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Mambrú quiere una guerra

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EEUU va a preservar sus fuerzas para defender lo suyo, no los delirios belicistas de cuatro chiflados europeos, que ladran sin dientes, esperando que el perro estadounidense muerda

AUGUSTO ZAMORA R.

Las declaraciones de estas semanas del presidente de Francia, Emmanuel Macron (que pasará a la historia como Napoleón el Mínimo, puesto que a Napoleón III le llamaron ‘el pequeño’), proponiendo el envío de tropas de la OTAN a Ucrania provocó, a unos, risa, a otros, estupefacción. Todos a una, los lideres del atlantismo se apresuraron a desmentir tal temeridad. Hace pocos días, el señor Macron dijo que andaba -como hace siglos con las cruzadas-, buscando aliados que quisieran enviar conjuntamente tropas a Ucrania. Idea de Napoleón, que reclutó soldados de España a Polonia, para formar su Grande Armée, pues con los soldados que daba Francia no había ni para empezar el desfile. El tema suscitado por el presidente francés, debe decirse, no es nuevo.

Desde el inicio de la operación rusa en Ucrania no han faltado dirigentes, expertos y militares occidentales invitando a una confrontación directa con Rusia, que, no lo olvidemos jamás, es la primera potencia nuclear del planeta. Se sucedían aquellas propuestas con tal asiduidad que merecieron numerosos comentarios en EEUU, de los cuales vale la pena recordar el más reciente, escrito por Doug Bandow, miembro destacado del Instituto Cato (derecha dura) y ex asistente especial del presidente Ronald Reagan, titulado «Trump es directo y tiene razón sobre la OTAN».

Por lo que pueden ver, no se trata de un izquierdista filorruso ni nada que se le parezca. De ese artículo hemos seleccionado algunos comentarios, pertinentes en el tema que abordamos (para quienes deseen ir al original, este es el título: Trump Is Blunt and Right About NATO, Doug Bandow, February 22, 2024, The American Conservative). Bandow recuerda aquellas invocaciones a la guerra en estos términos:

«Por ejemplo, poco después de que Rusia invadiera Ucrania, un grupo de funcionarios del gobierno báltico [estonio] propusieron imponer una ‘zona de exclusión aérea’ sobre Ucrania. Para ser efectiva, tal prohibición requeriría derribar también aviones rusos, lo que llevaría a una guerra a gran escala. Sin embargo, ni individual ni colectivamente Estonia, Letonia y Lituania poseen nada parecido a una ‘fuerza aérea’. Obviamente, no podrían ellos imponer una zona de exclusión aérea. […]

«Más recientemente, el presidente de Estonia, Alar Karis, promovió una confrontación naval con Moscú: ‘Los países occidentales deberían establecer una presencia militar en parte del Mar Negro para garantizar el movimiento seguro de los buques comerciales y de ayuda humanitaria’. Estonia, sin embargo, tiene exactamente seis barcos, dos para el combate costero y cuatro para la minería. Están respaldados por dos aviones y dos helicópteros para el transporte. Evidentemente, alguien distinto de Tallín tendría que asumir el enfrentamiento [con Rusia]…

«Los comentaristas extranjeros promueven planes igualmente ambiciosos. Simon Tisdall, columnista del periódico The Guardian, del Reino Unido, decidió que la espada era, de hecho, más poderosa que la pluma y escribió una columna instando al uso del ‘poder abrumador de la OTAN para cambiar decisivamente el rumbo militar’ en Ucrania. Sin embargo, el ejército del Reino Unido se está reduciendo y no es probable que pueda cambiar ‘la marea militar’ en Europa o en otros lugares. […]

