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Luis Pedraza Leduc: La guerra y la paz

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Como reacción a la opinión de Joe Biden compartimos la opinión del periodista Oleg Yasinsky en la cual analiza las expresiones y premisas del presidente y las confronta con otros datos muy interesantes. Reproducimos ambas columnas ya que como residentes en una colonia del imperio norteamericano debemos saber cómo piensa y se expresa el Comandante en Jefe de EEUU sobre temas tan cruciales como son la guerra y la paz.

Buenos días. El 18 de noviembre el Washington Post publicó un artículo de opinión suscrito por Joe Biden, presidente de EEUU. En el mismo trata los temas de Ucrania y el medio oriente desde la premisa de que Putin y Hamas son los enemigos principales que propician guerras regionales para causar un desorden mayor en el mundo.

Desde su perspectiva, EEUU en su rol de guardián del mundo no puede permitir estas guerras para defender sus propios intereses y para salvaguardar el bien del resto del planeta. Leer críticamente este artículo es importante ya que sorprende la superficialidad y las repeticiones de una retórica sobre “democracia”, “terroristas” y sobre la “paz” bajo la firma del presidente de los EEUU. ¿Puede un ciudadano que se considere bien informado creer lo que en este artículo se escribe? 

Como reacción a la opinión de Joe Biden compartimos la opinión del periodista Oleg Yasinsky en la cual analiza las expresiones y premisas del presidente y las confronta con otros datos muy interesantes. Reproducimos ambas columnas ya que como residentes en una colonia del imperio norteamericano debemos saber cómo piensa y se expresa el Comandante en Jefe de EEUU sobre temas tan cruciales como son la guerra y la paz.

El debate de ideas se impone.

Luis Pedraza Leduc

Joe Biden: Ni un paso atrás ante el desafío

Oleg Yasinsky

Publicado:25 nov 2023 17:38 GMT

Hace unos días el periódico estadounidense The Washington Post publicó un artículo de opinión del presidente Joe Biden con el título ‘Estados Unidos no retrocederá ante el desafío de Putin y Hamás’.

Si hubiéramos llegado a este mundo desde otros tiempos o espacios, al leer algo así, seguramente nos imaginaríamos a EE.UU. en llamas, atacados por las salvajes hordas rusas y palestinas. El señor Biden, acostumbrado a confundir países y saludar al vacío, representante de un país que en las últimas décadas no hizo otra cosa que desatar guerras, dirigir golpes de Estado y ordenar las horcas económicas para las naciones independientes, nos habla en su artículo de sus aspiraciones por un futuro próspero y pacífico, a pesar de existir gente como nosotros que no compartimos “sus valores”, como bien lo aclara en el texto. Por suerte, no los compartimos.

Entiendo que este breve panfleto, encargado a sus asesores políticos y literarios, tenía el propósito de explicar la lógica política del Gobierno norteamericano para participar activamente en las guerras de Europa y Medio Oriente. El artículo dice que “Estados Unidos es la nación esencial”, con el tono de una “Alemania por encima de todo” del más ambicioso de sus ancestros. La definición de la nación esencial está precedida por un párrafo que se supone lo explica todo o casi todo:

“Tanto Putin como Hamás luchan por borrar del mapa a una democracia vecina. Y tanto Putin como Hamás esperan colapsar la estabilidad e integración regionales más amplias y aprovecharse del desorden resultante. Estados Unidos no puede permitirlo, y no lo hará. Por nuestros propios intereses de seguridad nacional, y por el bien del mundo entero”.

Las primeras dos afirmaciones son un ejemplo perfecto de la costumbre de los manipuladores de todos los tiempos, que mezclan todo con todo para luego afirmar sus verdades supuestamente absolutas. El poder en la Franja de Gaza, de la organización político-militar palestina, nos guste o no nos guste, es el producto genuino de unas elecciones, seguramente no ideales y con muchos problemas, pero no son menos democráticas que las del Gobierno del país ocupante.

Hablar de Ucrania como un estado democrático ya parece ser un chiste de mal gusto. Obviamente si entendemos como ‘democracia’ al poder soberano del pueblo y no de los servicios de inteligencia extranjeros. Tal vez, si los autores del texto fueran más honestos, deberían reemplazar el término “democrático” por “obediente a nosotros”. Así seguramente se entendería mejor. Acusar a Vladímir Putin y, de paso, a Hamás, como si fueran dos lados de la misma referencia del mal absoluto oficial, con la denominación de origen verificado y que “esperan colapsar la estabilidad e integración regionales”, parece más surrealista aún.

