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Las deudas de William Carlos Williams

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Marta Aponte Alsina recrea en ‘La muerte feliz de William Carlos Williams’ la atmósfera de la que se nutrió el poeta norteamericano y muestra la vida íntima de su madre, pintora puertorriqueña

La escritora Marta Aponte Alsina, autora de ‘La muerte feliz de William Carlos Williams’ / LG

Letra Global

El poeta sabe que está en deuda con su madre. Tiene un sentimiento de culpabilidad. Ella, pintora que se sacrifica por la familia, él, un médico que escribe poemas y que no tiene muy en cuenta sus orígenes puertorriqueños. William Carlos Williams forma parte de la mejor tradición poética de Estados Unidos, pero, ¿quién era Raquel Helena Hoheb? ¿Y cómo se pueden valorar las imporantes migraciones caribeñas de Mayagüez, en Puerto Rico? Con voz pausada, que transmite un enorme respeto por la creación literaria, por la cultura de su país, Marta Aponte Alsina expone su experiencia en una conversación con Letra Global, aprovechando su estancia reciente en Barcelona, que ha plasmado en La muerte feliz de William Carlos Williams, editada por Candaya. Aponte señala que sí, que “hubo en el poeta ese sentimiento de culpabilidad hacia su madre, lo que significaba también una deuda con un legado cultural, con un pasado familiar que él mismo quiso rescatar con un libro sobre su madre”.

Marta Aponte (Cayey, Puerto Rico, 1945), expone que, tras sus investigaciones, y, como siempre ocurre, por motivos azarosos, se encontró con un material que exigía respuesta. Aponte sabía que la madre del poeta había nacido en Puerto Rico. Pero el hilo para trabajar en el relato lo toma a partir de una investigación sobre Muna Lee, poeta, traductora y relaciones públicas de la Universidad de Puerto Rico. En los años 40 del pasado siglo organiza una conferencia de escritores, la Interamerican Conference of Writers, e invita a William Carlos Williams a ofrecer una conferencia. Se trata de su primer viaje a Puerto Rico –residía en Estados Unidos, en Rutherford (New Jersey)—con su madre todavía viva. Aponte se encuentra luego con un ensayo sobre la conferencia y el propio texto del poeta traducido al español por uno de los mejores críticos literarios, Julio Ramos. Y en ese ensayo se da cuenta de que el propio Williams había escrito una biografía sobre su madre, bajo el título de Yes, Mrs.Williams: A personal Record of My Mother (1982).

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Marta Aponte, autora de La muerte feliz de William Carlos Williams, en la Casa Amèrica Catalunya en Barcelona / LG

¿Y qué pasa ahí? “El libro refleja los confictos de William con su madre, con su cultura, muy diferente al New Jersey donde él nació y vivió casi toda su vida. Y lo que comprobé es la riqueza en las descripciones, la vida social y cultural del Mayagüez de los primeros años del siglo XIX. Lo que hace es captar la vida cultural de su madre, en español y francés, que eran sus lenguas principales, y se da cuenta de las experiencias de su madre en París, de su formación. Es decir, reivindica la importancia de Raquel Helena Hoheb. Y creí que eso merecía un libro de respuesta, para mantener ese legado”.

La influencia de la pintora en el poeta

Aponte se refiere a la necesidad de preservar culturas, de buscar el diálogo entre ellas, y de reinvidicar también ese Estados Unidos que es producto de migraciones, de lenguas y culturas diversas. Pero es creación literaria, la de una escritora de larga trayectoria, que forma parte de una selección de doce autoras imprescindibles de América Latina, publicada en la revista Publisher’s Weekly en 2018. ¿Hay siempre un proceso de metaliteratura en las narraciones? Aponte admite que sí, que se mezclan vivencias personales, de ese Puerto Rico que es su país, con la realidad de unas vidas ajenas, y el esfuerzo creativo de un escritor. Llena los silencios de una pintora, de una madre, que influyó de forma notable en el escritor. “Su imaginación era desbordante, y su pasión por el color, y eso dejó huella en William Carlos Williams, con un reconocimiento que se plasma en la biografía que escribió”, señala Aponte.

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Marta Aponte, en la Casa Amèrica Catalunya, en Barcelona / LG

Las circunstancias siempre mandan. Raquel Helena Hoheb, de origen judío, recaló en Mayagüez, en Puerto Rico. Se vio obligada a dejar sus estudios de arte y su vocación en una ciudad extraña, con una cultura que no formaba parte de su formación. Y “se queja de forma constante a su hijo. Tuvo otro, Edward –yo recreo los partos en el libro—pero se apoyaba en William, y, por tanto, él era también el objeto de todas sus quejas”.

El final deja una pregunta, «¿Por qué?» Alude al propio título del libro de Aponte. Su protagonista muere feliz, pero también está feliz su hijo, porque ha podido ayudarla, porque ha estado a su lado. “Son dos personas mayores que se cuidan, y eso es ilustrativo, es muy interesante ese diálogo final entre madre e hijo, esos momentos de enorme amor”, asegura Aponte.

Como escritora, como creadora, y como investigadora, Marta Aponte Alsina, con antepasados por ese segundo apellido en las islas Baleares, visitó Rutherford, para comprobar el lugar apacible en el que vivió el poeta. Visita una de las casas en las que vivió y aprecia ese Estados Unidos ordenado, moderno y pacífico que tanto le gustó al poeta, aunque con ese poso cultural que reconoció procedente de Puerto Rico.

El orgullo de Puerto Rico

A la autora de La muerte feliz de William Carlos Williams le ha gustado la película de Jim JarmuschPaterson, el nombre de un poema del escritor norteamericano. Los poemas que se pronuncian en la película no son los suyos, pero sí evoca la atmósfera y la delicadeza del vecino de Rutherford.

“Me encantó la película, con esa esposa tan creativa, con una enorme frescura y energía vital. Y, aunque no se recogen los poemas de William Carlos Williams, sí está esa escena sobre la caja de fósforos que es muy afín a su poesía. Ahora bien, sus poemas no son todos tan fáciles o sencillos. Hay que adentrarse para conocerlo bien”, sugiere Aponte.

Su visión, la que refleja en el libro, la remacha con Letra Global, sobre las propias características de Puerto Rico. “No tiene soberanía respecto a Estados Unidos, pero mantiene una identidad propia, una idea sobre su propia cultura, que diferencia también a Puerto Rico del resto de Latinoamérica”, asegura.

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