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Luis Pedraza Leduc: El doble discurso imperial

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Las noticias nos hablan del doble discurso de EEUU sobre la guerra de genocidio de parte de Israel en contra del pueblo palestino

Buenos días. Las noticias nos hablan del doble discurso de EEUU sobre la guerra de genocidio de parte de Israel en contra del pueblo palestino. Por un lado no entregan un armamento de bombas para que no se usen en la parte sur de la Franja de Gaza pero por otro lado aprueba la entrega de $1,000 millones de dólares en armamentos para Israel. La historia nos habla de la persecusion y exterminio del gobierno nazi encontra del pueblo judio a mediados del siglo pasado y hoy es el estado de Israel quien practica las practicas de exterinio y genocidio en contra del pueblo palestino.

Son muchas las aparentes contradicciones de este conflicto. Realmente las contradicciones no son otra cosa que la verdadera cara del sistema imperialista que surge de una economía que busca hacer riqueza de toda actividad, desde la explotación de un trabajador, pasando por el coloniaje al que se somete a un pueblo hasta llegar al exterminio de otros pueblos mediante la guerra en todos los frentes posibles. 

No podemos quedarnos cruzados de brazos ante la cruda realidad del pueblo palestino, atrapado entre la muerte y la agonia de la guerra. Si para el verano de 2019 nuestro pueblo se indignó y se levantó ante la insaciable mentalidad de un gobernador y sus ayudantes, no debemos esperar menos sensibilidad ante lo que ocurre cada día en la Franja de Gaza.

Los estudiantes discuten diariamente qué hacer en un campamento en el recinto riopedrense de la UPR. Madres contra la Guerra y otros grupos nos convocan a protestar semanalmente ante el consulado de Israel en Puerto Rico. ¿Qué proponemos al resto del país?

Compartimos un análisis y diagnóstico del Secretariado de la Internacional Progresista que nos puede ayudar en la reflexión obligada, ¿qué hacer?