«Hace dos semanas, Peter Bator, representante permanente de Eslovaquia ante la OTAN, vino a EEUU para quejarse ante los estadounidenses de que la alianza (es decir, los estadounidenses) no había intervenido en nombre de Ucrania… Eslovaquia tiene sólo 17.950 personas en el ejército y despliega apenas 30 tanques de combate, 60 piezas de artillería, 19 aviones de combate y 37 helicópteros. Obviamente, esa no constituye ‘la organización militar más poderosa del mundo’. Bator debe estar pensando en tomar prestadas las fuerzas armadas de otro país ‘para apoyar militarmente a Ucrania’. Probablemente no las de los países bálticos o Londres. ¿Me pregunto de quién? […]

«Si la OTAN termina en guerra con Rusia, todos sabemos quién cargaría con la mayor parte de los combates y las muertes: los estadounidenses. Si el conflicto se volviera nuclear, sabemos a quién apuntarían los misiles balísticos intercontinentales rusos: nuevamente a los estadounidenses.»

El planteamiento de Bandow no es de izquierdas ni de derechas. Es, simplemente, de sentido común y recoge una realidad que todos conocemos: la OTAN es EEUU. Sin el poder que aporta EEUU, la OTAN son cuatro letras de pólvora mojada. Ni siquiera juntando los cinco mayores ejércitos europeos actuales (los de Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España), se podría constituir un ejército competente. Sus efectivos son escasos y mal entrenados; el armamento es obsoleto e insuficiente; su población envejecida ofrece un arco limitado para un reclutamiento general; carece de fuentes de energía propias y de minerales, su industria militar es reducida y anticuada, y cambiarla llevaría años… En suma, sin las colonias que alimentaban las arcas y los ejércitos europeos (en las guerras mundiales movilizaron a más de tres millones de africanos y asiáticos), una guerra europea contra la primera potencia nuclear del mundo sería un holocausto general, que llevaría a la desaparición de la civilización occidental. Una bagatela.

Toda la soberbia europea y, sobre todo, su ceguera absoluta, descansa en la idea de que EEUU vendrá, como en las dos guerras mundiales, a salvar a Europa de sí misma. Quienes conocemos EEUU de largas décadas de padecerlo, sabemos que no será así. Y no será así por dos motivos de contundente peso.

El primero, porque EEUU no expondrá al país a un ataque nuclear masivo por salvar a una región del mundo decadente y decrépita. Mucho menos por unos paisillos insignificantes -como los bálticos, e, incluso, Polonia o Alemania-, que carecen de interés estratégico para EEUU y que son imposibles de defender de Rusia.

El segundo motivo es que, para EEUU, su verdadero adversario no es Rusia. Es China, cuyo creciente poder en todos los sentidos -de lo económico a lo militar-, es la pesadilla negra de estrategas y generales.

Para entendernos, en 1996, la Armada de EEUU disponía de 12 portaaviones, 82 cruceros y destructores y 79 submarinos de ataque. China tenía 52 vetustos buques de guerra, en su mayoría de los años 70 y 80, y 77 submarinos obsoletos, ruidosos y mal manejados por tripulaciones peor capacitadas. EEUU humillaba a China cada año enviando, regularmente, grupos de combate de portaaviones y cazabombarderos por decenas, respecto de los cuales China no podía hacer otra cosa que callar y tragar.

En 2024, la Armada china posee 370 modernos barcos, entre buques de combate de superficie, tres portaaviones, un centenar de submarinos, barcos de asalto anfibio, barcos de guerra contra minas y barcos auxiliares de la flota. EEUU ha ido a la inversa. Su flota la componen 292 barcos, un tercio de los cuales, por viejos, pasa más tiempo en los muelles que navegando. China construye aceleradamente nuevos buques, pues tiene planificado dotarse de hasta 435 unidades para 2030. La Armada de EEUU, por el contrario, se encoje y, con suerte, en 2030, dispondrá de 290 unidades, según las últimas proyecciones presupuestarias.

Hay otro problema añadido. Mientras la Marina de EEUU, por su idea de ser el ‘policía’ del planeta, está repartida por todo el mundo, la flota china está concentrada en sus mares contiguos. China podría descargar todo su potencial de golpe sobre las fuerzas de EEUU, pero EEUU no podría hacer lo mismo. Reunir toda su flota al alcance de los misiles chinos podría ser un escenario de pesadilla. No hacerlo, podría significar la derrota sin paliativos de su Flota del Pacífico. Igualar a China en construcción de buques es imposible: EEUU tiene sus astilleros demolidos.

