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La enseñanza de los jóvenes al rebelarse contra el silencio por el genocidio de Israel: «Tenemos el deber de movilizarnos»

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Las acampadas contra la masacre en Gaza recuerdan al inicio del 15M y los primeros pasos del movimiento feminista. «Las nuevas generaciones son un halo de esperanza y sentido común», señalan los expertos

Estudiantes protestan contra el genocidio de Israel en Gaza en la Universitat de Barcelona.

VÍCTOR LÓPEZ

Las protestas contra el genocidio en Palestina que germinaron en las universidades de Estados Unidos se extienden ahora por las facultades de todo el mundo. FranciaAustraliaMéxicoJapón y también España. Los jóvenes han tomado los campus para volver a tirar del carro frente a la pasividad de gobiernos, empresas e instituciones académicas. La sombra del 15M, las protestas del #NoALaGuerra y el movimiento ecologista acordonan la antesala de una lucha generacional, política y social con mucha solera.

«El papel de la juventud es fundamental. Es un grupo con pensamiento crítico. No podemos olvidar que muchos universitarios estudian y trabajan al mismo tiempo –con el desgaste físico que implica–, pero pueden más las ganas de reflexionar, dialogar y actuar. La comunidad universitaria puede conducir al resto de la sociedad hacia unas transformaciones más democráticas que la mejoren», señala Víctor Alonso, profesor de Ciencias Políticas. El docente es uno de los académicos que participa en la acampada contra el genocidio que han puesto en marcha decenas de estudiantes en la Universidad Complutense de Madrid.

Daniel Maire-Richard estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la UC3M. El futuro periodista está detrás de la organización de los actos de protesta que secundan los alumnos de las seis universidades públicas madrileñas. «El silencio de los medios, las empresas y las instituciones nos motiva para tomar la iniciativa y respaldar acciones como esta. Es nuestra forma de hacer llegar al público unas demandas que no solo afectan a la universidad», detalla el portavoz de la Acampada por Palestina de Madrid. Los manifestantes piden cortar relaciones con los centros de investigación israelíes e instan al Gobierno a sumarse a la denuncia de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Penal Internacional (CIJ).

ValènciaBilbaoBarcelonaMálagaSevilla Alacant también han llenado sus campus de tiendas de campaña. Los estudiantes llevan diez días y diez noches durmiendo en la Facultad de Filosofía de la Universitat de València (UV). «La acampada nace de un movimiento global. Los estudiantes, como parte de la institución académica, tenemos el deber moral y ético de movilizarnos para frenar el blanqueamiento de un genocidio. Llevamos más de una semana y la rectora todavía no se ha pasado por aquí», reprocha Esther Monje Hernández, estudiante de Ciencias Políticas y representante de la Acampada Palestina UV. El sentimiento de responsabilidad y las ganas de cambio llevan muchas veces a las personas jóvenes a liderar este tipo de protestas.

«La juventud siempre ha sido un grupo de resistencia frente a un orden establecido por los adultos. Lo estamos viendo con las movilizaciones contra el genocidio en Gaza. Las nuevas generaciones son esperanza y sentido común frente al silencio, rompen con un modelo arcaico que concibe al individuo como algo aislado, solitario y autosuficiente. Los grupos de mayor edad tienden al conservadurismo, por mucho que en su juventud hicieran también resistencia y comunidades», advierte Roser Manzanera Ruiz, profesora de Sociología en la Universidad de Granada. Los estudiantes acampados en las facultades españolas critican la «complicidad» del Gobierno y los «lazos» de los centros con las empresas que venden armas a Israel. 

Los jóvenes españoles participan de forma más activa en acciones de protesta y consumo político que otros grupos de edad, según los últimos datos del Instituto de la Juventud (Injuve). «El genocidio ha despertado a multitud de personas que sienten la necesidad de señalar esta problemática. Los jóvenes hemos tenido históricamente un papel de vanguardia al poner en marcha acciones reivindicativas, creo que principalmente por el factor generacional. La juventud asume este papel por una cuestión de edad y precarización. Este cóctel nos empuja más a poner los cuerpos y canalizar nuestras demandas», apunta otro de los alumnos concentrados en la Complutense. 

La sombra del 15M y las protestas feministas

Los estudiantes españoles han tomado las facultades para denunciar el genocidio en Gaza y exigir la ruptura de relaciones con Israel. El «espíritu crítico» ha vuelto a la comunidad universitaria tras las acampadas en la Puerta del Sol y las protestas contra el plan Bolonia. «El 15M y el #NoALaGuerra los pude vivir como estudiante. Lo que hacíamos era poner sobre la mesa conceptos políticos fundamentales, reclamar cosas básicas para mejorar el sistema político y la sociedad. Lo que siento cuando veo a los estudiantes acampados es orgullo, porque me recuerda al despertar de otras luchas. Los jóvenes son un ejemplo, tenemos que aprender de todo lo que están construyendo», añade el profesor Víctor Alonso.

La plataforma Juventud Sin Futuro también se gestó entre los pasillos de las universidades madrileñas, aunque no tardó en extenderse por todo el país. Los miembros del colectivo protestaban contra las medidas antisociales para salir de la crisis, las flaquezas del sistema democrático y la precariedad de los jóvenes españoles. Íñigo Errejón, Dina Bousselham y Rita Maestre militaron en esta organización, que se convirtió en uno de los cerebros del 15M. El movimiento provocó la aparición de nuevos partidos, la paralización de miles de desahucios, la aprobación de una Ley de Transparencia y los primeros pasos de la lucha feminista.

«El movimiento es intergeneracional, nosotras caminamos porque otras muchas lo hicieron antes. Las jóvenes recogimos su testigo y le dimos un empuje, porque llevamos dentro esas ganas de cambiar el mundo. La lucha sigue en pie y hemos conseguido situar el feminismo en el centro de otras causas sociales», reconocen desde el colectivo. La juventud también ha liderado la lucha contra la crisis climática en todo el mundo. La organización Futuro Vegetal, criminalizada por ciertos sectores de la población, ha llevado a cabo distintas acciones en museos, carreteras y edificios públicos para denunciar la inacción de los gobiernos y su poco compromiso con el medioambiente. Las nuevas generaciones parecen dispuestas a seguir tirando del carro, pero saben que en algún momento habrá que cambiar las ruedas.

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