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LA VERDADERA HISTORIA DE TEATRO DEL 60

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Con la poderosa narración y emblemática voz de Idalia Pérez Garay y coloridas ilustraciones, comienza esta valiosa pieza histórica ubicándonos en tiempo, espacio y destino, como país y como los “hijos colonizados” que aún somos. Sabiamente, nos presenta la cultura, como la madre de todas las facultades intelectuales y nuestras costumbres como marcas únicas de nuestra historia como pueblo


Roberto Alexander Pérez

«LA VERDADERA HISTORIA DE TEATRO DEL 60»: REBASÓ TODAS MIS EXPECTATIVAS: Con la poderosa narración y emblemática voz de Idalia Pérez Garay y coloridas ilustraciones, comienza esta valiosa pieza histórica ubicándonos en tiempo, espacio y destino, como país y como los “hijos colonizados” que aún somos. Sabiamente, nos presenta la cultura, como la madre de todas las facultades intelectuales y nuestras costumbres como marcas únicas de nuestra historia como pueblo. Luego, a través de una de las actividades culturales y artísticas más antiguas de la humanidad, el teatro, nos ubican en Puerta de Tierra, en la época gloriosa de Teatro del Sesenta, que, a propósito, se entremezcla con la tragedia del abandono y la destrucción de una visita a las ruinas de lo que fue su casa por década y media, el Teatro Sylvia Rexach. Entre entrevistas, carteles, programas de mano y valiosas fotos de montajes y grandes éxitos, supieron llevarnos de la admiración a la nostalgia y del orgullo a la rabia, si, a la rabia, al drama y los embates tras bastidores de una emblemática empresa que luchó porque un gran sueño no se volviera pesadilla.

Aún así, celebramos “La Verdadera Historia” con gran orgullo por los 60 años de existencia de Teatro del Sesenta. Su documental, es un documento histórico, artístico y social que no pierde el hilo ni la oportunidad de presentarnos nuestra situación política y económica de la época, esa que, aún, venimos remando y remendando: porque nos siguen arrebatando el timón y al artesano sastre del arte le siguen negando hasta la máquina de coser. Una situación cíclica que aún vivimos los artistas que formamos parte de algunas de sus producciones, en mi caso “La Gaviota” e «Indocumentados: El Otro Merengue”. Los que allí estuvimos, antes o más recientemente, conocemos, de primera mano, cómo nuestros mentores se adaptaban a los tiempos, a los buenos y los regulares.

Merecido reconocimiento que nos recuerda que ninguno de nosotros inventó la rueda, pero de todas las ruedas que tienen los carruajes que conforman nuestro Teatro Nacional, una de esas ruedas, sin duda, es marca Teatro del Sesenta. Por eso: “Cada quien está llamado a conocer su historia, solo así honraremos nuestros procesos, sólo así honraremos nuestro propio camino”. Gracias al Instituto de Cultura Puertorriqueña por el entretenido y valioso conversatorio: «Teatro del 60 y Teatro Breve».

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