¿Quién más que Rusia fue la que durante años y años trataba de encontrar cualquier fórmula, un acuerdo de seguridad para Europa, mientras que la frau Angela Merkel y sus colegas ganaban tiempo para armar y entrenar al Ejército ucraniano para el avance territorial de la OTAN? ¿Quién hizo más que Israel para convertir los guetos palestinos en un polvorín a punto de estallar en cualquier momento? ¿Quién dirigió el plan mundial para “aprovecharse del desorden resultante”? ¿Irán? ¿Corea del Norte? ¿Cuba? ¿Venezuela?

Otra frase del mismo artículo: “El mundo espera que resolvamos los problemas de nuestro tiempo. Ese es el deber del liderazgo, y Estados Unidos lo ejercerá”. ¿A qué cosa extraña llama “el mundo” el señor Biden? ¿Cuál es su mundo? Creo que todos deben conocer estas declaraciones para entenderlas bien y unirse.

Aparte de la infinita prepotencia, estupidez e irresponsabilidad de esta clase de promesas de Biden a Biden, aquí estamos viendo con mucha nitidez el verdadero proyecto del gobierno estadounidense y nuestro inexistente lugar en él.

Lo curioso es que la mafia belicista que trata de gobernarnos desde la Casa Blanca, tampoco es tan independiente como se posiciona. Entendemos que son tan empleados de las corporaciones internacionales como cualquier otro gobierno del ‘mundo civilizado’. La única diferencia es que desde el sótano del régimen de Zelenski, la oficina directiva de Joe Biden, ubicada en el último piso, con una bonita vista al infierno que ellos hacen del mundo, se ve como la cabina del capitán. Pero los dueños desde hace tiempo que se mudaron del edificio.

EE.UU. por si solo no decide nada. Para entender quiénes son los que toman las decisiones, deberíamos mirar al corazón de la oscuridad evocando las letras innombrables de BlackRock, The Vanguard Group, State Street Global Advisors y otros colosos más pequeños.

Después de sus tradicionales mantras sobre Putin y Ucrania, que se repiten desde el primer día de su gobierno y donde cualquier análisis es reemplazado por caricaturas para el público analfabeto, el presidente Biden se explaya sobre un tema que le preocupa mucho más: su nueva operación híbrida en Medio Oriente. Las explicaciones parten desde el conocido cliché propagandístico israelí, que el 7 de octubre pasó “la peor atrocidad cometida contra el pueblo judío en un solo día desde el Holocausto”. Entiendo bien, lo impactante que debe sonar esto para los sentimentales televidentes. Pero es mentira.

La peor atrocidad contra el pueblo judío es la política colonial, racista y genocida del Estado sionista, que funciona como la mejor fábrica de judeofobia en el mundo. Aquí también hay otro error del señor Biden o de sus asesores, que desde nuestra buena fe podemos entender que es parte de su ignorancia, y es que en el artículo se contrapone el ‘antisemitismo’ y la ‘islamofobia’. Como los palestinos, al igual que los judíos y todos los árabes son semitas, el antisemitismo no es solo antijudío, sino también es antipalestino y antiárabe. Convendría saberlo para ahorrar así una palabra más en estos textos tan largos y también para definir la política del Estado de Israel que el sin duda es antisemita.

Cada bomba israelí que cae hoy en Gaza es un crimen también contra todos los niños judíos que tendrán que cosechar los frutos de esta siembra.

Y no olvidemos lo más importante, que Israel no hace nada sin el total y completo beneplácito de EE.UU… por si acaso nos interesa saber el nombre del mayor antisemita del mundo.

Si los pueblos de Oriente Medio no vivieran ahora esta tragedia, la siguiente frase de Biden podría ser la mejor muestra de su excelente sentido de humor, o una de esas imágenes que inspiran al teatro del absurdo de Zelensky. Biden dice: “A mí también me rompen el corazón las imágenes de Gaza y la muerte de miles de civiles, incluidos niños”. Me hace acuerdo de un viejo chiste (disculpen lo grosero que me pone Mr. Biden), donde un tipo regresa de un prostíbulo y cuenta a su amigo: “Allí conocí a una chica maravillosa, que me contó su terrible historia. El marido la estafó y la dejó sola con sus hijos y sin dinero, y por ello se vio obligada a dedicarse a eso… es tan terrible e injusto… y entonces imagínate, la follo y lloro…”.

Las palabras sobre que “el pueblo palestino merece un Estado propio” pueden ser consideradas la parte demagógica más aburrida del texto. El mundo sabe que los palestinos deben tener un Estado propio desde la decisión de la ONU en 1947. También se sabe que Israel es la extensión político-militar de EE.UU. en la región. Solo el movimiento de un dedo desde EE.UU. bastaría para que Israel aceptara la creación de un estado palestino. Pero la paz entre Israel y los palestinos es un mal negocio y necesidad de la presencia militar estadounidense en Oriente Medio disminuiría drásticamente, perjudicando su control geopolítico y la industria armamentista.

