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MILEI: LA EXPRESIÓN MÁS ACABADA DE LA AVANZADA PATRIARCAL Y FEMICIDA

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En mi última entrega les hablaba del odio que esgrimen ciertos sectores hacia las líderes populares. Un sentimiento que se ha expresado, de forma virulenta y misógina, en más de una oportunidad a lo largo de nuestra historia reciente sobre el cuerpo de las mujeres militantes. 

Por Mariela Rígano Revista Nueva Pensamiento Crítico, edición febrero de 2024.

En mi última entrega les hablaba del odio que esgrimen ciertos sectores hacia las líderes populares. Un sentimiento que se ha expresado, de forma virulenta y misógina, en más de una oportunidad a lo largo de nuestra historia reciente sobre el cuerpo de las mujeres militantes. 

En el artículo anterior, señalaba los mensajes odiantes hacia Eva Perón y Cristina Kirchner, que expresaban su deseo de destrucción a través del vitoreo al cáncer. Estos sectores han intentado desde siempre aleccionar a las mujeres militantes a través del disciplinamiento patriarcal hacia sus cuerpos. En ese sentido, es de destacar que el cuerpo de Eva fue vejado luego de su muerte por los sectores militares que llevaron adelante el golpe del 55. 

Eva Perón

Durante la última dictadura cívico-militar, las mujeres militantes fueron especialmente agredidas por cuestiones de género y hubo que luchar mucho para que estas violencias sexuales fueran reconocidas como delitos de lesa humanidad y no quedaran invisibilizadas para la justicia argentina. El terrorismo de Estado condenaba a la mujer porque la consideraba transgresora en un doble sentido. Por un lado, entendía que transgredía los valores sociales y políticos tradicionalmente constitui-dos, y, por otra parte, quebrantaba su pertenencia territorial al salir del ámbito de lo privado /doméstico, para adentrarse sobre el espacio público/político, que estaba reservado a los hombres, razón por la cual el insulto que más se les dirigía era el de “putas”. Sin embargo, tuvimos que esperar hasta el año 2010 para que la justicia incluyera la violencia sexual como parte de un plan sistemático de tortura contra las mujeres víctimas. Este retraso en la consideración de estos delitos como delitos de lesa humanidad dan cuenta de la discriminación por cuestiones de género que aún hoy seguimos viviendo las mujeres.

Paro nacional de la CGT. Imagen: NA Pagina 12, 24 de enero de 2024

De la misma forma, fue agredido el cuerpo de Cristina Kirchner durante su presidencia por grupos de poder políticos y mediáticos. En principio esas agresiones sólo se realizaban en el plano simbólico. Bastará recordar las tapas de la Revista Noticias, que representan altísimos grados de violencia que implican connotaciones sexuales, el activo trabajo para mostrarla como una “loca” y una fuerte despersonalización y objetualización de su persona, para comprender la gravedad y brutalidad de estos ataques misóginos y cómo esto contribuye a profundizar las diferencias estructurales que lesionan los derechos de las mujeres en Argentina, dado que no sólo constituyen un ataque a una mujer en particular sino que precisamente – por los cargos que esa mujer ha desempeñado en el ámbito público (diputada, senadora, dos veces presidenta, vicepresidenta) – tienen una clara vocación aleccionadora y disciplinante para el resto de las mujeres. Todas estas embestidas y los discursos de odio instalados alrededor de su figura, dejaron de tener carácter sólo simbólico en el año 2022 y llegaron a su punto más alto de expresión cuando Cristina Kirchner, por entonces vicepresidenta, fue víctima de un intento de magnicidio.