En este escenario, ¿cree alguien en Europa que allá en Washington aceptarán ir a la guerra contra Rusia por defender a un puñado de países europeos, dejando abierta toda la región Asia/Pacífico a China? ¿Alguien lo cree de verdad? ¿Qué trasladarán su flota del Asia/Pacífico para situarla en el Mediterráneo y así calmar los terrores europeos?

¿Y qué decir de una guerra global, en la que EEUU tenga que combatir contra China y Rusia, que posee el mejor y más experimentado ejército del mundo, y contra Irán y Corea del Norte? ¿Saben ustedes que las fuerzas combinadas de esos cuatro países triplican, como poco, las de EEUU? ¿Caen en la cuenta de que son escenarios bélicos muy alejados entre sí por decenas de miles de kilómetros y que un buque se mueve muy lentamente por la mar océana? ¿Qué abastecer esos escenarios es, en la práctica, imposible?

Bandow termina su artículo con esta afirmación: «Las limitaciones de Trump son obvias, pero comprende a Europa, su adicción al bienestar militar estadounidense y el costo resultante para esta nación. Biden espera que los estadounidenses mueran por Europa. Trump cree que los europeos deberían morir por sus propios países. Hace tiempo que debería celebrarse un debate serio de política exterior sobre esta cuestión».

Como pueden ver, los europeos, instalados en su burbuja tóxica, ignoran lo que se está debatiendo en EEUU. Los decrépitos políticos del gallinero europeo se quedaron en 1944, bajo el síndrome de un nuevo desembarco de Normandía -que no se repetirá. De un EEUU que ya no puede y que, obligado por las nuevas circunstancias y desafíos, debe preservar sus fuerzas para defender lo suyo. Lo suyo, no lo ajeno. Lo suyo estratégico, no los delirios belicistas de cuatro chiflados europeos, que ladran sin dientes, esperando que el perro estadounidense muerda.

No es Bandow el único preocupado. Ivan R. Eland, del Peace & Liberty Center (artículo en Foreign Affairs, de 11 de marzo de 2024, titulado «Amid High Fives for Sweden’s Entry into NATO, Scary Talk Is Afoot» – En medio de choques de manos por la entrada de Suecia en la OTAN, se están gestando conversaciones aterradoras), afirma que «Biden debería moderar cualquier indicio de una creciente determinación entre las naciones europeas de intervenir directamente en Ucrania», pues «los miembros más pequeños de la alianza… con la entrada de Suecia, muy bien podrían enredar a EEUU en una escalada en la que se enfrenten las fuerzas nucleares de EEUU y Rusia. Por lo tanto, Biden necesita aplastar comentarios tan descarados e imprudentes entre su número cada vez mayor de clientes de seguridad en Europa». Gente que entiende de qué van los tiros, y nunca mejor dicho.

Por demás, Otto von Bismarck creó el Imperio Alemán a través de guerras sucesivas contra Dinamarca, Austria y Francia. Conservador y junker (terrateniente de la nobleza media), inventó la seguridad social para detener el avance de las ideas socialistas. Fue el más grande estadista alemán, que gobernó Prusia y Alemania casi veinte años, desde la astucia y la mesura, evitando que el recién creado imperio se metiera en inciertas honduras. Su caída llevó a la destrucción de su obra, porque, en Alemania, el militarismo se hizo con el país y anegó Alemania en rivalidades imperiales.

Los nuevos gobernantes se olvidaron de uno de sus mejores y más prudentes consejos: «¿El secreto de la política? Haga un buen tratado con Rusia». Qué falta hace Bismarck ahora.

  • Exembajador de Nicaragua en España.
    La Haine

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/mambru-quiere-una-guerra


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