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La guerra de Ucrania entra en una nueva fase marcada por el rearme europeo y la escalada de tensión entre Bruselas y Moscú

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La adhesión de Suecia a la OTAN, el rearme de la UE y la sugerencia de enviar tropas europeas a Ucrania marcan un hito en la guerra y disparan la tensión con Rusia

Tropas ucranianas realizan maniobras en Bajmut, cerca de Donetsk, a 8 de marzo de 2024.

JUAN ANTONIO SANZ Público

Rusia y Occidente mueven sus piezas en el tablero bélico de Ucrania para una larga confrontación que consolida la nueva Guerra Fría entre los dos contendientes, sin excluir un eventual choque armado y directo sobre suelo ucraniano.

La entrada de Suecia en la OTAN esta semana, después de que recientemente lo hiciera Finlandia, el nuevo plan de defensa europea que apuesta abiertamente por la carrera armamentística y la propuesta francesa de desplegar tropas occidentales en Ucrania, que poco a poco gana adeptos, marcan la nueva realidad militarista de Europa y complican mucho los intentos, como el que acaba de plantear Turquía, de abrir una mesa de negociaciones antes de que sea demasiado tarde.

La Unión Europea, hasta ahora un proyecto de paulatina integración política, económica, social, cultural y de derechos compartidos, ha aprovechado un momento crítico, la guerra de Ucrania, para hacer del componente militar el principal pilar de cohesión de los Veintisiete.

El primer pretexto lo ofrecieron la invasión rusa de Ucrania y el decidido apoyo a este país, con dinero y armas. Ahora, ya no hay medias tintas y la apuesta es por una Europa fuerte militarmente, que supedite incluso la economía a la defensa, y con el peligro ruso como elemento cohesionador.

La Europa de los misiles se impone a la Europa social

La preeminencia de halcones de la derecha más recalcitrante al frente del timón europeo, como la actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, facilita esta transición hacia la Europa de los misiles y la economía de guerra. Esta semana, Von der Leyen propuso destinar 1.500 millones de euros del presupuesto de la UE durante el periodo 2025-2027 para convertir la industria militar europea en uno de los motores de la nueva Europa con su propia personalidad en materia de seguridad.

Esta visión cuenta con el respaldo de la mayor parte de los socios, que no ven mal que la fabricación de armas abandere la política y la economía europeas. Han visto los pingües beneficios que las empresas armamentísticas estadounidenses han obtenido en Irak y ahora en Ucrania, y no quieren quedarse atrás.

Uno de los objetivos es que, para 2030, el 50% de las compras de armas de la UE sea a fabricantes europeos y que el 40% de las compras puedan ser conjuntas. Para el año 2035, el 60% del armamento debería ser ya europeo. El equipo de Von der Leyen considera que la industria europea de defensa podría alcanzar pronto a la estadounidense, que gracias a la guerra de Ucrania ha visto cómo los clientes europeos acaparaban el 63% de sus ventas de armas.

Una senda que pasa por la economía de guerra

La hoja de ruta de la militarización europea pasa por la llamada Estrategia Industrial Europea de Defensa (EDIS) y el Programa Europeo Industrial de Defensa (EDIP), claves del nuevo plan estratégico que se está pergeñando en Bruselas en un momento que debería ser poco propicio, dados los reveses ucranianos ante Rusia. Sin embargo, adquiere todo su sentido cuando se entiende que la guerra fue, precisamente, solo un pretexto para la carrera de armamento.

Además de hacer partícipes de este rearme a las grandes empresas europeas del sector, se promueve que las pymes puedan también beneficiarse. Este espaldarazo al militarismo se completa con la posibilidad de que la Comisión Europea pueda declarar el estado de crisis en caso de que se necesite potenciar esa producción militar por algún riesgo o razón determinada. De facto, esta es la economía de guerra defendida por la conservadora Von der Leyen y admitida incluso por los gobiernos de izquierda europeos.

La incorporación de Suecia a la OTAN impulsará estos planes de militarización y, junto con la anterior incorporación de Finlandia, ofrecerá un mayor protagonismo al norte de Europa en la estrategia comunitaria de disuasión y defensa.

Maniobras de la OTAN junto al Ártico ruso

Como muestra de esta nueva apuesta militarista, la OTAN está embarcada en unas maniobras hasta el 14 de marzo en la península escandinava. Unos 20.000 soldados de 13 países toman parte en estos ejercicios en Noruega, Suecia y Finlandia, coordinados como una advertencia sin tapujos hacia Rusia: puede que Moscú esté ganando la batalla de Ucrania, pero la confrontación entre Occidente y Rusia tiene eventuales escenarios mucho más amplios.

El secretario del Consejo de Seguridad Ruso, Nikolái Pátrushev, uno de los hombres fuertes del presidente Vladímir Putin, ha calificado este importante ejercicio militar de la OTAN como «un ensayo para un enfrentamiento armado con Rusia».

