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Milei, sus admiradores y las elecciones de 2024

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Donald Trump ha sido uno de los primeros en felicitar a Javier Milei por su elección a la presidencia de Argentina

Por rafael-bernabe Claridad

Donald Trump ha sido uno de los primeros en felicitar a Javier Milei por su elección a la presidencia de Argentina. Por estas tierras, el exgobernador Luis Fortuño y el liderato de Proyecto Dignidad, así como el economista Gustavo Vélez y José Carrión, antiguo presidente de la Junta de Control Fiscal, tampoco han perdido tiempo en sumarse a la celebración de la elección de Milei. Trump, Fortuño, Vélez, Carrión, César Vázquez y Rodríguez Veve se alinean detrás de la misma figura: es una coincidencia significativa y aleccionadora. A pesar de las diferencias, todos y todas se declaran defensores del mismo fundamentalismo de mercado, es decir, del mismo capitalismo salvaje. (1) ¿Cuáles son sus ideas? No podemos darnos el lujo de ignorarlas.

El punto de partida es el dogma de que la competencia entre agentes en el mercado garantiza el uso más eficiente de recursos y el desarrollo económico. A partir de ese dogma se concluye que cualquier problema (pobreza o desempleo persistente, etc.) es resultado, no del mercado o el mecanismo de la competencia, sino, al contrario, de alguna “distorsión” del mercado (por la acción del estado o de organizaciones obreras, ambientales, etc.). La solución, por tanto, siempre será una mayor reducción del sector público, de los derechos laborales o de las reglamentaciones ambientales, no importa cuánto ya se hayan reducido. Puerto Rico, como se sabe, es el paraíso de la exención contributiva y en 2017 se recortaron masivamente los derechos laborales. Durante la última década se han eliminado 40 por ciento de los empleos públicos, (50 por ciento de los empleos de carrera). Los empleados del gobierno central se han reducido a 13 por ciento del empleo total. A la vez, se ha privatizado la salud, la energía eléctrica, los sistemas de lanchas, rutas de la AMA, la administración del aeropuerto y las autopistas. Se redujo a la mitad el presupuesto de la universidad pública. Pero según los admiradores criollos de Milei, el estado sigue siendo demasiado grande, los impuestos a las grandes empresas demasiado altos y las leyes laborales demasiado “inflexibles”. Hay que privatizar más, reducir más el sector público, recortar más derechos en el sector privado y combatir con más denuedo a las uniones y a los molestosos ambientalistas.

¿Por qué no se ha logrado completar este programa?, se preguntan Milei y sus admiradores isleños. La respuesta es el cuco de esta corriente: el populismo. El mercado, insisten, es el mejor medio de reglamentación social. Pero el mercado, proclaman, es severo: funciona castigando a los ineficientes y a los rezagados. Reparte recompensas y carencias según el mérito de cada cual. Pero entonces existe la tentación de que los electores (sobre todo los golpeados por la mano invisible del mercado) intenten “corregir” el mercado, intenten limitar la severidad de sus castigos y sus reglas, promoviendo medidas como leyes de salario mínimo, limitaciones de la jornada laboral, impuestos a grandes empresas para garantizar ciertos servicios a toda la población (educación, salud, etc.) y otros programas de seguridad social, compensaciones y apoyo en caso de despido, entre otras. Y los funcionarios electos, que desean retener sus puestos, están tentados a ceder a estas presiones, abriendo paso a tales medidas o resistiendo su completo y total desmantelamiento. O puede ser que “los políticos”, deseosos de obtener votos, impulsen estas medidas para ganar el favor de los electores. En cualquier caso, se instituyen estas políticas que “deforman” el mercado y le impiden desplegar sus alegadas bondades. Para Milei y sus seguidores locales, la democracia, los procesos electorales, siempre portan el riesgo de este maligno pacto populista entre electores y funcionarios electos.