Cristina Kirchner

Todo esto se pone de relevancia y se profundiza en el escenario político actual, en el que el presidente Milei defiende el genocidio de la última dictadura militar, que implicó un plan sistemático de violación y tortura de mujeres por su condición de “guerrilleras”, “subversivas”, “montoneras”, el robo de bebés recién nacidos y los vuelos de la muerte. Su campaña presidencial estuvo llena de episodios misóginos donde atacó y maltrató por cuestiones de género a periodistas, actrices, militantes y políticas en función. A eso se sumó los mensajes explícitos desde su campaña en donde se declaró abiertamente en contra de la ley de aborto, señalando que llegado al gobierno la plebiscitaría para su derogación, su amenaza –ahora cumplida- de dar de baja el Ministerio de las Mujeres, sus declaraciones contra las leyes que protegen a las mujeres señalándolas como inútiles dado que –según él- la ley garantiza la igualdad de todas las personas. No son detalles menores tampoco que en su entorno reúna mujeres que defienden todos los escenarios posibles de agresión por cuestiones de género, a saber: a) la diputada Lemoine, quien se declara antifeminista, se proclama integrante de la “guerra cultural” contra el feminismo y cuya propuesta de campaña ha sido presentar un proyecto de ley mediante el cual se defienda la posibilidad de los hombres de renunciar a la paternidad en caso de comprobarse que es no deseada, ​proyecto que viola varios derechos protegidos por la Convención sobre los Derechos del Niño; b) Victoria Villaruel, defensora de la última dictadura cívico-militar, negacionista con fuertes vínculos con los represores de esa dictadura; c) Karina Milei, su hermana, de quien poco se conoce y a quien el presidente reconoce como “el Jefe”, con quien consulta todas las decisiones y, según el entorno, quien determina quienes se le acercan o no; d) Fátima Flores, la reciente novia del presidente, una comediante e imitadora que saltó al estrellato precisamente por las grotescas imitaciones a Cristina Kirchner. Todas estas mujeres concuerdan con la visión patriarcal que ha caracterizado siempre el discurso del actual presidente, quien se declara enemigo del feminismo y considera que “la ideología de género” (forma que usa para rebajar las luchas por los derechos de las mujeres y otras minorías) junto con “los pueblos originarios, la agenda ecologista y el lenguaje inclusivo, destruyen los valores de la sociedad”.

Paro Nacionl 24 de enero de 2024, Página 12.

Esta serie de ideas que se ligan en un discurso que parece atrasar un siglo tuvieron un nuevo escenario para ser exhibidas esta última semana cuando Javier Milei participó, el miércoles, del Foro de Davos. En esa ocasión señaló que  “Dado el estrepitoso fracaso de los modelos colectivistas y los innegable avances del mundo libre, los socialistas se vieron forzados a cambiar su agenda. Dejaron atrás la lucha de clases basada en el sistema económico para reemplazarla por otros supuestos conflictos sociales igual de nocivos para la vida en comunidad y para el crecimiento económico. La primera de estas nuevas batallas fue la pelea ridícula y anti natural entre el hombre y la mujer”. Asimismo, afirmó que lo único que generó el “feminismo radical” es “mayor intervención del Estado para entorpecer el proceso económico” y “darles trabajo a burócratas que no aportan nada a la sociedad”.

El discurso de Milei señala que “El libertarismo ya establece la igualdad entre los sexos. La piedra fundacional de nuestro credo dice que todos los hombres somos creados iguales, que todos tenemos los mismos derechos inalienables otorgados por el creador, entre los que se encuentran la vida, la libertad y la propiedad”. Todas las expresiones de Milei dan cuenta de algo que ya conocemos y es que para el liberalismo la única igualdad válida y que no comporta un riesgo es la igualdad civil, que es entendida como el derecho a ser desigual. Para los liberales esta desigualdad se fundamenta en el mérito. La meritocracia implica que el bienestar general depende de la conciliación de méritos personales. Las verdaderas igualdades, que apuntan a combatir las diferencias estructurales que sostienen las opresiones de clase, de género y el racismo, resultan amenazantes dado que atacan las jerarquías sociales y las relaciones que sostienen esos vínculos jerárquicos porque implican la expansión de derechos sociales. Los feminismos se transforman para la perspectiva de Milei en un fuerte enemigo porque sus procesos de lucha exitosos han implicado el aumento del rol del Estado como garante de esos derechos y la limitación a esas diferencias estructurales que sostiene los niveles de pobreza, de precarización laboral y de desprotección social y, de esa forma, garantizan la explotación de las mujeres, las niñeces y otras minorías.

