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Masivo corte de árboles propuesto por LUMA Energy para evitar apagones conlleva un enorme riesgo ambiental

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Una mala ejecución y pobre supervisión podrían resultar en una “masacre”, de acuerdo con expertos consultados sobre el proyecto

En esta foto de archivo, empleados y subcontratados de LUMA Energy realizan trabajos de desganche tras el paso del huracán Fiona. (Jorge A. Ramírez Portela)

Por Manuel Guillama Capella El Nuevo Día

El proyecto masivo de despeje de vegetación en las servidumbres de las líneas eléctricas que LUMA Energy espera ejecutar a partir de 2024 –y que, según el consorcio, ayudaría a reducir hasta un 45% las interrupciones de servicio– tendría repercusiones ambientales mayores, a largo plazo, si se ignoran las medidas de mitigación necesarias para minimizar el impacto sobre la flora.

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La preocupación en torno al proyecto se incrementa ante la intención de LUMA Energy de obtener una dispensa abarcadora respecto a los trámites ambientales que, de ordinario, se requieren para la tala de árboles.

La petición, de acuerdo con múltiples expertos consultados, no debe tan siquiera considerarse dada la magnitud de las labores de deforestación, que se extenderían a lo largo de 16,000 millas de líneas de transmisión y distribución que opera la empresa.

“16,000 millas me suena a mí como si estuvieran tratando a Puerto Rico uniformemente”, advirtió el ecólogo Ariel Lugo, quien recordó que no toda la flora que crece bajo el tendido impacta directamente la infraestructura eléctrica, particularmente en el caso de las líneas de transmisión de energía que cruzan el país de sur a norte.

“El crecimiento, la forma de los árboles, varía entre las costas sur y norte, varía en la montaña, porque a lo largo de ese transecto geográfico la altura de los árboles varía. La altura máxima generalmente ocurre en las tierras bajas del país. Por ejemplo, por el expreso (PR) 22 no veo los árboles llegando a las líneas eléctricas”, puntualizó el científico emérito del Servicio Forestal federal.

Cuando LUMA anunció el proyecto, en septiembre pasado, la vicepresidenta de Ingeniería, Manejo de Activos y Programas de Capital del consorcio, Shay Bahramirad, sostuvo que más de la mitad de los apagones en el país están vinculados, “directa o indirectamente”, a un manejo inadecuado de la vegetación en las líneas de transmisión y distribución. (Jorge A. Ramírez Portela)

Cuando LUMA anunció el proyecto, en septiembre pasado, la vicepresidenta de Ingeniería, Manejo de Activos y Programas de Capital del consorcio, Shay Bahramirad, sostuvo que más de la mitad de los apagones en el país están vinculados, “directa o indirectamente”, a un manejo inadecuado de la vegetación en las líneas de transmisión y distribución.

De acuerdo con los documentos sometidos al Negociado de Energía de Puerto Rico, la iniciativa –que costaría cerca de $1,200 millones en financiamiento federal– se dividiría administrativamente en 25 proyectos correspondientes a las distintas regiones del país y se completaría a finales de 2026.

El ambientalista Juan Rosario, quien fue representante de los consumidores en la Junta de Gobierno de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) durante la pasada década, reconoció que la interferencia de la vegetación con las líneas, en efecto, contribuye a gran parte de las interrupciones en el servicio.

En ese sentido, mencionó que una de sus primeras propuestas cuando asumió en el cargo estuvo dirigida a encaminar un proyecto a gran escala de limpieza de las servidumbres, cuyo impacto ambiental se hubiera mitigado a través de la siembra de, al menos, cinco árboles por cada uno talado.

“En este momento de la historia de la humanidad, cuando pasamos por una crisis climática en donde una de las razones es el aumento de temperaturas, una de las defensas primarias es la vegetación”, expresó Rosario, quien resaltó también la capacidad de los árboles para capturar las emisiones de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.

“Plantearnos que vamos a remover vegetación va directamente contra eso. Ahora, eso no quiere decir que no deba hacerse, sino que, si se va a hacer, tiene que hacerse de manera en que no termines creando un problema mayor que el que pretende resolver”, apuntó.

El ambientalista Juan Rosario, quien fue representante de los consumidores en la Junta de Gobierno de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) durante la pasada década, reconoció que la interferencia de la vegetación con las líneas, en efecto, contribuye a gran parte de las interrupciones en el servicio.

En ese sentido, Rosario recalcó que el corte de árboles paralelos a las carreteras tendría un impacto mayor sobre las temperaturas que aquellos en el centro de la isla. “Va a hacer que la luz solar penetre directo al pavimento, creando el efecto de islas de calor a lo largo de las carreteras”, alertó.