“Nuestro objetivo no debe ser simplemente detener la guerra por hoy, sino acabar con ella para siempre, romper el ciclo de violencia incesante”, afirma el artículo.

Para hablar o escribir sobre los ciclos de violencia, habría que entender que los efectos suelen tener sus causas. No hay nada más violento y desestabilizador que la humillación permanente de todo un pueblo. En palabras simples, como para el público de Biden: para acabar con la guerra habría que acabar con el odio, para acabar con el odio, habría que acabar con el resentimiento, para acabar con el resentimiento habría que acabar con su causa, su causa es la ocupación ilegal de los territorios palestinos y su abierta deshumanización y discriminación por el estado de Israel y todo su aparataje mediático.

Obviamente, esto no se resuelve en un solo día ni con un par de decretos ‘adecuados’. Pero para eso, habría que hacer algo a lo que Washington no está acostumbrado y es escuchar al otro, tratar de entenderlo, intentar ponerse en su lugar. Para romper los ciclos de violencia simplemente hay que dejar de incentivarlos.

Luego Biden exige en su texto “el compromiso de israelíes y palestinos, así como de Estados Unidos y de nuestros aliados y socios”. No sé si lo sabe el autor, pero el mundo ve en estos tiempos que “el compromiso” de su gobierno y sus aliados europeos se llama ‘dominio’. EE.UU. en sus intereses egoístas a corto plazo están destruyendo la independencia y la economía de sus aliados europeos que cada vez más parecen vasallos. Obviamente, siguiendo este único modelo que se suele practicar, la principal condición del “compromiso” entre israelíes y palestinos que exige el gobierno de Biden significa la obediencia absoluta de Palestina a Israel.

“He insistido ante los dirigentes israelíes en que debe cesar la violencia extremista contra los palestinos de Cisjordania y que quienes la cometen deben rendir cuentas. Estados Unidos está dispuesto a tomar sus propias medidas, incluida la prohibición de visados a los extremistas que atacan a civiles en Cisjordania”, amenaza el presidente norteamericano a sus subalternos israelíes.

Si desobedecen, matando a más palestinos de los que está previsto en las cuotas de cacería humana, hasta les pueden prohibir la entrada al paraíso de la democracia mundial. Mientras las familias y vecinos de los ‘extremistas’ del otro bando se están pulverizando entre las ruinas de lo que queda de Gaza.

La lógica de este pensamiento tan elevado se explica con una de sus frases finales: “Mientras Hamás se aferre a su ideología de destrucción, un alto al fuego no es la paz. Para los miembros de Hamás, cada alto al fuego es tiempo que aprovechan para reconstruir su arsenal de cohetes, reposicionar a los combatientes y reiniciar la matanza atacando de nuevo a inocentes”.

Esta es la verdadera postura de Washington. El alto al fuego no significa la paz. Porque la paz de ellos no es ni siquiera la paz del cementerio de niños y civiles. Una lástima que Biden al final del texto no vuelva a hablar de Putin ni de Ucrania. Quizás solo se trate de un olvido comprensible en una persona mayor. Las mismas órdenes de EE.UU. para Israel las recibe el Ejército ucraniano, seguir matando y muriendo para salvar la maravilla democrática que ellos imponen a nuestro ingrato mundo de los mal pensantes o mal pensados.

Opinión

Joe Biden: Estados Unidos no retrocederá ante el desafío de Putin y Hamas

Por Joe Biden

18 de noviembre de 2023 a las 2:01 p. m. EST

Joe Biden es presidente de los Estados Unidos.

Hoy en día, el mundo se enfrenta a un punto de inflexión, en el que las decisiones que tomemos —incluidas las crisis en Europa y el Oriente Medio— determinarán la dirección de nuestro futuro para las generaciones venideras.

¿Cómo será nuestro mundo al otro lado de estos conflictos?

¿Le negaremos a Hamás la capacidad de llevar a cabo el mal puro y sin adulterar? ¿Vivirán algún día israelíes y palestinos uno al lado del otro en paz, con dos Estados para dos pueblos?

¿Haremos que Vladimir Putin rinda cuentas por su agresión, para que el pueblo de Ucrania pueda vivir libre y Europa siga siendo un ancla para la paz y la seguridad mundiales?

Y la pregunta general: ¿Perseguiremos implacablemente nuestra visión positiva para el futuro, o permitiremos que aquellos que no comparten nuestros valores arrastren al mundo a un lugar más peligroso y dividido?