Javier Milei

Es lógico que Milei y la derecha arremetan contra los feminismos dado que, en los últimos tiempos, las críticas más significativas al capitalismo y con mayor impacto en el alcance de políticas públicas tendientes a solucionar sus injusticias, desigualdades y opresiones, han provenido de los movimientos de mujeres. Tanto las objeciones feministas al concepto de trabajo clásico, como los análisis empíricos que han evidenciado la distribución desigual de las tareas, permitieron hacer visible, considerar y examinar el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado y su vínculo con el trabajo remunerado. En Argentina, las diferencias de género y de clase se entrelazan en las actividades necesarias para la reproducción social y cotidiana de las personas. Asimismo, las luchas feministas desarrolladas desde 2015 en adelante dan cuenta de otras lógicas que posibilitan no solo acuerdos sino formas sustancialmente diferentes de militancia y de política. En esa misma línea, al romper con la diferenciación público/privado propia de la lógica patriarcal desarma las pedagogías de la crueldad que silencian las catastróficas consecuencias que tienen en lo microeconómico y en lo cotidiano las decisiones macroeconómicas y que permiten sostener posturas que desde lo ético resultan altamente cuestionables e implican altos costos políticos que el capitalismo ha logrado sortear manteniendo esos ámbitos distanciados y, en consecuencia, pudiendo alimentar una ceguera atroz sobre lo “privado”.

Los feminismos crearon un nuevo discurso a partir de construir una lógica alternativa que permitiera mostrar realidades que permanecían invisibilizadas y carecían de denominación. Así, crearon una nueva esfera pública donde se puede hablar de trabajo doméstico, cuidados no remunerados y economía del cuidado mostrando que el trabajo de reproducción es vital y sostiene al sistema capitalista y que las mujeres somos también productoras de cultura y conocimiento. De esta forma, nuestros asuntos se legitimaron como temas de la agenda pública y política.

De la misma manera, los feminismos en Argentina se plantean como transversales y de allí que los encuentros de mujeres hayan pasado a denominarse encuentros plurinacionales, dado que recuperan saberes ancestrales, luchas de nuestros pueblos originarios y muestran la voluntad de los movimientos feministas de ser antirraciales, antipatriarcales, democráticos, autónomos, inclusivos y anticapitalistas. Los diversos movimientos dan cuenta además de una voluntad y una fuerza colectiva que pretende construir otro mundo y, en consecuencia, otra política.

Las múltiples declaraciones de Milei, el Decreto de Necesidad y Urgencia que emitiera ni bien asumido, la mega-ley enviada al Congreso y las últimas declaraciones hechas a partir de su discurso en Davos muestran la clara comprensión que tiene el presidente de la profunda relación que existe entre medioambiente, territorio, cultura, educación, feminismo y anticapitalismo.

El posicionamiento del nuevo gobierno en Davos ocasionó en Argentina, por una parte, una respuesta inmediata de parte de diversas agrupaciones feministas y desde La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (desde donde se construyó consenso, fundamentos de toda índole, formación y contribución a la salud para llevar adelante la lucha que terminó con la aprobación de la ley 27.610 que regula el acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y la atención postaborto para todas aquellas personas gestantes) y, por otro lado, el llamamiento del feminismo a participar activamente del paro general convocado para el 24 de enero contra el DNU y la ley Ómnibus.

Nuestros feminismos tienen un nuevo desafío por delante y es combatir un gobierno que no sólo ataca los derechos que hemos conseguido tras largos años de lucha, sino que además pretende instalar un discurso que retuerce los significantes y distorsiona la realidad instalando una forma de argumentar contraria a toda reflexión crítica y creando un enemigo, al que deja de antemano sin poder de argumentación porque lo señala como el creador de una realidad falaz donde todo (datos, cifras, aportes científicos, descubrimientos, saberes) es falso. Según sus expresiones, ese enemigo ha inventado al feminismo como excusa para seguir obteniendo prerrogativas al instalar una pelea entre hombres y mujeres que, según él, no sólo es ridícula sino antinatural. Es decir, en esa lógica no sólo nuestras luchas no tienen sentido, sino que además hemos sido utilizadas, “manejadas”, por el enemigo en su beneficio. Nuevamente instala la idea de que las mujeres no servimos para el ámbito político porque somos fácilmente impresionables y, por esto mismo, manejables, algo que es tradicional en la derecha y para nada una novedad. Desde esa lógica no sólo nuestra palabra pasa a estar desacreditada sino también nuestras luchas y conquistas.

Les comparto, para cerrar este artículo abriendo debate, el interrogante que nos atraviesa hoy: Cómo construir en este escenario un contradiscurso que sacuda las telarañas del espanto y la perversidad acrítica que divide nuestra Argentina y amenaza destrozar todas las grandes conquistas que jalonaron el último siglo y medio.

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