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Para leer el capital neobarroqueño de L.  R. Sánchez

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En particular nos interesan aquellas formas discursivas, llámense “literarias” o “filosóficas”, que practican la desobediencia disciplinaria. Y es precisamente esa indisciplinaria y transgresiva praxis en la obra de Luis Rafael Sánchez la que más nos invita a sentipensar.

El escritor y dramaturgo, Luis Rafael Sánchez. Foto por Ricardo Alcaraz.

Juan José Vélez Peña

Tras visitar Berlín, donde compartí la cotidianidad y magia de la ciudad junto a un amigo boricua y su esposa que allí residen, vivencias diarias probablemente similares en su encanto a las que allí redactándola vivió el autor de la fabulación La importancia de llamarse Daniel Santos, he detenido mi rutina para reasumir la redacción de este texto. Del 16 de agosto al 13 de septiembre de 2022 participé de un seminario sobre la obra de Luis Rafael Sánchez.[1] Las excelentes conferencias fueron dictadas por el profesor Efraín Barradas –experto en la materia– y transmitidas en línea por la Academia Puertorriqueña de la Lengua. Debido a la diferencia de zona horaria entre Puerto Rico y Alemania, para mí las clases tenían lugar de 1:00 a 3:00 de la madrugada del día siguiente. Aun así, fue una delicia “perder la noche” degustando tantos sentires y saberes en esas sabrosas vigilias, y ello en plena semana.[2] El seminario fue todo un éxito, todas las secciones (5 clases) estuvieron muy bien concurridas con más de 50 personas; gente muy inteligente, sensible e informada. Esa experiencia ha sido la chispa que encendió la inspiración que me llevó a elaborar este texto.

Pese a que de 1982 a 1987, durante mis estudios en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, había leído gran parte de la obra del escritor boricua hasta entonces publicada, esta vez se despertaron en mi unas inquietudes, o bien, se hicieron claros cuestionamientos compartidos con él que realmente no me eran consciente. Quiero compartir unos apuntes preliminares para un futuro trabajo más detallado.

¿Qué significa sentipensar con Luis Rafael Sánchez nuestra actualidad, por qué, o para qué lo leemos?

Tal vez deba aclarar de entrada que no soy literato. Más bien soy un filósofo en busca de un lenguaje adecuado al sentipensar. Este percepto lanzado al ruedo académico a finales de los años 1970 por Orlando Fals Borda en su trilogía Historia doble de la costa,[3] deconstruye el positivismo racionalista casando el pensamiento abstracto racional con el estético imaginativo, es decir, tejiendo vínculos entre la cabeza y el corazón. El sociólogo colombiano, a través de su sociología de acción participativa, se posicionó abiertamente en favor de los oprimidos. Es así como logró superar posturas que defienden una supuestamente necesaria fría neutralidad del investigador frente a la realidad social y humana indagada para alegadamente lograr una apreciación adecuada a los principios y normas dictadas por las llamadas ciencias puras. El sentipensar más tarde alcanzó a un público más amplio, gracias a la inmortal obra de Eduardo Galeano; explícitamente en “Celebración de las bodas de la razón y el corazón”,[4] así como en “Ventana sobre el cuerpo”,[5] o implícitamente en su trilogía Memorias del fuego.[6]

Ahora bien, regresando a la pregunta sobre nuestro interés en auscultar el capital sentipensante en la obra de Luis Rafael Sánchez, diría que, más allá de su poética de lo soez, en sí muy sugerente y que tanto nos impresionó y provocó en nuestra juventud, buscamos en su escritura sentipensante estrategias discursivas que nos ayuden a superar el culto al racionalismo científico que aún impregna los discursos académico-filosóficos dominantes. Pues, a pesar de las hecatombes sucedidas a mediados del siglo XX, que no pudieron ser ni previstas ni impedidas por la razón instrumental imperante, los discursos aludidos siguen estando acuñados por un ingenuo racionalismo positivista, absurdamente empeñado en negar el cuerpo y sus pasiones al analizar la condición humana. Por esta y muchas otras co-razonadas razones consideramos imprescindible desarrollar un discurso filosófico sentipensante que ensanche, o bien, transgreda las fronteras de la filosofía académica. No nos interesa obtener el aval de las ciencias puras, articulando otra versión más de la epistemología occidental, tan apreciada en las universidades, para fundamentar los posibles efectos de verdad del discurso sentipensante que proponemos. Más bien, yendo más allá del epistemocentrismo cientificista, buscamos, o más bien, queremos restablecer el diálogo con la literatura, el arte y otras formas de y estrategias para conocer. Aquellas que, a pesar de los intentos de homogenización cultural por parte de las instancias hegemónicas en la modernidad, han subsistido.

