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Luis Pedraza Leduc: La deuda de un confinado

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Compartimos la reflexión que hace el periodista Benjamin Torres Gotay sobre el sistema penal en Puerto Rico donde un confinado cuesta anualmente $60,000 mientras el Departamento de Educación gasta $5,000 para el mismo periodo por estudiante

Buenos días. Compartimos la reflexión que hace el periodista Benjamin Torres Gotay sobre el sistema penal en Puerto Rico donde un confinado cuesta anualmente $60,000 mientras el Departamento de Educación gasta $5,000 para el mismo periodo por estudiante. 

Apoyado por la entrevista que hace a un confinado que ha tenido la oportunidad de estudiar grados universitarios, independientemente de una sentencia de 119 años por un caso de asesinato, Torres Gotay nos confronta con lo absurdo de un sistema que alega tener por fin la rehabilitación. No obstante, el castigo prevalece.

Lean la columna más de una vez. Nos obliga a pensar.

Luis Pedraza Leduc

La deuda de un confinado

  • El Nuevo Día                     22 Oct 2023
  • Benjamín Torres Gotay Periodista , benjamin.torres@gfrmedia.com x Twitter.com/TorresGotay

Quince años encerrado por más de veinte horas al día solo con la propia respiración permite algunas reflexiones. En el caso de Raúl Reyes Chalas, un confinado que lleva ese tiempo en la cárcel de máxima seguridad Bayamón 292, más todavía. Se trata de un hombre sesudo. Ha estudiado y leído, en principio bajo la guía del fenecido profesor y sacerdote Fernando Picó, quien creó el programa de estudios universitarios para personas confinadas, luego por su cuenta, a la mayoría de los grandes filósofos de la historia. En una charla con él, caen muy casualmente referencias a Platón, a Herodoto, a Camus, a Rosseau, a Marx, Camus, gente así.

Una de sus más importantes reflexiones, la compartió conmigo en una entrevista que le hice hace poco en mi podcast. Su encarcelamiento le cuesta al gobierno, a nosotros, los que pagamos contribuciones, unos $60,000 anuales. Eso es en su caso, que es un hombre saludable. Si tuviera condiciones de salud que atender, sería mucho más. El pasado año fiscal atender los servicios de salud de los confinados en cumplimiento con regulaciones estatales y federales, costó $23 millones, $9 millones más de lo asignado, según dijo en la Legislatura la secretaria de Corrección y Rehabilitación, Ana Escobar. En cada estudiante de escuela pública, mientras tanto, el gasto anual es de aproximadamente $5,000. “Se pudieran estar educando (aproximadamente) doce niños, con lo que se paga por mí teniéndome en prisión”, dice Raúl.

El hombre está preso por un asesinato ocurrido en el 2005, en Río Piedras, por el cual fue encontrado culpable en corte. Alegando inocencia y errores en el proceso, solicitó, sin éxito, nuevo juicio. Nadie (o casi nadie) cree que alguien que es encontrado responsable de un asesinato no deba ir preso. Lo que él, y muchos otros, incluyendo el que escribe, critican es lo desproporcionado e irracional de algunas sentencias. También la persistencia del castigo incluso cuando la persona demuestra, como es el caso de Raúl, que es distinto a cuando llegó a prisión. Raúl cumple una sentencia que es imposible de cumplir, porque supera la expectativa de vida de cualquier persona normal: 119 años. Es uno de los 13 reos que completaron un bachillerato en Estudios Generales en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Forma parte, además, del grupo elegido para tomar clases presenciales en Río Piedras. Los estudios, a los que Raúl se entregó con gran pasión, le cambiaron la vida.

“Dentro de todo el proceso de lo que es la cárcel o lo cotidiano de la cárcel, aquello era un bálsamo. Uno iba a la universidad y se salía de todo aquello. Nosotros sabíamos que estábamos privados de la libertad, pero dentro de aquel espacio podíamos sentirnos como la persona que pudimos ser, no la que llegó allí y que podíamos tener la capacidad de transformarnos”, me dice.

