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Luis Pedraza Leduc: La explotación obrera en tiempo extra y cómo se burla la carta de derechos de la Constitución

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En Puerto Rico no basto con las políticas de medicina amarga del Consejo Asesor de Reconstrucción Económica Fiscal, CAREF y la Junta de Reconstrucción Económica y Fiscal, JREF, (2009). Después de las leyes especiales quitando derechos laborales, congelando convenios, vino una ley federal, PROMESA, (2016) y hasta hoy siguen los recortes y prohibiciones para mayor beneficios a la clase trabajadora. No a los aumentos en salario mínimo, no para aumentos en pensiones, no para aumentos en licencias de vacaciones y enfermedad, si para que se trabaje más horas sin paga doble

Buenos días. El Lic. Jorge M. Farinacci Fernós nos trae el tema del pago de horas extras en el trabajo como ejemplo de explotación laboral. Y nos recuerda parte del debate legislativo que se dió en la convención constituyente para aprobar la Constitución del ELA en 1952. Para aquellos que deseen una interpretación más profunda del tema les invitamos a leer su libro, La Constitución Obrera de Puerto Rico, El Partido Socialsita y la Convención Constituyente.

El punto que queremos destacar es que independientemente de los requisitos legales impuestos por la Constitución (pago doble por hora extra trabajada) el capital busca la forma de burlar la ley o simplemente paga porque en el rendimiento (explotación del obrero) es que hay ganancias. No creo que el asunto sea de un capitalismo salvaje. Solo hay un capitalismo. Si enseña los dientes o no, si muerde o lame depende de otras circunstancias.

Cuando menos salvaje fue el capital es cuando más fuerte estaba la lucha política de la clase trabajadora. Ante la organización de una sociedad socialista, el capital hizo concesiones importantes. Escuelas públicas, educación gratuita, salud universal o socializada, pensiones y sistemas de seguro social, control de precios y medidas sobre el mercado, aumentos de salario, derechos a organizar sindicatos y hacer huelgas, entre otros.

Pero el capital nunca duerme. Y mientras hizo concesiones en países industriales explotaba aún más a los países del llamado “tercer mundo”. Y continuó en el debate de ideas y la propaganda. Y realizó golpes de estado, invasiones a otros territorios, instalo gobiernos títeres y asesinó a líderes políticos, entre otras acciones salvajes. Pero lo que guía al capital es el rendimiento de su inversión. Si hay ganancias, los cambios políticos son mínimos. Si se reduce la ganancia entonces se requiere un cambio a favor del capital.

Es por ello que en Puerto Rico no basto con las políticas de medicina amarga del Consejo Asesor de Reconstrucción Económica Fiscal, CAREF y la Junta de Reconstrucción Económica y Fiscal, JREF, (2009). Después de las leyes especiales quitando derechos laborales, congelando convenios, vino una ley federal, PROMESA, (2016) y hasta hoy siguen los recortes y prohibiciones para mayor beneficios a la clase trabajadora. No a los aumentos en salario mínimo, no para aumentos en pensiones, no para aumentos en licencias de vacaciones y enfermedad, si para que se trabaje más horas sin paga doble.

Esa es la receta del capitalismo que la clase obrera debe enfrentar con educación y nuevas formas de organización política y sindical.

Luis Pedraza Leduc

El “overtime” y la explotación laboral

Por Jorge Farinacci Fernós

lunes, 11 de diciembre de 2023

El trabajo es una actividad indispensable de la vida en sociedad. Es a través del trabajo que la madera se convierte en muebles, el algodón en ropa y el trigo en pan. Y como la gran mayoría de nosotros y nosotras no somos dueños ni dueñas de fábricas o terrenos agrícolas, para sobrevivir tenemos que trabajar para quienes sí lo son. Bajo el sistema capitalista, esta transacción se hace a cambio de un salario.

Sin embargo, no debemos olvidar el viejo lema: Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Precisamente, una de las consecuencias del avance tecnológico debería ser permitir a los seres humanos trabajar menos y disfrutar más de la vida. Desafortunadamente, bajo el capitalismo salvaje, cada día se nos exige que trabajemos más y más, por menos y menos.

Uno de los fenómenos que caracteriza esta cultura de explotación es el llamado “overtime”. Históricamente, han sido los patronos, y no los trabajadores, quienes impulsan la disponibilidad del “overtime”. Es así pues le sale más barato al patrono pagar tiempo y medio por horas adicionales a un trabajador, en vez de contratar a una persona desempleada que busca trabajo. Ni hablar del evidente efecto nocivo que el “overtime” tiene sobre la salud de los trabajadores y trabajadoras.

Y es que ningún trabajador quiere trabajar horas adicionales tras completar su jornada laboral regular. Ello conlleva más cansancio y menos tiempo con nuestras familias. Lo que ocurre es que muchas personas tienen que trabajar “overtime”. Si los salarios que nos pagan fuesen suficientes para otorgarnos una vida digna, nadie solicitaría trabajar “overtime”. Trabajamos horas adicionales porque el salario que recibimos es insuficiente.

La Convención Constituyente que redactó nuestra Magna Carta en 1952 quería evitar este desenlace. En primer lugar, la Sección 16 de la Carta de Derechos reconoce el derecho de todo trabajador(a) a recibir un “salario mínimo razonable”, definido como aquél suficiente para garantizarle a toda persona una vida digna que le permita satisfacer todas sus necesidades básicas. En segundo lugar, esta misma Sección 16 regula el trabajo “overtime” más allá de las ocho horas diarias. Como surge claramente del debate en la Convención, el objetivo era crear un sistema en donde las personas trabajaran un máximo de ocho horas, durmieran al menos ocho horas y disfrutaran de la vida y sus familias por, al menos, las restantes ocho horas.

El objetivo era que el “overtime” fuera la excepción y no la norma. Fomentar el trabajo, pero no la explotación. Esperemos que la libertad económica de unos pocos no provoque la explotación de las grandes mayorías, tal y como quiere evitar nuestra Constitución.

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