Digo restablecer el diálogo porque este ya fue asumido, por ejemplo, en España, por la llamada Escuela de Madrid, de la que María Zambrano –la dama errante de la razón poética– es una de sus más importantes representantes. Esa escuela del sentipensar fue beneficiaria del diálogo entre la filosofía de José Ortega y Gasset y la obra de Miguel de Unamuno. Sin embargo, la boda del pensamiento abstracto con el imaginativo, como lo llamó Juan Nuño al referirse a la obra borgiana, también fue puesta a prueba en el laboratorio filosófico de Nietzsche en su Zaratustra o en textos posteriores en los cuales el discurso tradicional filosófico-racional es enriquecido a través de la utilización de metáforas y aforismos. Y en el siglo pasado Heidegger claramente mostró el intrínseco vínculo entre el ser y la poesía. Inclusive Platón, a pesar de haber desterrado en su obra filosófica la poesía de la República, en sus escritos la saboreó, incurriendo en numerosas contradicciones performativas, al redactarlos en forma de diálogos de una altísima calidad literaria. En Nuestra América Jorge Luis Borges e innumerables sentipensadoras y sentipensadores han recorrido ese mismo sendero aparentemente bifurcado que, sin embargo, conduce a un filosofar literario.

En particular nos interesan aquellas formas discursivas, llámense “literarias” o “filosóficas”, que practican la desobediencia disciplinaria. Y es precisamente esa indisciplinaria y transgresiva praxis en la obra de Luis Rafael Sánchez la que más nos invita a sentipensar. Aquella capacidad suya, certeramente descrita por Mercedes López Baralt como ambigüedad autorial;[7] la hibridación y la contaminación de diversos géneros literarios –o de otra índole– operante en sus textos; la promiscuidad estilística a la que se refiere Barradas,[8] exhibida en técnicas por él utilizadas, tales como la asunción de diversos registros lingüísticos y múltiples formatos en continuo entrelazamiento en sus escritos, así como la intertextualidad y la intratextualidad; desplegando en su escritura un impuro mestizaje estético, acaso de diáfano perfil barroqueño.

El profesor Barradas mostró, por medio de ejemplos concretos, esas destrezas practicadas en la escritura de nuestro autor. En la segunda clase del seminario en línea calificó a Sánchez de “narraturgo”, para dar cuenta de cómo en Quíntuples, por ejemplo, por medio de sus acotaciones escénicas, instrucciones que muchas veces son imposibles de seguir, combina la narrativa con el teatro. A través de las obras que se analizaron en las restantes clases, continuamos apreciando esos ricos experimentos de apertura e hibridación discursiva del escritor boricua, así como de conceptos propios del profesor Barradas, tales como el barroqueño. Este neologismo previamente aquí utilizado, fue por él acuñado y usado para conceptualizar lo que considera la estética neobarroca boricua.[9]

La participación en el seminario precisamente nos ha motivado a estudiar el neobarroco. Sobre todo, tal como ha sido reformulado no sólo por el profesor Barradas, los escritores cubanos Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Severo Sarduy y Antonio Benítez Rojo, sino también por el filósofo mexicano-costarricense Bolívar Echevarría y, más recientemente por su colega argentina, la sentipensadora María José Rossi. Asumiendo esa línea meditativa nos preguntamos si el neobarroco no sólo denota el carácter “esencial” del arte de la región, sino, más bien, permea la cultura mestiza caribeña en general, es decir, las formas por medio de las cuales se expresan los sentipensares que intentan darles sentido a nuestras  convivencias existenciales.

Finalmente, como parte de mi “redescubrimiento” de la obra de Luis Rafael Sánchez, adquirí la reedición de La guaracha del Macho Camacho, editada y comentada por Arcadio Díaz Quiñonez; un excelente e indispensable trabajo. ¡Mis más sinceras felicitaciones para los dos profesores boricuas! ¡Muchas gracias por abrir tantos senderos por recorrer! Y éstos no sólo facilitarán sentir y pensar mejor la obra del escritor Luis Rafael Sánchez, devorándola otra vez. Pues presiento que de ésta extraeremos tantos tesoros que, con ellos, sin duda, habremos de enriquecer nuestra sentipensante brega.

[1] Seminario Presencial y Virtual Luis Rafael Sánchez: hacia una visión de conjunto, Efraín Barradas, Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Les agradecemos de corazón a la profesora y al profesor eméritos, Dra. Mercedes López Baralt y Dr. Efraín Barradas; a ella por haberlo animado a realizar el seminario y a él por tanta inspiración.

[2] El seminario tuvo lugar los miércoles, del 16 de agosto al 13 de septiembre de 2022.

[3] Tomo I: Mompox y Loba, tomo II: El presidente Nieto; tomo III: Resistencia en el San Jorge, Carlos Valencia editores, Bogotá, 1979, 1981,1984.

[4] Cf. El libro de los abrazos, Siglo XXI, España, p. 107, (1989), 2001.

[5] Cf. Las palabras andantes, p. 109, Catálogo S.R.L., Argentina, 1993.

[6] Cf. Memorias del fuego, tomo I: Los nacimientos, 1982, tomo II: Las caras y las máscaras, 1984, tomo III: El siglo del viento, 1986, Biblioteca Eduardo Galeano, Siglo XXI Editores, España.

[7] Cf. López Baralt, Mercedes, “Luis Rafael Sánchez: una mirada plural a un autor plural”. 80grados prensa sin prisa, https://www.80grados.net/a-lomo-de-tigre-homenaje-a-luis-rafael-sanchez/, (21.04.24)

[8] Cf. “Neobarroco libre asociado de Puerto Rico: apuntes sobre la prosa periodística de Luis Rafael Sánchez”. Para devorarte otra vez: nuevos acercamientos a la obra de Luis Rafael Sánchez, Ediciones Cielo Naranja, Santo Domingo – Berlín, 2017, p. 188.

[9] Ibid, p. 18.

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