Por su parte, Fernando Lloveras San Miguel, presidente de la organización Para la Naturaleza, subrayó que “en términos de la vegetación, nosotros entendemos que es una gran masacre ambiental lo que se está realizando y todo este manejo de vegetación hay que hacerlo con mucho cuidado. No favorecemos ninguna dispensa ni excepciones, porque hay especies sensitivas, en peligro de extinción, y hay especies que pueden ameritar proteger las líneas de otras formas”.

El Departamento (de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) informó que, si bien tiene un acuerdo preliminar con LUMA Energy para dar paso al proyecto de despeje, los detalles –que se plasmarán en un documento por escrito– aún no se han finiquitado, por lo que se desconoce, en esta etapa, cuántos árboles y de qué especies se impactarían.

“Si hay un árbol debajo de las líneas, te lo vuelas”

En entrevista con El Nuevo Día, el presidente de LUMA, Juan Saca, anticipó que el primero de los proyectos en los que se segmenta la iniciativa de despeje –que atendería líneas de distribución en la región de San Juan– recibirá la aprobación de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) entre este mes y enero de 2024. De concretarse la aprobación y obligación de fondos, el despeje se iniciaría, a más tardar, en febrero del año entrante.

“No es limpiar, no es un tema de que harás un poco de poda aquí o allá. Es que, si hay un árbol debajo de las líneas, te lo vuelas, en palabras claras y sencillas”, resumió Saca. “Nosotros seguimos las reglas de FEMA. Hemos pedido agilizar esto. Al tema ambiental, le tenemos extremado cuidado a no violar ninguna de esas reglas. Más allá de que somos una empresa de ley y orden, (cualquier incumplimiento) atrasaría el proyecto”, manifestó.

El portavoz de LUMA Energy, Hugo Sorrentini, aclaró que, al momento, las dispensas solicitadas, así como los planes de mitigación –incluyendo la “siembra estratégica”– que se acordarían con agencias federales y estatales se están “gestionando”.

“El Departamento (de Recursos Naturales y Ambientales) está consciente de que el sistema eléctrico requiere de una nueva infraestructura. Si hay trabajo que hacer, entre ellos la poda de árboles o de material vegetativo, que tuviera algún tipo de impacto, para eso estamos en negociaciones para que haya algún tipo de mitigación y las condiciones en que ese trabajo se pudiera estar realizando”, declaró, por su parte, la secretaria del DRNA, Anaís Rodríguez Vega.

Tras unas semanas de elevada frecuencia de inundaciones urbanas en el área metropolitana, el planificador y arquitecto Pedro Cardona Roig recordó los beneficios que tienen los árboles para minimizar la posibilidad de daños ante eventos de gran precipitación. (Jorge A. Ramírez Portela)

En tanto, Lloveras San Miguel expuso que el DRNA cuenta con “reglas de mitigación” que, en términos generales, obligan a que cualquier tala de árboles sea controlada mediante una siembra proporcional, que en ocasiones puede ser de seis a uno. No obstante, remarcó que, en la práctica, ese mecanismo no necesariamente logra compensar el impacto ambiental de la remoción, convirtiéndose en algo “simbólico”.

“Se puede convertir en algo simbólico cuando tú tumbas un árbol centenario, que está capturando carbono a unos niveles gigantescos, y siembras un árbol de dos o tres pies, que va a tomar muchas décadas en lo que genera esos esos beneficios ecológicos”, sentenció el líder de la organización ambientalista.

Rodríguez Vega destacó, mientras, que la mitigación no se reduce a un mero “ejercicio matemático”, sino que se toman en consideración elementos como el área geográfica o si se trata de especies endémicas.

Lugo abundó que, aparte de las alternativas de mitigación, el plan de despeje debe contemplar los usos que se darán al material vegetativo. “Lo primero es tratar de evitar la necesidad de sembrar árboles. La tala indiscriminada la puedes evitar regionalizando los permisos. Que sea un tipo de permisos en el área de mogotes, un tipo de permisos en bosque seco, montaña o valles aluviales. Vas a encontrar que no tienes que cortar tanto”, dijo el exdirector del Instituto Internacional de Dasonomía Tropical.

Tras unas semanas de elevada frecuencia de inundaciones urbanas en el área metropolitana, el planificador y arquitecto Pedro Cardona Roig recordó los beneficios que tienen los árboles para minimizar la posibilidad de daños ante eventos de gran precipitación.

“Hemos tenido inundaciones sin precedentes y, en parte, es producto de esas podas masivas que se han hecho y, además, cuando están podando estos árboles o desyerbando y cortando la grama, no están recogiendo el material que se corta. Eso produce que se tapen los drenajes y lo mismo pasa con las hojas de árboles que se están podando. Cuando podas árboles, promueves que el material debajo del árbol se seque y tenemos mayores escorrentías y sedimentación”, señaló Cardona Roig, exvicepresidente de la Junta de Planificación.

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