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Luis Pedraza Leduc: Hoy hablamos de las dos caras de la pobreza

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La Dra. Linda Colon Reyes nos plantea en su más reciente libro los alcances de la pobreza y la desigualdad en el país. Realidad que enfrenta una actitud de negación

Buenos días. Hoy hablamos de las dos caras de la pobreza. Una de ellas, la pobreza real y medida mediante estadísticas y estudios académicos que nos dicen que el 40% de nuestra población vive bajo los límites de la pobreza. Cuando se desglosa ese porcentaje por sectores encontramos que la pobreza en los infantes aumenta a un 55% y en menores de 5 años aumenta a 60% en familias dirigidas por mujeres solas.

La Dra. Linda Colon Reyes nos plantea en su más reciente libro los alcances de la pobreza y la desigualdad en el país. Realidad que enfrenta una actitud de negación. De creer que vivimos en un país del primer mundo, donde no existe pobreza y el problema es que la gente no quiere trabajar.

Nos revela la socióloga que la pobreza rondaba en un 70% en 1952. Que hoy llega a un 40% por causa de una migración que continúa hasta hoy. Que los pobres emigran, pero siguen siendo pobres en los EEUU. Y ello es así porque el sistema económico genera la pobreza y la desigualdad para que los menos sigan dirigiendo y aumentando sus ganancias.

La otra cara de la pobreza la presentan los estudiantes de las escuelas públicas del país. Armados de teléfonos celulares, los estudiantes enfrentan las presiones, regaños y amenazas del gobierno por demostrar el verdadero estado de las escuelas que el gobierno de Pedro Pierluisi reclama están operando excelentemente bien. 

En la más reciente columna de Benjamín Torres Gotay se nos presenta esta crónica estudiantil que nos llena de esperanza. Existe la capacidad en nuestros estudiantes para rebelarse y aspirar a un mundo mejor. 

!Que vivan los estudiantes!

Luis Pedraza Leduc

La lucha por que se reconozca la pobreza

Linda Colón Reyes lleva casi 50 años batallando para convencer a Puerto Rico de que una parte sustancial de la población vive en condiciones de estrechez económica

18 Feb 2024

BENJAMÍN TORRES GOTAY benjamin.torres@gfrmedia.com

En “La herencia de la exclusión”, la doctora Linda Colón Reyes hace un análisis multidimensional de las causas y condiciones de la pobreza en el Puerto Rico de 2024.

Habiéndose criado en Víctor Rojas, una comunidad en la periferia de lo que entonces se conocía como un arrabal, de caminos de tierra y poblada por familias de escasos recursos en Arecibo, a la socióloga Linda Colón Reyes, nadie tuvo que convencerla de que, en Puerto Rico, hay pobreza, y no poca. Pero, cuando regresó a la isla, en 1976, luego de completar su grado doctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México, y empezó a trabajar en la Junta de Planificación, uno de sus jefes, quien era natural de Chile, le quiso hacer ver que, en Puerto Rico, no hay pobreza. “Ahí, empezó mi lucha con el tema”, dice Colón Reyes, hoy catedrática retirada de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico.

La lucha no ha concluido. Casi 50 años después de aquel momento, Colón Reyes continúa tratando de convencer a Puerto Rico de que aquí hay pobreza, y no de un nivel insignificante, ante la incredulidad de una sociedad que, por razones que no se pueden explicar, pero sí imaginar, se ha negado empecinadamente, desde mediados del siglo pasado, a reconocer que una sustancial parte de la población vive ahogada por carencias y estrechez. En su cruzada para que Puerto Rico sea capaz de reconocerse a sí mismo, Colón Reyes ha producido dos documentales y varios libros, el último de los cuales, “La herencia de la exclusión: Desigualdad y pobreza. Puerto Rico, Siglo XXI”, que presenta en estos días, analiza y explica las rémoras todavía significativas de estrechez económica que persisten en 2024.

A pesar de una tasa de pobreza de más del 40 % –que es del 55 % en niños y más del 60 % cuando son niños menores de 5 años en familias monoparentales dirigidas por mujeres–, Colón Reyes sigue encontrándose todos los días con gente que continúa negando que, en la isla, haya personas viviendo en tales condiciones. “La gente sigue haciendo las mismas preguntas y diciendo exactamente lo mismo. Es increíble. Que qué es la pobreza, que cuáles son las causas, que si es que la gente es vaga y le gusta vivir del cuento y si es que no tienen interés en superarse”, afirma.

La autora cree que la actitud de negación de amplios sectores de la sociedad hacia el tema de la pobreza y su prima, la desigualdad, que es un problema de una magnitud inusitada aquí, tiene que ver con “la mitología” de que Puerto Rico se había convertido en una sociedad avanzada a partir de la creación del Estado Libre Asociado en 1952. “Ciertamente, mejoraron muchísimos indicadores y hubo una reducción en la tasa de pobreza. Pero esa reducción no fue ni tan acelerada como se planteaba ni tan extraordinaria como se decía”, explica Colón Reyes, quien recuerda que, en la década de 1970, cuando ella regresó a Puerto Rico desde México, la tasa era todavía de 70 %, mientras que ahora es de alrededor de 40 %.

