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La paradoja del totalitarismo

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Lo de ver la paja en ojo ajeno en vez de la viga en el propio está ampliamente extendido en la vida política contemporánea. Así, quien tiene rasgos totalitarios acusa de totalitarismo a quienes carecen de ellos, y se queda tan pancho (perdón, panche).

Política 5 mayo, 2024 Andrea Zhok

Durante mucho tiempo la estrategia narrativa neoliberal de matriz angloamericana ha estado pasando por dos movimientos:

1) El intento de definir el mundo liberal como el único mundo posible, para el cual, a largo plazo, no hay alternativa (de Fukuyama a Thatcher), y

2) el intento de subsumir todas las formas de vida, todas las organizaciones políticas y todos los sistemas culturales que pretenden no reducirse al paradigma liberal como «iliberales –y por tanto– totalitarios».

Así, acaba en el saco del “iliberalismo –y por tanto– totalitarismo” toda religión que pretende ser más que un hecho privado (por ejemplo: el Islam), todos los países que pretenden mantener la soberanía sin arrodillarse ante el imperio americano (China, Rusia, Irán, Corea del Norte, pero luego también, dependiendo de cómo operen sus gobiernos, Cuba, Venezuela, Bielorrusia, Hungría, Serbia, Sudáfrica, etc.), y desde luego todas las ideologías que históricamente han rechazado el sistema liberal (el socialismo y el comunismo ante todo, los conservadurismos pre-liberales cuando existen, y, en la medida que desarrolló una teoría, el fascismo de entreguerras).

Por supuesto, los elementos que aparecen en este saco presentan, para cualquiera que se interese en examinarlos de cerca, una multitud de diferentes rasgos políticos, institucionales y culturales, pero esto es irrelevante para la narrativa neoliberal, porque sobre todos ellos cae la excomunión de la “iliberalismo –y por tanto– totalitarismo”.

Nos encontramos así con el siguiente cuadro, altamente irónico, según el cual el liberalismo –la única ideología que pretende extender en todo el planeta la última y definitiva verdad de la historia– denuncia todas las demás culturas y soluciones políticas de la historia como “totalitarias”. En esencia, la única cultura política que hoy tiene afirmaciones realmente totalitarias denuncia a todas las demás como totalitarias.

Según la visión totalitaria lo que pertenece a la propia ortodoxia es por definición el Bien, por lo que las sociedades liberales (ahora neoliberales) logran con perfecta serenidad y buena conciencia una espectacular doble moral; porque nuestros crímenes son errores contingentes, los vuestros son innobles abyecciones, nuestras masacres son daños colaterales, las vuestras son expresión de una maldad innata, nuestras protestas internas son riñas de minorías ingratas, las vuestras son una manifestación popular de un anhelo de libertad, etcétera.

La denuncia neoliberal de «todos los totalitarismos» es el ejemplo perfecto del proverbial buey que llama cornudo al burro.

Fuente: https://www.ariannaeditrice.it/articoli/il-paradosso-del-totalitarismo

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