Tanto Putin como Hamas están luchando para borrar del mapa a una democracia vecina. Y tanto Putin como Hamas esperan colapsar la estabilidad y la integración regionales más amplias y aprovechar el desorden resultante. Estados Unidos no puede, y no permitirá, que eso suceda. Por nuestros propios intereses de seguridad nacional y por el bien del mundo entero.

Estados Unidos es la nación esencial. Reunimos a aliados y socios para hacer frente a los agresores y avanzar hacia un futuro más brillante y pacífico. El mundo espera que resolvamos los problemas de nuestro tiempo. Ese es el deber del liderazgo, y Estados Unidos liderará. Porque si nos alejamos de los desafíos de hoy, el riesgo de conflicto podría extenderse, y los costos para abordarlos no harán más que aumentar. No permitiremos que eso suceda.

Esa convicción está en la raíz de mi enfoque para apoyar al pueblo de Ucrania mientras continúa defendiendo su libertad contra la brutal guerra de Putin.

Sabemos por dos guerras mundiales en el siglo pasado que cuando la agresión en Europa queda sin respuesta, la crisis no se extingue por sí sola. Atrae directamente a Estados Unidos. Es por eso que nuestro compromiso con Ucrania hoy es una inversión en nuestra propia seguridad. Evita un conflicto más amplio mañana.

Estamos manteniendo a las tropas estadounidenses fuera de esta guerra apoyando a los valientes ucranianos que defienden su libertad y su patria. Les estamos proporcionando armas y asistencia económica para detener el afán de conquista de Putin, antes de que el conflicto se extienda aún más.

Estados Unidos no está haciendo esto solo. Más de 50 naciones se han unido a nosotros para garantizar que Ucrania tenga lo que necesita para defenderse. Nuestros socios están asumiendo gran parte de la responsabilidad económica de apoyar a Ucrania. También hemos construido una OTAN más fuerte y unida, que mejora nuestra seguridad a través de la fuerza de nuestros aliados, al tiempo que deja claro que defenderemos cada centímetro del territorio de la OTAN para disuadir una mayor agresión rusa. Nuestros aliados en Asia también están con nosotros para apoyar a Ucrania y hacer que Putin rinda cuentas, porque entienden que la estabilidad en Europa y en el Indo-Pacífico están intrínsecamente conectadas.

También hemos visto a lo largo de la historia cómo los conflictos en el Oriente Medio pueden desencadenar consecuencias en todo el mundo.

Apoyamos firmemente al pueblo israelí en su defensa contra el nihilismo asesino de Hamas. El 7 de octubre, Hamas asesinó a 1.200 personas, incluidos 35 ciudadanos estadounidenses, en la peor atrocidad cometida contra el pueblo judío en un solo día desde el Holocausto. Bebés y niños pequeños, madres y padres, abuelos, personas con discapacidades e incluso sobrevivientes del Holocausto fueron mutilados y asesinados. Familias enteras fueron masacradas en sus casas. Jóvenes fueron asesinados a tiros en un festival de música. Cuerpos acribillados a balazos y quemados hasta quedar irreconocibles. Y durante más de un mes, las familias de más de 200 rehenes tomados por Hamas, incluidos bebés y estadounidenses, han estado viviendo en el infierno, esperando ansiosamente descubrir si sus seres queridos están vivos o muertos. En el momento de escribir este artículo, mi equipo y yo estamos trabajando hora tras hora, haciendo todo lo posible para liberar a los rehenes.

Y mientras los israelíes siguen conmocionados y sufriendo el trauma de este ataque, Hamás ha prometido que intentará repetir implacablemente el 7 de octubre. Ha dicho muy claramente que no se detendrá.

El pueblo palestino merece un Estado propio y un futuro libre de Hamás. A mí también me destrozan las imágenes de Gaza y la muerte de muchos miles de civiles, incluidos niños. Los niños palestinos lloran la pérdida de sus padres. Los padres están escribiendo el nombre de sus hijos en su mano o pierna para que puedan ser identificados si sucede lo peor. Las enfermeras y los médicos palestinos están tratando desesperadamente de salvar todas las vidas preciosas que pueden, con pocos o ningún recurso. Cada vida palestina inocente perdida es una tragedia que destroza familias y comunidades.

Nuestro objetivo no debe ser simplemente detener la guerra por hoy, sino poner fin a la guerra para siempre, romper el ciclo de violencia incesante y construir algo más fuerte en Gaza y en todo el Medio Oriente para que la historia no se siga repitiendo.