Pero, plantea, la reducción se debe más a la enorme emigración de personas pobres –que fueron casi la totalidad de los que se fueron entre 1950 y 1970 y la mitad de los que se han ido en las pasadas dos décadas– que a un cambio real en la economía y condiciones de vida en Puerto Rico. “Sin esa ola migratoria, no se habría dado la reducción en la tasa de pobreza. En esta última ola migratoria, según el Instituto de Estadísticas, cerca del 50 % de los que se han ido están bajo condiciones de pobreza”, agrega Colón Reyes, quien sostiene que las estadísticas también demuestran que la mayoría de los que se van pobres de Puerto Rico siguen pobres en Estados Unidos.

Colón Reyes, quien dirigió, en el gobierno de Sila María Calderón, el proyecto de comunidades especiales –la principal iniciativa contra la pobreza en Puerto Rico en las últimas décadas–, dijo que los planes contra la estrechez no han dado resultado porque “no están dirigidos a acabar con la pobreza, sino a ser un paliativo, a reducir los estragos mayores de la pobreza”. “Las estadísticas dicen que la tasa de pobreza apenas se reduce en 3 % o 4 % cada 10 años. En esta última década, no llegamos ni al 3 %. Es una reducción bien lenta porque el sistema económico que tenemos genera pobreza. Es su manera de operar”, sostiene.

La Organización de las Naciones Unidas, recordó Colón Reyes, estableció 17 objetivos que las sociedades deben perseguir para combatir la pobreza, empezando por propiciar las circunstancias que permitan a más personas insertarse en los procesos de producción con empleos apropiadamente remunerados que mejoren sus condiciones de vida. Pero, en Puerto Rico, esas condiciones rara vez se producen. En países como Bolivia y Brasil, algunos de esos factores, fomentados por los presidentes Evo Morales y Luiz Inácio Lula da Silva, respectivamente, lograron reducciones importantes en los niveles de pobreza, indicó. En su más reciente libro, Colón Reyes hace un análisis de mirada global acerca de las políticas económicas y las fuerzas históricas que, en Puerto Rico y otros países, fomentan las condiciones de pobreza y hace una radiografía multidimensional del estado de la estrechez y desigualdad en el Puerto Rico del Siglo XXI.

De las manifestaciones de la pobreza en Puerto Rico, en este momento en particular, le preocupa la violencia social que generan la estrechez y la desigualdad. “Es esa pobreza que se manifiesta en el crimen organizado y en la desigualdad de acceso a unos servicios básicos, como la salud. Esto que vemos a cada rato, de gente pidiendo dinero para poder sufragar los costos de atender una enfermedad, la cantidad de niños con problemas de aprendizaje y con autismo que nacen en sectores pobres y para los cuales no existen servicios o están muy limitados”, manifestó.

“Sin esa ola migratoria, no se habría dado la reducción en la tasa de pobreza”

LINDA COLÓN REYES SOCIÓLOGA

Tapar el sol con un dedo

  • 18 Feb 2024
  • Benjamín Torres Gotay Periodista , benjamin.torres@gfrmedia.com x Twitter.com/TorresGotay

Hasta que la ley de veda electoral se lo permitió, el gobernador Pedro Pierluisi atosigó a Puerto Rico por ojos, boca y nariz con una campaña de propaganda oficial, acotada con la frase “haciendo que las cosas pasen”, que tenía como fin convencer a los crédulos, que no son pocos, de que vivimos en Suiza y no en Puerto Rico. Para uno de los comerciales, resucitaron un jingle de los años 80 cuyo coro dice “esta es mi escuela…”, a ritmo del cual pusieron a niñas y niños a cantar en un plantel inmaculado. Cancha de baloncesto bajo techo en perfectas condiciones, gazebo con techo de ladrillo a dos aguas, aceras limpias flanqueadas por grama nítidamente podada, pisos fulgurantes y abundante vegetación.

Todo el que ha pasado alguna vez en su vida a 500 metros de una escuela pública suspiró divertido al ver el comercial. Algunos se preguntaron a qué parte de Noruega fueron a filmar en un plantel tan bonito, más parecido a un colegio privado o una escuela en alguno de los sectores más privilegiados de Estados Unidos, que a los decrépitos planteles a los que condenamos aquí a nuestros niños pobres. Mas como en Puerto Rico también abunda gente clamando a gritos todos los días ser engañada, quizás no fueron pocos los que al ver el comercial pensaron satisfechos que al fin teníamos escuelas públicas de primer mundo.