Pátrushev es uno de los hombres fuertes de Putin y uno de los que podrían considerarse en primera línea para su eventual sucesión llegado el momento. Momento que aún tardará en producirse, pues Putin se dispone a revalidar su mandato en los comicios presidenciales que Rusia celebra entre el 15 y el 17 de marzo. El actual presidente ruso lleva en el poder desde hace 24 años y su aparente intención es permanecer en él hasta 2036, si gana éstos y los próximos comicios. Su retención férrea y autoritaria de las riendas del Kremlin apunta a que podría lograrlo, salvo que ocurra un cataclismo en Rusia.

Pátrushev acusó precisamente a Occidente de estar buscando esa hecatombe geopolítica en Rusia, «una derrota estratégica» de manos de su apoyo con armas y medios financieros a Ucrania. «Al continuar brindando asistencia militar y técnico-militar a gran escala, Occidente en realidad está participando en el conflicto armado«, explicó Pátrushev esta semana.

EEUU amenaza con una guerra si Ucrania cae ante Rusia

El político ruso tuvo también palabras de advertencia contra la propuesta disfrazada de sugerencia del presidente francés, Emmanuel Macron, para llevar en un futuro tropas europeas a Ucrania. Aunque después el propio Palacio del Eliseo matizó que no serían para participar en combate, sino de apoyo logístico y para mantenimiento de equipo, nadie se creyó que la intención de París no sea tratar de compensar de alguna forma la falta de soldados que afronta el Ejército ucraniano y que podría ser crítica de cara al próximo año, si la guerra continúa.

Sobre esa propuesta de enviar soldados europeos a Ucrania, pronunciada por Macron tras la Conferencia de Seguridad de París de fines de febrero pasado, Pátrushev ha sido conciso: «Los países occidentales tienen la intención de hacer todo lo necesario para impedir que Rusia gane en Ucrania».

Y sobre la posibilidad de una derrota, dada la incapacidad de Ucrania para recuperar el territorio conquistado por los rusos, se manifestó esta semana el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin. El político estadounidense indicó que si Ucrania cae ante Rusia, Putin no se detendrá en las fronteras ucranianas o rusas con Europa. «Francamente, si Ucrania cae, realmente es posible que la OTAN entre en lucha con Rusia», agregó.

Francia busca el apoyo báltico y polaco al envío de tropas a Ucrania

Los países bálticos son los que menos impedimentos han puesto a la sugerencia francesa de enviar tropas a Ucrania, pues en esas capitales nórdicas la creencia en una eventual agresión rusa es muy elevada. Alemania es el país más receloso de la idea de Francia y su excesiva confianza de que la entrada de fuerzas europeas, sean combatientes o no, en territorio ucraniano no conducirá a una conflagración directa entre la OTAN y Rusia.

Y para sondear tal posibilidad, sin considerar los gravísimos peligros que entraña, el ministro de Exteriores francés, Stéphane Séjourné, se reunió este viernes en Lituania con sus homólogos bálticos. El ministro galo mencionó el desminado como una de las tareas que podrían acometer las tropas extranjeras en Ucrania, obviando la realidad de que en cualquier conflagración los zapadores son parte inherente de un ejército, son objetivo prioritario del enemigo y tienen una capacidad de combate muy alta.

«No corresponde a Rusia decirnos cómo debemos ayudar a Ucrania en los próximos meses o años», insistió Séjourné en una reunión presidida por el ministro de Asuntos Exteriores lituano, Gabrielius Landsbergis, y a la que asistió el jefe de la diplomacia ucraniana, Dmytro Kuleba. El ministro ucraniano azuzó el fuego y animó a sus colegas europeos a despachar a Ucrania «misiones de entrenamiento militar» para formar sobre el terreno a los soldados ucranianos.

Polonia, que en un principio se alineó con la prudencia alemana ante el despropósito estratégico francés, parece que ande ya considerando todas las posibilidades. «La presencia de fuerzas de la OTAN en Ucrania no es impensable», dijo el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radosław Sikorski, este viernes.

Turquía se ofrece para organizar una conferencia de paz

En todo este desaguisado de amenazas y propuestas estrambóticas, como la de ver marchar a los zapadores europeos delante de los tanques Leopard conducidos por ucranianos, mientras los artilleros rusos tratan, seguramente, de no herirlos para no provocar una Tercera Guerra Mundial, destaca la iniciativa de Turquía.

Tras reunirse esta semana con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, el presidente Recep Tayyip Erdogan propuso organizar en Turquía una conferencia de paz para preparar una mesa de negociaciones entre Moscú y Kiev.

El Gobierno de Ankara ya tiene la experiencia de haber intermediado entre rusos y ucranianos en los primeros meses de la guerra, aunque ese diálogo fue frustrado por Reino Unido y Estados Unidos. Turquía también ayudó a concretar en julio pasado un acuerdo con Moscú para exportar el cereal ucraniano por el mar Negro.

La propuesta turca no tiene en estos momentos muchas posibilidades de prosperar. Sin embargo, dada la capacidad de Erdogan para moverse entre los rusos y los ucranianos sin ofender ni a unos ni a otros, posiblemente sea ésta la apuesta de paz más pragmática desde el principio de la guerra, al menos sin la ambigüedad de otras propuestas, como la del presidente chino, Xi Jinping.

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