Por esto, consideran que las administraciones PNP y PPD han sido gobiernos populistas o populistas de izquierda, aunque usted no lo crea. Para esta novísima derecha, ¡el PNP y el PPD son demasiado izquierdistas, incluso demasiado socialistas! ¡Ahora resulta que la izquierda es quien ha gobernado en Puerto Rico durante los últimos cincuenta años! Ese supuesto populismo del PNP y PPD ya es suficientemente malo: peor resulta para esta novísima derecha el surgimiento de una alianza MVC-PIP, que, según su delirante visión del mundo, sería una continuidad del populismo de izquierda de los primeros. Hay, por tanto, que detener el nuevo populismo MVC-PIP y halar al PNP y PPD a la senda de la más consistente derecha neoliberal, al estilo Milei (o Trump). Por su lado, Proyecto Dignidad se presenta y ofrece como quien único está dispuesto a verdaderamente romper con el populismo de izquierda reinante. Su portavoz en el Senado también emitió un canto de alabanza en ocasión del triunfo electoral de la ultraderechista y racista (para algunos, neofascista) de Georgia Meloni en Italia. Como decíamos en otra columna: dime con quien andas y te diré quién eres. (2)

Quitando (por ahora) el endoso de Proyecto Dignidad, variantes de esta perspectiva se pueden leer en escritos o declaraciones recientes del Instituto de Libertad Económica, el Súper Pac “Democracia es prosperidad”, los columnistas Iván González y Jaime Sanabria y los ya mencionados Gustavo Vélez, José Carrión, así como el exgobernador Luis Fortuño. Acostumbren los ojos y oídos. Esto será pan de cada día en el menú del comentariado radial, televisivo y escrito en 2024.

Al referirse a la alianza algunos hablan del fantasma del socialismo. Pero eso no es lo que en realidad les preocupa. Lo que les preocupa es que el MVC y el PIP han impulsado e impulsan aumentos del salario mínimo, restablecer y ampliar los derechos laborales, fortalecer la protección del ambiente a través de la legitimación activa ambiental, crear un seguro de salud universal, proteger comunidades del desplazamiento y gentrificación, revocar incentivos contributivos inútiles o dañinos, eliminar el sub-salario mínimo de las personas que trabajan por propina, un sistema contributivo progresivo, el ejercicio del derecho a la organización sindical y la negociación colectiva, entre otras medidas. Esto es lo que combaten, cuando dicen que hay que detener el socialismo.

Cualquiera que tenga los pies en la tierra sabe que Puerto Rico sufre las consecuencias de tres décadas de neoliberalismo: de políticas de privatización y de austeridad anti obreras, reducción del empleo público, ataques a los derechos laborales, impuestos regresivos, por ejemplo. Los admiradores de Milei pretenden perpetuar e intensificar esas políticas. La alianza surge para romper con lo primero y para evitar lo segundo. (3)

Por último, pero no menos importante, Milei y sus imitadores impulsan su programa a nombre de un hermoso concepto: la libertad. La libertad es algo que apreciamos y defendemos, pero hay que preguntarse ¿qué libertad?, libertad, ¿para quién? Sin las protecciones laborales y sociales del tipo que enumeramos anteriormente la hermosa palabra libertad se convierte en su opuesto: la libertad del patrono para despedirnos sin compensación (el “employment at will”, que los patronos quisieran implementar en Puerto Rico); la libertad para pagar salarios de miseria (pues el mercado lo determina); la libertad para destruir el ambiente (siempre que genere alguna ganancia privada); la libertad para desplazar comunidades empobrecidas; la libertad para vender un riñón en el mercado de órganos, como propone Milei, cuando ya no se tiene más nada que vender… Es una versión moderna de como en el pasado se defendía la esclavitud a nombre de la libertad de tener esclavos. Hoy como ayer, se defiende la esclavitud y el maltrato de muchos a nombre de la libertad.

Nosotros y nosotras, al contrario, queremos libertad para todos y todas, no solo para los dueños y amos de la economía. Queremos libertad, pero no solo libertad, sino también democracia política y económica, que la incluye, pero va más allá: participación real del pueblo en la gestión del estado y la economía y justa participación en los frutos de dicha gestión.

Las elecciones de 2024 no enfrentarán a los que defienden y los que se oponen a la libertad individual. Enfrentará a los que defienden los privilegios y prerrogativas de unos pocos a costa de la gente, el ambiente y los que defendemos la libertad y cada vez más democracia para todos y todas. Hay que estar alerta y no dejarse confundir.

Notas

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