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La Alianza: ¿junte diabólico?

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Nadie ha descrito con mayor claridad la ilimitada capacidad para la manipulación del político colonial caribeño que V.S. Naipaul (1932-2018). En días recientes (25 años después de la primera vez) volví a releer dos de sus obras más emblemáticas: “The Suffrage of Elvira” (1958) y “The Mimic Men” (1967)

La Constitución no le da ningún poder a la Comisión Estatal de Elecciones para inmiscuirse en la gobernanza interna de los partidos, escribe Rafael Cox Alomar (ELNUEVODIA.COM)

Por Rafael Cox Alomar El Nuevo Día

Nadie ha descrito con mayor claridad la ilimitada capacidad para la manipulación del político colonial caribeño que V.S. Naipaul (1932-2018). En días recientes (25 años después de la primera vez) volví a releer dos de sus obras más emblemáticas: “The Suffrage of Elvira” (1958) y “The Mimic Men” (1967).

Naipaul, quien era de ascendencia india, había nacido en Trinidad cuando la vecina isla era todavía colonia británica y aún no soplaban por el Caribe los vientos de cambio que la posguerra traería consigo. Educado en Oxford a principios de los 1950 y galardonado por la Academia Sueca en 2018 con el Premio Nobel de Literatura, Naipaul comprendió como pocos la dimensión psicológica del colonialismo, tema que hilvanó con incomparable creatividad a través de su laureada obra literaria.

Si Naipaul viviera y residiera hoy en Puerto Rico encontraría en nuestra isla el laboratorio perfecto para desde aquí escribir centenares de nuevos cuentos y novelas sobre las pequeñeces, corruptelas y manipulaciones de nuestra desacreditada “casta política”. Quizás el exhibit más demostrativo de esa proclividad del político colonial hacia la manipulación es la desesperada campaña de descrédito que hoy la “casta política” tradicional lanza contra la consabida alianza o concertación entre el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y Movimiento Victoria Ciudadana (MVC). Que si eso es una simulación o “truqueo ilegal” que viola el Código Electoral, un “junte comunista y anticapitalista”, una “mogolla”, una “juntilla independentista”, en fin un verdadero “junte diabólico” que nos llevará derechito al infierno, allá a las profundidades del apocalíptico lago de fuego y azufre.

¿Y le asiste la razón a la “casta política”?

No.

¿Y por qué?

Veamos.

En primer lugar, el argumento de que el respaldo transversal que hace el PIP a la candidatura de Ana Irma Rivera Lassén a la comisaría residente es ilegal porque entonces el candidato que el PIP nomine a Washington sería uno de “de agua” o “ficticio” es un planteamiento que carece de la más mínima validez. La Constitución no le da ningún poder a la Comisión Estatal de Elecciones para inmiscuirse en la gobernanza interna de los partidos. Una cosa es requerirles transparencia y la divulgación pública de sus recaudos y otra muy distinta es fiscalizar sus estrategias políticas o tácticas electorales. Más allá de garantizar la expresión de la voluntad del pueblo a través del voto universal, igual, directo, y secreto, y de establecer requisitos de ciudadanía, residencia, y edad para los candidatos, la Constitución no le da un cheque en blanco al gobierno para pisotear los derechos libertarios que (conforme nuestra Carta de Derechos) también le asisten a los partidos y movimientos políticos (incluyendo los emergentes).

En segundo lugar, el soberanismo histórico puertorriqueño no es ni nunca ha sido comunista. Todo lo contrario. Ahí las luchas de Ramón Emeterio Betances por la libertad de comercio e imprenta. (Véase sus “Diez Mandamientos de los Hombres Libres” (1867)). Ahí las luchas de José De Diego y Pedro Albizu Campos por la internacionalización de nuestro comercio y empresarismo. (Véase De Diego, “La independencia en su aspecto económico” (1913) y Albizu Campos “Independencia económica” (1930)). Tanto Betances, como De Diego y Albizu entendieron que sin capital y sin libre comercio la soberanía es un imposible.

En tercer lugar, el puertorriqueño ya aprendió que el status no se decide en las elecciones locales, que puede ganar Juan Dalmau o Ana Irma Rivera Lassén y al otro día seguirá recibiendo los mismos beneficios federales que recibía el día anterior porque el status únicamente lo resolverá el Congreso cuando a Washington le convenga. Tal y como ocurre en Escocia y Groenlandia en donde las elecciones las ganan los partidos soberanistas (Scottish National Party y el Inuit Ataqatigiit) bajo la premisa de que cualquier modificación al status de ambas jurisdicciones habrá de dilucidarse en Londres y Copenhagen.

¿Y si la desesperada campaña de descalificación contra la Alianza no se sostiene por qué insistir en ella?

Porque como ya nos advirtió Naipaul: “politicians are people who truly make something out of nothing. They are not engineers or artists or makers. They are manipulators; they offer themselves as manipulators.” (“The Mimic Men” a la pág. 37).

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