Luis Pedraza Leduc


Aún no estamos ganando, pero ellos están perdiendo
 Las fuerzas israelíes han lanzado su asalto contra 1,4 millones de palestinxs hambrientxs refugiadxs en Rafah. Los portavoces del régimen siguen afirmando que sus ataques son «selectivos», una grotesca mentira que, tras la masacre indiscriminada de unxs 40.000 civiles, se ha vuelto imposible de sostener. La población de Rafah ya se enfrenta a una catástrofe de proporciones indescriptibles. Carecen de instalaciones, infraestructuras y los servicios más básicos. Muchos viven en tiendas de campaña. Los insectos y las enfermedades transmitidas por insectos proliferan. Se han agotado los alimentos, el agua, los medicamentos y el combustible. Estas graves carencias, que ponen en peligro la vida, son consecuencia directa del prolongado bloqueo israelí de Gaza, una política que adquirió proporciones genocidas desde el 8 de octubre. ¿Cómo damos sentido a esta matanza? ¿Cómo se explican las peticiones laxas y engañosas de lxs líderes y lideresas occidentales para moderarla? ¿Por qué hemos sido incapaces de detenerla? Palestina es un punto de apoyo en el sistema Internacional. No es sólo un punto central en la lucha regional por la soberanía y la autodeterminación: sin una Palestina libre, con aviones de guerra israelíes bombardeando rutinariamente a sus vecinos, no puede hablarse de establecer una base para el desarrollo o la integración regionales. Palestina es también el prisma a través del cual se enfocan casi todas las contradicciones globales. Como escribió Max Ajl, la resistencia palestina «pone de manifiesto el relieve del sistema mundial: la impotencia de las Naciones Unidas; el desprecio imperialista por el derecho internacional; la complicidad de los Estados neocoloniales árabes con el capitalismo occidental; el racismo fascista en el corazón del capitalismo moderno europeo y estadounidense, mientras asesinos y mutiladores operan en las capitales occidentales; las estructuras neocoloniales del mundo árabe y del Tercer Mundo; y lo vacías que son la democracia liberal occidental y su constelación de instituciones de la sociedad civil». La deshumanización y destrucción del pueblo palestino ha sido una característica repetida del sistema mundial desde la Nakba de 1948. Sólo en los últimos 20 años, lxs palestinxs han sufrido un flujo interminable de mortíferos asaltos militares israelíes, la mayoría de los cuales apenas irrumpen en la conciencia pública mundial: Operación Escudo Delantero, Operación Días de Penitencia, Operación Lluvias de Verano, la explosión de la playa de Gaza de 2006, el bombardeo de Beit Hanún de 2006, la Operación Nubes de Otoño, el incidente de Beit Hanún de 2008, la Operación Invierno Caliente, la Operación Plomo Fundido, el asalto a la Flotilla de la Libertad de Gaza, la Operación Eco que Retorna, la Operación Pilar de Defensa, la Operación Margen Protector, el asesinato por disparos de francotirador de 223 palestinxs y las heridas causadas a más de 9.000 cuando marchaban, casi totalmente desarmadxs, hacia la valla de la prisión de Gaza como parte de la Gran Marcha del Retorno, la Operación Romper el Amanecer y ahora la Operación Espadas de Hierro, esta última invasión de Gaza, acompañada de incursiones en Cisjordania. Cada una de estas operaciones contiene mares de tragedia humana que deberían ahogar nuestra humanidad común. A estas operaciones se unen el acoso y el despojo diarios de lxs palestinxs en Cisjordania y Jerusalén Oriental, con el claro objetivo de sustituir una población por otra. Esta opresión incesante genera resistencia, y esa resistencia saca a la luz la terrible podredumbre del sistema imperialista. Ese sistema ha estado a la vista de un gran número de personas en el Sur durante décadas. Pero hoy se hace aún más visible por su evidente fragilidad. Por eso la lucha por la libertad de Palestina está uniendo tantas luchas dispares en todo el mundo, al tiempo que inyecta nueva confianza y determinación a los movimientos populares desde Sana’a hasta la Universidad de Columbia. En el Norte Global, las élites imperiales están perdiendo rápidamente al pueblo. Las encuestas muestran que la mayoría de los Estados Unidos, el Reino Unido y Alemania quieren poner fin a la venta de armas a Israel. El británico, el alemán o el estadounidense medio pueden ver que, en el sistema imperialista mundial, una vida palestina vale inconmensurablemente menos que una vida israelí. Para la mayoría de la gente, esta grotesca injusticia es intolerable. En universidades y ciudades de Europa y los Estados Unidos, lxs estudiantes están ocupando instituciones en protesta por su complicidad en el genocidio. Están surgiendo campañas de acción directa que ponen en jaque a la maquinaria de guerra. A medida que aumenta la represión, la batalla contra ella se hace más fuerte. La resistencia palestina ha llevado la rebelión al Norte. A medida que el movimiento por la liberación palestina y la justicia global cobra fuerza, es nuestra tarea ayudar a que pase de la simpatía global por lxs palestinxs y lxs oprimidxs a la solidaridad activa con ellxs. Si lo conseguimos, Israel y la élite que lo respalda en la clase político-mediática del Norte ya no podrán seguir fingiendo que es un Estado normal, que es la víctima. A partir de ahí, construimos hacia fuera: de Palestina al mundo. El sistema imperialista no empieza y acaba en Palestina. Atraviesa las minas de cobalto de la República Democrática del Congo, las zonas económicas especiales de Honduras, el campo de prisioneros de Guantánamo y todo el planeta, sacudido de la estabilidad climática por el implacable afán del imperialismo de desviar la riqueza de muchxs a manos de unxs pocxs. Nuestro mundo está experimentando un rápido y gran cambio. Este proceso va acompañado de una tremenda violencia imperial, tanto contra el Sur como contra la oposición en el Norte. Pero son los gritos de muerte de un sistema que expira. Y ese sistema puede ser superado. Podemos convertir estos aullidos violentos en los primeros gritos de un mundo recién nacido. Pero sólo podremos hacerlo si profundizamos las movilizaciones del Norte y del Sur en un frente antiimperialista mundial unido. En palabras de Peter Mertens, si conseguimos «que la rebelión del Norte eche una mano a la rebelión del Sur, y viceversa, podremos dar la vuelta al mundo, en la dirección democrática, social y ecológica que necesita este planeta».En solidaridad,El Secretariado de la Internacional Progresista

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