Apenas unas semanas antes del 7 de octubre, me reuní en Nueva York con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. El tema principal de esa conversación fue un conjunto de compromisos sustanciales que ayudarían tanto a Israel como a los territorios palestinos a integrarse mejor en el Oriente Medio más amplio. Esa es también la idea que subyace al innovador corredor económico que conectará a la India con Europa a través de los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Israel, que anuncié junto con mis socios en la cumbre del Grupo de los 20 que se celebrará en la India a principios de septiembre. Una mayor integración entre los países crea mercados predecibles y atrae mayores inversiones. Una mejor conexión regional, incluida la infraestructura física y económica, contribuye a aumentar el empleo y a crear más oportunidades para los jóvenes. Eso es lo que hemos estado trabajando para lograr en el Medio Oriente. Es un futuro en el que no hay lugar para la violencia y el odio de Hamás, y creo que el intento de destruir la esperanza de ese futuro es una de las razones por las que Hamás instigó esta crisis.

Lo que está claro es que una solución de dos Estados es la única manera de garantizar la seguridad a largo plazo tanto del pueblo israelí como del palestino. Aunque ahora mismo pueda parecer que el futuro nunca ha estado más lejos, esta crisis lo ha hecho más imperativo que nunca.

El camino hacia la paz debe conducir a una solución de dos Estados, dos pueblos que vivan uno al lado del otro con iguales medidas de libertad, oportunidades y dignidad. Alcanzarlo requerirá compromisos de israelíes y palestinos, así como de Estados Unidos y nuestros aliados y socios. Ese trabajo debe comenzar ahora.

Con ese fin, los Estados Unidos han propuesto principios básicos sobre cómo salir adelante de esta crisis, para dar al mundo una base sobre la cual construir.

Para empezar, Gaza no debe volver a utilizarse como plataforma para el terrorismo. No debe haber desplazamiento forzoso de palestinos de Gaza, ni reocupación, ni asedio ni bloqueo, ni reducción del territorio. Y después de que termine esta guerra, las voces del pueblo palestino y sus aspiraciones deben estar en el centro de la gobernanza posterior a la crisis en Gaza.

A medida que luchamos por la paz, Gaza y Cisjordania deben reunificarse bajo una sola estructura de gobierno, en última instancia bajo una Autoridad Palestina revitalizada, mientras todos trabajamos hacia una solución de dos Estados. He sido enfático con los dirigentes de Israel en que la violencia extremista contra los palestinos en la Ribera Occidental debe cesar y que quienes cometen la violencia deben rendir cuentas. Los Estados Unidos están dispuestos a adoptar sus propias medidas, incluida la prohibición de visados contra los extremistas que atacan a civiles en la Ribera Occidental.

La comunidad internacional debe comprometer recursos para apoyar a la población de Gaza inmediatamente después de esta crisis, incluidas medidas de seguridad provisionales, y establecer un mecanismo de reconstrucción para satisfacer de manera sostenible las necesidades a largo plazo de Gaza. Y es imperativo que ninguna amenaza terrorista vuelva a emanar de Gaza o de Cisjordania.

Si podemos ponernos de acuerdo en estos primeros pasos, y tomarlos juntos, podemos empezar a imaginar un futuro diferente. En los próximos meses, Estados Unidos redoblará sus esfuerzos para establecer un Oriente Medio más pacífico, integrado y próspero, una región en la que un día como el 7 de octubre es impensable.

Mientras tanto, seguiremos trabajando para evitar que este conflicto se extienda y se intensifique aún más. Ordené el envío de dos grupos de portaaviones estadounidenses a la región para mejorar la disuasión. Estamos persiguiendo a Hamás y a quienes financian y facilitan su terrorismo, imponiendo múltiples rondas de sanciones para degradar la estructura financiera de Hamás, aislándola de la financiación externa y bloqueando el acceso a nuevos canales de financiación, incluso a través de las redes sociales. También he sido claro en que Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender a las tropas y el personal estadounidense estacionados en todo el Medio Oriente, y hemos respondido múltiples veces a los ataques en nuestra contra.

También viajé inmediatamente a Israel, el primer presidente estadounidense en hacerlo en tiempos de guerra, para mostrar solidaridad con el pueblo israelí y reafirmar al mundo que Estados Unidos respalda a Israel. Israel debe defenderse. Está en su derecho. Y mientras estuve en Tel Aviv, también aconsejé a los israelíes que no permitieran que su dolor y su rabia los engañaran para que cometieran errores que nosotros mismos hemos cometido en el pasado.

