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La antorcha del Movimiento Democrático de Mujeres

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El MDM nace en 1964 pero se había gestado mucho antes en las semillas de las mujeres antifascistas, comunistas, en las mujeres de preso en la puerta de las cárceles, en las redes de solidaridad

Dulcinea Bellido en un mitin del PCE. Plaza de Toros de Vista Alegre, Madrid.1978 | Foto: Archivo Histórico del PCE

Un documento de los Servicios de Información e Investigación —creado por Falange— señala, en abril de 1977, al Movimiento Democrático de Mujeres (MDM) como “uno de los movimientos feministas más influyentes”, calculando el número de asociadas en 5.000 mujeres.

El MDM nace en 1964 formalmente, aunque se estaba gestando mucho antes; es parte de las mujeres antifascista, de las mujeres comunistas, de las mujeres de preso en la puerta de las cárceles, de aquellas que crearon la red de solidaridad entre mujeres que sostenían la vida dentro de las prisiones y fuera de ellas, de aquellas que tejieron con otros organizaciones, para vivir, mejorando las condiciones materiales y sociales de las mujeres.

La lucha antifranquista, el sentido de la justicia social y el deseo de aprender, de formarse de forma coral, marca a las mujeres valientes que emprenden este recorrido desde los años 60 hasta mediados de los 80. Fueron pioneras y pusieron el germen del feminismo de la segunda ola en España.

Haciendo historia y justicia, el MDM comienza con el soporte del PCE. Es la organización que da la herramienta organizativa a las camaradas del Partido, Carmen Rodríguez y Dulcinea Bellido, tras la detención de sus maridos Sánchez Montero y Lobato en 1959 y comienzan a hacer de enlaces entre la cárcel y la dirección del PCE. Fueron hegemónicas en las campañas por la amnistía, al mismo tiempo que se reúnen con intelectuales. Con ellas nace la convocatoria de 1962, una movilización en la Puerta del Sol para denunciar las torturas infligidas a las mujeres asturianas esposas de los mineros de “La Huelgona”.

La concentración, donde participaron unas 400 personas, se saldó con 80 detenciones. Fue noticia en algunos medios de comunicación internacional.

En 1964, seguían el apoyo mutuo con las “mujeres de preso”. Mantenían las tertulias con mujeres intelectuales jóvenes, donde se realizaban lecturas colectivas, entre otras “El segundo sexo” de Beauvoir. Organizaban reuniones con militantes y simpatizantes del PCE en locales religiosos de Usera, donde hablar de la solidaridad con los presos y de la amnistía era una constante.

Dulcinea Bellido, en Madrid, inicia la andadura de configurar un movimiento que conjugara la lucha antifranquista en lo político y los problemas que afectan a las mujeres. Difícil de coordinar un grupos de mujeres tan diversas, en lo social y lo cultural.

Al mismo tiempo, en Barcelona, militantes de PSUC empiezan a mantener reuniones para tener unidas a las mujeres de preso, a la vez que mantenían contacto con mujeres católicas y participaban en el Club de Amigos de las Naciones Unidas, creando en 1964 la Asamblea Democrática de Mujeres del Sant Medir.

Con estos dos núcleos iniciados en Madrid y Barcelona en diciembre de 1964 se constituye el Movimiento Democrático de Mujeres.

A finales de 1965, en París, se convoca el Coloquio sobre la Mujer Española, a la que asisten algunas de las fundadoras del MDM (dossier extenso en Nuestra Bandera) donde se abordaron tres bloques: Situación de la mujer española; crítica al modelo de militancia femenina existente en el PCE; y debate sobre el modelo organizativo que debía adoptarse para crear un movimiento femenino de masas donde la mayoría se decanta por el modelo plural, abierto y democrático, inspirado en las Comisiones Obreras.

El MDM creó en barrios de Madrid las Comisiones de la Solidaridad donde se trabajaba con las mujeres de preso, organizaciones católicas, vanguardias obreras y asociaciones como Club de Amigos de la UNESCO. Trabajaron por la mejora de las condiciones de vida en los barrios obreros.

Estos colectivos que trabajan en los barrios en su mayoría están compuestos por mujeres, integrado principalmente por amas de casa.

El intento de expandir el MDM por toda la geografía no se cumple en su totalidad, aunque se consigue cierta implantación en Cataluña, País Valencià, Zaragoza, Córdoba, Málaga, Cáceres, Badajoz, A Coruña, Ferrol, Vigo, Salamanca, Logroño, Gijón, siendo la organización más importante Madrid y su periferia.

El movimiento de las mujeres que iban configurando el MDM es plural, de partidos políticos de izquierdas, asociaciones culturales y muchas mujeres sin adscripción política.

En 1964 el asociacionismo era ilegal y entre lo poco legal que existía figuraban las asociaciones de amas de casa, auspiciadas por la Sección Femenina, creada para adoctrinar y someter a las mujeres como hijas, madres y esposas, buenas hijas del patriarcado.

Las mujeres del MDM se introdujeron en las Asociaciones de Amas de Casa, para contactar con esas mujeres, mayoritariamente sin formación ni afiliación política, que permanecían en sus casas

Las mujeres del MDM se introducen a lo largo de 1968-69 en las Asociaciones de Amas de casa, por un lado para mejorar las condiciones vida y, por otro, para acercarse a miles de mujeres que participaban en ellas, mayoritariamente sin formación y sin afiliación política. Era una forma de poder tomar contacto con esas miles de mujeres que permanecían en sus casas. Pero fueron detectadas y expulsadas. Un paso para el MDM fue crear “asociaciones de amas de casa rojas”; la primera de Madrid, en mayo 1969, fue la de Tetuán, presidida por Mercedes Comabella. En 1975 el MDM tenía hecho un gran trabajo de expansión y coordinación, llegando a convocar grandes movilizaciones como el boicot a los mercados por la carestía de la vida. También seminarios, actividades lúdicas y formativas.

En 1975 se celebran las primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer. Para las militantes del MDM fue un auténtico hito el poder ocupar el espacio público que les correspondía y fueron las primeras impulsoras de la manifestación que la Plataforma de Organizaciones Feministas convocó el 15 de enero de 1976.

Participaron activamente junto con el resto del movimiento feminista en las campañas por la reforma de las leyes que penalizaban los “delitos femeninos”: el aborto, la prostitución y el adulterio, pidiendo la amnistía general para las mujeres condenadas por estos delitos.

El MDM participó dentro de la Plataforma de Mujeres de Madrid en la elaboración y presentación de 15 puntos que tendrían que reflejarse en la Constitución, y participando en actos para presionar al Gobierno en su inclusión, sin que diera resultado positivo.

El MDM defendió la campaña de despenalización de la homosexualidad.

Las militantes del MDM presionaron para que se presentara una ley de divorcio, que fue defendida el 12 de enero de 1978 por la diputada comunista Dolors Calvet y rechazada por 156 votos en contra frente a los 119 a favor.

La defensa de la despenalización del aborto fue un gran desgaste para las militantes del MDM, que fue debilitándose hasta practicante desvanecerse a mediados de los años 80.

Poner en valor el trabajo de las mujeres del MDM, que durante tres décadas defendieron la dignidad de las mujeres mejorando las condiciones de vida, es de justicia. Recordar a Dulcinea, Manolita, Marisa, Mercedes, Natalia, Rosalía, Anita, Maruja y tantas otras, es un deber.

Agradecer a Francisco Arriero su libro El Movimiento Democrático de Mujeresde la lucha contra Franco al feminismo, fuente de la que me he nutrido para escribir este articulo.

(*) Movimiento Democrático de Mujeres

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