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Picasso, mi abuelo

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Picasso era difícil, oscuro, manipulador, carismático, narcisista y tiránico con las mujeres.

Pedro Zervigón

«El genio, el monstruo, el vampiro. “Necesitaba sangre para firmar cada uno de sus cuadros: la de mi padre, la de mi hermano, la de mi madre, la de mi abuela, la mía. Necesitaba la sangre de quienes le querían”. Esto escribe Marina Picasso en su autobiografía: Picasso, mi abuelo (Plaza y Janes, 2001). En el 50º aniversario de su muerte (8 de abril de 1973), al pintor se le ha derrumbado encima todo el siglo XXI y sus reivindicaciones feministas. Lejos del lienzo, Picasso era difícil, oscuro, manipulador, carismático, narcisista y tiránico con las mujeres. Muchos se hacen esta pregunta: ¿la tensión entre la persona y el talento ha afectado al valor y al precio de su obra? Ni en las grandes guerras ni en la Gran Depresión de 1929 o la crisis financiera de 2008, Picasso dejó de ser Picasso. Era dinero al portador. Pero ahora —en el futuro seguro que aparecerá alguna tela millonaria— los números aportados por la plataforma especializada en el mercado del arte Mutualart.com muestran cierta fatiga. Algo único en la historia del malagueño.»

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