Desde el principio, mi administración ha pedido que se respete el derecho internacional humanitario, se reduzca al mínimo la pérdida de vidas inocentes y se dé prioridad a la protección de los civiles. Tras el ataque de Hamás contra Israel, se cortó la ayuda a Gaza y las reservas de alimentos, agua y medicinas disminuyeron rápidamente. Como parte de mi viaje a Israel, trabajé en estrecha colaboración con los líderes de Israel y Egipto para llegar a un acuerdo con el fin de reanudar la entrega de asistencia humanitaria esencial a los habitantes de Gaza. A los pocos días, los camiones con suministros comenzaron a cruzar la frontera nuevamente. En la actualidad, casi 100 camiones de ayuda humanitaria entran en Gaza desde Egipto cada día, y seguimos trabajando para multiplicar por mucho el flujo de asistencia. También he abogado por pausas humanitarias en el conflicto para permitir que los civiles abandonen las zonas de combate activo y para ayudar a garantizar que la ayuda llegue a los necesitados. Israel dio un paso más para crear dos corredores humanitarios e implementar pausas diarias de cuatro horas en los combates en el norte de Gaza para permitir que los civiles palestinos huyan a zonas más seguras en el sur.

Esto se opone rotundamente a la estrategia terrorista de Hamás: esconderse entre los civiles palestinos. Usar a los niños y a los inocentes como escudos humanos. Colocar túneles terroristas debajo de hospitales, escuelas, mezquitas y edificios residenciales. Maximizar la muerte y el sufrimiento de personas inocentes, israelíes y palestinas. Si a Hamás le importaran las vidas palestinas, liberaría a todos los rehenes, entregaría las armas y entregaría a los líderes y a los responsables del 7 de octubre.

Mientras Hamás se aferre a su ideología de destrucción, un alto el fuego no es paz. Para los miembros de Hamás, cada alto el fuego es un tiempo que aprovechan para reconstruir su arsenal de cohetes, reposicionar a los combatientes y reiniciar la matanza atacando de nuevo a inocentes. Un resultado que deje a Hamás en control de Gaza perpetuaría una vez más su odio y negaría a los civiles palestinos la oportunidad de construir algo mejor para sí mismos.

Y aquí en casa, en momentos en los que el miedo y la sospecha, la ira y la rabia corren con fuerza, tenemos que trabajar aún más duro para aferrarnos a los valores que nos hacen ser quienes somos. Somos una nación de libertad religiosa y libertad de expresión. Todos tenemos derecho a debatir, a estar en desacuerdo y a protestar pacíficamente, pero sin temor a ser atacados en las escuelas, los lugares de trabajo o en cualquier otro lugar de nuestras comunidades.

En los últimos años, se ha dado demasiado oxígeno al odio, alimentando el racismo y un aumento alarmante del antisemitismo en Estados Unidos. Eso se ha intensificado a raíz de los ataques del 7 de octubre. A las familias judías les preocupa ser atacadas en la escuela, mientras usan símbolos de su fe en la calle o en su vida cotidiana. Al mismo tiempo, demasiados musulmanes estadounidenses, árabes estadounidenses y palestinos estadounidenses, y muchas otras comunidades, están indignados y heridos, temiendo el resurgimiento de la islamofobia y la desconfianza que vimos después del 11 de septiembre.

No podemos quedarnos de brazos cruzados cuando el odio asoma la cabeza. Debemos, sin lugar a dudas, denunciar el antisemitismo, la islamofobia y otras formas de odio y prejuicios. Debemos renunciar a la violencia y al vitriolo y vernos unos a otros no como enemigos, sino como compatriotas.

En un momento de tanta violencia y sufrimiento, en Ucrania, Israel, Gaza y tantos otros lugares, puede ser difícil imaginar que algo diferente sea posible. Pero nunca debemos olvidar la lección aprendida una y otra vez a lo largo de nuestra historia: de una gran tragedia y agitación, puede surgir un enorme progreso. Más esperanza. Más libertad. Menos rabia. Menos agravio. Menos guerra. No debemos perder nuestra determinación de perseguir esos objetivos, porque ahora es cuando más se necesita una visión clara, grandes ideas y coraje político. Esa es la estrategia que mi administración seguirá dirigiendo, en el Oriente Medio, Europa y en todo el mundo. Cada paso que damos hacia ese futuro es un progreso que hace que el mundo sea más seguro y que los Estados Unidos de América sean más seguros.

Opinion 

 Joe Biden: The U.S. won’t back down from the challenge of Putin and Hamas

By Joe Biden

November 18, 2023 at 2:01 p.m. EST

Joe Biden is president of the United States.

Today, the world faces an inflection point, where the choices we make — including in the crises in Europe and the Middle East — will determine the direction of our future for generations to come.

What will our world look like on the other side of these conflicts?

Will we deny Hamas the ability to carry out pure, unadulterated evil? Will Israelis and Palestinians one day live side by side in peace, with two states for two peoples?

Will we hold Vladimir Putin accountable for his aggression, so the people of Ukraine can live free and Europe remains an anchor for global peace and security?

And the overarching question: Will we relentlessly pursue our positive vision for the future, or will we allow those who do not share our values to drag the world to a more dangerous and divided place?