No se sabe cuánto costó la campaña, por la cual la Junta de Supervisión Fiscal, guardiana de toda virtud gubernamental, no se inmutó. La comisionada residente, Jenniffer González, dijo que fueron unos $60 millones. El gobernador Pierluisi calificó ese estimado de “totalmente disparatado” y dijo que no pasaba de $1 millón o quizás “algo más” que no precisó. Lo que haya sido, poco no fue. Pero lo que haya sido, igual, no valió nada cuando la realidad, que es como un animal salvaje imposible de controlar, empezó a dejarse sentir con estruendo como de terremoto. Las palpitaciones empezaron en Camuy. Estudiantes de la escuela superior Luis Felipe Crespo, armados con teléfonos celulares y usando como plataforma la red social TikTok, la favorita en este momento de los jóvenes (mañana seguro será otra), difundieron un vídeo de pocos segundos mostrando el verdadero estado de su plantel.

El vídeo se hizo viral. La gente, aunque a menudo no lo parezca, reconoce hasta por instinto qué es verdad y qué es propaganda. Hubo ataques de operativos políticos contra los jóvenes y represalias de parte de la dirección del plantel. Pero como estamos hablando de un animal salvaje que es imposible de controlar, continuaron saliendo a borbotones muchos vídeos más denunciando las condiciones de las escuelas. Uno mostró el vergonzoso estado de la Escuela Superior Vocacional Miguel Such, de Río Piedras. 800 estudian allí, a menos de diez minutos en carro de las oficinas centrales en Hato Rey del Departamento de Educación.

Nadie explicó el motor de estas acciones mejor que la joven estudiante Alaisha Torres, presidenta de la clase graduanda de la Luis Felipe Crespo, una de las protagonistas del vídeo que desató esta tormenta: “Ya esta generación no se va a quedar callada con el gobierno, que quiere tapar el sol con un dedo”. Su generación, valga mencionar, que se crió entre bancarrota, colapso institucional, corrupción, huracanes, pandemias y terremotos. Hay varias lecciones muy importantes en esta controversia. La primera, por supuesto, es la más obvia. No hay campaña de propaganda que, por más que cueste, pueda ocultar la irreductible realidad de un país en ruinas. Entre esas ruinas, nada duele más que el ignominioso estado en que décadas de corrupción e incompetencia han dejado a la educación pública, convertida a consecuencia del abuso en una fábrica de pobreza, desigualdad y la hija de ambas, la violencia.

Esta misma semana, para no ir no más lejos, se supo del caso de un sujeto cuyo activismo político fue premiado con un puesto de alto nivel en el Departamento de Educación y que terminó robándole $213,000 a la agencia junto a su compañero sentimental. Además, la organización no gubernamental Espacios Abiertos reveló que la agencia lleva años sin cumplir con una ley de 2018 que le obliga a invertir mínimo el 70% de su descomunal presupuesto en servicios directos a los estudiantes.

La educación pública, en resumen, es quizás el área en que menos verosímil puede resultar una campaña de propaganda. Pero, en un sentido más amplio, la controversia ilustra algo aún más profundo y terrible: la incapacidad crónica de quienes han gobernado a Puerto Rico por los pasados 50 años para resolver nuestros problemas más importantes. El deterioro de la planta física, que es solo el aspecto más visible de la monumental crisis que por décadas ha atravesado la educación pública, ha sido un problema por tiempo inmemorial. Año tras año, al comienzo de clases, escuchamos de escuelas cuya planta física no está lista, que no han sido pintadas ni desyerbadas. Incluso, quedan casi 200 escuelas cuyo problema de columnas cortas no ha sido resuelto desde los terremotos de 2020, hace más de cuatro años.

Los responsables de atender estos problemas sueltan excusas como ristras de petardos: “mañana”, “cuando lleguen los fondos”, “en el próximo presupuesto”, “el plan estratégico”. O, peor aún, con campañas de propaganda, costosísimas, que tienen uno de dos fines: o, como dijo la joven camuyana, “tapar el sol con un dedo” o convencernos de que la mediocridad y el fracaso son la norma. La historia se repite, si se fijan, en todos los problemas más importantes. La seguridad, la economía, el sistema de salud, la transportación pública, todo lo que es esencial para el bienestar y el orden de una sociedad.

A través de los años, esos desafíos, y muchos otros, continúan agravándose, mientras los que están a cargo se agarran de pequeñas y mayormente insignificantes variaciones o, peor, queriendo convencernos de que, con una manita de pintura aquí o allá, tirando fuegos artificiales o inventándose frases motivacionales, el desafío fue resuelto. Pero, cuando se acaban las piruetas y se difumina el humo de los fuegos artificiales, la realidad, bella y terrible, asoma sus voraces fauces en el horizonte, para dejarnos saber, a la mala si no lo entendemos de otra manera, que las cosas son como son y no como quieren que creamos que son.

Pregunten en Camuy si no lo creen.

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