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Luis Pedraza Leduc: 50, 000 cámaras para continuar vigilándonos

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Eudaldo Baez Galib nos advierte del peligro que conlleva por parte de la Policía la instalación de 50,000 cámaras para vigilar a los ciudadanos en Puerto Rico. A estas cámaras les será integrado los sistemas de cámaras de comercios y otro tipo de establecimientos en el país. Si añadimos a este sistema los «grilletes» que cargamos cada uno de nosotros, conocidos como teléfonos celulares, validamos la conclusión del artículo de Baez Galib, estamos perdiendo la privacidad. Yo añado, la libertad.

Buenos días. Eudaldo Baez Galib nos advierte del peligro que conlleva por parte de la Policía la instalación de 50,000 cámaras para vigilar a los ciudadanos en Puerto Rico. A estas cámaras les será integrado los sistemas de cámaras de comercios y otro tipo de establecimientos en el país.

Si añadimos a este sistema los «grilletes» que cargamos cada uno de nosotros, conocidos como teléfonos celulares, validamos la conclusión del artículo de Baez Galib, estamos perdiendo la privacidad. Yo añado, la libertad.

Si nuestras generaciones se sorprendieron de cómo se discrimino, se persiguió y se tronchan vidas mediante el sistema de carpetas que la Policía de Puerto Rico desarrolló a mano, imaginen con el uso de la tecnología, que pueden hacer.

El artículo de opinión nos advierte del peligro y critica la indiferencia ante el anuncio de la instalación de este sistema de vigilancia. 

Pensemos.

Luis Pedraza Leduc

El riesgo de soltar un perro bravo sin bozal

  • El Nuevo Día
  • 9 Mar 2024
  • EUDALDO BÁEZ GALIB

El mutismo evidencia la trágica indiferencia del país que ya se reflejaba en su divorcio de los procesos electorales y su pasividad al desahucio de nuestro gobierno por una junta no electa. Pues se anunció por la Policía la instalación de cincuenta mil cámaras de seguridad esparcidas en lugares públicos y se proyecta la integración al sistema de otro millar localizadas en centros comerciales, negocios individuales, autopistas, intersecciones viales y centros de transportación masiva.

Se asegura que es con propósitos disuasivos a la criminalidad y evidenciar actos delictivos. No se ha dicho cuáles serán los parámetros para su uso, ni los mecanismos para evitar abusos. La tecnología es tal, que se puede determinar en cualquier momento dónde está cada persona y qué hace, así como dónde ha estado. Y habiendo disponibles programaciones de reconocimiento facial que pueden ser integradas, la tablilla vehicular ahora, y más después la faz, se facilita localizar, identificar y manipular.

Es un proyecto potencialmente peligroso para las libertades en una democracia decreciente. Sin embargo, nadie advierte pública y sonoramente esa amenaza a la intimidad personal y la disponibilidad, tentadora, para un gobierno mal intencionado utilizar esa tecnología para favorecer funcionarios, lideres, partidos políticos y empresarios conectados al gobierno.

Y cautela. Tengamos presente nuestra debilidad a la corrupción en la sociedad y gobiernos, así como la hegemonía con la gobernanza de algún empresarismo. Todo lo que hace riesgosa esa aventura en manos de “espíritus débiles”.

La capacidad de esas cámaras se ejemplificó en un programa de televisión reciente en el que un funcionario de la Policía explicaba esa tecnología. La panelista, para ejemplarizar la función del sistema, relató que fuera de cámara le proveyó al funcionario el número de su tablilla vehicular y él, utilizando el equipo disponible, le indicó dónde su vehículo había estado previamente.

Hemos, pues, una tecnología beneficiosa para atender la criminalidad, pero con el potencial de utilizarse para afectar lo más preciado: la privacidad. Y tentadoramente invita a la manipulación de esa vigilancia para dañar, deshonrar y chantajear—según miles de casos reseñados en la literatura—.

No estamos ante una controversia novel. La utilización de cámaras de vigilancia se ha esparcido mundialmente y facilitado con el abaratamiento de la tecnología, por su reducción en tamaño, así como la programación que permite identificación rápida. En especial, con la capacidad de entrelazarse millones de cámaras y centros de información comunicándose instantáneamente entre sí, accediendo a la identificación de una persona en cualquier parte de una extensa área geográfica, al momento y anteriormente. Que unido a la información personal almacenada, como récords médicos, laborales, policiales y estilo de vida, permiten a un gobierno o empresa radiografiar de inmediato a la persona.

No es objetar el fin laudable de la vigilancia. Pero es imprescindible que una persona pueda vivir sin temores que le reduzcan su movilidad y relaciones, o le fabrique un daño. Se dice que “perro bravo y sin bozal muerde al detal”. Hay que embozalar las cámaras para que solamente ladren.

“Hemos, pues, una tecnología beneficiosa para atender la criminalidad, pero con el potencial de utilizarse para afectar lo más preciado: la privacidad”

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