Both Putin and Hamas are fighting to wipe a neighboring democracy off the map. And both Putin and Hamas hope to collapse broader regional stability and integration and take advantage of the ensuing disorder. America cannot, and will not, let that happen. For our own national security interests — and for the good of the entire world.

The United States is the essential nation. We rally allies and partners to stand up to aggressors and make progress toward a brighter, more peaceful future. The world looks to us to solve the problems of our time. That is the duty of leadership, and America will lead. For if we walk away from the challenges of today, the risk of conflict could spread, and the costs to address them will only rise. We will not let that happen.

That conviction is at the root of my approach to supporting the people of Ukraine as they continue to defend their freedom against Putin’s brutal war.

We know from two world wars in the past century that when aggression in Europe goes unanswered, the crisis does not burn itself out. It draws America in directly. That’s why our commitment to Ukraine today is an investment in our own security. It prevents a broader conflict tomorrow.

We are keeping American troops out of this war by supporting the brave Ukrainians defending their freedom and homeland. We are providing them with weapons and economic assistance to stop Putin’s drive for conquest, before the conflict spreads farther.

The United States is not doing this alone. More than 50 nations have joined us to ensure that Ukraine has what it needs to defend itself. Our partners are shouldering much of the economic responsibility for supporting Ukraine. We have also built a stronger and more united NATO, which enhances our security through the strength of our allies, while making clear that we will defend every inch of NATO territory to deter further Russian aggression. Our allies in Asia are standing with us as well to support Ukraine and hold Putin accountable, because they understand that stability in Europe and in the Indo-Pacific are inherently connected.

We have also seen throughout history how conflicts in the Middle East can unleash consequences around the globe.

We stand firmly with the Israeli people as they defend themselves against the murderous nihilism of Hamas. On Oct. 7, Hamas slaughtered 1,200 people, including 35 American citizens, in the worst atrocity committed against the Jewish people in a single day since the Holocaust. Infants and toddlers, mothers and fathers, grandparents, people with disabilities, even Holocaust survivors were maimed and murdered. Entire families were massacred in their homes. Young people were gunned down at a music festival. Bodies riddled with bullets and burned beyond recognition. And for over a month, the families of more than 200 hostages taken by Hamas, including babies and Americans, have been living in hell, anxiously waiting to discover whether their loved ones are alive or dead. At the time of this writing, my team and I are working hour by hour, doing everything we can to get the hostages released.

And while Israelis are still in shock and suffering the trauma of this attack, Hamas has promised that it will relentlessly try to repeat Oct. 7. It has said very clearly that it will not stop.

The Palestinian people deserve a state of their own and a future free from Hamas. I, too, am heartbroken by the images out of Gaza and the deaths of many thousands of civilians, including children. Palestinian children are crying for lost parents. Parents are writing their child’s name on their hand or leg so they can be identified if the worst happens. Palestinian nurses and doctors are trying desperately to save every precious life they possibly can, with little to no resources. Every innocent Palestinian life lost is a tragedy that rips apart families and communities.

Our goal should not be simply to stop the war for today — it should be to end the war forever, break the cycle of unceasing violence, and build something stronger in Gaza and across the Middle East so that history does not keep repeating itself.

Just weeks before Oct. 7, I met in New York with Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu. The main subject of that conversation was a set of substantial commitments that would help both Israel and the Palestinian territories better integrate into the broader Middle East. That is also the idea behind the innovative economic corridor that will connect India to Europe through the United Arab Emirates, Saudi Arabia, Jordan and Israel, which I announced together with partners at the Group of 20 summit in India in early September. Stronger integration between countries creates predictable markets and draws greater investment. Better regional connection — including physical and economic infrastructure — supports higher employment and more opportunities for young people. That’s what we have been working to realize in the Middle East. It is a future that has no place for Hamas’s violence and hate, and I believe that attempting to destroy the hope for that future is one reason that Hamas instigated this crisis.

This much is clear: A two-state solution is the only way to ensure the long-term security of both the Israeli and Palestinian people. Though right now it may seem like that future has never been further away, this crisis has made it more imperative than ever.

A two-state solution — two peoples living side by side with equal measures of freedom, opportunity and dignity — is where the road to peace must lead. Reaching it will take commitments from Israelis and Palestinians, as well as from the United States and our allies and partners. That work must start now.

To that end, the United States has proposed basic principles for how to move forward from this crisis, to give the world a foundation on which to build.

To start, Gaza must never again be used as a platform for terrorism. There must be no forcible displacement of Palestinians from Gaza, no reoccupation, no siege or blockade, and no reduction in territory. And after this war is over, the voices of Palestinian people and their aspirations must be at the center of post-crisis governance in Gaza.

