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La semana tsunami de Yolanda Díaz: del fracaso en las europeas al paso adelante de los partidos de Sumar

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El resultado de las elecciones europeas dio un vuelco al escenario de la izquierda alternativa que provocó la dimisión de Díaz como coordinadora general de Sumar. Ahora se abre un nuevo escenario para un espacio que vuelve a repensarse.

ALEXIS ROMERO

Pablo Iglesias ya pensaba en Yolanda Díaz como su sustituta al frente del espacio de la izquierda alternativa en el verano de 2020. El exvicepresidente y ex secretario general de Podemos había constatado que su figura ya no puntuaba electoralmente como en años anteriores, y las campañas de desprestigio contra su persona, su familia y su partido habían hecho mella en él política y personalmente.

Díaz era una de las ministras mejor valoradas del Gobierno y la acumulación de capital político que había hecho al frente de Trabajo era incuestionable. Iglesias se lo planteó de manera informal en varias ocasiones, pero ella lo rechazó y defendió que quería seguir al frente de sus labores como ministra, y sólo como ministra.

Algunas personas que la conocen explican que cuando Iglesias y otras voces de su entorno la intentaron convencer con más insistencia, la dirigente gallega se refugió más en su Ministerio y se centró más en las cuestiones técnicas y gubernamentales que recaían en su competencia. El Ministerio de Trabajo fue siempre su fortín, el lugar donde originó el capital político que le permitió construir Sumar y donde se siente más cómoda; lejos de batallas partidistas, siglas y listas electorales.

Ahora, tras un año al frente de la gestión de esas batallas, de la refundación de las siglas y de las tensas negociaciones sobre listas electorales, Díaz ha decidido centrar sus esfuerzos en el Ministerio y en la Vicepresidencia que lidera, la que le ha granjeado un legado de reformas trasformadoras en el mercado de trabajo (reforma laboral, ley rider, subidas del SMI…), y de datos. 

La semana que se cierra ha sido una de las más complicadas para la líder de Sumar, un auténtico tsunami que ha removido a una izquierda que tenía depositadas en la figura de la vicepresidenta sus expectativas de futuro. Díaz dimitió como coordinadora general de Sumar el lunes, después de que el domingo la candidatura que ella avalaba como líder del espacio sucumbiera en las elecciones europeas, en las que sólo logró tres diputados, y en las que, por primera vez en su historia, Izquierda Unida se quedó fuera del Parlamento Europeo.

Una hipótesis fallida que abre una nueva etapa

La propia dirigente gallega explicó días después que «cuando hay malos resultados electorales, la cabeza visible tiene que asumir la responsabilidad de todo el mundo», pero detrás de su decisión había más factores y una complejidad mayor que la del sacrificio del capitán cuando el barco hace aguas.

La hipótesis planteada por Sumar para reorganizar a la izquierda no estaba funcionando. Los partidos no terminaban de sentirse cómodos en un espacio que, a grandes rasgos, empezaba a desarrollarse con tintes de la fórmula en la que se basó Unidas Podemos: una alianza en la que una fuerza (Podemos primero y Sumar, después) despuntaba sobre el resto y gestionaba el capital político de todos, aunque de diferentes maneras (Díaz apostaba por conformar un partido de partidos en el que las organizaciones tuvieran un 30% de peso en el máximo órgano de toma de decisiones).

A su vez, Díaz y su equipo comprobaban casi semana a semana lo complejo que es gestionar una coalición en la que los partidos tienen diferentes intereses (a veces tácticos, pero, a veces, también estratégicos). Ante las diferencias que existían entre las formaciones, la manera de sostener la unidad se basó en ocasiones en primar unos intereses sobre otros en un juego que a veces consistía en evitar que las tensadas costuras rompieran por algún lado.

Si en el reparto ministerial del Gobierno IU tenía cartera, en la dirección del grupo parlamentario se le daba peso a otros partidos. Y si Compromís no había tenido ni ministerio ni el puesto parlamentario que reclamaba, había que garantizarle un puesto de salida en las europeas (la formación valencianista llegó a plantear su salida del grupo parlamentario si no se atendían sus demandas en el ámbito europeo).

Manteniendo la coalición sin generar una unidad política real se empezó a construir Sumar en un proceso que, claramente, fue torpedeado desde el principio por un intenso ciclo electoral con una ola reaccionaria de fondo que mantenía (y mantiene después de las europeas) a la izquierda a la defensiva.

La fórmula de la unidad, una tarea de los partidos

El desgaste por las cuestiones partidistas y por los resultados electorales hicieron mella en una Yolanda Díaz que al final optó por apartarse de la organicidad para centrarse al completo en su ministerio y en tratar de sacar al Ejecutivo de coalición de una parálisis legislativa que, de momento, no parece preocupar al PSOE.

Con Yolanda Díaz fuera del papel de arquitecta de la izquierda, los partidos dieron un paso al frente e hicieron llamamientos para la construcción de espacios de colaboración que en un futuro puedan facilitar alianzas políticas y electorales estables. Durante esta semana y durante las próximas, Movimiento Sumar, Más Madrid, Catalunya en Comú e Izquierda Unida han celebrado y celebrarán reuniones de sus respectivas ejecutivas para comenzar a trazar una hoja de ruta en este sentido.

Los intereses de cada organización siguen siendo diferentes en muchos aspectos, pero, al menos eso trasladan, la vocación de unidad es compartida, aunque una de las cuestiones clave en el futuro será el tipo de unidad que termine por imponerse (una unidad estructural con órganos permanentes y colaboración constante, o una fórmula de acuerdos puntuales en momentos concretos que se adapte a cada situación electoral y política). 

Con una figura como la de Díaz al margen de estas tareas, los partidos comparten la necesidad de establecer relaciones horizontales, de igual a igual. Este es, al menos, el discurso que se sostiene en un momento en el que las elecciones se miran desde la lejanía.

Díaz retorna al ministerio del que no quiso salir cuando le plantearon asumir la tarea de reorganizar un espacio complejo, convulso, y a veces definido por las malas relaciones personales. Si finalmente no hay una alianza de las izquierdas en el futuro, las formaciones no podrán tirar de la premisa de que la unidad falla cuando no se basa en mecanismos democráticos y en relaciones horizontales; ya no hay arquitecto ni primus inter pares.

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