obra de Eugenio María de Hostos, a algunas obras colombianas, en especial la del nobel García Márquez, y sobre todo para su fecundo estudio sociológico sobre el marxismo. Tareas intelectuales todas ellas realizadas con la máxima excelencia, buen juicio y compromiso social y político. Me siento profundamente agradecido por su obra, y creo que todos los puertorriqueños, latinoamericanos y caribeños le debemos ese justo tributo de gratitud y reconocimiento.

BIBLIOGRAFÍA

Méndez, José Luis. Fundamentos sociológicos del marxismo, Río Piedras, Editorial Antillana, 1978.

            ____ Cómo leer a Gabriel García Márquez. Una interpretación sociológica, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989. (En las citas sigo la edición del año 2000). 

            ____ Para una sociología de la literatura puertorriqueña, Río Piedras, Editorial Edil, 1983.

            ____ “Prólogo: Hostos y la sociología”, Hostos, Tratado de sociología, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1989.

____ “El proceso político puertorriqueño y la agresión cultural norteamericana”, en Estudios de filosofía  práctica e historia de las ideas, Año 2, Núm. 2. Diciembre de 2001.

            _____ Hostos y las ciencias sociales, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2003.

            _____ Breve introducción a la sociología, Ediciones Puerto, Hato Rey, 2005. 

            _____ Aquellos años verdes. Crónicas desde una vida (1941-1971), Hato Rey, Ediciones Puerto, 2010.


[1] Antonio Machado. Soledades. Epígrafe usado por José Luis Méndez, en Aquellos años verdes, 2010, p. 169.

[2] José Luis Méndez, Para leer a García Márquez. Una interpretación sociológica, Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 2000, p. 15.

[3] Seymour Menton, La verdadera historia del realismo mágico, México, FCE, 2003,  2ª. Ed., p. 20.

[4] Un detallado estudio sobre la temporalidad  en Cien años de soledad puede verse en Alfonso Toro, Los laberintos del tiempo, Frankfurt am Main, Verveuert Verlag, 1992.

[5] Raphael Sorin, “Entrevista con García Márquez”, reproducida de Les Nouvelles Littéraires, Paris, 20 de febrerode1969, citado en Menton 2003, p. 19.

[6] Palabras expresadas por su autor en una entrevista de Miguel Fernández Braso, La soledad de Gabriel García Márquez. Barcelona, 1972, p. 40.

[7] José Luis Méndez, “El proceso político puertorriqueño y la agresión cultural norteamericana”, Estudios de filosofía práctica e historia de las ideas, Año 2, Núm. 2, Diciembre de 2001, p. 59.

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