As we strive for peace, Gaza and the West Bank should be reunited under a single governance structure, ultimately under a revitalized Palestinian Authority, as we all work toward a two-state solution. I have been emphatic with Israel’s leaders that extremist violence against Palestinians in the West Bank must stop and that those committing the violence must be held accountable. The United States is prepared to take our own steps, including issuing visa bans against extremists attacking civilians in the West Bank.

The international community must commit resources to support the people of Gaza in the immediate aftermath of this crisis, including interim security measures, and establish a reconstruction mechanism to sustainably meet Gaza’s long-term needs. And it is imperative that no terrorist threats ever again emanate from Gaza or the West Bank.

If we can agree on these first steps, and take them together, we can begin to imagine a different future. In the months ahead, the United States will redouble our efforts to establish a more peaceful, integrated and prosperous Middle East — a region where a day like Oct. 7 is unthinkable.

In the meantime, we will continue working to prevent this conflict from spreading and escalating further. I ordered two U.S. carrier groups to the region to enhance deterrence. We are going after Hamas and those who finance and facilitate its terrorism, levying multiple rounds of sanctions to degrade Hamas’s financial structure, cutting it off from outside funding and blocking access to new funding channels, including via social media. I have also been clear that the United States will do what is necessary to defend U.S. troops and personnel stationed across the Middle East — and we have responded multiple times to the strikes against us.

I also immediately traveled to Israel — the first American president to do so during wartime — to show solidarity with the Israeli people and reaffirm to the world that the United States has Israel’s back. Israel must defend itself. That is its right. And while in Tel Aviv, I also counseled Israelis against letting their hurt and rage mislead them into making mistakes we ourselves have made in the past.

From the very beginning, my administration has called for respecting international humanitarian law, minimizing the loss of innocent lives and prioritizing the protection of civilians. Following Hamas’s attack on Israel, aid to Gaza was cut off, and food, water and medicine reserves dwindled rapidly. As part of my travel to Israel, I worked closely with the leaders of Israel and Egypt to reach an agreement to restart the delivery of essential humanitarian assistance to Gazans. Within days, trucks with supplies again began to cross the border. Today, nearly 100 aid trucks enter Gaza from Egypt each day, and we continue working to increase the flow of assistance manyfold. I’ve also advocated for humanitarian pauses in the conflict to permit civilians to depart areas of active fighting and to help ensure that aid reaches those in need. Israel took the additional step to create two humanitarian corridors and implement daily four-hour pauses in the fighting in northern Gaza to allow Palestinian civilians to flee to safer areas in the south.

This stands in stark opposition to Hamas’s terrorist strategy: hide among Palestinian civilians. Use children and innocents as human shields. Position terrorist tunnels beneath hospitals, schools, mosques and residential buildings. Maximize the death and suffering of innocent people — Israeli and Palestinian. If Hamas cared at all for Palestinian lives, it would release all the hostages, give up arms, and surrender the leaders and those responsible for Oct. 7.

As long as Hamas clings to its ideology of destruction, a cease-fire is not peace. To Hamas’s members, every cease-fire is time they exploit to rebuild their stockpile of rockets, reposition fighters and restart the killing by attacking innocents again. An outcome that leaves Hamas in control of Gaza would once more perpetuate its hate and deny Palestinian civilians the chance to build something better for themselves.

And here at home, in moments when fear and suspicion, anger and rage run hard, we have to work even harder to hold on to the values that make us who we are. We’re a nation of religious freedom and freedom of expression. We all have a right to debate and disagree and peacefully protest, but without fear of being targeted at schools or workplaces or elsewhere in our communities.

In recent years, too much hate has been given too much oxygen, fueling racism and an alarming rise in antisemitism in America. That has intensified in the wake of the Oct. 7 attacks. Jewish families worry about being targeted in school, while wearing symbols of their faith on the street or otherwise going about their daily lives. At the same time, too many Muslim Americans, Arab Americans and Palestinian Americans, and so many other communities, are outraged and hurting, fearing the resurgence of the Islamophobia and distrust we saw after 9/11.

We can’t stand by when hate rears its head. We must, without equivocation, denounce antisemitism, Islamophobia, and other forms of hate and bias. We must renounce violence and vitriol and see each other not as enemies but as fellow Americans.

In a moment of so much violence and suffering — in Ukraine, Israel, Gaza and so many other places — it can be difficult to imagine that something different is possible. But we must never forget the lesson learned time and again throughout our history: Out of great tragedy and upheaval, enormous progress can come. More hope. More freedom. Less rage. Less grievance. Less war. We must not lose our resolve to pursue those goals, because now is when clear vision, big ideas and political courage are needed most. That is the strategy that my administration will continue to lead — in the Middle East, Europe and around the globe. Every step we take toward that future is progress that makes the world safer and the United States of America more secure.

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