La educación le impactó de tal manera que quiere hoy ser maestro de filosofía a nivel de escuela superior. “Por primera vez estaría haciendo algo que me llena”, recuerda Raúl, un exmarine que estuvo en combate en la guerra en Irak antes de los problemas que lo llevaron a la cárcel.

Piensa en esta meta a pesar de que no es seguro que algún día saldrá de la cárcel. “Nunca he pensado que me voy a morir ahí dentro”, dice.

El haber estudiado, y demostrado dentro de las limitadas maneras que tiene a su alcance en prisión que ya no es una amenaza para la sociedad, no tiene ningún impacto en su sentencia. Igual que si se hubiera pasado la pasada década y media perdiendo el tiempo o, peor, delinquiendo en la cárcel, como pasa tan a menudo, tiene que esperar a cumplir 25 años adentro para tener derecho de plantearle su caso a la Junta de Libertad Bajo Palabra. La Junta, se sabe, dice a veces que sí y a veces que no.

“Si invirtieron el tiempo y los recursos en educarme, ¿para qué me va a tener diez años más aquí, cuando ya llevo 15? Permítanme demostrar esa transformación que hay en mí por medio de los estudios universitarios. Yo sé que yo no voy a cambiar el mundo solo. Pero yo puedo ayudar a cambiar un montón de cosas que están pasando allá afuera. Yo puedo aportar, hacer un montón de cosas buenas”, afirma. Cuando se hablan estos temas, siempre alguien dice: bien que se haya rehabilitado, pero tiene que pagar por lo que hizo. No es un planteamiento irracional. Hay una persona de cuya muerte Raúl es responsable, según los mecanismos que tienen esta y muchas sociedades para dilucidar asuntos así. Los familiares de esa persona, Francis Reyes Martínez, inmigrante dominicano igual que Raúl, sufren todavía su pérdida.

Hay que entrar entonces en algunas de las preguntas más tremendas del sistema de justicia criminal. ¿Cuál es el propósito de la cárcel? ¿A quién sirve el encarcelamiento de por vida de una persona? ¿Qué le ha resuelto a la sociedad esta manera de entender ese concepto tan abstracto y difícil de entender y explicar como lo es la justicia? Mucha gente entiende la justicia como un juego de toma y dame, no mucho más complejo que una venganza; el que la hizo, que la pague. ¿A quién le devuelve algo que tantos años después, y habiendo demostrado que está rehabilitado, alguien como Raúl siga preso?

En estos tiempos, poca gente le da importancia a lo que diga la Constitución del Estado Libre Asociado. Pero para quien le importe, el propósito del encarcelamiento está muy bien explicado en la Sección 19: “reglamentar las instituciones penales para que sirvan a sus propósitos en forma efectiva y propender, dentro de los recursos disponibles, al tratamiento adecuado de los delincuentes para hacer posible su rehabilitación moral y social”. No dice, por ningún lado, que la cárcel es para meter gente presa hasta que se mueran de manera que alguien sienta que se vengó por algo malo, por muy malo que sea, que haya hecho el sentenciado. Aquí abunda gente, incluso en círculos de poder, que no concibe la cárcel de otra manera que no sea como un recurso de tortura y de venganza.

Le planteé este asunto a Raúl en esos mismos términos, de que tiene que pagar por lo que hizo y su respuesta puede decirse que me dejó sin palabras: “¿Qué es pagar? ¿Qué es lo que yo debo? ¿No me deben a mí también? Vivimos en una sociedad revanchista, buscando todo el tiempo que uno tiene que cumplir, que uno tiene que pagar, que esto, que lo otro. Yo no pido para mí ni para mis compañeros nada que alguien no pediría para uno de sus hijos, para uno de sus hermanos: la oportunidad”.

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